20051210

Sueño de una noche cualquiera

El canto de las aves la despertó en la mañana. Abrió la ventana y vio a unos cuantos unicornios revoloteando en su jardín. No podía creerlo: ¡Unicornios revoloteando en su jardín! Rápidamente, cambió su ropa de dormir por una más apropiada para una aventura, y -luego de lavarse los dientes y de realizar todas esas cosas que uno siempre debe hacer aunque le fastidien-, salió de su casa para averiguar qué pasaba.

En la calle, ó, mejor dicho, donde antes había una calle, ahora pasaba un manantial color rosa. Las demás casas y los vecinos ya no estaban. En su lugar, ahora había un gran bosque lleno de árboles frondosos y de extrañas criaturas. No todas eran extrañas: junto al manantial, por ejemplo, un gran gato con algunos kilos de más bebía agua de él. Sin embargo, cuando lo vio más de cerca, se dio cuenta de que no era cualquier gato. De hecho, ni siquiera era un gato, sino una gata. ¡Su gata! La misma que la había acompañado durante su infancia y que tiempo atrás, debido a una penosa enfermedad, habían puesto definitivamente a dormir. La otrora niña no daba crédito a lo que veía. ¡Su amiga felina había regresado!

La abrazó muy fuertemente, mas la gatita no dejó en ningún momento de beber del manantial rosa. “¿A qué sabrá el agua color rosa?”, pensó la chica, y, como era de esperarse, no se resistió a la tentación de probarla. Por un momento, supuso que el agua color rosa debía saber a jugo de mora, pero se decepcionó al ver que ésta sabía simplemente a agua. “¡Agua común y corriente!”, exclamó cuando la saboreó. No tenía idea, en ese momento, de que el líquido que había probado no tenía nada de común y mucho menos de corriente. Lo que tenía de especial, además del color, ella estaba a punto de descubrirlo.

Apenas sació su sed, comenzó a sentirse mareada y un intenso dolor de espalda súbitamente se hizo presente. Sentía como si algo le estuviese brotando desde su columna vertebral. En efecto, así era. Algo le estaba brotando, y ese algo eran unas alas de libélula. No le fue fácil aprender a controlarlas, mas al cabo de un rato –un buen rato-, ya podía suspenderse en el aire. Intentó coger a su gata para dar un paseo, pero la minina no quiso, por lo que la niña con alas de libélula tuvo que dar su paseo en solitario.

Voló hasta la copa de los árboles, y desde allí, pudo ver a varios gnomos tratando de esconder sus tesoros de ella. Vio también nuevamente a los unicornios e intentó acercarse hasta ellos. Los fabulosos animales, temerosos de la joven, se alejaron a medida que ella se fue acercando. “¡No tengan miedo!”, les gritaba, “¡No les haré daño!”, pero esto más los asustaba. Se dedicó entonces a seguirlos, intentando en vano alcanzarlos. Inquietos y veloces, los míticos equinos navegaban por los aires como pez en el agua, y, detrás de ellos, la libélula humana torpemente trataba de llevarles el paso.

Casi una hora estuvo la joven persiguiendo a los unicornios, hasta que, de pronto, sin saber por qué, sus alas de libélula se desvanecieron y cayó hasta la superficie. Por suerte, un lago de chocolate amortiguó su caída. Supo de qué era el lago por todo lo que tragó cuando impactó contra el mismo. “¡Debo estar soñando todavía!”, se repetía la joven, pero todo le parecía muy real para ser un sueño.

“¡Deténganla, se roba nuestro chocolate!”, le empezaron a gritar unos duendes que salieron de la nada a la vez que le apuntaban con unas flechas. “¡No, no, no estoy robando nada!”, intentó explicarse la chica, mas al ver que los acusadores le hacían caso omiso a sus palabras, echó a correr hacia el bosque. Es difícil correr empapado de chocolate. Todo se le quedaba pegado a su cuerpo haciéndole perder el equilibrio a cada instante. Estaba a punto de entregarse a los duendes cuando, de repente, un hombre salió de entre los arbustos dispuesto a protegerla. El individuo colocó a la mujer de chocolate sobre él y salió galopando alejándose lo más que podía de esa escena. Fue entonces cuando ella se dio cuenta de que no era un hombre sino un centauro quien la había salvado. ¿Qué iba a pasar con ella ahora?

“¡Te he estado buscando!”, le dijo el centauro cuando se detuvo frente a una fuente de agua esta vez cristalina para que ella se aseara. “¿Quién eres?”, le respondió la rescatada. “¡Soy el guardián de tus sueños, y he venido a buscarte porque muchos de ellos se han escapando!”, le explicó el ser mitológico. “¿Qué está pasando? ¡No entiendo!”, se quejó angustiada la de los sueños fugitivos. “Verás, anoche mientras dormías, sin querer dejaste entreabierta la puerta al mundo de lo etéreo, y por esa rendija se ha filtrado parte de tus sueños hacia el mundo real”, le aclaró el guardián. “¿Quiere decir entonces que todo esto es real? ¿Tú eres real?”, preguntó la joven, a lo que el centauro contestó: “¡Pues sí y no, todo es real y fantástico al mismo tiempo!”.

“¿Para qué has venido a buscarme entonces?”, continuó con el interrogatorio la niña que había crecido. “¡Para que me ayudes a guardar de nuevo a tus sueños en el mundo onírico!”, respondió el guardián. “¿Por qué? ¿Qué tiene de malo todo esto?”, cuestionó ella. “¿Qué tiene de malo? Por un lado, tus pesadillas se han escapado también, después de todo, una pesadilla no es más que un sueño que no te ha gustado. Por otra parte, los sueños son difíciles de controlar. Lo real dejará de existir tal y como lo conoces hasta ahora. Lo que hoy tiene una forma, mañana tendrá otra. Las leyes de la física se tornarán obsoletas, y ya no sabrás qué esperar de nada. ¿Tú quieres vivir con tanta incertidumbre?”, razonó el ser mitad hombre, mitad caballo. “¡Definitivamente, no!”, le aseguró ella, “¿Cómo puedo ayudar a guardar los sueños?”. El centauro, entonces, le explicó: “Sólo tienes que dormir mientras yo los guardo, y cuando acabe, debes cerrar bien la puerta para que no se escapen de nuevo, ¿entendido?”. Dicho esto, el ser mítico llevó a la niña con cuerpo de mujer de nuevo hasta su habitación y partió luego a cumplir su misión.

El canto de las aves la despertó en la mañana. Abrió la ventana y vio a unos cuantos azulejos revoloteando en su jardín. Tenía tiempo que no veía azulejos revoloteando en su jardín. Rápidamente, cambió su ropa de dormir por una más apropiada para salir a la calle, y -luego de lavarse los dientes y de realizar todas esas cosas que uno siempre debe hacer aunque le fastidien-, salió de su casa para averiguar qué le deparaba el nuevo día. El tráfico, el ruido y la gente en la calle le recordaron entonces que ese sería, sencillamente, un día cualquiera.


Canción para acompañar:

* Sister Hazel - "Dreamers"

Película recomendada de la semana:

* "Despertando a la vida" (Waking Life, 2001) [8/10] Director: Richard Linklater.


-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

8 comentarios:

Isthar dijo...

Si no fuera porque detrás de los sueños también se escaparon las pesadillas, hubiera dejado que el mundo real se llenase un poco de su magia, de los unicornios, los gnomos, los ríos rosas, los centauros...

¿No es hermoso imaginarlo, aunque tenga que ser cerrando los ojos? :)

Un abrazo muy fuerte

Luna dijo...

Hola Horacio!
Ufff, me encantó el cuento. Me sentía como una niña chiquita, imaginando a todos los seres del cuento, y pensaba ¿a cuál de los seres de mis sueños me gustaría hacer realidad?, y de pronto apareció el centauro (como siempre, muy atinado :-D).
Independientemente de las pesadillas, las cuales se quiera o no hay que afrontar, pienso que solo se podrán afrontar si se le da rienda suelta a los sueños, de lo contrario, las primeras ganan la batalla, y eso sí que no! Claro está, hace falta equilibrio, tampoco se puede vivir eternamente soñando. No lo se, tal vez es algo así como poner el puente entre la realidad y los sueños, y un buen puente.

Saludos!

H.G. dijo...

Isthar: Claro que si. Ademas, no perdemos nada con imaginarlo! Un abrazo muy fuerte para ti!

Luna: Me complace mucho que te haya gustado el cuento. Es muy fantasioso, lo se, pero un poco de fantasia hace falta de vez en cuando (ademas, fue lo unico que se me ocurrio el fin de semana). Siempre me han llamado la atencion los centauros, creo que por su aspecto mitologico y tambien porque suelen estar asociados a los sagitarianos.
Ya estoy construyendo ese puente!
Un abrazo!

Mariu dijo...

Excelente. Te recomiendo ver "Narnia", por lo que escribiste en este post, sé que te va a gustar.

Saludos!!!

Nostak dijo...

Horacio!!!!!( puedo llamarle así? ). Un centauro guardián de los sueños!!!.
Me ha encantado de verdad.
Un abrazo

cinodo dijo...

Me encantó ... especialmente la posibilidad que tuvo la niña de volar...
Cuando chica yo soñaba que también podía hacerlo, hubiera jurado que a veces lo logré.
Un abrazo apretado.

icebutter dijo...

Hola H.G!!! mucho tiempo sin visitarte, hoy nuevamente lo leo, para encontrarme este hermoso post, fantastico y lleno de imaginación; tiene un cierto toque de alicia en el país de las maravillas; claro pero muy original...Me encanto, ya que siempre es bueno despertarse y ver que el mundo es diferente a conveniencia de uno, por que quien no querria que sus sueños se hicieran realidad; pero como todo, todo no es perfecto, donde hay cosas buenas hay cosas malas...asi que tenia que haber un equilibrio si habian sueños bonitos habian pesadillas...de verdad me gusto
Un abrazo muy fuerte
icebutter

H.G. dijo...

Mariu: En caso de que no lo recuerdes, Narnia estaba incluida en la lista de peliculas que puse algunas semanas atras! Eso quiere decir que la quiero ver! Gracias por la recomendacion de todos modos!

Nostak: Muchas gracias, Sr Nostak. Puede llamarme asi cuando guste, pero como le puedo llamar yo a Ud?

cinodo: Sin duda, lo lograste. Un abrazo igual de apretado!

icebutter: Welcome back! Muchas gracias por tus palabras. Un abrazo para ti tambien!