20051125

Viajando al futuro

Cuando tenía como 7 años de edad, mi papá ofreció llevarme cierto día al cine. “¿Cuál prefieres ver”, me preguntó mientras veía la cartelera cinematográfica en el periódico: “Las Tortugas Ninja ó Back to the Future II?”. “¿Ahh?”, le constesté desconcertado. “¡Volver al Futuro II!”, me aclaró. En ese entonces, de las tortugas ninja no tenía ni idea, pero aún de haberla tenido, jamás las hubiese escogido por encima de Volver al Futuro. La primera parte de la trilogía fue una de las primeras películas que vi en mi vida (El Retorno del Jedi la vi primero), y a pesar de que cuando lo hice estaba muy pequeño como para recordar bien la historia, al menos podía recordar cuánto me había gustado.

Mi elección no me defraudó. Salí fascinado con esa película del cine. Si en el momento me hubiesen preguntado qué fue lo que más me gustó de ella, no habría podido decidirme entre los efectos especiales, la historia, los personajes, el DeLorean, el aeropatín (uno de mis sueños es tener uno de estos) o el hecho de que cuando terminó pusieron los cortos de la tercera parte. Sin embargo, hoy en día, mi respuesta sería algo que hace diecisiete años ni siquiera hubiese considerado como elemento de esa lista.

Lo que más me gusta de esta película es, sencillamente, el hecho de que te hace querer vivir en el futuro. Es una de las pocas películas (y cuidado si no la única si no tomamos en cuenta a Los Supersónicos), que no nos da una imagen tétrica y desoladora de los años por venir -como la saga de Terminator o la novela “Un mundo feliz” de Aldous Huxley, por ejemplo-, con las máquinas dominando a los humanos, o con humanos comportándose como máquinas; sino que, por el contrario, nos pinta un futuro fantástico, colorido, con autos y patinetas que vuelan, y muchas cosas más que nos hacen desear estar allí. ¿Qué importancia tiene esto? Para un joven o un adulto, puede que ninguna; pero para un niño cuya mente todavía está moldeable, puede que mucha.

Cuando pienso en el futuro, me imagino a “Hill Valley” del año 2015. El hecho de haber visto esa película tan niño -y antes de ver las más pesimitas-, influyó bastante en mi modo de ver la vida. Creo que mi tendencia optimista a creer siempre en que en el futuro todo será mejor, se debe en gran medida a las aventuras de Marty McFly y del Doctor Brown. Y no me importa si en realidad todo mejorará con el paso del tiempo ó no, pero tener esa esperanza ingenua de que todo será así es como tener una fuente inagotable de ganas de estar vivo. Y esto no es poca cosa, especialmente en esos días depresivos en los que uno se aferra prácticamente a lo que sea para poder dar un paso más al frente.

Por supuesto que también ayuda creer firmemente en que estás aquí por algo. Creer que tienes mucho por hacer y una gran cantidad de metas que alcanzar y que está en ti lograrlo ó no; porque esto nos motiva a querer levantarnos de nuevo cuando hemos caído. Combinado con la certeza de que el futuro será bueno, esto es el mejor remedio que puedo encontrar para la depresión. Al menos, es lo que siempre ha funcionado conmigo.

Durante un tiempo, yo daba por sentado que todas las personas tenían la misma confianza que yo en el mañana, pero luego me di cuenta de que estaba equivocado. Y es triste, muy triste, cuando a personas muy valiosas a tu alrededor les da igual vivir o morir porque sienten que no se estarían perdiendo de nada. ¡Hay tantas cosas que desde mi punto de vista se estarían perdiendo! Desde los pequeños detalles que hacen que cada uno de nuestros días sea más llevadero, hasta los grandes logros que aún tenemos que construir; todos, para mí, son motivos más que suficientes para seguir adelante.

La mayor pérdida, sin embargo, es la que sufriría el resto del mundo al quedarse sin ellos, porque ya no tendría la oportunidad de ver cómo un gran número de sueños se hacen realidad. ¿Y no han sido los sueños convirtiéndose en realidad los que nos han traído hasta aquí?

Cuando quiero razones para vivir, yo nada más tengo que viajar al futuro.


Canción para acompañar:

* Jimmy Eat World - "Futures".

Película recomendada de la semana:

* "Back to the Future II" (1989) [10/10] Director: Robert Zemeckis. Cast: Michael J. Fox, Christopher Lloyd.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20051119

Un día como ningún otro

No creo que alguien haya estado atento ese día a las explicaciones de la Srita. Scott, la vieja inglesa que nos enseñaba Historia Universal en el colegio. Durante sus clases, las agujas del reloj parecían ir siempre en retroceso. ¿Por qué será que cuando estás aburrido el tiempo pareciera detenerse? En fin... los que no dormían, se entretenían dibujando caricaturas de la profesora en sus respectivos cuadernos ó anotando estupideces. Yo hacía esto último cuando de pronto uno de los alumnos interrumpió la emocionante charla sobre la Independencia de los Estados Unidos:

"Profesora Scott, lamento molestarla", comenzó diciendo Víctor, el siempre irreverente Víctor, "pero sucede que en estos momentos padezco de una repentina e insoportable comezón en los testículos y necesito ir al baño a calmarla. ¿Me permite ir?".

"¡Sí, claro, vaya!", para sorpresa de todos le respondió la sexagenaria docente, pero luego agregó: "¡Y de regreso, Señor León, me hace el favor y se queda en la dirección por soez!". Y mientras el reprendido muchacho recogía sus cosas con una fingida decepción por haber sido castigado, pude divisar una sonrisa en su rostro como si todo hubiera resultado como lo había planeado.

¿Qué se traía Víctor entre manos? Sin duda, tenía que ser más interesante que escuchar las aventuras de los padres de Norteamérica desde el punto de vista de una inglesa nazi. "¡Profesora!", la interrumpí esta vez yo, ¨¿es cierto lo que dicen de que George Washington tenía todos sus dientes de madera?". A lo que ella me respondió: ¨Eso dicen, pero la verdad es que nunca lo ví en persona como para conocer esos detalles irrelevantes sobre él". Fue entonces cuando vi mi oportunidad ideal para ganarme también un boleto sin retorno hacia la dirección, que en comparación con el ambiente del salón de clases era un paraíso. Lo que le dije fue: "¿Y por qué nunca lo vió? ¡Si yo hubiese estado vivo en esa época habría hecho hasta lo imposible por ver en persona a George Washington!".

Lo que siguió ya se lo pueden imaginar. La simpática Gertrude se sintió indignada y me pidió salir del salón. Yo fingí por un rato estar apenado por haberle faltado el respeto pero no lo suficiente como para hacer que se arrepintiera de su decisión, y, en pocos minutos, ya me encontraba adentro de la oficina de la directora del colegio. Se sentía un gran alivio cada vez que uno ponía los pies fuera del tedioso imperio de la segunda Dama de Hierro que había parido Inglaterra.

Una vez explicado el incidente en la dirección, y luego del respectivo sermón sobre cómo debía ser el comportamiento de todo alumno en tan prestigioso colegio, me remitieron a la sala de los castigados, es decir, la biblioteca. "¿Y tú que hiciste para que te castigaran?", me preguntó Víctor León en lo que me vio entrar. Yo, con una sonrisa en el rostro, le respondí: "Pues nada, que le dije "vieja" a la vieja", y los dos nos echamos a reír.

"¿Y cómo siguen tus testículos?", le dije lo más seriamente posible. "Ya sabes que eso lo inventé para que me mandaran para acá, de lo contrario no estarías aquí, ¿cierto?", me confesó él. "¡Pues no sé, uno nunca sabe con qué clase de cosas han estado en contacto tus partes íntimas!", le repliqué en broma. Víctor, haciendo caso omiso de mi comentario, me dijo: "Supongo que ahora querrás saber cuáles son mis planes para hoy, ¿no es así?". "Supones bien", le asentí, y él acercó entonces su morral para mostrarme algo.

"¿Qué hacen, niños?", nos preguntó una voz femenina de repente. Yo reconocí la voz, pero no quise levantar la vista para confirmarlo. Víctor, en cambio, sí la miró y le dijo: "Lo mimo que hacemos todos los días: ¡tratar de conquistar al mundo!". La verdad es que a Carla Alberti no le quedaba mal el papel de Pinky, pero hay que reconocer que no era tan tonta. Insufrible sí, y mucho, aunque solamente cuando quería serlo. "¿Y lo piensan conquistar sin mí?", nos inquirió la susodicha. "¡Sí!", le contesté en seguida. "¡Yo sí te caigo bien!, ¿verdad?", expresó sarcásticamente ella. A lo que yo le respondí: "¡Me encantas! ¡Lloro cuando no estás!", para seguirle el juego.

"¡Bueno, cuéntenme qué vamos a hacer entonces!", nos interrogó al cabo de un rato la recien llegada. "Vamos es mucha gente, ¡no se vista que no va!", le aclaré. Ella, indignada, replicó: "¿Y qué piensas hacer para evitar que yo no le vaya con el chisme a la directora apenas hagan algo ustedes?". "Hmm, ¡me pregunto como se verá el chicle que estoy masticando en tu pelo!", fue mi respuesta. "¡Atrévete!", me gritó la arpía. "¡No me tientes!", le aseveré yo.

"¡Ok, después continuan con sus declaraciones de amor, ahora déjenme explicarles lo que tengo en mente!", nos reclamó Víctor. Acto seguido nos mostró el folleto de una feria que se estaba realizando cerca de la costa. Ya yo había oído hablar de ese evento, pero nunca pensé que mi amigo tuviera pensado asistir. La zona donde se celebraba no era muy buena y cada año siempre ocurría al menos una pelea. "¿Y nosotros vamos a ir?", le cuestioné. "¡Claro!", asintió el de la idea: "Este es el plan: por donde estan los libros de biología, hay una puerta en el suelo que lleva hasta un sótano. Lo descubrí una de las tantas veces que he estado castigado aquí, y sé que por allí podemos salir a la calle sin que nos vean. Cuando estemos afuera, vamos al centro comercial donde tengo estacionado el carro de mi hermano (me lo prestó hoy y como no me permiten entrar manejando al colegio lo estaciono en los alrededores) y luego nos vamos a la feria".

"¿De verdad te piensas escapar? ¿Qué pasará cuando vengan a buscarnos y descubran que no estamos? ¡No quiero ni pensar en lo que me dirán en mi casa!", comenté yo". "¡Mira, no te voy a mentir diciendo que no va a pasar nada!", explicó Víctor, "Aquí y en tu casa se van a molestar bastante, pero esta es una rara oportunidad de hacer algo diferente e inesperado. ¡A veces nos hace falta hacer cosas sin pensarlas muy bien! ¿Quién se viene conmigo?". "¡Yo voy!", afirmó Carla rápidamente, y yo, para no parecer menos arriesgado que ella, decidí ir también. Después de todo, era un viernes.

La ruta de escape fue más sencilla de lo que esperaba. En menos de cinco minutos ya habíamos atravesado el sótano y estabámos casi en la calle. A los diez, ya nos montábamos en el carro del hermano de Víctor. "Yo traje ropa para cambiarme el uniforme del colegio aquí en el carro, ¿cómo harán ustedes?", nos preguntó el que iba a conducir. "Bueno... veo difícil que pueda ir a mi casa a cambiarme, así que me conformaré con quitarme la camisa del colegio y quedarme con la franela que llevo debajo", dije yo. "Yo tengo una muda de ropa en mi bolso, pero ni piensen que me voy a cambiar en el carro", aclaró nuestra acompañante, así que lo primero que hicimos cuando arrancamos fue buscar un baño decente donde Carla pudiera quitarse el uniforme.

"¿Qué hiciste tú para merecer que te castigaran?", le inquirí a Carla cuando ya nos dirigíamos a la feria. "Nada, simplemente me pareció sospechosa la actitud de los dos y le pedí a la profe que me enviara a la dirección para averiguar lo que estaban tramando ustedes y así irle con el chisme luego". "¡Ajá, y yo nací anoche!", le comenté. Entonces ella agregó: "Simplemente le escribí a una prima que por favor me repicara al celular y luego atendí su llamada en plena clase. Fue bastante fácil ganarme el premio, lo malo fue que la vieja me quitó el teléfono y ahora que me escapé no será sino el lunes cuando lo recupere". Luego de un rato, me dijo sonriendo: "¡Por cierto, Jorge, me dio mucha risa como te burlaste de ella!".

Me van a tener que disculpar mis malas costumbres. En especial, el hecho de que a estas alturas todavía no les haya hablado sobre quién soy, mi familia, qué me gusta hacer y todas esas tonterías. Como se acaban de dar cuenta, mi nombre es Jorge y vengo de una familia de narcotraficantes y contrabandistas. No realmente. Mi familia es bastante normal -demasiado diría yo- y no hay nada interesante que destacar. Tampoco es relevante para lo que quiero contar, así que mejor los dejo al margen del relato, no vaya a ser que se enteren de que ando revelando sus intimidades por aquí y luego me obliguen a disculparme.

Volviendo a nuestra escapada, el día en la feria no pudo haber sido mejor. Pasamos el resto de la mañana y toda la tarde entre el parque de atracciones y un circo al que asistimos en contra de mi voluntad. Por suerte, los tres cargábamos dinero suficiente para disfrutar de las instalaciones. Todo transcurrió normalmente salvo dos o tres veces en los que Carla tuvo que vomitar luego de alguna montaña rusa o del barco. En el circo, me burlé bastante de ella diciéndole que se parecía mucho a las jirafas. Debo admitir que no estuvo tan insoportable como yo pensé que iba a estar. De hecho, hasta se puede decir que estuvo simpática.

Nuestro almuerzo y nuestra cena fue comida chatarra, y en el ínterin, la merienda fue bastante algodón de azúcar, chocolates y demás exquisiteses que tanto bien le hacen a nuestro organismo. La cara de Carla al pensar en cuántas calorías consumía con cada bocado era todo un poema. Pocas veces me había divertido tanto como ese día, por lo que cuando la noche comenzaba a hacerse presente, ya yo estaba lo suficientemente satisfecho como para pensar en ir a casa. "¡Ahora es que viene lo bueno!", me dijo Víctor cuando le sugerí irnos, "Ahora viene una fiesta electrónica con varios DJs y lo mejor de todo, gratis". "¿Fiesta electrónica?", le pregunté yo, "¿Un rave? ¿Qué vamos a hacer nosotros en un rave?". "Pues divertirnos, ¿qué más?", me contestó rápidamente Carla. Entonces, sin mucha emoción, agregué: "Si tú lo dices... ¡Divirtámonos entonces!".

Para ser honestos, la fiesta electrónica no fue tan mala después de todo. No la pasé de lo mejor, pero definitivamente tampoco estuvo mal. La música era aceptable y si tú no te metías con nadie, nadie se metía contigo. No nos preguntaban la edad al comprar las bebidas, por lo que no teníamos inconveniente alguno en beber cerveza. Había de todo entre los asistentes al rave: gente loca, gente normal, raros, fritos, góticos, punketos, viejos y hasta menores de edad como nosotros. Víctor y yo nos habíamos colocado en un extremo para conversar con unas amigas que él se había encontrado, y Carla se fue por su cuenta a explorar el lugar al ver que ya no era el centro de nuestra atención.

Pasamos un buen tiempo conversando con las amigas de Víctor, las cuales no tengo idea de cómo se llamaban. Tampoco recuerdo de qué hablábamos, porque a decir verdad, no me emocionaban mucho sus temas de conversación. Tal vez mi amigo sí recuerde de qué iba la charla, porque él se mostraba más interesado que yo en la misma. Mucho más interesado que yo.

De pronto, sin saber por qué, comenzó a preocuparme Carla. Habían pasado cerca de dos horas desde la última vez que salió a dar una vuelta ella sola, por lo que me excusé con Víctor y sus fascinantes amigas para ir a buscarla. Es difícil encontrar a alguien en una fiesta llena de gente, de noche y al aire libre, por lo que me costó mucho conseguirla. Estaba con unos hombres, de veinte años o más, que al parecer tenían intenciones de aprovecharse de ella. Parecía estar ebria, porque le costaba mucho mantenerse de pie. Prácticamente la sostenían sus acompañantes, quienes aprovechaban para manosearla. Yo sabía que tenía que sacarla de allí si no quería que le sucediera nada que lamentar.

Ni en mis sueños iba a salir ganando yo si le buscaba pelea a ellos. Aún con la ayuda de Víctor, no íbamos a poder con tantos, y eso sin tomar en cuenta que eran más grandes. Al fin y al cabo, eran universitarios. Entonces cogí una botella de vidrio del piso y sacrificando un poco de fuerza en el tiro con tal de ser preciso, se la lancé a la cabeza del que parecía ser el líder de los abusadores. Por supuesto, el golpe lo enfureció, y como nadie me había visto con las manos en la masa, comenzó a buscarle pleito al primero que vio, por aquello de ser macho y no quedarse con esa. Se formó una tángana de todos contra todos, y mientras tanto, yo aproveché para acercarme hasta donde estaba Carla y llevármela de allí. Ella no podía ni con su alma, por lo que tuve que cargarla sobre mi hombro derecho para hacerlo. Por suerte, ella no era muy pesada.

Corriendo, llegué hasta donde estaba Víctor y lo obligué a irnos de inmediato. No podíamos dejar que los queridos amigos de Carla nos vieran con ella. Ya en su auto, le expliqué lo que había pasado. Nos paramos un momento en una estación de servicio a comprar mucha agua potable para ella, y luego decidimos ir volando hasta su casa para que la llevasen a un médico. Ella ya estaba inconsciente, pero no hacía falta verle las pupilas para saber que no estaba ebria, sino drogada. No sabíamos que clase de droga le habían dado y no podíamos esperar a que pasara el tiempo para averiguar cómo reaccionaría su organismo.

"¿Qué le vamos a decir a sus padres cuando lleguemos?", le interrogué a Víctor mientras íbamos en camino, quien a pesar de lo que había bebido, se encontraba en condiciones de conducir. "¡Hola, Señora Alberti. Aquí le traemos a su hija toda drogada, pero no vaya a creer que fuimos nosotros los que la drogamos. ¡Fueron otros!", agregué. "¡Seguro nos creen! ¡Cómo no!". "¡No lo sé, Jorge! Lo importante ahora es que Carla llegue sana y salva", me dijo sabiamente él. En esta disyuntiva nos encontrábamos cuando faltando una o dos cuadras para llegar a la casa vimos a varias patrullas de policía frente a la misma. "¡Detente, Víctor!", le ordené. "¿Qué pasa?", me preguntó mientras desaceleraba. "Que nos crean sus padres es difícil, pero que nos crea la policía es imposible. Mínimo cinco años de cárcel nos meten. Si sus padres llamaron a la policía es porque piensan que Carla se fugó o que la secuestraron. ¿Qué crees que dirán cuando la vean llegar con nosotros y en semejante estado?", le expliqué. "¡Tienes razón, mejor vámonos de aquí y dejémosla en la sala de emergencias de alguna clínica!", me dijo. "¡Buena idea!", exclamé.

Era buena la idea, o así parecía en el momento, pero cuando nos disponíamos a seguir de largo uno de los policías nos hizo señas para que nos detuviéramos. No porque supieran quiénes éramos, sino porque seguramente querían revisar nuestros papeles. Claro que detenernos no era una opción. Menores de edad conduciendo un auto a altas horas de la noche, con algo de alcohol etílico en la sangre, y con una chica también menor de edad a bordo totalmente drogada y que además era la persona a la que buscaban. ¿Qué iban a pensar? Definitivamente, detenernos no era una opción.

No hace falta decir que seguimos de largo, y tampoco que comenzaron a seguirnos al ver que le hicimos caso omiso a sus indicaciones. Es increíble cómo en pocos segundos nos encontrábamos en toda una persecución policíaca como en las películas. De verdad que Víctor era muy hábil al volante y hacía todo lo que podía para evadirlos, a pesar de que experiencia escapando de agentes del estado era algo que no tenía. No sé cómo lo logramos pero en poco tiempo nos encontrábamos a toda velocidad por la carretera de la costa. No sabíamos adónde nos dirigíamos, sólo nos interesaba escapar de los oficiales. Sin embargo, tuvimos que detenernos de repente cuando vimos a varias patrullas esperándonos en el medio del camino. Estábamos rodeados y no teníamos escapatoria.

"Si nos entregamos, ahora menos que menos nos creerán. ¡Ni en diez años saldremos de la cárcel!", me dijo Víctor luego de cinco minutos en silencio viendo a las patrullas a nuestro alrededor. "¡No lo sé, pero pase lo que pase, tuve un día como ningún otro y no me arrepiento!", comenté, "Si pudiera echar el tiempo hacia atrás, lo único que habría hecho diferente sería dejar a Carla sola en esa fiesta". "¡Fue un buen día, sí!", me afirmó él. Luego, mirando hacia el borde de la carretera, el que daba hacia el acantilado, me preguntó: "¿Vamos a por el todo?".

¿Qué mejor día para morir que uno totalmente diferente al resto de tus días? Después de unos segundos en los que casi toda mi vida pasó frente a mis ojos, le respondí a mi irreverente amigo: "¡Al carajo con todo!", y dándole la mano le dije: "¡Fue un placer acompañarlo en este paseo!". Víctor giró entonces el volante, bajo el vidrio de su ventana, y haciéndole la señal de costumbre a la gente que nos rodeaba, puso en marcha a toda velocidad el vehículo con rumbo hacia el vacío. "¡Gerónimo!", gritó lleno de euforia a medida que caíamos. Lo único que puedo decir sobre ese último momento, es que fue como ir en una montaña rusa, pero sin esa sensación de seguridad que te da el hecho de saber que al final del trayecto, todo estará bien.

Seguramente, ahora se estarán preguntando cómo es que estoy contando todo esto si sucedió lo que acabo de narrar. No hay manera de sobrevivir a semejante caída. Sin embargo, la explicación ya la dí hace bastante rato. En las clases de Doña Gertrude Scott, algunos se divierten haciendo caricaturas de ella en sus cuadernos, y otros -como yo-, simplemente escribiendo tonterías.


Canción para acompañar:

* Fastball- "Fire Escape" (Vieja pero buena).

Película recomendada de la semana:

* "Belleza Americana" (1999) [7.5/10]. Director: Sam Mendes. Cast: Kevin Spacey, Annette Bening, Thora Birch, Mena Suvari.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20051113

Bifurcaciones...

"¡Adelante, siempre adelante!". Esta frase siempre la repetía una de las figuras principales de la novela "Marianela", escrita por el español Benito Pérez Galdós a principios del siglo pasado si mal no recuerdo. Confieso que la obra no me gustó mucho cuando la leí en el colegio, pero la frase citada de alguna manera quedó guardada en el baúl de cosas inútiles que se encuentra alojado en mi memoria.

Debe ser porque estoy de acuerdo con lo que dice que nunca la olvidé. Soy un firme creyente de que siempre hay que seguir adelante a pesar de lo adversas que sean las circunstancias. Sin embargo, es mucho más fácil decirlo que realizarlo. A veces estamos tan mareados por las vueltas que hemos dado, que perdemos la brújula y olvidamos hacia dónde estamos adelantando y hacia dónde retrocediendo. Otras veces, nuestro camino se bifurca en varias ramificaciones y, aunque todas lleven hacia delante, debemos decidirnos por la mejor opción, lo que casi nunca resulta sencillo. No porque tengamos problemas para diferenciar al camino correcto del incorrecto, sino porque tenemos cierta predilección por decidirnos siempre por la vía más fácil.

En "Perfume de Mujer" (Scent of a Woman) -una de mis películas favoritas-, el personaje interpretado por Al Pacino dice, casi al final de la misma, algo así como: "En mi vida yo siempre supe distinguir cuál era el camino correcto. Siempre lo supe, ¡sin excepción! Sin embargo, nunca lo tomé porque era demasiado difícil!". No soy de los que se aprende textualmente los diálogos de las películas, por lo que esto es meramente una paráfrasis de lo que en realidad dijo Frank Slade; no obstante, la idea es, para los efectos, la misma. El camino fácil es demasiado tentador por su propia sencillez y porque generalmente se esconde detrás de algo que nos gusta, mientras que el difícil se ve tan complicado que preferimos no tomarlo.

Lo que sucede es que lo que nos conviene y lo que queremos rara vez son la misma cosa. A ratos deseamos algo tan arduamente que, aún sabiendo que otras cosas nos benefician más, nos empeñamos tercamente en obtener eso por sobretodas las cosas. Más o menos como el niño malcriado que no está conforme hasta recibir lo quiere, del mismo modo a uno le cuesta desprenderse de lo que tal vez sólo por capricho desea. Y uno se inventa excusas, se sugestiona mentalmente para creer ciegamente en que eso que queremos es en realidad lo que más nos conviene, aún cuando en el fondo, allí detrás de los pensamientos furtivos y de las ilusiones marchitas, algo nos dice que no es así.

Y no es así. Tarde o temprano, siempre termina prevaleciendo lo que antes la intuición nos decía pero que nosotros no queríamos escuchar. Y no nos queda otra que retroceder hasta la encrucijada y tomar desanimados el camino previamente ignorado como si desembocase en el fin del mundo. Pero todo sucede por una razón, y aunque tal vez en el momento no lo parezca, siempre me ha gustado pensar que lo que nos acontece es siempre lo mejor que nos podría haber pasado. Quizá todos los obstáculos iniciales y las amarguras tempranas, son simplemente una fachada para espantar a los cobardes de tomar el camino que en realidad vale la pena. Quizá lo que hoy nos desalienta, mañana nos motive. Y por esto, cuando la penumbra nos abrume y pensemos que ya todo está acabado, lo que debemos hacer es seguir adelante, siempre adelante.

En palabras de Scarlett O'Hara, la protagonista de Lo que el viento se llevó: "Después de todo, mañana será otro día".

Canción para acompañar:

* Forty Foot Echo - "Brand New Day" (Ya fue recomendada antes, pero vale la pena hacerlo de nuevo).

Película recomendada de la semana:

* "Perfume de Mujer" (1992) [10/10]. Director: Martin Brest. Cast: Al Pacino, Chris O'Donnell, Phillip Seymour Hoffman.

¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20051105

Retazos..

Sin título

Si yo me marchase lejos, muy lejos.
¿De verdad importaría ó no?
¿Dejaría de sentir lo que siento,
ó acaso sería mucho peor?

Lo peor es estar y no estar,
reír y llorar,
estar tan vivo y estar muriendo,
estar tan cerca y estar tan lejos,
que no sabes si esperarlo todo,
ó si es mejor no esperar nada.

Tal vez mi intuición perdió la razón,
o quizás mi razón perdió su instinto.
Lo cierto es que no sé qué es real ni qué incierto.
Todo es confuso, todo es etéreo.
¿Es que acaso estoy soñando despierto?

No quiero irme deseando quedarme,
no quiero quedarme deseando marcharme.
¿Hay un futuro donde no ha hay presente?
¿Hay esperanza donde hay vacío?
¿Hasta cuándo resistiré sin desvanecerme?

[Abril, 1996]
La vida es cíclica, aunque los motivos sean diferentes.

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Una noche de Octubre

Octavo inning, parte baja, 2 outs. Séptimo juego de la Serie Mundial. 20 de Octubre en la noche. Batean los Bravos de Atlanta, quienes van perdiendo 3 a 2 frente a los Marineros de Seattle, los grandes favoritos. Todos en la habitación miran atentamente lo que acontece en el juego. Yo también. A diferencia de los demás, estoy viendo el juego sencillamente porque me aburre un poco menos que mirar fijamente a la pared. En realidad, me da igual cuál equipo gane, aunque durante el partido de hoy me he sentido un poco inclinado hacia los Bravos, tal vez por su condición de no favoritos, tal vez por mi necesidad de ir en contra de la mayoría.

El primer lanzamiento ante el tercer bateador del inning es una bola. Por más que intento permanecer atento al juego, mi mente comienza a divagar tal y como lo ha hecho una y otra vez durante todo el encuentro. Me cuesta no pensar por un momento en Andreína, me cuesta no imaginar que es factible lo improbable. He querido desde hace un tiempo decirle lo que siento a pesar de que sé que lo único que ganaré con esto será el poder estar en paz conmigo mismo, mas no el ser correspondido. No. Esa clase de milagros no suele ocurrir. ¿Para qué me preocupo pensando en lo que sucederá si se lo digo si sé que nunca voy a poder expresarle mis sentimientos hacia ella? No importa cuán determinado esté en decírselo, no podré resistirme a su mirada. Las pocas veces que me ha mirado a los ojos he sentido que me derrito por dentro, que pierdo toda clase de fuerzas, que pierdo el control de lo que digo y de lo que pienso. ¡Si al menos encontrara la forma de hacerlo todo más fácil!

<>, dijo uno de los comentaristas de la TV antes de anunciar que regresaban con la siguiente entrada después de unos “compromisos comerciales”, como si no fuera suficiente llenar la transmisión del juego con cuñas malas como las de Bremosil. Mientras estuve distraído, el bateador de turno conectó un elevado al jardín central que acabó siendo el tercer out. A los Bravos sólo les queda una oportunidad para ganar el juego y el título, lo que parece muy difícil.

Tocan a la puerta. Es Carlos, quien viene acompañado de Andreína, su hermana. <>, dijo el recién llegado. Andrés, en cuya casa estábamos reunidos, los recibió a los dos y en seguida llamó a su hermana para que le hiciera compañía a Andreína. Si antes se me había hecho difícil concentrarme en el partido, ahora esa dificultad se me multiplicaba n veces. ¿Cómo hago ahora para no mirarla? ¿Cómo hago para que no sea muy evidente que me muero por ella? Aunque pensándolo bien, ¿para qué ocultárselo? Mejor es que se entere de una buena vez. No, mejor no. Es preferible la seguridad de no hacer nada que la vulnerabilidad después de hacerlo todo.

<<¡Y allí esta el tercer strike!>>, dijo el narrador de la TV luego de que se ponchará el bateador que entregaba el tercer out de la parte alta de la novena entrada. Los Bravos habían retirado por la vía rápida a los Marineros y ahora iban por su última oportunidad de ganar el encuentro. <<¡Ojalá que Atlanta haga algo ahora, tienen que ganar este partido!>> dije yo tratando de ganar la simpatía de Andreína. <<¡Sí, ellos merecen ser los campeones!>> me respondió ella asintiendo con la cabeza. Por cinco segundos me sentí realizado. Para variar, ella estaba bellísima con esa blusa azul marino. Pero ella no era bella como esas mujeres despampanantes que apenas entran a un sitio se ganan las miradas de todos los allí presentes. Su belleza era de un tipo que a primera vista pasaba desapercibida, pero una vez que te percatabas de ella, sabías que estabas perdido para siempre. Era bella de un modo más intenso.

El primer bateador de los Bravos batea un rodado a la tercera base que se convierte en un out, pero el siguiente en el orden al bate conecta de hit. Andreína se emociona un poco, yo me emociono con ella. El problema con decírselo todo es que si las cosas no ocurren como yo quiero, que es lo más probable, entonces... ¿con qué voy a soñar después? ¿Qué ilusiones me quedarán?

Bobby Smith toca la bola pero hacen out al corredor en segunda. Ahora hay dos outs con Smith corriendo en primera base. José Mendoza, quien vino a batear en sustitución del pitcher conecta un batazo largo, muy largo, que incluso me hace levantar del asiento llevado por la emoción que sabía que compartía con Andreína. Pero la bola rebota y se interna en las gradas, doble por regla. Dos outs, corredores en segunda y en tercera. Viene a batear John Thompson, quien tuvo el segundo promedio de bateo más alto durante la temporada regular. Luego del primer strike, el jugador saca la bola del parque de foul, pero a pesar de los dos strikes sin bolas, la esperanza sigue viva.Al siguiente lanzamiento, Thomson extiende totalmente sus brazos y batea la bola con tal fuerza que desde un principio sabíamos que sería un jonrón. Andreína y yo brincábamos de la emoción a medida que el héroe del partido recorría las bases. Los Bravos eran los campeones. En medio de la algarabía, Andreína y yo nos besamos como si toda la vida hubiésemos estado esperando por ese beso. Algunos milagros sí ocurren. Ella me dice que lleva mucho tiempo enamorada de mí, yo le digo que llevo toda mi vida enamorado de ella. Por un momento nos olvidamos de que todos nos rodeaban y de que los Bravos celebraban su título. Por un momento, éramos sólo ella y yo unidos por un beso. Por un momento, todo esto ocurrió…en mi imaginación.

En realidad, mientras soñaba con imposibles perfectos, Thomson vió pasar el tercer strike terminando así con la esperanza de ver a los Bravos coronarse campeones y la mía de celebrarlo con Andreína. Ella notoriamente decepcionada, se levanta de su sillón, me besa en las mejillas, y lentamente se dirige hacia la puerta volviéndose una última vez justo antes de salir para decirme: <<¡Siempre hay una siguiente oportunidad!>>. Todavía hay esperanzas.

[Agosto, 2003]
100 % Ficticio

Canción para acompañar:

* Krezip - "Brighter Days".

Película recomendada de la semana:

* "For Love of the Game" (1999) [10/10]. Director: Sam Raimi. Cast: Kevin Costner, Kelly Preston, Jenna Malone. Fue la inspiración para el cuento.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20051029

El Día Después

Sus manos llenas de sangre y su memoria completamente vacía. Así se halló al abrir los ojos cuando ya era mediodía. No comprendía cómo ni por qué se encontraba en medio de una calle cualquiera en semejante estado. "Todavía debo estar soñando", se dijo a sí mismo en un fútil intento por mantener la calma, pero por más que se estrujaba los ojos, seguía viendo todo igual. Estaba bien despierto, sin duda, por lo que más le valía averiguar qué había pasado.

Se levantó del piso y notó que los harapos de lo que parecía ser un disfraz de vampiro también se encontraban ensangrentados. Sin embargo, nada le dolía. Examinó su cuerpo del pecho hacia abajo con detenimiento y al parecer no tenía ninguna herida. "¿Por qué estoy bañado en sangre si no siento estar herido?", se preguntó entonces, y sólo le vino a la mente una respuesta plausible: la sangre no era suya. ¿De quién era entonces?

Intentó pedirle ayuda a una señora que venía caminando en dirección suya, pero ésta apenas al verlo salió corriendo despavorida como si hubiese visto a Satanás en persona. "¡Seguramente piensa que voy a robarle!", pensó Jonás, y decidió que era mejor buscar socorro en alguien menos propenso a asustarse.

Se dirigió entonces a una esquina y vio que cerca había una estación de gasolina donde se encontraban unos camioneros. “¡Por favor, ayúdenme, no sé dónde estoy ni qué me ha pasado!”, les gritó ingenuamente el muchacho al irse acercando, pero estos también huyeron con miedo cuando lo observaron venir. “¿Los camioneros también temen que les robe? ¡Esto sí que es extraño!”, exclamó Jonás e intentó perseguirlos para explicarles que no era su intención despojarles de sus pertenencias.

El joven corría por la calle y miraba con estupefacción cómo todo el mundo salía espantando al verlo a él. “¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué me temen?”, les interrogaba el muchacho, pero cuando lo hacía ya todos estaban muy lejos como para escucharle. Sintiéndose totalmente sólo, deambuló por las calles del pueblo hasta que poco antes del crepúsculo, en un bote de basura halló algo que explicaba gran parte de lo que sucedía. Había encontrado un periódico con el siguiente titular: “Cincuenta personas asesinadas en fiesta de Halloween”.

Jonás comenzó a leer la noticia sobre un hombre que pierde la razón y con un arma automática comienza a dispararle a todos los presentes en una fiesta de Halloween y luego escapa, pero un sentimiento de culpa no le permitió continuar con la lectura. No necesitaba leer más para confirmar una suposición que en el fondo de su mente había comenzado a formarse algunas horas atrás: había cometido un terrible crimen y por eso su vestimenta estaba impregnada de una sangre que no era la de él.

Recordaba haber asistido a una fiesta de Noche de Brujas el día anterior, pero a partir de allí todo estaba en blanco para él. Si él nunca en su vida había sentido instintos asesinos, ¿cómo pudo ser capaz de algo tan atroz? En su sano juicio, estaba seguro que nunca jamás habría hecho algo así, mas… ¿de qué le sirve esto ahora? Cuerdo o no, le había desgraciado la vida a muchas personas y ya nada podía hacer para remediarlo. ¿Cómo iba a poder verle la cara de nuevo a sus seres queridos? Ya la gente huía de él cuando lo veían. ¿Cómo podría vivir sabiéndose culpable de tan penoso crimen? Entonces una idea fatal cruzó por su mente. Estaba seguro de que no iba a poder vivir así.

Subió hasta la azotea de uno de los edificios cercanos y se acercó al borde, cerró los ojos, y pidiendo perdón en su alma se lanzó al vacío. La caída duró fracciones de segundo, pero a él le parecieron una eternidad. Un estremecimiento en todo su cuerpo sintió al impactar contra el suelo, pero no sintió dolor. “¡No es tan desagradable morir después de todo!”, pensó mientras yacía inmóvil en el suelo, y fue entonces cuando abrió los ojos y se dio cuenta de que su intento suicida había fracasado. “¿Será que un espíritu maligno se apoderó de mí y me hizo cometer ese crimen además de concederme poderes sobrenaturales?”, se preguntó Jonás incrédulo, y luego se levantó del suelo y se acercó hasta un automóvil que estaba parqueado cerca para intentar ver su reflejo en el espejo retrovisor. En el sitio donde había caído, sólo quedaba un poco de sangre y los restos de algo que prefirió no indagar mucho qué era.

Al ver el reflejo de su rostro en el espejo del auto, notó que estaba pálido y que en su cráneo había unos orificios del diámetro de una bala y donde asomaban parte de sus sesos. Anonadado, se echó al suelo y comenzó a llorar de desesperación. Acababa de comprender lo que realmente había sucedido. Él no era el asesino de Halloween; él había sido una de sus víctimas.


Canción para acompañar:

* Sleeping at Last - "Brightly".

Película recomendada de la semana:

* "Corpse Bride" (2005) [7.5/10]. Director: Tim Burton. Cast: Johnny Depp, Helena Bonham Carter.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20051022

Guía cinematográfica para fin de año y parte del próximo

En esta época del año es que empiezan a aparecer en la cartelera cinematográfica las películas que más valen la pena ver. Una vez que pasa el verano y comienzan a desaparecer los "blockbusters", esos fenómenos taquilleros llenos de efectos especiales pero que rara vez tienen algún valor artístico (e.g: Los Cuatro Fantásticos), es que comienza la temporada de las películas que realmente quieren transmitir algo. Yo no tengo ningún problema en ir de vez en cuando al cine a que me saturen de efectos viendo a un monstruo de la taquilla como Spiderman, por ejemplo, ya que esta clase de cintas casi siempre logran su cometido de entretenernos y hacernos pasar un rato diferente. Sin embargo, mis favoritas siempre son aquellas obras del séptimo arte que tienen algo que decir, y que cuentan con grandes guiones y actuaciones.´

Las películas prontas a estrenarse (o recién estrenadas y que aún no he visto), que más atraen mi atención (incluyendo superproducciones) son las siguientes:


Capote: Truman Capote fue uno de los grandes novelistas norteamericanos del siglo XX, siendo sus obras más famosas: "Breakfast at Tiffany's" y "A Sangre Fría". Esta última, es una "novela-documental" que relata el asesinato de una familia de cuatro miembros de Kansas que sucedió en la vida real. La película, con Phillip Seymour Hoffman en el papel principal, se centra en el proceso de investigación que realizó Capote para escribir el libro, y en la cercana amistad que llegó a entablar con Perry Smith, uno de los asesinos. El señor Hoffman (Perfume de Mujer, Cold Mountain, Red Dragon, Magnolia, Patch Adams, Twister), es uno de esos actores que salen en casi todas las películas que hemos visto, pero que nunca nos acordamos de él. Quizás esto cambie después de "Capote", ya que la crítica alaba mucho su actuación y desde ya lo perfilan como favorito al Oscar por Mejor Actor. Es difícil pasar desapercibido con un Oscar en tu bolsillo. Director: Bennett Miller. Cast: Phillip Seymour Hoffman, Chris Cooper.



Oliver Twist: Ver los nombres de Charles Dickens y Roman Polanski juntos en un proyecto, sin duda ya lo hace bastante interesante. Casualmente, estoy por terminar de leer la famosa novela de ese gran escritor inglés del siglo XIX, y la verdad es que me ha gustado mucho. Sin embargo, la historia de Oliver Twist, hoy en día, no es tan novedosa como en la época en la que fue escrita, ya que -como casi todo lo escrito por Dickens (¿les suena "Un cuento de Navidad", versionado hasta por Disney y "Salvado por la Campana"?)- ha sido copiada una y otra vez en otros libros, películas y obras de teatro. En resumen, trata sobre un niño de corazón muy noble que se cría en un terrible orfanato y que al cumplir 10 años se escapa a Londrés donde vive una serie de aventuras. La madre de Oliver murió al dar a luz sin nada que la identificase, y por eso el niño creció en la miseria ignorando que provenía de una familia rica. Lo maravilloso del libro es la forma como está escrito, ya que Dickens tiene un estilo muy ameno cargado de ironía (muy diferente a la mayoría de los escritores de la Inglaterra victoriana), y por eso es difícil que la película resulte tan interesante como el libro. Sin embargo, es obligatorio ver cómo Polanski adapta esta historia al celuloide.
Director: Roman Polanski ("El Pianista"). Cast: Ben Kingsley y una serie de desconocidos.



Corpse Bride (El cadáver de la Novia): Esta lista no está reservada únicamente a películas de poco presupuesto, elaboradas sin efectos especiales y sin grandes pretensiones de taquilla. Cualquier película que cuente con Tim Burton de director, ya la hace digna de ver, y si a ello le agregamos unas animaciones como las de "Nightmare Before Christmas" -y una historia que bien podría ser la continuación-, tenemos una película que debemos ver a juro y porque sí. A estas alturas, ya todo el mundo debe haber visto los trailers y saber bien de qué se trata, por lo que no lo voy a repetir acá.
Director: Tim Burton. Cast: Johnny Depp y Helena Bonham Carter.



Memorias de una Geisha: No he leído el libro, pero sé que trata sobre una niña de nueve años que es vendida a una casa de Geishas en Kyoto y que luego se convierte en una de las Geishas más deseadas de Japón. Esta película iba a ser dirigida por Spielberg, pero afortunadamente lo terminó haciendo Rob Marshall (el director de Chicago), y el resultado al parecer es tan bueno que es la favorita para ganar en los premios de la Academia. Claro, también ayuda que cuente entre sus guionistas con Akiva Goldsman, el mismo de "Una Mente Brillante", y con las actuaciones de la bellísima Ziyi Zhang (que es china, no japonesa, pero igual nos creemos el cuento) y con Ken Watanabe de "El Último Samurai".
Director: Rob Marshall. Cast: Ziyi Zhang ("Héroe", "La casa de las dagas voladoras", "El tigre y el dragón"), Ken Watanabe, Michelle Yeoh y Gong Li.



Las Crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario: Es una superproducción de Disney, dirigida al público infantil y que será un éxito de taquilla, pero igual yo la quiero ver. Se ve que está bien hecha y las personas que han leído los libros de C. S. Lewis quedan fascinados con la historia.
Director: Andrew Adamson. Cast: Tilda Swinton (Gabriel en Konstantine), Liam Neeson, Rupert Everett.



Los Tres Entierros de Melquiades Estrada: Una de mis películas favoritas es 21 Gramos, por lo que cuando me enteré que esta película contaba con Guillermo Arriaga como su guionista, sin duda llamó mi atención. Además, representa el debut como director de su protagonista: Tommy Lee Jones. La historia consiste en un hombre que es asesinado y enterrado en un desierto en Texas. Posteriormente, el cuerpo es encontrado y se le realiza un nuevo sepelio en el cementerio de un pueblo texano. Pete Perkins (Jones), en su deseo de cumplir la promesa que le hizo a su mejor amigo de enterrarlo en su pueblo natal en México, secuestra a un oficial, le obliga a desenterrar el cuerpo de su amigo, lo ata a una mula, y emprende un viaje quijotesco hasta México. Esta película ha ganado premios en todos los festivales de cine en los que ha participado, incluyendo Mejor Actor y Mejor Guión en Cannes 2005. Me da la impresión de que vale la pena verla.
Director: Tommy Lee Jones. Cast: Tommy Lee Jones.


Babel: Si a Guillermo Arriaga (guionista de 21 Gramos y de la película anterior), lo unen de nuevo en un proyecto con Alejandro González Iñárritu (director de 21 Gramos), que además incluye a Brad Pitt, Cate Blanchett, y Gael García Bernal; el resultado tiene que ser muy bueno. El estreno de esta película está pautado para mayo del 2006, por lo que se conoce poco de la historia y aún no tiene poster. Lo que se sabe hasta ahora es que la trama se desarrolla simultáneamente en Marruecos, Tunisia, México y Japón; por lo que se trata, nuevamente, de historias paralelas.
Director: Alejandro González Iñárritu. Cast: Brad Pitt, Cate Blanchett y Gael García Bernal.



El Código Da Vinci: Confieso que no he leído el libro (ni tengo mucho interés en hacerlo), pero que esta adaptación cinematográfica cuente con Ron Howard y Akiva Goldsman (director y guionista de "Una Mente Brillante", respectivamente), y con Tom Hanks, Audrey Tautou (Amélie), Alfred Molina (Dr Octopus en Spiderman II), Sir Ian McKellen (Gandalf) y Jean Reno; la hace obligatoria de ver.
Director: Ron Howard. Cast: Tom Hanks, Audrey Tautou, Sir Ian Mckellen, Alfred Molina y Jean Reno.


The Science of Sleep: Michel Gondry, el director de una de mis películas favoritas: "Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos", dirige esta cinta protagonizada por Gael García Bernal. Será estrenada en el 2006´y aún no tiene poster, pero se sabe que la trama gira en torno a un hombre que no puede despertar de un sueño porque las personas con las que sueña lo mantienen cautivo. Esta vez el guión lo realizó el mismo Gondry y no Charlie Kauffman.
Director: Michel Gondry. Cast: Gael García Bernal.



Monsieur Batignole: Esta película francesa es del 2002, pero luego del éxito que tuvo a nivel mundial Gérard Jugnot con la excelente "Les Choristes", decidieron comercializar esta cinta fuera de Francia. Aquí, Jugnot es un tímido héroe que, durante la ocupación Nazi de Francia, esconde a unos niños judíos para salvarlos del holocausto. Dicen que esta película es para Francia, lo que "La Vida es Bella" es para Italia. Hay que verla.
Director: Gérard Jugnot. Cast: Gerard Jugnot.


Harry Potter y el cáliz de fuego: Si vi las tres anteriores, ¿por qué no ver la cuarta? No he leído ninguno de los libros de la señora Rowlings, pero me parece que le hacen mucho bien al hábito de la lectura en los niños y adolescentes. Lo malo es que en esta nueva entrega no repite Alfonso Cuarón como director. Sin embargo, Mike Newell (Mona Lisa Smile, Donnie Brasco, Cuatro Bodas y un Funeral) no es una mala opción.
Director: Mike Newell. Cast: Los de siempre.

Canción para acompañar:

* Midtown - "Like a Movie".

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20051014

El Héroe ante Sus Ojos

Sus ojos estaban fijos en él, pero en realidad no lo estaba mirando. Su mente se encontraba dispersa mientras aún intentaba asimilar lo que acababa de suceder. No quería pensar en nada concreto en ese momento, mucho menos en el futuro inmediato. Las angustias y las preocupaciones bien podían esperar otro rato.

Notó que en su rostro se encontraban las huellas de una sonrisa. La misma que él estaba acostumbrado a ver desde que era un niño y que el hombre que tenía frente a sí siempre llevaba cuando llegaba del trabajo y los encontraba a ellos haciendo cualquier cosa: jugando, estudiando, durmiendo... no importaba. Él era feliz con sólo ver a sus hijos. Verlos era todo lo que necesitaba para sentirse orgulloso, y orgullosos era como ellos se sentían de tenerlo a él como padre. No tenían nada que reprocharle, pero sí mucho que agradecerle.

Recordó entonces la primera ocasión en la que lo vio bailar con su madre. Él tenía cuatro años y habían ido de paseo a un parque. Una retreta de esas que tocan canciones de hace cien años se encontraba amenizando la tarde y su padre no pudo resistir la tentación de llevar a su señora esposa a la improvisada pista de baile. Puntos de sombra y de luz invadían el lugar producto de los rayos del sol filtrándose a través de los árboles. Aves de todos colores adornaban el cielo. Las notas alegres de la música de antaño contribuían a hacer de ese día uno muy especial. Sin embargo, lo que más marcó para él esa tarde fue la expresión de felicidad de su madre mientras danzaba. Hacerla tan feliz a ella estaba, sin duda, de primero en la lista de cosas que agradecerle.

Rememoró luego la admiración que sintió por él cuando lo llevó a aquel partido de fútbol y lo mantuvo todo el tiempo sobre sus hombros para que pudiera ver el juego. “¿Seguro que no estás cansado, papá?”, le preguntó el niño con sincera preocupación al finalizar la primera mitad. “No estoy cansado. ¡Tranquilo, hijo!”, le contestó valientemente él a pesar de que el cansancio que tenía era evidente con cada jadeo de su respuesta. En ese instante él supo que para su padre, el bienestar de sus hijos estaba por encima del suyo propio, como comprobaría después cada vez que le pedía hacer algo que implicara un sacrificio de su parte. Por ejemplo, cuando a la medianoche lo llamaba para que lo fuera a buscar a casa de un amigo, o cuando lo despertaba de madrugada para pedirle que llevara a otro compañero a su casa. Nunca se quejaba y siempre estaba dispuesto a ayudarle. ¿Qué más le podía pedir?

Pasaba buenos ratos viendo películas con él, y también jugando o conversando. Con él podía hablar de todo. Durante un tiempo llegó a pensar inclusive que su padre tenía las respuestas a todas las preguntas que pudieran realizarse. “¿De qué están hechos los sueños?”, le preguntó en una ocasión. “Los sueños están hechos de imaginación”, le respondió su padre después de pensarlo un poco. “¿Y dónde puedo comprar un poco de imaginación?, volvió a preguntar el curioso niño. “Pues en las librerías”, replicó con naturalidad su papá. “¿En las librerías?”, dijo atónito el preguntón. “¡Pues sí! Cuando compras un libro compras también un poco de imaginación”, explicó. Y así, el hábito de la lectura se convirtió también en algo más que tenía que agradecerle a su progenitor.

Pasaron las horas y a su memoria seguían llegando recuerdos felices. El nostálgico hijo no pudo evitar que una tímida lágrima se asomase a través de su ojo derecho. Sin embargo, él ya no estaba triste. En el fondo, más bien estaba contento, porque había descubierto que una parte de su padre permanecería viva en él para siempre. En sus recuerdos, el gran superhéroe seguiría ganando batallas.

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Para Luis.
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Con esto también participo en El Juego


Canción para acompañar:

* Pearl Jam - "Man of the Hour".

Película recomendada de la semana:

* "Big Fish" (2003) [10/10]. Director: Tim Burton. Cast: Ewan McGregor, Albert Finney, Alison Lohman, Jessica Lange, Helena Bonham-Carter.

-H.G.

20051008

Mientras haya agua tibia

La noche había sido cualquier cosa menos agradable. Tratar de no invadir el espacio físico de otro mientras duermes y, al mismo tiempo, velar por que el agua que se filtra a través de una lona no invada el tuyo, dista mucho de ser mi definición de una buena noche. Para completar, la lluvia no cesó en ningún momento. La fuerte tormenta me hacía pensar que en cualquier instante la frágil carpa nos caería encima. ¡Cuánta falta me hacía la comodidad de mi cama esa noche!

A las 6:00 a.m. ya nos tenían afuera haciendo calistenia. Mejor así, mientras más rápido comenzara el día, más rápido llegaría la hora de irnos. Durante la mañana recogimos todas nuestras cosas para partir luego del almuerzo, el cual por cierto, fue el mejor que he tenido en mi vida. Consistió de una pasta mal hecha acompañada de carne enlatada, pero esto a mí me supo a gloria. La mejor sazón que se le puede dar a una comida es la que le otorga el hambre que se tenga, y yo nunca había tenido tanta como en esa oportunidad.

Fue durante ese campamento de los Scouts que por primera vez me di cuenta de lo que tenía en casa. “¡Extraño todo lo de mi casa! ¡Extraño hasta los martillazos que dan los obreros que están trabajando en la construcción!”, decía uno de mis compañeros quien además era mi vecino. Mientras tanto, yo me repetía a mí mismo que no abandonaría de nuevo a mi casa por nada del mundo. Sin embargo, no había pasado ni una semana de vuelta en mi casa cuando yo ya estaba contando los días hasta el próximo campamento. ¿Qué puedo decir? Sólo tenía 12 años.

Lo cierto es que pareciera que debemos vernos privados de algo para poder darnos cuenta del valor que eso tiene para nosotros. El problema, desde mi punto de vista, es que solemos dar todo por sentado. Tu madre siempre estará allí para cuidar de ti, tu hogar nunca dejará de ser tu hogar, papá jamás dejará de estar contigo, el agua caliente nunca faltará en nuestras duchas, así como tampoco la electricidad en nuestras casas. Tus amigos siempre serán tus amigos, tu mascota vivirá eternamente, y tu programa de TV favorito en ningún momento dejará de ser transmitido. Pensamos –o queremos pensar-, que nada nunca cambiará y que todos te acompañarán siempre porque la razón de ser de ellos es precisamente estar allí para ti. Y así, cualquier día de nuestras vidas podría de pronto convertirse en el día menos pensado: el día en que todo cambió.

Lo queramos o no, tarde o temprano todo va a cambiar. A veces podemos hacer ciertas cosas para retrasar ese día, pero lo mejor que podemos hacer es simplemente aprender a apreciar lo que tenemos mientras aún no hemos dejado de tenerlo y sentirnos afortunados durante este tiempo. Es triste cuando algo o alguien se va de nuestras vidas y es a partir de entonces que nos damos cuenta de todo lo que significaba para nosotros. ¿A quién no le ha pasado? Por eso es mejor aprender a valorar cada cosa cuando aún hay tiempo para disfrutarlas. ¿Es necesario ducharnos con agua fría para saber cuánto nos gusta el agua caliente?

Y lo peor es cuando precisamente por no apreciar bien algo, lo perdemos. Por ejemplo, cuando descuidamos a los amigos. Se tiende a creer que si perdemos a un amigo ahora, podremos encontrar a un sustituto fácilmente más adelante. Sin embargo, un verdadero amigo, de aquellos que valen la pena por sus valores y por una serie de características que no viene al caso enumerar ahora, no es fácilmente reemplazable. Por eso debemos cuidarlos y no dar por sentado que siempre vamos a tenerlos.

Lo mismo puede aplicarse con la familia, con una época en tu vida, con el dinero, una cosa, una experiencia… en fin, con todo. ¿No es mejor valorar lo que tenemos mientras aún haya agua tibia?

Canción para acompañar:

* 30 Seconds to Mars - "A Modern Myth" (el grupo del actor Jared Leto).

Película recomendada de la semana:

* "Matchstick Men" (2003) [10/10]. Director: Ridley Scott. Cast: Nicholas Cage, Sam Rockwell, Alison Lohman.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20051001

Antes de que vengan los lobos...

“Siempre escucha a tu madre, ¿entiendes? Has lo que ella te diga. Ella es tu mejor amiga. Dile que la quieres todos los días. Ahora eres muy joven para interesarte en las chicas, pero ya llegará el momento, y cuando lo haga, trátalas como princesas, porque eso es lo que ellas son. Cuando digas que vas a hacer algo, ¡hazlo! Porque tu palabra es tu legado y es todo lo que tú tienes…. Y el dinero, has todo el dinero que puedas incluso si tienes que venderte de vez en cuando. No seas estúpido como tu padre: todo es mucho más fácil con dinero, hijo. ¡No fumes! Se amable con las personas. Si alguien te acusa de algo -tú sabes que hemos hablado sobre esto-, enfréntatele y se un hombre. Y aléjate de las cosas malas, hijo. No te veas atrapado en cosas malas. ¡Hay tantas cosas buenas allá afuera para ti! ¡Yo nunca te dejaré! ¡Siempre estaré contigo justo ahí! [señalando al corazón del niño]. ¡Te quiero, hijo!”

La cita anterior son las palabras con las que se despide de su hijo de 11 años el personaje interpretado por Denzel Washington en la película “John Q”, conocida en Latinoamérica por su traducción literal, esta es: “Situación Extrema”. Consiste de un padre de pocos recursos económicos que, en medio de la desesperación, secuestra la sala de emergencia de un hospital para presionarlos y hacer que atiendan a su hijo gravemente enfermo del corazón. La película vale la pena verla. Si no lo han hecho aún, véanla ya. Cuenta con una buena dirección, un excelente guión, impecables actuaciones, una gran trama, en fin… todo lo que uno puede pedirle a una película para poder disfrutar de ella. Sin embargo, no es sobre “John Q.” que quiero hablar en esta ocasión.

La frase citada se podría decir que es el recetario a seguir para tener una buena vida y ser una buena persona. Tratar a las mujeres como princesas, ser amable con las personas, tener la ambición de querer tener dinero pero sin perjudicar a terceros, alejarse de las cosas malas, hacerles caso a nuestras madres…. Todos, sin excepción, son buenos consejos, excelentes consejos; pero hay uno que quizás pasa desapercibido y que es en el que me quiero centrar: “Cuando digas que vas a hacer algo, ¡hazlo! Porque tu palabra es tu legado y es todo lo que tú tienes”.

Es así. Nuestra palabra es lo único que tenemos y es el indicador fundamental de la clase de persona que somos. Si nadie cree en nosotros, es porque no hemos merecido que nos crean y viceversa. Lamentablemente, muchas personas no le dan la importancia necesaria a esto y no se dan cuenta de cómo poco a poco van degradando el valor de lo que dicen.

Generalmente, se piensa que la palabra de uno se deteriora únicamente cuando uno dice grandes mentiras, y como la mayoría de las personas casi nunca dice grandes mentiras (sino muchas de las pequeñas), entonces piensan que el grado de confianza que inspiran siempre estará intacto. Sin embargo, son los pequeños detalles cotidianos los que hacen que creas o dejes de creer en alguien. Son las cosas, a simple vista insignificantes, que dejas de cumplir las que más contribuyen a que los demás pierdan su fe en ti. Cada vez que quedas con alguien en reunirse a tal hora y por alguna razón no puedes (así no sea intencionalmente), tu palabra está sufriendo un duro golpe. Cada vez que dices que vas a hacer algo y no lo haces, no importa cuán simple sea, tu palabra se está viendo mermada. ¿Por qué? Pues sencillamente porque si le fallas a una persona en algo así sea trivial, ¿cómo vas a esperar que esa persona confíe en ti para algo más serio?

Claro, inconvenientes pasan todo el tiempo. Por una vez que dejes de ir al sitio donde le aseguraste a tus amigos que ibas a ir porque cuando llegó el momento te sentiste muy cansado, no pasa nada. Eso podría pasarle a cualquiera. Pero cuando es una y otra vez que quedas mal, así nunca hayas tenido realmente la culpa, las otras personas inevitablemente dejarán de creerte. Y esto es algo triste, porque no sólo estás ganando que dejen de invitarte a cualquier lugar, sino que también estás logrando que tus amigos se alejen de ti, porque… ¿cómo puedes ser amigo(a) de alguien en quien no puedes confiar?

Para evitar esto hay dos posibles alternativas:

1.- Cuando des tu palabra de que vas a hacer algo, intenta hacerlo como si tu vida dependiera de ello. Es importante, de verdad que sí. Y si por alguna razón REALMENTE relevante (nos invaden los extraterrestres, hubo un terremoto, un tsunami, Katrina, etc.) no pudiste cumplir con lo que dijiste, demuéstrale a los que les quedaste mal cuánto lamentas esto.

2.- Si no estás seguro de poder cumplir, no pongas tu palabra en juego. Si te invitan a salir hoy en la noche pero no sabes si estarás de ánimo para hacerlo, o si no sabes si el trabajo o los estudios te lo permitirán, di que no ó al menos transmíteles que no estás seguro. Nadie te pone una pistola en la cabeza para obligarte a comprometerte. Es preferible decir que no y luego sorprenderlos con tu presencia, que decir que sí para luego embarcarlos.

Sería muy triste que nos pasara como la fábula aquella del niño y el lobo y que no nos crean cuando sea importante que lo hagan. Particularmente, le doy mucha importancia a que crean en mí mis amigos, y por eso creo sinceramente que me he ganado la confianza de ellos (¡digan lo contrario para que se las vean conmigo!). A veces se molestan porque no doy seguridad de que haré tal cosa hasta que no esté totalmente seguro de que puedo, pero saben que cuando digo que allí voy a estar es porque, en efecto, allí estaré.

La confianza no la puedes comprar, sino que debes ganártela. Dale la importancia que merece, después de todo: “…tu palabra es tu legado y es todo lo que tú tienes”.


Canción para acompañar:

* The Rasmus - "Dead Promises".

Película recomendada de la semana:

* "John Q." (2002) [10/10]. Director: Nick Cassavetes. Cast: Denzel Washington, Robert Duvall, James Woods, Anne Heche, Eddie Griffin, Ray Liotta.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20050924

El Gran Hermano

Chequeó una y otra vez que tuviese a la mano todo el equipo necesario para hacer su trabajo. Fue muy meticuloso al respecto: primero acercó las cremas que utilizaría, luego los cepillos grandes y chicos, posteriormente colocó a su alcance un trozo de tela del color adecuado, y -por último- un pequeño pote de agua mineral que resultó ser un rociador improvisado del siempre útil líquido. La verdad es que yo ya estaba impaciente porque comenzara. Mi pierna izquierda amenazaba con dormirse en cualquier momento por la posición en la que se encontraba. La tenía colocada sobre una caja de madera que servía de apoyo para poner los zapatos.

Justo antes de empezar a realizar su tarea, me miró por un instante a los ojos. Fue entonces cuando pude ver la clase de persona que era. “Los ojos son el espejo del alma”, dicen por ahí y yo creo que es cierto. Siempre he pensado que los ojos dicen mucho de una persona y aunque esto nunca llegará a ser una ciencia exacta, al menos nos permite hacernos una idea relativamente clara de la forma de ser de alguien. En este caso particular, su mirada derrochaba nobleza. Era alegre y melancólica al mismo tiempo, con un brillo se puede decir que opaco. Era la mirada de alguien a quien tú sólo quisieras que le sucedieran cosas buenas, de alguien trabajador y preocupado por su familia. Al menos así me pareció a mí y no me costó mucho comprobarlo.

“¡Tener los zapatos bien limpios representa mucho!”, me dijo mientras le aplicaba la crema de color marrón a mis zapatos castaño rojizo. Yo no sabía qué me impresionaba más: si el empeño que le ponía a una tarea tan poco atractiva como pulir un calzado, o el hecho de que todo el que pasara frente a su improvisado taller de zapatería lo saludara. “¡Hermano!”, le gritaba cuanto hombre, mujer o niño caminaba por esa esquina de Caracas, y él les respondía llamándolos de la misma forma sin interrumpir en ningún momento su labor. No lo llamaban así por ser todos miembros de alguna secta religiosa, sino porque esa era la expresión que utilizaba él para referirse a todo el mundo. “¡Hermano, mira lo que le compré a mi hija!”, le interrumpió un señor que cargaba un cachorro de cocker entre sus brazos. “¡Qué bueno!”, le contestó El Hermano, “¡ella siempre que pasaba por aquí me decía que quería un perro!”; y el orgulloso padre, acto seguido, procedió a relatar cómo fue la aventura de la adquisición de la mascota para su pequeña. A pesar de estar atento a la historia, el trabajador hombre nunca dejó de pasarle con esmero uno de los cepillos a mis zapatos.

Desde un buen tiempo atrás me había fijado yo en su puesto callejero de reparación y limpieza de calzado. Quedaba a mitad de camino entre mi trabajo y el sitio donde regularmente almuerzo. Sin embargo, por diversas razones nunca había podido lograr que me atendiera. Bien sea porque yo andaba acompañado y no quería hacerlos esperar a ellos, ó porque habían otros clientes por delante de mí. Por supuesto que yo podía limpiar mis zapatos por mi cuenta -esta es una de las pocas actividades manuales que realmente hago bien-, pero tenía que comprar primero todo el equipo necesario para hacerlo y también me daba pereza. De cualquier modo, lo más importante era obtener un buen resultado, y esto fue precisamente lo que obtuve con El Hermano.

¿Cómo no iba a quedar conforme con el trabajo de alguien que se esforzaba tanto? Hay que tomar en cuenta que las condiciones en las que él laboraba distaban mucho de ser las ideales. Para empezar, su puesto de trabajo quedaba en la calle y estaba sujeto a las inclemencias del clima. Ese día, por ejemplo, el sol estaba insufrible, y la silla del cliente era la única que cabía en el único espacio con sombra que había en esa acera. Cualquier otra persona realizaría la labor que El Hermano desempeñaba de mala gana, sobretodo por lo mal remunerado que es el oficio de limpiar zapatos, pero él no. Él mantenía su buen humor y le ponía una gran dedicación a lo que hacía, como si fuera un artista a punto de terminar su obra maestra. Si todo el mundo se empeñara en hacer sus respectivos trabajos lo mejor posible como él hombre que se encontraba ante mí, sin duda el mundo no tendría tantos problemas. ¿Cuántos gerentes y ejecutivos no hay que pasan todo el día en la comodidad de su oficina con aire acondicionado y sin embargo no hacen más que gritar todo el tiempo y tener mal ánimo? Está claro que uno no sabe lo que tiene hasta que deja de tenerlo…

“¡Tome, mijo!”, le ordenó una señora anciana mientras le ofrecía un vaso de agua, “¡con ese sol que hace se debe estar muriendo de sed!”. El hombre se lo bebe de un trago no sin antes darle las gracias. Seguramente, sus cualidades humanas le habían hecho merecedor de que la gente estuviese pendiente de él y lo trataran tan bien. El Hermano ya estaba a punto de terminar su labor en mis dos zapatos. Cuando lo hizo, me miró con la satisfacción de saber que realizó un buen trabajo. Quedaron impecables, de verdad que sí. Procedí entonces a pagarle lo que me pareció una suma irrisoria al hombre que debía estar arribando a su sexta década de vida, a darle las gracias y a desearle una buena tarde. “¡Igualmente!”, me respondió el buen hombre para luego agregar: “¡Ya sabe que aquí estamos a la orden!”. Yo sonreí y emprendí entonces mi camino de regreso a mi lugar de trabajo.

De ahora en adelante, dudo mucho que mis zapatos vuelvan a pasar mucho tiempo sin estar impecables.


Canción para acompañar:

* Goo Goo Dolls - "Better Days" (Excelente la nueva canción de los Goo Goo's).


Película recomendada de la semana:

* "The Hurricane" (1999) [8/10]. Director: Norman Jewison. Cast: Denzel Washington.


-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20050917

La morgue del tiempo

El crepúsculo agoniza ante mis ojos
y el día toma cada vez más la forma de un ayer.
Con instantes que se tornan cadáveres
y cadáveres que se transforman en recuerdos.
La memoria es el huésped de honor
en los confines de la morgue del tiempo.

Rostros anónimos de pronto me acompañan,
impregnados de los colores del cansancio.
Cada quien habitando en su propio mundo.
Cada cual ensimismado en su propia vida.
Cuando la esperanza se esconde entre las sombras de la rutina,
la única ilusión que queda es llegar vivo al final del día.

Sigo caminando por esta calle concurridamente vacía.
¿Hace frío o son ideas mías?
El cielo poco a poco se muestra con su traje de gala,
aquel de terciopelo negro y lentejuelas de plata.
Pero la mayoría está muy ocupada para darse cuenta.
“¡Pide un deseo!”, le susurra una madre a su hijo,
cuando juntos ven aparecer a la primera estrella.
"¡Yo también pediré un deseo!", pienso,
aunque ya no crea en luceros de hojalata.
Voy a desempolvar mi colección de anhelos ignorados,
porque es mejor esperar lo imposible que conformarse con nada.
Es mejor vivir soñando que no vivir en lo absoluto.

Alientos de vida se esconden entre claros de luna
y yo estoy decidido a encontrarlos todos.
No son las estrellas las que harán realidad mis sueños.
Seré yo mismo mientras me dedique a perseguirlos.
No voy a convertirme en esclavo de la desidia,
ni marcharé a la guerra como soldado del olvido.
Cuando el presente se convierta por completo en el pasado,
miraré satisfecho las huellas que mis pies descalzos dejaron.

Las luciérnagas incandescentes aun titilan en el cielo,
mientras una canción de cuna llega suavemente a mis oídos.
Es un nuevo día que está naciendo
y no importa lo que traiga consigo,
procuraré que cada instante
perdure en el tiempo como el mejor de los recuerdos.


Canción para acompañar:

* Switchfoot - "The Setting Sun"

Película recomendada de la semana:

* "Las Horas" (2002) [7/10]. Director: Stephen Daldry. Cast: Nicole Kidman, Julianne Moore, Meryl Streep, Ed Harris, John C. Reilly, Claire Daines.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20050910

Cómo escribir bien sin realmente hacerlo

Escribir bien es una de las cosas más difíciles que hay. Sobretodo en español, cuya gramática es bastante complicada. Yo estoy lejos de hacerlo, de eso no me cabe la menor duda, ya que por pereza y falta de tiempo no me he obligado a dominarlo. Sin embargo, algunas personas creen –cualesquiera que sean sus motivos- que sí lo hago bien, lo que me lleva a pensar que tan importante como dominar la escritura podría ser aparentar hacerlo. Como en esta semana conversé con varias personas sobre este tema, decidí escribir un post sobre mis impresiones al respecto.

Para escribir bien sin realmente hacerlo, lo primero y principal es jugar con las apariencias. Así como uno a veces come con los ojos –esto es, los platos que no están bien presentados no te apetece comerlos-, a la hora de leer, la presentación del texto también influye en las ganas que se tengan de leerlo y en la disposición que tengas a que te guste. Para mí, hay dos clases de presentaciones: la de la estética, y la de las ideas. El tamaño, tipo y color de la letra, al igual que el espaciado entre líneas que utilices, son los aspectos más importantes de la presentación estética, pero esto todo el mundo lo sabe. De lo que no se sabe tanto es de la forma de presentar las ideas.

Sobre este punto, lo más fundamental es la ortografía. Si tienes pésima ortografía, lo que escribas no provocará leerlo así trate sobre lo más interesante del mundo. Para un blog, por ejemplo, no es necesario tener una ortografía excelsa e incólume (para un trabajo académico sí lo es), pero sí que sea aceptable y sin errores garrafales. Lo bueno es que tener una buena ortografía no es tan difícil como parece, sólo hace falta práctica y tener presentes las reglas más importantes (siempre va una m antes de una b o p y nunca una n –salvo excepciones, si las hay-, siempre se acentúan las palabras esdrújulas, etc.).

Ahora bien, para que realmente provoque leer algo, es vital -además de una buena estética y una óptima ortografía- estructurar tus ideas. Organizar bien el texto, y aquí es donde entra en juego la gramática. En especial, la utilización de los puntos: “punto y aparte” y “punto y seguido”.

La razón por la que escribes es porque quieres expresar algo, bien sea una opinión, una información, una narración, o lo que sea. Ese algo, siempre consta de una o más ideas principales, y de varias ideas secundarias que las complementan (argumentos, explicaciones, ejemplos, etc.). Es muy recomendable colocar sólo una idea principal por párrafo. En otras palabras, utiliza “puntos y aparte”. Por lo general, cuando llevas más de 10 o 12 líneas y no has saltado de párrafo, es –salvo contadas excepciones-, indicio de que algo está mal. El primer párrafo siempre debe servir de preámbulo y debe dar una idea de lo que trata todo el texto. El segundo puede ser una introducción más formal o entrar de lleno con lo que será el tema principal, y así hasta que el último contenga una conclusión o un final. Tomemos como ejemplo este post: el tema principal es que es posible aparentar escribir bien sin ser un experto en la materia. Así, el primer párrafo introduce a quien lee sobre lo complicado que es escribir bien y que es posible aparentar hacerlo. En el segundo, ya se entra en el tema indicando que se debe presentar bien tanto la estética como las ideas del texto. Posteriormente, se comenta que es fundamental tener una buena ortografía, y en el siguiente párrafo, que es vital estructurar bien las ideas. El párrafo actual, la cosa principal que dice es que dividas lo que escribes en “párrafos”. Más adelante explicaré cuál es la ventaja de hacer esto.

Una vez que ya tienes en mente cuáles son tus ideas principales, es necesario que las complementes en cada párrafo con sus respectivas ideas secundarias. Lo importante aquí es saber cómo entrelazar estas ideas, y esto, en mi opinión, es lo más difícil de todo este rollo, ya que amerita una correcta utilización de los signos de puntuación. La inmensa mayoría de las personas, suele separar todo lo que dice con “comas” (,). Así nos enseñan en el colegio. No obstante, y aunque no lo crean, la “coma” es el signo de puntuación más difícil de utilizar correctamente. Para empezar, una coma debe ir entre dos oraciones completas que forman parte de una misma idea, pero esto no siempre coincide con las pausas al momento de leer, y esto, ya de por sí confunde bastante. Además, también debe utilizarse en otras situaciones, lo que le agrega complejidad al asunto. Por lo tanto, para evitar cometer un error colocando una coma donde no debe ir, una buena práctica es utilizar en su lugar un “punto y seguido”, ya que este signo es más flexible (por ejemplo: siempre donde hay un punto y seguido, va una pausa en la lectura). Como regla general, a la hora de una duda entre si debe ir una coma o un punto, elige siempre al punto. Si llevas dos o tres líneas y no has utilizado ningún punto y seguido, entonces revisa lo que llevas porque es posible que algo no esté bien. Por ende, utiliza al “punto y seguido” para separar oraciones enteras.

Estructurar tus ideas no sólo sirve para darle claridad a tu texto y hacerlo más comprensible, sino que también contribuye a hacerlo más ameno. Cuando uno lee cualquier cosa, especialmente blogs, por lo general tiene también que estar pendiente de atender el teléfono, hacer algo en el trabajo, escribir algo en la ventana de msn, o simplemente necesitas una pequeña pausa para reflexionar sobre lo que acabas de leer; y una “coma” nunca es un buen lugar para interrumpir la lectura. Ya que, cuando la retomes, vas a estar en el medio de una idea y perderás el hilo de la trama. Por eso, a uno le gusta que el texto esté espaciado, dividido en párrafos no muy largos, y que contenga varios puntos en los cuales te puedas detener en los casos que la situación lo amerite. Saber de antemano que está cerca la próxima pausa, crea un efecto que hace más amena la lectura.


Del resto, lo único que queda es la elección de las palabras a utilizar, el estilo narrativo, el enfoque, y la temática en sí; pero esto ya depende de cada quien y es lo que individualiza tú trabajo. Al respecto, el único consejo que puedo dar es que no elijas nada pensando en si le agradará a tal persona o a la gente en general, elígelo porque te gusta a ti. Lo importante es terminar de redactar algo y sentir que lo hubieses leído aún si no lo hubieses hecho tú. A la hora de escribir, la satisfacción va por la casa. Que le guste a los demás tu trabajo es –sencillamente- un valor agregado.

«Me pasé toda la mañana corrigiendo las pruebas de uno de mis poemas, y quité una coma. Por la tarde, volví a ponerla.»[Oscar Wilde]

«Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos.» [Marguerite Duras]

Canción para acompañar:

* Augustana - "Boston"

Película recomendada de la semana:

* "Melinda y Melinda" (2004) [10/10]. Director: Woody Allen. Cast: Radha Mitchell, Will Ferrell, Amanda Peet, Chloë Sevigny.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20050903

El Escarabajo Dorado

Abrió la gaveta y vio que allí tampoco estaban las facturas que andaba buscando. En cambio, algo completamente diferente atrapó su atención. “¿Por qué siempre que buscas una cosa consigues algo distinto?”, se quejó, pero no había terminado de decir esto cuando ya le habían empezado a llegar a su memoria todos los recuerdos que ese escarabajo dorado le traía.

La voz de su esposa conversando por teléfono en otra habitación le interrumpió de pronto y, tal vez por primera vez en su vida, se dio cuenta entonces de que tenía razones de sobra para sentirse afortunado. Todo el éxito que alguna vez soñó ya era suyo en el campo profesional; y, en lo personal, contaba con una esposa que poco le faltaba para ser perfecta. “¡Su esposa es bella como ella sola!”, comentaban siempre sus colegas en el trabajo, y él lo sabía. Sabía también que la quería bastante, por ser además comprensiva e inteligente. Podía hablar con ella de cualquier cosa aunque no siempre compartieran la misma opinión, que era cuando aprovechaba para irritarla: le encantaba verla molesta. Todo era perfecto en su vida, mas, sin embargo, sentía que algo estaba faltando.

Años atrás, en un día que en su mente aparecía como lluvioso aunque en realidad no lo había sido, una persona muy especial para él le obsequió un escarabajo hecho de algún metal dorado. La importancia que tenía no radicaba en el material del que estaba hecho ni en su valor monetario, sino en el significado que encerraba. Ella sabía que esa probablemente iba a ser la última vez que se verían antes de que él se fuese muy lejos. Ya se había resignado a que nada podía hacer para lograr que él cambiase su opinión sobre los dos, no importaba cuánto lo intentase. A diferencia de él, ella le daba la importancia debida a lo que tenían, porque a pesar de que no pasaba de ser una amistad, sabía que era especial, que no era algo fácil de encontrar, y que tenía todo el potencial del mundo para convertirse en lo que ellos quisieran que fuera. Nunca imaginó que el regalo que ese día le iba dar serviría para convencerlo de todo esto, sólo que quizá un poco tarde.

Sentado en su sillón con el insecto metálico entre sus manos, revivió uno a uno los momentos que pasó junto a ella. Lo primero que le vino a la mente fue esa fascinación extraña que ella sentía hacia los escarabajos, nunca comprendió por qué le gustaban tanto pero sí entendía que ella le había obsequiado uno de estos para que nunca la olvidase. Rememoró cómo su día cambiaba cuando la joven llegaba nada más que por el simple hecho de verla. Aunque no se dijeran palabra alguna, el saber que ella estaba ahí lo hacía sentirse completo, lleno. Con nadie más le gustaba tanto escuchar y ser oído como con ella. Sabía que nadie lo comprendía tan bien como esa amiga, porque en el fondo, ambos eran versiones diferentes de una misma cosa. Con ninguna otra persona sentía tanta confianza para hablar de sus problemas. Él siempre sintió –muy dentro de sí- que no era tan sólo una amistad lo que le hacía sentir ella, pero cobardemente prefería hacerse el de la vista gorda. Era más fácil dejar todo como estaba y no complicar las cosas. ¿Por qué luchar y enfrentarse a tantos problemas por algo que, después de todo, podría encontrar más adelante en otra persona, posiblemente hasta más hermosa? El tonto no estaba consciente de lo difícil que era y sigue siendo hallar a alguien que realmente te complemente. Mucho tiempo tardó en llegar a comprenderlo.

Su esposa interrumpió sus pensamientos para decirle que ya estaba servido el almuerzo. Mientras veía como ella se retiraba con gracia hacia la cocina, podía sentir cuánto la quería. La apreciaba mucho, sin duda, mas no la amaba. Por vez primera se lo admitió a sí mismo en ese instante. Por más tiempo que había pasado junto a ella en todos estos años, nunca había dejado de sentirse sólo. Los “¿qué hubiese pasado si…?” comenzaron a acosarlo entonces. “¿Qué hubiese pasado si hubiese dicho esto en vez de aquello?”, pensaba. “¿Y si hubiese actuado de esta forma en vez de aquella otra?”, agregaba, pero todo era en vano. Era muy tarde para arrepentimientos, así que con la poca entereza que le quedaba, introdujo al escarabajo entre sus bolsillos y se fue a almorzar resignado… resignado a continuar su vida con un espacio vacío.

En todo esto había estado pensando ella durante el tiempo que tuvo que esperarlo a él en uno de los bancos del parque. Se había distraído viendo el reflejo del sol sobre el insecto de metal y había terminado meditando sobre lo que le deparaba el futuro a ella y también a él. “¡Disculpa la demora: tuve que hacerle un favor a mi madre! ¿Me dijiste que tenías algo importante que darme hoy?”, la sorprendió él apareciéndose de pronto frente a ella. “¡No, nada! Yo sólo quería saludarte en esta bella tarde y, si es posible, ir al cine contigo”, le respondió la joven al mismo tiempo que guardaba en su cartera a un escarabajo dorado. Había decidido no rendirse todavía. El destino que tendría sería el que ella misma se construyera, ya que nada estaba escrito. Lucharía mientras le fuese posible hacerlo… al menos así no tendría nada de qué arrepentirse en el futuro.

*****
P.S: El pasado 31 de agosto fue el Blog's Day. Me enteré gracias a Currusa, a quien aprovecho para agradecerle por haber incluído al blog que se encuentran leyendo ustedes actualmente en su lista de 5 blogs recomendados por motivo del mencionado día. Además, le agradezco por la descripción que hizo de esta página. No tuve oportunidad de publicar nada con motivo de este día, pero de haberlo hecho de seguro que su blog Líneas Tontas, es uno de los que habría valido la pena recomendar. Bien escrito y con un diseño bastante original, periódicamente escribe tanto de sus impresiones sobre diversos temas como por ejemplo los cambios y las expectativas, como también sobre películas que ve en el cine (y ve bastantes). Sus críticas son muy acertadas. Si el tiempo se los permite, no dejen de hacerle una visita!!
Por cierto, desconozco la razón por la que el Blog's Day se celebra el 31 de agosto, pero me atrevería a apostar a que se debe a que ese es el único día del año que quedaba que aún no era el "Día" de algo más. Hay "Días" para todo...

Canción para acompañar:

* Acceptance - "Different"

Película recomendada de la semana:

* "The Butterfly Effect" (2004) [7.5/10]. Director: Eric Bress. Cast: Ashton Kutcher, Amy Smart.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.