20050903

El Escarabajo Dorado

Abrió la gaveta y vio que allí tampoco estaban las facturas que andaba buscando. En cambio, algo completamente diferente atrapó su atención. “¿Por qué siempre que buscas una cosa consigues algo distinto?”, se quejó, pero no había terminado de decir esto cuando ya le habían empezado a llegar a su memoria todos los recuerdos que ese escarabajo dorado le traía.

La voz de su esposa conversando por teléfono en otra habitación le interrumpió de pronto y, tal vez por primera vez en su vida, se dio cuenta entonces de que tenía razones de sobra para sentirse afortunado. Todo el éxito que alguna vez soñó ya era suyo en el campo profesional; y, en lo personal, contaba con una esposa que poco le faltaba para ser perfecta. “¡Su esposa es bella como ella sola!”, comentaban siempre sus colegas en el trabajo, y él lo sabía. Sabía también que la quería bastante, por ser además comprensiva e inteligente. Podía hablar con ella de cualquier cosa aunque no siempre compartieran la misma opinión, que era cuando aprovechaba para irritarla: le encantaba verla molesta. Todo era perfecto en su vida, mas, sin embargo, sentía que algo estaba faltando.

Años atrás, en un día que en su mente aparecía como lluvioso aunque en realidad no lo había sido, una persona muy especial para él le obsequió un escarabajo hecho de algún metal dorado. La importancia que tenía no radicaba en el material del que estaba hecho ni en su valor monetario, sino en el significado que encerraba. Ella sabía que esa probablemente iba a ser la última vez que se verían antes de que él se fuese muy lejos. Ya se había resignado a que nada podía hacer para lograr que él cambiase su opinión sobre los dos, no importaba cuánto lo intentase. A diferencia de él, ella le daba la importancia debida a lo que tenían, porque a pesar de que no pasaba de ser una amistad, sabía que era especial, que no era algo fácil de encontrar, y que tenía todo el potencial del mundo para convertirse en lo que ellos quisieran que fuera. Nunca imaginó que el regalo que ese día le iba dar serviría para convencerlo de todo esto, sólo que quizá un poco tarde.

Sentado en su sillón con el insecto metálico entre sus manos, revivió uno a uno los momentos que pasó junto a ella. Lo primero que le vino a la mente fue esa fascinación extraña que ella sentía hacia los escarabajos, nunca comprendió por qué le gustaban tanto pero sí entendía que ella le había obsequiado uno de estos para que nunca la olvidase. Rememoró cómo su día cambiaba cuando la joven llegaba nada más que por el simple hecho de verla. Aunque no se dijeran palabra alguna, el saber que ella estaba ahí lo hacía sentirse completo, lleno. Con nadie más le gustaba tanto escuchar y ser oído como con ella. Sabía que nadie lo comprendía tan bien como esa amiga, porque en el fondo, ambos eran versiones diferentes de una misma cosa. Con ninguna otra persona sentía tanta confianza para hablar de sus problemas. Él siempre sintió –muy dentro de sí- que no era tan sólo una amistad lo que le hacía sentir ella, pero cobardemente prefería hacerse el de la vista gorda. Era más fácil dejar todo como estaba y no complicar las cosas. ¿Por qué luchar y enfrentarse a tantos problemas por algo que, después de todo, podría encontrar más adelante en otra persona, posiblemente hasta más hermosa? El tonto no estaba consciente de lo difícil que era y sigue siendo hallar a alguien que realmente te complemente. Mucho tiempo tardó en llegar a comprenderlo.

Su esposa interrumpió sus pensamientos para decirle que ya estaba servido el almuerzo. Mientras veía como ella se retiraba con gracia hacia la cocina, podía sentir cuánto la quería. La apreciaba mucho, sin duda, mas no la amaba. Por vez primera se lo admitió a sí mismo en ese instante. Por más tiempo que había pasado junto a ella en todos estos años, nunca había dejado de sentirse sólo. Los “¿qué hubiese pasado si…?” comenzaron a acosarlo entonces. “¿Qué hubiese pasado si hubiese dicho esto en vez de aquello?”, pensaba. “¿Y si hubiese actuado de esta forma en vez de aquella otra?”, agregaba, pero todo era en vano. Era muy tarde para arrepentimientos, así que con la poca entereza que le quedaba, introdujo al escarabajo entre sus bolsillos y se fue a almorzar resignado… resignado a continuar su vida con un espacio vacío.

En todo esto había estado pensando ella durante el tiempo que tuvo que esperarlo a él en uno de los bancos del parque. Se había distraído viendo el reflejo del sol sobre el insecto de metal y había terminado meditando sobre lo que le deparaba el futuro a ella y también a él. “¡Disculpa la demora: tuve que hacerle un favor a mi madre! ¿Me dijiste que tenías algo importante que darme hoy?”, la sorprendió él apareciéndose de pronto frente a ella. “¡No, nada! Yo sólo quería saludarte en esta bella tarde y, si es posible, ir al cine contigo”, le respondió la joven al mismo tiempo que guardaba en su cartera a un escarabajo dorado. Había decidido no rendirse todavía. El destino que tendría sería el que ella misma se construyera, ya que nada estaba escrito. Lucharía mientras le fuese posible hacerlo… al menos así no tendría nada de qué arrepentirse en el futuro.

*****
P.S: El pasado 31 de agosto fue el Blog's Day. Me enteré gracias a Currusa, a quien aprovecho para agradecerle por haber incluído al blog que se encuentran leyendo ustedes actualmente en su lista de 5 blogs recomendados por motivo del mencionado día. Además, le agradezco por la descripción que hizo de esta página. No tuve oportunidad de publicar nada con motivo de este día, pero de haberlo hecho de seguro que su blog Líneas Tontas, es uno de los que habría valido la pena recomendar. Bien escrito y con un diseño bastante original, periódicamente escribe tanto de sus impresiones sobre diversos temas como por ejemplo los cambios y las expectativas, como también sobre películas que ve en el cine (y ve bastantes). Sus críticas son muy acertadas. Si el tiempo se los permite, no dejen de hacerle una visita!!
Por cierto, desconozco la razón por la que el Blog's Day se celebra el 31 de agosto, pero me atrevería a apostar a que se debe a que ese es el único día del año que quedaba que aún no era el "Día" de algo más. Hay "Días" para todo...

Canción para acompañar:

* Acceptance - "Different"

Película recomendada de la semana:

* "The Butterfly Effect" (2004) [7.5/10]. Director: Eric Bress. Cast: Ashton Kutcher, Amy Smart.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20050827

Estupidez en oferta

No recuerdo si era un lunes o un jueves. Tampoco recuerdo si fue un día soleado o uno lluvioso. Lo único que sé, es que ocurrió hace más de diez años, cuando yo tenía unos 9 años, o tal vez 13. La verdad, esto no importa.

Era un día de clases como cualquier otro, y, en esa ocasión, yo me encontraba en el patio del colegio durante uno de los recesos. Junto a mí, estaba un grupo de "amigos" de esos que en realidad no son amigos de nadie. Eran los "populares", los que se creían con derecho a todo y sin obligación a nada. Yo no me la pasaba todo el tiempo con ellos -especialmente porque tenían muy pocas cosas interesantes qué decir-, pero de vez en cuando sí lo hacía porque, después de todo, eran hijos de amigos de la familia y por ende los conocía de casi toda la vida. Se encontraban hablando de quién sabe qué cosa, probablemente de quién tenía la gorra más cara o de quién era mejor hurgándose la nariz, cuando llegó N. orgulloso a mostrarles sus nuevos zapatos. N. no pertenecía a ese grupo, tal vez porque venía de una familia un poco humilde, o porque no era tan listo como ellos creían ser, ó quizá porque simplemente no les daba la gana; pero lo cierto es que él se moría de ganas por ser aceptado por ellos.

"¡Miren los [inserte aquí el modelo y la marca de zapatos de su antojo] que me compraron!", dijo orgulloso cuando llegó. Eran demasiado llamativos para mi gusto, mas no estaban nada mal en realidad. "Están bien. ¿Son originales?", le dijo con indiferencia L., uno de los peores del grupito. Ante la afirmación de N., procedieron entonces a inspeccionar las etiquetas de los zapatos. "¡Ah pero son nacionales! ¡No son importados como los míos!", comentó L. La cara de decepción de N. al oír esto fue todo un poema. Mientras él se retiraba con tristeza, el idiota mayor agregó: "¡Toda mi ropa la compro todos los años en Estados Unidos, de las mejores marcas y de lo que está
de moda!".

De más está decir que no me gustó para nada como se comportaron con N. ¡Quién sabe con cuánto sacrificio le compraron esos zapatos a él para que ellos vengan a despreciárselos así! A pesar de que era lo suficientemente tonto como para soñar con ser aceptado por ese grupo, él era muy buena persona y no se merecía ese trato. Para que entiendan un poco mejor a qué me refiero, quizás deba rebobinar la historia un poco más hasta mis primeros días en preescolar. En esa época, yo aún no sabía amarrar las trenzas de mis zapatos -y con mis habilidades motoras, no es de extrañar que me haya costado aprender esto-, y en una ocasión en que las tenía desamarradas, N. fue la única persona que se dignó humildemente a hacerme el favor de atar mis zapatos. Desde entonces lo tuve en muy alta estima y por esto me afectaba aún más el maltrato que le dieron al pobre muchacho.

"L., los zapatos que llevas puestos también fueron comprados en el norte?", le pregunté yo al idiota engreído. "¡Sí, claro!", afirmó de inmediato él. "¿Y cuántos pares de ese modelo te compraste?", le volví a preguntar yo. "Un sólo par. Son muy costosos como para comprar más de uno o, si acaso, dos pares", respondió él. "Ahh eran caros", le comenté yo, y enseguida agregué: "¿Y fue que la estupidez estaba en oferta? ¡Porque de eso sí que parece que te compraron de sobra!". L. se quedó sin decir palabra mientras los demás se reían de él. No se esperaba ese comentario y no tuvo más remedio que callar y soportar la burla del grupo. A partir de entonces, siempre fue un poco distante y cauteloso conmigo, mas nunca dejó de ser un idiota.

El incidente anterior al menos sirve para explicar dos cosas sobre mi personalidad. Primero, por qué tolero tan poco a las personas presumidas; y Segundo, de dónde nació mi tendencia a hacer comentarios sarcásticos. Buenos o malos, hasta ese momento no sabía que me resultaba fácil hacerlos. Supongo que no hay mal que por bien no venga.


Canción para acompañar:

* Audioslave - "Be Yourself"

Película recomendada de la semana:

* "About a boy" (2002) [8/10]. Director: Chris y Paul Weitz.. Cast: Hugh Grant, Nicholas Hoult.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20050826

Healthy in paranoid times

Es difícil encontrar a alguien a quien no le guste ningún tipo de música. A casi todos les gusta, lo que varía es la forma de disfrutarla.

Algunas personas tienden a escuchar únicamente a aquellas canciones que con su ritmo o con sus letras transmiten alegría, quizás porque para ellos estas melodías son como prótesis emocionales que les permiten vivir todas esas sensaciones que no pueden experimentar en sus propias vidas. Otras personas, en cambio, disfrutan sólo las canciones melancólicas. Tal vez porque se sienten identificados con ellas, o porque no les hace falta ninguna prótesis emocional. Hay quienes nada más escuchan la música clásica, así como hay quienes oyen exclusivamente al heavy metal. Los hay que sólo escuchan lo que es popular, y los hay que disfrutan cualquier cosa menos lo que está de moda. En mi caso particular, una canción puede ser alegre o triste, trivial o profunda, un éxito o un fracaso, puede estar en español o en polaco, y aún así puede gustarme. Para que una canción me guste, básicamente se tiene que cumplir una de estas dos cosas: que me agrade su melodía (esto incluye que me guste la voz de la persona que canta, los instrumentos que se utilizan, etc), o que su letra me llegue.

Sin embargo, son aquellas canciones que cumplen estos dos requisitos las que realmente me parecen especiales (salvo la música clásica, que es excepcional sin necesidad de tener ninguna letra), y hoy quiero compartir acá tres canciones que en mi opinión, son realmente excepcionales. Pertenecen a bandas anglosajonas, por lo que pido disculpas por colocar las canciones en su idioma original. Pienso que las canciones y los poemas deben mantenerse siempre en el idioma en que fueron escritos.

Comienzo con una cancion nueva de una de mis bandas favoritas: Our Lady Peace. Esta es una banda poco conocida a nivel mundial, pero que en Canadá son muy populares. El 30 de agosto sale al mercado su nueva producción: "Healthy in Paranoid Times", la cual espero poder adquirir, pero que gracias a BitTorrent logré conseguirla hace una semana en formato mp3 para poder aguantar hasta que lo compre. El disco es uno de los mejores de ellos y está repleto de canciones con excelentes letras. Entre ellas, "Don't Stop":


Our Lady Peace - "Don't Stop"

Can’t get out of bed
Straighten up my head
I swear this is goodbye
I feel like lying here
I feel like dying here
And only you can save me tonight

I felt this girl spin and crash
The end of the world shouldn’t come so fast

Don’t stop sucking me in
Making me come back to you
No one will ever compare
Will ever be better than you

I feel powerless
I feel underdressed
I swear this is goodbye
I don’t wanna go
I just seem to blow everything that I love tonight
I’ve been hiding here
I’ve been lying here
Watching life pass by
I want you to know
I want you to know
I’d die for you
I’d die for you

I felt this girl spin and crash
The end of the world shouldn’t come so fast

Don’t stop sucking me in
Making me come back to you
No one will ever compare
Will ever be better than you
Don’t stop sucking me in
Making me come back to you
No one will ever compare
Will ever be better than you

Everyone’s losing their minds
Healthy in paranoid times
I sit on my prints for tonight
It’s never goodbye
It’s never Goodbye

Don’t stop sucking me in
Making me come back to you
No one will ever compare
Will ever be better than you
Don’t stop sucking me in
Making me come back to you
Oh no one will ever compare
Will ever be better
Better than you
Better than you
Better than you

Otras recomendadas: Angels losing sleep, Boy, Love and trust, Where are You?, Will the Future Blame us?

Nostalgia

Las otras dos canciones que quiero compartir pertenecen a una banda muy buena y desconocida llamada July for Kings. Están incluidas en un E.P. llamado "Nostalgia", el cual fue realizado independientemente, esto es, sin el apoyo de ninguna disquera. Por este motivo, es prácticamente imposible conseguir los mp3, ya que muy pocos tienen el E.P. Por suerte, cuando compré un reproductor de mp3 de Sony, me incluyó un código para bajar 5 canciones gratis de connect.com y tuve la suerte de conseguir las canciones de Nostalgia allí. El problema está en que no las conseguí en mp3 sino en ATRAC, que es un formato de Sony y que por cuestiones de licencias se me hizo imposible convertirlas a mp3 (de hecho, sólo puedo reproducirlas en el mp3 player). Ojalá pudieran escucharlas...

July For Kings - Just Try

I'm playing guitar
You're asleep upstairs
I try and be quiet
But I know you'll never care
Tomorrow you'll work
And stay a little late
You'll walk in looking pretty
This is what I'll say

Here's the I love you song
I know you've been waiting on
I'm sorry it took so long
But I wanted it to be just right

You look at me and say thank you
I say you're welcome too
You know I really do mean it
I mean it all for you
Sorry if I've been weird lately
I get so caught up
Oh, in whatever else makes me crazy
And we don't talk enough

But here's the I love you song
I know you've been waiting on
I'm sorry it took so long
But I wanted it to be just right
I never could make you cry
I thought I'd try one more try
From the moment I met you, I...
I always wanted it to be just right
You know, I always wanted it to be just right

I know, I know,
I know it's not perfect
It's not long enough
It's too triteI know,
I know, I know
I'm not always my best for you
And though a melody won't make it all right

Here's the I love you song
I know you've been waiting on
I'm sorry it took so long
But I wanted it to be just right
I never could make you cry
I thought I'd try one more try
From the moment I met you, I...
I always wanted it to be just right
(Bis)


July for Kings - Float Away

I could float away
I could disappear
I could hang my head
For at least another year
I could give up now
It could be today
I could join the Navy
Piss it all away

I'm not saying it ever could be like it used to be
I remember a time when you liked to pretend for me

Well, I don't care if you believe
In unicorn horses and gravity
In north and south and wrong and right
In the Neverland, lost boys and Jesus Christ
And UFO's in the USA
And in a government that killed JFK
Don't you stop believing in me
Don't you stop believing in me
I could float away

I know you might say
I make too much sense
This empty room, my empty heart
Is all the evidence
No one wants to hear
My point of view
You keep on saying things like that
And I'll believe it, too

I'm not saying it ever could be like it used to be
I remember a time when you liked to pretend for me

Well, I don't care if you believe
In unicorn horses and gravity
In north and south and wrong and right
In the Neverland, lost boys and Jesus Christ
And UFO's in the USA
And in a government that killed JFK
But don't you stop believing in me
Don't you stop believing in me
I could float away
I could float away
I could float away
I could float away

Well, I don't care if you believe
In unicorn horses and gravity
In north and south and wrong and right
In the Neverland, lost boys and Jesus Christ
And UFO's in the USA
And in a government that killed JFK
Don't you stop believing in me
Don't you stop believing in me
Don't you stop believing in me
Don't you stop believing in me
I could float away
I could float away
I could float away
I could float away

20050820

Guardianes entre el Centeno

El seco sonido del disparo alarmó a la muchedumbre que se encontraba en los alrededores del Dakota, el edificio donde ocurrió la tragedia. Decenas de personas huyeron despavoridas asustadas por lo que habían escuchado. El cuerpo agonizante de la víctima cayó al suelo mientras se desvanecía su último aliento de vida. La mujer de rasgos asiáticos se postró entre gritos junto al cuerpo de su pronto-a-ser difunto esposo. El hombre que apretó el gatillo observaba todo sin creer aún en lo que había sido capaz de hacer. Allí lo encontraron inmóvil los oficiales de la policía cuando llegaron al lugar de los hechos. En una de sus manos estaba el arma homicida, con la otra sostenía un libro. En el suelo yacía un álbum autografiado segundos antes por la persona que ahora se encontraba muerta sobre la acera. El año era 1980. La ciudad: Nueva York. La víctima no era otra que John Lennon. El libro: “El guardián entre el centeno” (The Catcher in the Rye), de J. D. Salinger.

Era el libro favorito de Mark David Chapman -asesino de Lennon- y de cientos de miles de personas más. La copia que hallaron en sus manos en el momento que lo apresaron la había comprado horas antes y la utilizó como guía para recorrer los mismos lugares de Nueva York que fueron visitados por el personaje central de la obra. Según declaró horas después de su famoso crimen, una gran parte de él sentía que era como Holden Caulfield, el protagonista del libro; y la otra pequeña parte de él debía ser el mismísimo Demonio. Historias como estas son las que rodean a la obra maestra de Jerome David Salinger, como también la película “El Complot” (Conspiracy Theory), donde el personaje principal fue entrenado por la C.I.A. para ser un asesino y está obsesionado con este libro. ¿Es que acaso leer “El guardián entre el centeno” despierta tus instintos asesinos? ¿Por qué gusta tanto esta novela?

Siempre tuve curiosidad por leer este libro y ver qué tenía de especial. Luego de haberlo leído más de una vez puedo decir con propiedad que de especial tiene mucho. Por todo lo mencionado antes, se podría pensar que se trata de un libro que incita a la violencia, pero en realidad no es así. De hecho, si incitara a la violencia no sería lectura obligatoria en el sistema educativo de los Estados Unidos desde hace mucho tiempo. La novela trata sobre un adolescente, Holden, que siente que no encaja con nada ni nadie y que considera que la sociedad está llena de gente falsa y vacía. En el relato, el joven rebelde es expulsado del internado donde estudia por bajas calificaciones, pero se escapa de allí tres días antes de la fecha final de clases para ir a visitar Nueva York. Durante su estadía en la Gran Manzana, vive una serie de experiencias que lo harán reflexionar sobre el sentido de todo. Está maravillosamente escrito, al punto de que no provoca dejar de leerlo hasta terminarlo (se puede leer en una sola tarde) y está repleto de numerosos detalles por los que vale la pena releerlo una y otra vez, uno de los mejores es el nombre de la obra, el cual se refiere a un poema de Robert Burns que dice: «Si un cuerpo coge (encuentra) a otro cuerpo, cuando van entre el centeno...», ya que en un pasaje de la obra, la pequeña hermana de Holden le pregunta a él qué le gustaría ser, y él le responde citándole ese verso y agregando que al escuchar este poema, siempre se imaginó a un grupo de niños jugando en un campo de centeno al borde de un precipicio, y que a él le gustaría ser un guardián entre el centeno que los protege de caerse por allí. El guardían entre el centeno no es el libro favorito de asesinos solamente, sino también de personalidades como Bill Gates, Winona Ryder, Pete Sampras, Billy Joe (vocalista de Green Day) y muchos otros. Green Day tiene una canción titulada: “Who wrote Holden Caulfield?” y Billy Joel menciona al libro en “We Didn't Start the Fire”.

Este es uno de esos libros que al terminar de leer te gustaría que el protagonista existiese de verdad y que fuese tu amigo, o que te gustaría conocer al autor, ya que algo de él debería haber en la personalidad de su protagonista, ¿cierto? Lamentablemente, J. D. Salinger, quien aún vive, no es una persona digna de conocer. Es un ermitaño quien vive aislado del mundo, no concede entrevistas, no atiende a sus fanáticos y su vida ha sido deprimente. A pesar de la inmensa cantidad de fanáticos que tiene The catcher in the rye, nunca jamás se ha hecho una película sobre el mismo porque Salinger odia a Hollywood y se niega a vender los derechos (cuando muera, los productores de la meca del cine se darán banquete tratando de comprar los derechos a sus herederos). Sin embargo, se han hecho muchísimas películas inspiradas o relacionadas con el famoso libro, como por ejemplo Igby Goes Down¸(Las locuras de Igby); Una Buena Chica (A good girl), en la que Jake Gyllenhaal, el amante de Jennifer Aniston en la película, es aspirante a escritor y se hace llamar Holden; la misma El Complot (Conspiracy Theory); Chasing Holden, en la que D. J. Qualls (Road Trip, The New Guy, el video de “I’m Just a Kid” de Simple Plan) recorre Estados Unidos para ir a visitar a Salinger, y muchas más.

En definitiva, The catcher in the rye es un libro que deja una huella profunda en la mayoría de las personas que lo leen. Se podría argumentar que esto se debe a la forma en la que está escrito, o por la simbología que se utiliza en la obra, o por diez millones de razones más; pero yo diría que la razón fundamental es porque todos tenemos algo de Holden Caulfield en nosotros mismos. En el fondo… todos somos Guardianes entre el Centeno.



“Si de verdad les interesa lo que voy a contarles, lo primero que querrán saber es dónde nací, cómo fue todo ese rollo de mi infancia, qué hacían mis padres antes de tenerme a mí, y demás puñetas estilo David Copperfield*, pero no tengo ganas de contarles nada de eso. Primero porque es una lata, y, segundo, porque a mis padres les daría un ataque si yo me pusiera aquí a hablarles de su vida privada. Para esas cosas son muy especiales, sobre todo mi padre. Son buena gente, no digo que no, pero a quisquillosos no hay quien les gane. Además, no crean que voy a contarles mi autobiografía con pelos y señales. Sólo voy a hablarles de una cosa de locos que me pasó durante las Navidades pasadas, antes de que me quedara tan débil que tuvieran que mandarme aquí a reponerme un poco. A D.B. tampoco le he contado más, y eso que es mi hermano. Vive en Hollywood. Como no está muy lejos de este antro, suele venir a verme casi todos los fines de semana. El será quien me lleve a casa cuando salga de aquí, quizá el mes próximo. Acaba de comprarse un «Jaguar», uno de esos cacharros ingleses que se ponen en las doscientas millas por hora como si nada. Cerca de cuatro mil dólares le ha costado. Ahora está forrado el tío. Antes no. Cuando vivía en casa era sólo un escritor corriente y normal. Por si no saben quién es, les diré que ha escrito El pececillo secreto, que es un libro de cuentos fenomenal. El mejor de todos es el que se llama igual que el libro. Trata de un niño que tiene un pez y no se lo deja ver a nadie porque se lo ha comprado con su dinero. Es una historia estupenda. Ahora D.B. está en Hollywood prostituyéndose. Si hay algo que odio en el mundo es el cine. Ni me lo nombren.”

[Párrafo con el que comienza El Guardián entre el Centeno]

* Por si acaso, aclaro que acá se refiere es al libro de Charles Dickens, no al famoso mago ex-novio de Claudia Schiffer.



Canción para acompañar:

* The Beatles - "Eleanor Rigby" (Excelente, como todo lo de ellos)

Película recomendada de la semana:

* "El Complot (Conspiracy Theory)" (1997) [7/10]. Director: Richard Donner. Cast: Mel Gibson, Julia Roberts.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20050815

Balance

Algunas personas creen que la felicidad que logren alcanzar en sus vidas es directamente proporcional al éxito que obtengan social y económicamente. Por ende, se esfuerzan cada día más y más por escalar posiciones y salir adelante en sus respectivas carreras, aunque esto signifique sacrificar otros aspectos de sus vidas. En lo que a mí respecta, no comparto esta opinión.

Otras personas piensan que lo único importante en la vida es el amor y que si tienes a tu media naranja junto a ti, vas a ser feliz pase lo que pase. Y entonces lo abandonan todo por irse con la persona que aman. A un lado quedan sus familias, sus amigos, sus viejos objetivos…. todo. Piensan que la felicidad está garantizada por el amor. En lo que a mí respecta, tampoco comparto esta opinión.

La opinión que sí comparto es la de que para ser felices (y por feliz entiéndase pasar más tiempo contento que lo opuesto), lo que se necesita tener es un balance... un equilibrio. ¿De qué te sirve tener todo el éxito del mundo y más dinero y prestigio del que alguna vez soñaste tener si no tienes a nadie con quién compartirlo? Y por nadie, no me refiero solamente a una pareja, sino también a los hijos y a prácticamente cualquier persona además de tus padres que se preocupe por ti más que -muchas veces- tú mismo. Por otro lado, ¿de qué te sirve tener a tu lado a esa persona tan especial para ti si todo lo demás en tu vida apesta? Al principio pareciera no importar nada más, pero poco a poco los problemas económicos y/o la frustración social irán haciendo mella en la relación hasta deteriorarla, muchas veces, de forma irreversible. Utópicamente, sólo el amor debería importar; el problema está en que la vida no es una utopía.

Lo que quiero decir con todo esto es que hay que saber llevar a la par ambos aspectos. En algunos momentos, quizás sea necesario darle prioridad a uno sobre el otro, pero nunca debemos ignorar por completo a ninguno de los dos. Cuando una buena oportunidad profesional llega, no debemos rechazarla de plano simplemente porque genera conflictos con tu vida amorosa, tenemos que al menos considerarla. Igualmente, si una buena oportunidad llega en tu vida amorosa, explórala antes de tomar cualquier decisión. Las oportunidades que valen la pena rara vez tocan a la puerta dos veces, por lo que cuando tocan, más vale estar dispuestos a abrirles.

Canción para acompañar:

* Anna Nalick - "2 a.m. (Breathe)"

Película recomendada de la semana:

* "The Game" (1997) [8/10]. Director: David Fincher (uno de mis favoritos: Seven, The Fight Club, The Panic Room). Cast: Michael Douglas, Sean Penn.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20050808

Destacadamente Idiota

Destacar en algo puede que contribuya a subir a tu autoestima, pero también puede ayudar a convertirte en un idiota. En idiota, sí, porque se te pueden subir los humos a la cabeza y comenzar a pensar que eres superior a los demás o a lo que es peor: a sentir lástima por los otros.

Para empezar, por muy bueno que seas en determinada cosa, o por mucha inteligencia, belleza, educación y/o dinero que tengas; no eres mejor que nadie. Puede que seas más apto para ciertas cosas, pero eso, repito, no te hace superior. El respeto hacia los demás es algo que no se debe perder nunca, porque cada persona sobre la tierra es mejor que tú o sabe más que tú sobre algo (y viceversa); por lo que el día menos pensado, esa persona que tanto menospreciaste porque carecía de esto o tenía poco de aquello, puede ser la única que te puede ayudar a salir de algún problema. ¿Es imposible ver a un experto en física nuclear preguntarle a una señora analfabeta cómo hacer para quitar una mancha de vino tinto de su camisa blanca?

Por otro lado, aún si eres excelente en x cuestión, hay 99.9999999999999 % de probabilidades de que en alguna parte del mundo va a haber alguien mejor en eso. Siempre va a haber alguién que sabe más de literatura medieval escandinava (por poner un ejemplo fútil), o con más dinero (excepto si eres Bill Gates), o más hermoso o hermosa y/o que juega mejor que tú al fútbol de mesa (otro ejemplo fútil). Así que sé humilde, porque cuando te consigas a esa persona no te va a gustar que se sienta superior a ti. ¿O sí? Y aquí viene mi otro punto, ¿por qué la gente siempre quiere ser él o la mejor en algo? No me confundan con un conformista porque para nada lo soy, pero si te empeñas en ser lo mejor, sólo lograrás ser un infeliz toda tu vida porque vivirás frustrado por todas las veces en las que la realidad te dirá que no lo eres (ocurrirá, no lo duden). Y aún si lo lograses, ¿de qué te serviría? Solamente para alimentar a tu orgullo y eso, para los efectos, es igual a no servir de nada.

No te esfuerces por ser el mejor, esfuérzate por hacer las cosas lo mejor que puedas y verás que es mucho más gratificante. Al final, los que más destacan en algo son también los que menos se empeñan en hacerlo.


Cancion para acompañar:

* Lit - "My own worst enemy"

Película recomendada de la semana:

* "Good Will Hunting" (1997) [9/10]. Director: Gus Van Sant. Cast: Matt Damon, Ben Affleck, Robin Williams, Minnie Driver.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20050730

El Tesoro que no quería ser Encontrado

Dicen que se puede saber mucho de una persona por lo que lleva en sus bolsillos, pero lo único que podría decirse al respecto sobre Jack Strauss es que, sencillamente, le encanta guardar todo lo que encuentra. “¡Nunca sabes cuándo puedes necesitar cualquier cosa!”, es lo que siempre dice como excusa cada vez que recoge un objeto nuevo; pero... ¿qué utilidad se le puede dar a los objetos que ahora mismo se encuentran en sus pantalones? Estos son: la mitad de un viejo sándwich de mantequilla de maní, tres clips, una bolsita de metras o canicas, un carrito de juguete sin ruedas, las ruedas de este carro de juguete, un imán, un trozo de tela, el recorte de un artículo de periódico sobre el lanzamiento de un cohete espacial, unos caracoles y dinero de mentira. Sólo hay una cosa que a la gente le extraña más que el hecho de que el joven aventurero guarde todos estos artículos, y esta es: ¿cómo le caben tantas cosas en sus pequeños bolsillos?

Algunos piensan que los pantalones de Jack son mágicos. Otros -menos imaginativos-, sostienen que el curioso chico simplemente posee un extraordinario método de recolección de cachivaches. Sin embargo, cómo guardar algo en sus saquillos no era lo que más preocupaba a Jack en este preciso momento, sino -más bien- cómo sacar cualquier cosa de allí. La mantequilla de maní, por ejemplo, podía serle de gran ayuda ahora mismo. “¡Si tan sólo pudiera encontrar la forma de llevar el sándwich hasta mis manos!”, es lo que le venía a la mente cada vez que observaba a sus extremidades superiores encadenadas a la pared. Él sabía que con la jalea de maní le sería más fácil deslizar sus manos a través de las cadenas para así liberarse, pero no tenía forma ni manera de sacar al emparedado de sus bolsillos bajo las condiciones en las que se encontraba; por lo que, cansado ya de insistir, prefirió dedicarse entonces a reproducir en su mente cómo fue que empezó todo.

Esa mañana, Jack había estado jugando como de costumbre con su prima Amy a orillas del mar. El día prometía ser igual de aburrido que el anterior, de no ser porque el curioso niño divisó algo flotando en el mar que llamó su atención: una botella. Dentro de la botella, había una hoja enrollada que Jack extendió hasta darse cuenta de que –como era de esperarse- se trataba de un mapa. "¡Debe ser el mapa de un tesoro!", naturalmente dijo él. Amy, quien era un poco más sensata, le advirtió: "No debe ser nada. Seguramente, algún sin oficio dibujó un mapa y lo metió en una botella para fastidiar a gente curiosa como tú”. “¡No importa!”, insistió él, “¡Vamos a averiguarlo!”.

El incansable investigador reconoció un dibujo peculiar en el mapa: el perfil de un ángel, y recordó a una roca situada en un acantilado y que vista desde cierto ángulo siempre le pareció que tenía forma de querubín. “Sé dónde es esto, ¡ven conmigo!”, se apresuró a decir exaltado, pero su prima no tenía los mismos ánimos que él. “¡Olvídalo!”, le recomendó Amy, “¡Vamos a almorzar que nos esperan en casa!”. Sin embargo, Jack ya tenía un plan para después de almuerzo.

Dispuesto a continuar solitariamente su expedición, cogió su bicicleta y se encaminó rumbo al acantilado con la roca en forma de ángel. Llevaba puesta una camisa azul desabotonada sobre una franela blanca, sus pantalones verde militar con bolsillos por doquier y sus botas favoritas. Podría decirse que ese era su uniforme de aventurero. No tardó mucho en llegar al acantilado –no quedaba lejos de casa-, y sin perder tiempo se colocó frente a la roca en cuestión y abrió el mapa. Siguió todas las instrucciones que allí aparecían con referencia al serafín rocoso (con ayuda de la brújula de su reloj), y al cabo de un rato se encontró frente a la entrada de una cueva.

“¿Dónde está escondido el tesoro secreto de los templos sagrados?”, le preguntó bruscamente un pirata a Jack interrumpiendo su sesión de recuerdos. “¡No te lo diré!”, le respondió en seguida el pequeño valiente. “¡Me lo diréis o no diréis nada más en vuestra vida!”, le amenazó el corsario. “Señor, ¡es sólo un niño!”, le susurró otro pirata al altanero que hacía las preguntas. “¿Qué creéis que van a decir de mí en el club de piratas si se enteran de que dejé que alguien se saliera con la suya simplemente porque era un niño? ¿Qué van a pensar de mí? Tengo una reputación que mantener, así que: ¡ ó habla o haré que lo disequen!”, argumentó categóricamente el corsario de la reputación que mantener, y luego ordenó que le quitaran a Jack todo lo que traía consigo en los bolsillos. “¿Para qué es toda esta basura?”, le continuó interrogando el líder de sus captores, “¿son acaso pistas para encontrar al tesoro?”. Jack no respondió. El pirata, armándose de paciencia, le preguntó al niño: “Hijo, ¿Cómo os llamáis?”, y el joven aventurero recordó entonces que ya en el mismo día le habían hecho esa misma pregunta con otras palabras.

Cuando entró en la cueva, lo hizo sin pensarlo mucho. Jack conocía poco de miedo y ese tal vez era su gran problema. Todo estaba oscuro allí adentro y de vez en cuando se escuchaba a los murciélagos revolotear entre estalagmitas y estalactitas, pero a él no le molestaba. Lo que sí le molestó fue escuchar también a otras voces a medida que iba avanzando, pero se tranquilizó cuando llegó al final de la cueva y vio que las voces eran de un niño y una niña que hablaban un idioma desconocido para él. No le parecieron peligrosos a Jack, por lo que no se preocupó en esconderse de ellos. “Hola, ¿cómo te llamas?”, le preguntó la niña apenas al verlo y en el idioma que el joven Strauss sí comprendía. “¡Jack!”, respondió sin titubear: su nombre de aventuras. “¡Me da gusto conocerte, Jack! Mi nombre es Sally y el de él es Paul. Estamos buscando algo muy valioso para nuestro pueblo”, le comentó amablemente la pequeña. Acto seguido, ella le explicó todo lo que sabía sobre el tesoro secreto de los templos sagrados, y Jack le explicó las razones por las cuales él se encontraba allí. El buscado tesoro fue escondido por los ancestros de Paul y Sally hace muchos años y nadie sabe qué hay dentro de ese cofre, pero se dice que el tesoro le da poderes extraordinarios a quien lo encuentra, por lo que no debe caer en malas manos.

Paul y Sally tenían un mapa muy parecido al de Jack, pero tenía algunas diferencias no fácilmente perceptibles. Mientras analizaba ambos mapas, el perspicaz niño notó que puestos uno al lado del otro, los dos trozos de papel en conjunto formaban la silueta de un ángel, por lo que llegó a la conclusión de que las pistas sobre el tesoro las encontraría en la roca que estaba afuera, y que la cueva sólo había sido una distracción para desviar la atención. De nuevo frente a la famosa roca, ninguno de los tres encontró nada en ella que los pudiese guiar hasta el tesoro. Decepcionado por no tener idea de qué hacer ahora, Jack se recostó en la piedra para mirar hacia el mar y se dio cuenta de algo: a lo lejos había una isleta con un árbol de forma exactamente igual a la de la roca donde estaba apoyado. El mapa se refería a esa isla.

“¡Jack!”, respondió el valiente explorador sin titubeos, ya estaba acostumbrado a su nombre de aventuras. “¿Jack qué? Todo aventurero que se respete debe tener también un apellido, como Robin Hood, Robinson Crusoe o yo, ¡el Capitán John Cejanegra!”, le insistió el pirata. Jack nunca se había detenido a pensar en un buen apellido de aventuras, así que tuvo que improvisar. Viendo sus objetos personales sobre la mesa, vio que en el reverso del artículo sobre el lanzamiento de un cohete al espacio, estaba una biografía de Johann Strauss, y le pareció bien tomar prestado su apellido. “Strauss, Jack Strauss”, le dijo a Cejanegra, y este se conformó con esa respuesta. Tuvo suerte de que ninguno de los piratas salvo el capitán supiera leer, y este era demasiado perezoso como para tomarse el trabajo de leer el artículo sobre la mesa. “Bien, Jack”, le dijo el líder de los corsarios antes de retirarse, “os voy a dar la oportunidad de salvar vuestra vida ganándome en un duelo de espadas en la cubierta”. Luego agregó entre risas: “Eso es para que no digáis que no os tuve ninguna clase de compasión”.

La única forma que tenían para llegar a la isleta era nadando, mas esta estaba demasiado lejos para Jack. “¿Cómo vamos a hacer para resistir nadando hasta allá?”, les preguntó el joven Strauss a sus nuevos amigos ya cuando estaba en el agua con todo y ropa. “Jack, ¡mira nuestros pies!”, le sugirió Paul, y cuando Jack intentó verle los pies se sorprendió al ver que no estaban, en su lugar había una cola de pez. Paul y Sally eran ahora mitad hombres mitad peces. “¡Vaya, pensaba que no existían las sirenas!”, acotó el asombrado niño, y luego agregó: “Ustedes pueden nadar con facilidad, ¿cómo voy a hacer yo?”. “Ya pensamos en eso, Jack, Saldur te va a ayudar”, le dijo Sally mientras le señalaba a un simpático delfín que venía en camino, “¡sujétate de su aleta y él te llevará hasta la isla sin problemas!”.

Fue divertido el trayecto con Saldur, pero al llegar a la isleta se tuvo que separar de él mientras exploraba fuera del agua. Rápidamente llegó Jack hasta el árbol con la forma angelical y se dispuso a observar. De nuevo se había quedado sin pistas. "¡Este tesoro no quiere ser encontrado!", se quejó él, pero viendo hacia la costa en tierra firme, se fijó en que había otra cueva a la que se llegaba desde el mar y cuya entrada -adivinen qué- también formaba la silueta de un ángel. Emocionado, comenzó a correr hacia donde lo estaban esperando Paul, Saldur y Sally para contarles; mas fue capturado por piratas antes de que pudiera avisarles, y así fue que empezó todo este lío.

Ahora la única forma de escapar para Jack Strauss era venciendo en duelo al Capitán Cejanegra, quien era mucho mayor que él. A Jack le asignaron una espada más pesada que él mismo, por lo que ni siquiera podía sostenerla como debía. Si luchaba, Jack sabía que estaba perdido, pero mirando hacia el mar encontró la solución a su problema. Introdujo una de sus manos en sus bolsillos, tomó la bolsita con las metras (canicas) y las arrojó al suelo provocando que muchos de los piratas se cayeran. “¡Atrapádlo!, no dejéis que se os escape”, se apresuró en decir el Capitán, “¡Ya bastante irrespeto sufro por ser lampiño y sin barba y verme obligado a llamarme Cejanegra, como para permitir que os burléis de mí también por no poder controlar a un niño!”. Pero no había terminado de decir esto cuando ya Jack había saltado hacia el mar. Abajo lo estaban esperando Saldur, Paul y Sally, para ayudarlo en su escape.

Con Saldur nadando a toda velocidad, lograron perderse de los piratas y llegar hasta la cueva que Jack había visto desde la isla. Luego de mucho caminar dentro de la cavidad, lograron divisar un cofre que seguramente era el que estaban buscando. ¡Por fin iban a poder ver qué era lo que contenía el fulano tesoro! Lentamente, se acercó Jack Strauss hasta el baúl y poco a poco comenzó a abrirlo. De pronto, un ruido ensordecedor los atormentó a todos., haciendo que el niño se tapase sus oídos y cerrase sus ojos. Cuando los abrió de nuevo, lo primero que Jack vio fue a su madre apagando el despertador junto a su cama y diciéndole:

“Juan, ¡despierta! ¡Vas a llegar tarde al colegio!”.



** Para los niños aventureros que todos llevamos por dentro.


Cancion para acompañar:

* Ludo - "Hum Along"

Película recomendada de la semana:

* "The Goonies" (1985) [8/10]. Cast: Sean Astin (Sam en Lord of the Rings).

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20050724

El Sonido del Silencio

Lo que está a continuación lo escribí hacemucho tiempo y la verdad es que, de mis escritos,es de los que menos me gusta,pero lo coloco aquí en esta oportunidad -sin editar- para, no sé, ver si he avanzado algo. Espero que no les parezca tan desastroso.

"¿Puedes imaginar por un momento lo que se siente querer decir algo y no poder hacerlo?. Seguramente puedes imaginarlo, todos en algún momento hemos experimentado esa sensación de impotencia que sentimos cuando queremos hacer algo pero por alguna razón no podemos. Ahora trata de imaginar el tener que experimentar dicha sensación durante cada minuto de tu vida, probablemente te resultará difícil imaginarlo, porque es difícil pensar que alguien sea capaz de soportarlo.


Claudia no podía hablar, un defecto de nacimiento se lo impedía. Sin embargo, lo que más le molestaba a Claudia no era el hecho de no poder hablar, sino querer hacerlo. No le gustaba la impotencia que sentía cada vez que quería decir algo y se encontraba con que era incapaz de hacerlo, lo que le sucedía prácticamente cada minuto de su vida. Por supuesto que podía comunicarse a través de señas o del lenguaje escrito, pero no siempre podía contar con lápiz y papel para expresarse, y mucho menos contar con un interlocutor que le entendiera por medio de señas. Además, a ella le frustraba tener que emplear dichos métodos para expresarse, porque no podía escribir o comunicarse con señas con la misma velocidad con la que pensaba, problema que no existiría si pudiera hablar, y le frustraba aun más utilizar señas para expresarse porque le molestaba de sobremanera que las personas asumieran entonces que además de muda era sorda y que le contestaran con señas en lugar de palabras.

No ha de extrañar mucho entonces que a Claudia le gustase pasar tanto tiempo sola en el ático de su casa contemplando el bosque desde la ventana, ya que sin nadie con quien hablar evitaba sentirse frustrada tan a menudo. Sin embargo, esto es algo que sólo te resulta comprensible si te pones en el lugar de Claudia, pero ponerse en su lugar no era una práctica frecuente en su familia. Por lo tanto, a ellos sí les resultaba extraño que la pequeña pasase tanto tiempo sola frente a la ventana del ático, pero fueron lo suficientemente sensatos como para no impedírselo. Sólo su padre comprendía las razones que la impulsaban a querer estar sola, pero no entendía por qué le gustaba pasar tanto tiempo en el ático cuando podía aislarse en su propia habitación si así lo deseaba. En su deseo de averiguar qué había en el ático que atraía tanto la atención de Claudia, su padre subía cada noche y se paraba junto a ella en la ventana, la abrazaba con una mano y le preguntaba qué era lo que tanto hacía en ese lugar, y cada noche recibía la misma respuesta, la cual consistía en absolutamente nada, simplemente ella no le respondía. Entonces su padre le daba un beso en la frente y la dejaba nuevamente sola.

Los años pasaron y religiosamente dicho ritual se repetía casi todas las noches, hasta que el padre de Claudia, víctima de una grave enfermedad, en su lecho de muerte le repitiera a su hija la misma pregunta que nunca le había querido contestar. La respuesta esta vez no fue distinta, pero su padre en lugar de besarla en la frente le dijo: “Escucho y escucho, pero no oigo nada”. A lo que ella le contestó por medio de señas: “Por eso es que nunca escuchaste mi respuesta. La gente está por lo general tan ocupada en sus cosas que no se dedica a escuchar realmente. Sólo escuchan lo que quieren oír o lo que no necesita mucho esfuerzo para escucharse. Yo me dedicaba a escuchar lo que no quería ser escuchado. Si prestas atención, puedes escuchar los infinitos susurros del bosque o más allá de él arrastrados por el viento, una sinfonía compuesta por los delicados sonidos de cada ente de la naturaleza, o palabras emitidas más allá de donde nuestros ojos pueden ver. Cada objeto tiene una historia que contar pero no tiene quien la escuche. Es como una música eterna que se pierde en la nada si nadie se detiene a escucharla. Cada día yo escuchaba lo que estaba callado como yo.”

Su padre entonces la besó en la frente, cerró los ojos y escuchó como su hija con mucho esfuerzo le susurraba al oído: “escucho”, y pudo recordar que su hija cada noche le había susurrado esa misma palabra, pero aunque siempre la oyó, nunca la había escuchado realmente. Estaba feliz porque por fin había logrado comprender totalmente a su hija, y aunque era el último día de su vida, sabía que por toda la eternidad podría escuchar ahora el sonido del silencio."

20050722

Lugares Comunes...

Cuando quieres a alguien, es difícil expresarlo sin caer en cursilerías. Más difícil aún es ser cursi sin caer en lo ridículo, a lo cual yo le tengo cierto temor. Sin embargo, al igual que cuando te sucede algo malo y la mejor manera que encuentras de desahogarte es gritando una mala palabra, de vez en cuando la única manera de expresar lo que sientes es siendo algo cursi, así esto implique el enorme trabajo de poner en evidencia que eres vulnerable y que no estás hecho de acero.

Por lo tanto, puedo usar esto como pretexto para desahogarme sin temor en rayar en lo cursi. Podría empezar entonces diciéndole que no puedo vivir sin ella, de no ser por el hecho de que le estaría mintiendo: la verdad es que sobreviviría. Pero... ¿qué clase de vida sería? Seguramente, no la clase de vida que yo querría sobrevivir. Más que no poder vivir sin su presencia, el asunto es que no quiero vivir con su ausencia, aunque aclaro que muchas veces no hace falta estar presente físicamente para evitar estar ausente.

No voy a decirle que pienso en ella siempre, pero sí que lo hago frecuentemente, incluso cuando no debo pensar. Tampoco le diré que sus ojos son como luceros, por más que me cueste dejar de mirarlos... o que me falta el aire si no está, porque lo único que falta son las ganas de respirar, no el aire. Definitivamente, no le diré que me muero por su sonrisa, pero sí por hacerla reír, porque eso significa que es feliz. Después de todo, esto es lo que importa.

Dejando a un lado los lugares comunes, mejor le digo lo que sinceramente me ocurre. Me ocurre que con ella, uno más uno deja de ser dos para pasar a serlo todo, de la misma manera que dos menos uno es sencillamente igual a nada. Me ocurre que hay un antes y un después de haberla conocido, porque saber que existe, saber que es real, ya es motivo suficiente para tener esperanza y para tener ilusiones. Me ocurre que con ella todo tiene sentido y al mismo tiempo nada lo tiene. Me ocurre que estoy adicto a ella y que prefiero morir de mi adicción que encontrarle cura. Me ocurre que no quiero despertar nunca de este sueño.

Lamentablemente, a veces es inevitable despertarse...

Cancion para acompañar:

* The Exies - "Tired of You"

Película recomendada de la semana:

* "Before Sunset" (2004)[10/10]. Director: Richard Linklater. Cast: Ethan Hawke, Julie Delpy. No he visto Before Sunrise.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20050717

El Mundo Según John Irving


Si por mí fuese, no habría día en el que yo no me levantase tarde. No tanto por perezoso, sino porque es en la mañana cuando más sueño yo tengo. Esto tiene una razón de ser: me cuesta despertarme temprano porque también me cuesta muchísimo dormirme. No importa a que hora me acueste, siempre paso dos o tres horas dando vueltas en la cama antes de lograr entrar en los dominios de Morfeo (excepto, claro está, cuando estoy realmente cansado), y les puedo dar mi palabra de que esto no es nada divertido.

Lo que causa que me cueste tanto dormirme es, en mi opinión, que se me hace muy difícil no pensar en nada. Todo el tiempo tengo varias ideas rondando en mi cabeza simultáneamente. De hecho, algo que siempre detestaba que me pidieran era poner mi mente en blanco porque se dice muy fácil, pero… ¿cómo se hace?, ¿cuál botón debo presionar para que automáticamente palidezca mi mente? Lo que hacía en estos casos era imaginarme a una gran pared blanca que cubriera todo lo posible en mi imaginación. El problema estaba en que debía concentrarme tanto en ese muro para no distraerme pensando en otra cosa, que muchas veces dejaba de prestarle atención a la persona que en primer lugar me había pedido poner mi mente en blanco.

Como me aburría tanto dar vueltas en mi cama sin hacer nada, me creé el hábito de leer por las noches hasta que los ojos prácticamente se me cerraran solos. Igual siempre parte del sueño se desvanecía cuando echaba el libro a un lado y me disponía a dormir de verdad, pero de que me resultaba mucho más fácil dormirme de esta forma no había ninguna duda. Así que desde muy pequeño fui leyendo libros de Kipling, Andersen, y de cuanto autor de cuentos infantiles –y no tan infantiles- pasara por mis manos (hubiese matado por un libro tipo Harry Potter en esta época). Sin embargo, llegaban momentos en los que ya no tenía nada que leer y le pedía a mi mamá que me encontrase algo más. Yo debí atormentarla bastante porque uno de los libros que me dio para leer en una ocasión fue el primer tomo de una enciclopedia llamada: “El Mundo Pintoresco”, en la que cada tomo abarca un continente entero. Leí todo el perteneciente a África y parte del de Europa, por lo que antes de cumplir los 9 años yo estaba lleno de datos inútiles como, por ejemplo, que la distancia más corta entre España y Marruecos es de apenas 15 kilómetros a pesar de estar en dos continentes diferentes y separados por agua, o también que Erik El Rojo descubrió Groenlandia. Hubiese leído los cinco tomos de no ser por el hecho de que me obstiné de hacerlo. A partir de ese momento, decidí buscar yo mismo lo que iba a leer en lugar dejarle esa tarea a mi madre. De todos modos, luego vino la era del Nintendo, las PCs, y –mucho después- de Internet; por lo que dejé de leer tanto como antes. De hecho, durante algún tiempo no leí ningún libro por iniciativa propia sino únicamente los que me obligaron a leer en el colegio.

Sin embargo, poco antes de que empezara mi era universitaria, encontré en mi casa una colección de libros que habían dado lugar a películas que llamó mi atención. Recuerdo haber leído primero el de Thomas Harris del “Silencio de los Corderos”; luego uno de John Le Carré llamado “La Casa Rusia”, cuya película protagonizaron Sean Connery y Michelle Pfeiffer (la verdad es que no recuerdo si me aburrió más la película ó el libro); “Alguien voló sobre el nido del cuco” de Ken Kesey; y no recuerdo cuántos más hasta que llegué a un libro sobre el que supuestamente se había hecho una adaptación cinematográfica con Robin Williams y Glenn Close (que aún no he podido ver), pero con un título que llamó mi atención: “El mundo según Garp”, de John Irving. Hoy en día es mi libro favorito.

Lo mejor de John Irving es su estilo narrativo. Distinto al de cualquier otro. Podría pasar horas describiéndolo, pero no sería la misma cosa. Tienen que leerlo para saber a qué me refiero. Para resumir, sólo voy a decir que es muy sarcástico, ameno y original. Es un narrador por excelencia, incluso un emocionante partido de ajedrez entre dos personas ciegas te podría parecer interesante si fuese narrado por él. Cuando uno termina de leer uno de sus libros, se queda con ganas de leer más.

Para las personas conservadoras, Irving puede no gustarles mucho por lo poco tradicionalista que es y, especialmente, porque la vida sexual de sus personajes siempre tiene un papel importante en la trama de sus novelas. Además, la polémica constantemente está presente en sus obras. En Garp, por ejemplo, uno de los caracteres secundarios es un transexual; en “Hotel New Hampshire”, el protagonista se enamora de su hermana, quien a su vez es víctima de una violación; y en “Princes of Maine, Kings of New England” (no he leído el libro pero si vi la película), uno de los protagonistas es un doctor que practica abortos. Si estos temas no son de tu agrado, entonces lee “A Prayer for Owen Meany”, una excelente novela sobre un niño con problemas de crecimiento pero muy maduro e inteligente, que vive seguro de que Dios lo tiene destinado a ser un héroe. Owen Meany es uno de los personajes más interesantes, completos y complejos que he tenido la oportunidad de leer.

A pesar de no ser tan famoso como Stephen King, Irving es bastante conocido en Estados Unidos, Canadá, Alemania, Austria y Holanda. Muchas de sus novelas han sido llevadas al cine, estas son: “El mundo según Garp” (no he tenido la oportunidad de verla); “The Hotel New Hampshire” (Jodie Foster, Rob Lowe tampoco la he visto); Simon Birch (Ashley Judd, Oliver Platt, Jim Carrey), que está inspirada –no basada- en “A Prayer for Owen Meany”; The Cider House Rules (Sir Michael Caine, Tobey McGuire, Charlize Theron), basada en “Princes of Maine, Kings of New England” y por la que el mismo John Irving ganó un Oscar a mejor guión adaptado; “The Door in the Floor” (Kim Bassinger, Jeff Bridges), que trata sobre la primera mitad de “A Widow for a Year” (la película se llamó “La puerta en el suelo” porque uno de los personajes escribe cuentos infantiles –excelentes, por cierto- y uno de ellos se llama así), y dentro de poco saldrá una película basada en The Fourth Hand, su último libro pero también el que menos me gusta.


Dicen que si quieres escribir, debes buscar un libro o un escritor que sea algo especial para ti y dejarte influenciar lo más que puedas por él. Para mí, ese escritor es John Irving. Gracias a él descubrí cuánto me gusta hacerlo. Si tienen la oportunidad de leer un libro de él, háganlo, no se arrepentirán de conocer cómo es el mundo según John Irving.


Canción para acompañar:

* Counting Crows - "Mr Jones".

* Our Lady Peace - "Where Are You?" (Nuevo single del disco "Healthy in Paranoid Times" que sale el 30 de agosto).

Libros recomendad0s de la semana:

* El mundo según Garp (The world according to Garp).
* A Prayer for Owen Meany (Hasta donde sé, no ha sido editado en español).
* Una Mujer Difícil (el nombre con el que tradujeron a "A Widow for a Year").

Película NO recomendada de la semana:

* "A Love Song for Bobby Long" [1/10] con John Travolta y Scarlett Johansson. No pierdan su tiempo viendo a este somnífero visual.
* "The War of the Worlds" [7/10]. En general, la película no puede decirse que es mala, pero el final es decepcionante (y no me refiero a lo que ocasionó el fin de la guerra).

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20050709

19:36

Un niño que lloraba en los brazos de su madre atrajo por un momento su atención, que luego depositaría nuevamente en la oscuridad que dominaba el otro lado de la ventana del vagón. Ya había desistido de la idea de apartar de su frente los rebeldes mechones de cabello que se resistían a mantenerse retenidos por su oreja derecha y que eran impulsados, una y otra vez, por el aire proveniente del abanico improvisado de papel que atenuaba -aunque levemente- el calor que sentía. El aire acondicionado, como era costumbre en las horas pico, no estaba en funcionamiento.

Un soplo de resignación salió de sus labios cuando, para variar, el metro se detuvo de pronto en medio del último trayecto que faltaba para llegar a la estación adonde ella se dirigía. Ya en la mañana había pasado algo igual cuando ella iba retrasada para su trabajo por querer dormir “cinco minutos más”. Ese fue sólo el principio de lo que iba a ser un pésimo día para ella: el perro de su vecina intentó orinarle los pies cuando se disponía a salir de su apartamento, se perdió de una reunión importante en su trabajo por llegar tarde, se pisó un dedo cuando intentaba cerrar una gaveta de su escritorio y, para colmo, no fue sino cuando sus compañeros comenzaron a burlarse de ella que se percató de que se había maquillado un ojo sí y el otro no. Por si todo esto fuera poco, se empapó toda debido a la lluvia cuando caminaba de su trabajo a la estación de metro y ahora, además de que se encontraba varada en el medio de dos estaciones, la incomodaba un necesitado sexual de unos 18 años de edad que descaradamente no le quitaba la vista de encima. Se imaginaba que él la imaginaba desnuda a ella, valga la redundancia.

Curiosamente, esta no era la primera vez que, en la misma semana, alguien lo tenía a él por sádico. Cuatro días antes una mujer de esas adultas contemporáneas, salió despavorida de uno de los vagones porque él, desde el momento en que se montó hasta la estación siguiente, mantuvo su mirada todo el tiempo fija en ella. Solamente en el último mes, había ocurrido algo similar al menos unas seis veces. Lo irónico de todo es que él se creía todo un galán, el propio “terror de las mujeres”, y lo era… solo que literalmente.

Al menos una mujer no se espantó ante su insistente mirada. Una señora cincuentona sentada junto a la mujer con la mala suerte creía que “el terror” la estaba viendo era a ella. Atribuía ese logro al nuevo salón de belleza al que asistía últimamente y a la vestimenta moderna que siempre se preocupaba en vestir. Se lamentó porque el que la miraba era un chico que bien podía ser su hijo y no el señor de buen porte que sostenía una bolsa azul en la mano y que estaba parado junto a la puerta del tren. Sus principios morales jamás le permitirían tener una aventura con alguien tan joven como el que la estaba mirando, pero con ese señor sí le permitirían hacer lo que fuese. Sin embargo, el hombre de buen porte ni siquiera se había percatado de la existencia de la cincuentona “pava”. Estaba demasiado concentrado en la cara de emoción que pondría su hijo cuando le entregase la pista de carros que llevaba en la bolsa azul. No veía la hora en que el metro continuara su marcha. En medio de su desespero, se logró distraer recordando los viejos tiempos en los que cortejaba a la que hoy era su esposa. Un joven impaciente con un ramo de flores en la mano a pocos metros de él le había traído a la mente esas memorias.

Como casi todos los demás, el muchacho de los claveles también estaba preocupado por el retraso que presentaba el metro, ya que su novia lo estaba esperando dos estaciones más adelante y temía no poder llegar a tiempo. Únicamente a dos personas parecía no importarles si el metro avanzaba o no: a un hombre y a una mujer que en ningún momento habían cesado de besarse. "¡Se perdieron las buenas costumbres!”, se lamentaba una señora mayor sentada frente a ellos con cada beso que se daban, y la verdad es que daba la impresión de que ellos creían que estaban en un motel en lugar de en un vagón del metro.

Exactamente 19 minutos con 36 segundos tardó el metro en moverse de nuevo, y la mujer con el mal día continuó viendo fijamente a la ventana ante la mirada penetrante de su acosador. La señora cincuentona, por ende, seguía entusiasmada pensando que la acosada era ella. El señor con el regalo para su hijo y el joven con el ramo de flores aún estaban impacientes por llegar rápido, pero se sentían aliviados por el hecho de que ya no estaban varados en medio de la nada. También los besos de la amorosa pareja prosiguieron tranquilamente, así como los lamentos de la señora mayor sentada frente a ellos. Todo se mantuvo igual, e inclusive yo, luego de los casi veinte minutos que estuvo el tren detenido, continué imaginando historias de personas que ni siquiera conocía.

Canción para acompañar:

* Straylight Run - "Existencialism on Prom Night" (por el video).

Película recomendada de la semana:

* "La Intérprete" (2005) [8/10] Director: Sydney Pollack. Cast: Sean Penn, Nicole Kidman.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20050702

Cigarrillos Imaginarios

Un día, durante una clase de física en la universidad, el profesor comenzó a explicar las leyes de la óptica y en particular aquella que dice que un rayo de luz se refleja con el mismo ángulo con el que incide sobre una superficie. "Ohhhhh!", exclamaron perplejos algunos de los estudiantes -no todos-, como si les acabasen de demostrar más bien la teoría de Schrödinger de la mecánica cuántica. "¿Nunca jugaste con una linterna cuando eras niño?", le pregunté entonces a uno de mis estupefactos compañeros, a la vez que recordaba una ocasión en la que hubo un apagón eléctrico en mi casa y jugando con una linterna pasé frente a un espejo. En aquella oportunidad, noté que el espejo reflejaba a la luz con la misma inclinación (en aquella época no sabía que a eso se le llamaba "ángulo") con la que yo acercaba la linterna, por lo que se me hizo evidente entonces lo que posteriormente conocería como la Ley de la Reflexión de la Luz. En esa clase de física fue que pude constatar que no siempre lo que es obvio o cierto para ti lo es también para las demás personas. Lo más curioso de todo es que esto no sólo aplica para demostraciones de teorías físicas, sino también para casi todo, incluso: emociones y sensaciones.

Yo siempre fui buen estudiante, mas nunca me gustó estudiar salvo aquellos temas que en realidad me interesaran. Sin embargo, hacía el sacrificio no por los regalos que me pudieran dar mis padres al final del año escolar, sino por la sencilla razón de que yo siempre creí que era importante salir bien para poder estudiar luego una buena carrera (de haber sabido entonces que con presentar una prueba de admisión bastaba para entrar a la universidad, tal vez la historia hubiese sido distinta). Estudiar una buena carrera era, según me habían enseñado, un paso necesario para tener éxito y lograr todo lo que yo quería. En realidad, independientemente de si esto era cierto o no, lo que me motivaba no era la universidad en sí sino tener sueños y querer cumplirlos. Llámese ambición, ganas de superarse, o lo que sea; el deseo de lograr una meta siempre ha sido como una chispa que llevo dentro de mí y que nunca ha dejado de impulsarme hacia delante. Se puede decir que lo que me da fuerzas para dar cada paso son las ganas de llegar a mi destino. Pues bien, desafortunadamente esta chispa no todo el mundo la tiene.

Es triste cuando veo a personas que alguna vez estudiaron conmigo en el colegio estancadas en algo que no tiene ningún futuro, conformándose con cualquier cosa. Y no me refiero sólamente a que no se hayan preocupado por sacar una carrera, porque esto no es requisito indispensable para perseguir un sueño; me refiero es a que no hacen nada que los pueda llevar a lograr una meta, por la sencilla razón de que no las tienen. No les interesa ganar dinero excepto cuando se trata de dinero fácil, ni les motiva tratar de enorgullecer a alguien o a ellos mismos, no intentan poder vivir mejor; mas no porque no les gustaría, sino porque no se creen capaces de obtener algo más. Lamentablemente, estas personas llevarán vidas monótonas y aburridas hasta que algún día se den cuenta de las oportunidades que habían estado perdiéndose.

Lo peor que le puede pasar a alguien es no tener ambiciones, porque esto inevitablemente lo volverá un infeliz. Por fortuna, aún me quedan bastantes metas que alcanzar...


Imaginary Cigars

She slowly smokes an imaginary cigar,
while she thinks about her destiny.
She realizes all she has done is nothing
and she's not sure if that's about to change

From the dirty chair where she was sitting
to the most comfortable spot in her bed,
a tiny idea begins his stunning rise
and suddenly it covers all of her mind.

and when is only the silence who can give you some advice,
even the most stupid idea can look like the better one

If only she knew that never it's too late,
that never it's too late to start doing something,
something for her life, something for herself,
something to give some purpose to a life without one,
but how can you explain her this when all she has are imaginary cigars?

She feels the cold iron taste her veins,
in the loneliness of a small bathroom.
She regrets not to have someone to say goodbye,
at the same time that a drop of blood touch the floor

and when is only the silence who can give you some advice,
even the most stupid idea can look like the better one.

If only she knew that never is too late,
that never is too late to start doing something,
something for her life, something for herself,
something to give some purpose to a life without one,
but maybe it's too late to make her know this

And while all of her life
passed in front of her,
the smell of a rose
and the smile of a child,
her favorite song,
a hug from someone she loved,
an unexpected kiss,
and every little thing
that she never cared about,
make her realize
the mistake she has made,
but now it's too late
because the brightest spot
in her beautiful eyes
slowly has begun to fade


Canción para acompañar:

Jimmy Eat World - "Futures".

Película recomendada de la semana:

* "Hombres de Honor" (2000) [7.5/10] Director: George Tillman Jr. Cast: Robert de Niro, Cuba Gooding Jr.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.