20060908

Veladas Perfectas

Gotas de lluvia pueblan las ventanas,
sombras diminutas adornan nuestras caras.
A través de vidrios que se empañan,
un rayo de sol se cuela y el rostro le ilumina.
El mío hace rato que se encuentra iluminado,
como sucede cada vez que la contemplo a ella.

De vez en cuando me mira y se sonríe.
Yo pretendo no estarla viendo.
¿Cómo hago para no observarla,
si no hay nada tan perfecto ante mis ojos?
Como perfectos son los momentos que estoy a su lado,
momentos en los que vivo un sueño que no es etéreo.
¿Qué mejor que soñar y estar despierto?

“Adónde te gustaría comer?”, me pregunta,
Pero yo estoy concentrado en lo feliz que soy en ese instante.
“¿Qué importa?”, pienso.
“¡Cualquier cosa!”, digo.
Y el sonido repetitivo del limpiaparabrisas hace de telón de fondo,
y mi mente hace un esfuerzo por dar alguna sugerencia.
A ella parece gustarle la idea,
se emociona al describir lo que espera conseguir en la carta,
¡Qué linda se ve emocionada!
¡Cómo me gusta verla contenta!

Si tan sólo supiera que sin importar el plato que pida,
ni el sitio adonde vayamos,
la velada siempre será perfecta,
simplemente por el hecho de estar con ella.


Canción para acompañar:

* Sugarcult - "The Investigation"

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20060812

Vigilante

“Ya me voy. ¡Hasta mañana, mi Doña!”, le dice a su mujer al mismo tiempo que le da un beso de despedida. Ella, empapada de sudor luego de pasar gran parte de la tarde cocinándoles a los muchachos y al Señor Esteban, le sostiene la cabeza entre las manos para besarle la frente y encomendarlo a todos los santos. “¡Qué Dios me lo proteja y me lo favorezca! ¡Ay Virgen Santísima y Purísima, líbremelo de todo mal!”, suele decirle la Doña religiosamente cada día, y, su esposo, agradecido, la abraza y le responde con un fuerte: “¡Amén!”. El hombre camina luego hacia la puerta, toma entre sus brazos a su nieto de dos años –el único a esa hora en casa- y le pide que por favor lo despida de sus hermanos y de su madre. El pequeño no entiende una palabra de lo que le dicen, pero la costumbre le indica que es hora de decirle adiós al abuelo. “Se va Abelo!”, exclama con su tierna vocecita, y se coloca las manos en el pecho como gesto para pedir la bendición. “¡Dios me lo bendiga!”, le responde orgulloso el Señor Esteban, y, finalmente, sale de su casa a la hora en la que la mayoría de los hombres regresan a ella.

En un morral, lleva su uniforme; y, en su uniforme, lleva la esperanza. La esperanza de que el sacrificio que hace servirá para que sus nietos puedan graduarse de algo y llevar la vida que él no pudo tener. Quizás no lo aprovechen, lo sabe, pero al menos les dará la oportunidad de hacerlo.

Ya está totalmente oscuro cuando llega a su lugar de trabajo. Un edificio residencial lleno de gente que cree que nadie tiene peores problemas que ellos mismos. Algunos son corteses y lo saludan cuando lo ven en su puesto al entrar o salir por la puerta principal. Otros, en cambio, lo ignoran totalmente como si él no estuviera allí. Él los ignora también en estos casos, aunque siempre tiene a mano su sonrisa para responderle a cualquiera que se dirija hacia su persona. A pesar de que no tiene el más satisfactorio y agradable de los trabajos, el Señor Esteban no es un hombre amargado. Más bien, agradece que al menos tiene un empleo.

Le gusta pensar en que gracias a él, los habitantes de esas residencias pueden dormir tranquilos cada noche, aunque en el fondo sabe que el efecto es meramente psicológico. A la hora de enfrentarse a un criminal, está consciente de que es poco lo que podría hacer sin un arma de fuego, y aún si la tuviera, sabe que tendría las de perder. Por suerte, nunca le había tocado experimentar una situación de peligro mientras ejercía su profesión. Las oraciones de la Doña y las numerosas estampitas de santos que siempre lleva en la cartera lo protegían. En eso, creía él firmemente.

Le preocupaba perderse de todo lo que ocurría en su familia. No tenía tiempo para compartir con ellos, sobretodo con sus nietos, ya que debía dormir la mayor parte del tiempo que ellos pasaban despiertos, y viceversa. No estuvo ahí cuando Edwin, el niño de 2 años, dijo su primera palabra; ni cuando ninguno de los demás aprendió a caminar. Se perdió de todos los momentos importantes en la vida de ellos, pero no se desanimaba. Ese era su sacrificio y lo hacía con orgullo por ellos. Tenía que cubrir las veces de los padres de las criaturas, que: ó los habían abandonado, ó habían fallecido en alguna pelea callejera. ¡Y lo había logrado! A duras penas y sin muchos lujos, sí, pero podía jactarse de que en la mesa de su familia nunca había faltado el pan de cada día ni nada que necesitaran.

En su rutina nocturna, ya era un experto encontrando maneras de entretenerse para matar el tiempo entre el ocaso y el alba. Lee el periódico vespertino, intenta infructuosamente de entender ese juego de números con nombre japonés que ahora sale cada día en la sección de entretenimiento, da un paseo por el estacionamiento del edificio, se come lo que le haya preparado su mujer para esa noche, cuenta las estrellas, calcula con un método nada infalible el número de lotería que saldrá al día siguiente, escucha algo de radio A.M., y, aunque no le gusta admitirlo, de vez en cuando también se queda dormido por ratitos. Al principio, se le hacía larga la espera, pero a medida que se adaptaba a su trabajo, le iba pareciendo que el tiempo pasaba más y más rápido y que la noche duraba menos. Ya le parece que no dura nada: mucho antes de lo que imaginó, los primeros rayos del sol comienzan a iluminar el firmamento y se acerca la hora de volver a casa. La noche ha llegado y se ha ido en un solo instante.

Don Esteban recoge sus cosas, se cambia el uniforme por su ropa de calle, y parte hacia su hogar. Si tiene suerte, puede que ya estén despiertas sus hijas y sus nietos para compartir con ellos al menos un rato. Cuando alguno de los más pequeños le pregunta cuál es su trabajo, él no se avergüenza al decir que es “vigilante”, porque sabe que ese es exactamente su trabajo: vigilar sueños: los sueños de su familia.

Canción para acompañar:

* The Classic Crime - "All The Memories"

Película recomendada de la semana:

* "Thank you for Smoking" (2005) [10/10]. Director: Jason Reitman. Cast: Aaron Eckhart, Robert Duvall, Cameron Bright, William H. Macy, Katie Holmes, Adam Brody. Una palabra: Véanla.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20060720

Felicidad en Gotas

Hay quienes piensan que la única verdad absoluta en el Universo, es que no existe ninguna otra verdad absoluta. Lo que es cierto para algunos, bien puede no serlo para otros. Sin embargo, hay una cosa que, en mi opinión, se asemeja bastante a una verdad absoluta, y es que toda persona en el mundo lo que quiere es ser feliz. ¿A quién no le gustaría ser feliz? Lo que varía, claro está, es eso que hace feliz a cada quien, ó, tal vez, eso que cada quien cree que le hace feliz.

Así, algunos buscan la felicidad en lo espiritual, otros en lo material, lo intelectual, la fama, los placeres, ó, en cualquier otra cosa de su agrado. A veces, hasta de forma obsesiva, tanto así, que terminan olvidando que el objetivo era simplemente ser felices y terminan pensando que lo importante es lograr, contra viento y marea, alguna meta que en cierto momento de nuestras vidas pensamos nos proporcionaría la felicidad plena.

Yo no puedo decir cómo es que podemos alcanzar la felicidad plena porque lo cierto es que no lo sé, yo no la he alcanzado. No obstante, sí puedo decir lo que pienso al respecto, empezando por el hecho de que dudo mucho que de verdad exista algo así. Nadie es completamente feliz ni totalmente infeliz. Todos tenemos nuestros momentos buenos y nuestros momentos malos en esta montaña rusa emocional que llamamos: vida. La clave, pienso yo, es hacer lo posible para que la suma de los momentos buenos supere por mucho a la de los malos, y de este modo, ser en promedio más felices que infelices, más alegres que tristes. Mas, la pregunta ahora es: ¿cuáles son los momentos en los que somos realmente felices?

Como dije antes, lo que hace feliz a cada quien varía dependiendo de las personas, pero en mi caso, me pongo a pensar y me doy cuenta de que no hacen falta muchas cosas para ser feliz (entendiéndose por esto: vivir tantos momentos buenos como sea posible). Uno puede soñar con ser obscenamente rico, tener dos mansiones, tres yates, un Ferrari y un Porsche, más la cuenta bancaria de Bill Gates, pero… ¿de verdad hace falta todo esto? Todas las cosas materiales llega un momento en el que aburren, y siempre vas a desear tener algo más, un modelo más nuevo, una nueva tecnología, o cualquier otra cosa que aún no tengas.

Por otro lado, se puede soñar con ganar un Oscar, Nóbel, Pullitzer, Grammy, Balón de Oro, o el premio que se nos antoje. Ser presidente de la compañía más prestigiosa del mundo. Pertenecer a la nobleza. Desarrollar una nueva teoría en Física. Pintar un cuadro famoso, etc., y aún así no seríamos del todo felices. ¿De qué nos sirve tanto éxito y fama sin personas valiosas a nuestro alrededor con quién compartirlo? A todos nos gusta que nos admiren y puede que inclusive causar un poco de envidia, pero… ¿qué se gana realmente con eso? Al día siguiente de lograr algo así, ya te das cuenta de lo efímeros que son la fama y el prestigio, efímeros además de un poco inútiles.

Del mismo modo, puedes tener una esposa maravillosa, unos hijos perfectos, los mejores amigos del mundo, una familia unida, saludable y amorosa, y seguramente esto nos llenaría bastante, pero también nos haría falta una buena posición económica para evitar que tus seres queridos pasen trabajo, para poder darte ciertos lujos de vez en cuando y evitar así el tedio y la rutina (viajar, una cena romántica, tener comodidades); y también serían necesarios sueños que cumplir, individualmente y en conjunto. ¿Qué es una vida sin sueños?

De todo esto se hace obvio que para vivir felices hace falta un poco de todo. Un equilibrio entre todas aquellas cosas que nos gustan o nos convienen (siempre he pensado que los excesos nunca son buenos), pero también se hace obvio que no necesitamos esperar veinte años para haber reunido doscientos millones de dólares para en ese momento elegir ser felices. Podemos ser felices desde este momento. ¿Por qué sacrificar el presente en aras de un mejor futuro? ¿Por qué no mejor buscar la manera de disfrutar del presente Y del futuro?

En mi caso, puedo ser feliz mientras leo un buen libro, observo una buena película (preferiblemente bien acompañado), degusto un plato exquisito, me como un dulce, cuando tengo que hacer una tediosa diligencia y siento que mi mano la toma alguien a quien adoro recordándome que no estoy solo, cuando la miro y sus ojos me dicen que está contenta, al recibir un mensaje de texto de ella, al ver un atardecer en el mar, ó al azul de un cielo despejado, ó cualquier paisaje de esos tan majestuosos que parecieran querer gritar que Dios existe, haciendo reír a mi hermano pequeño y a mis primitos, al sostener una buena conversación, al escuchar música nueva y que me guste, descubrir algo que me entretenga, ir de compras, poder reírme de algo serio, conocer gente que valga la pena, y tantas cosas más que de verdad son tan sencillas, que los yates y las mansiones mejor es dejarlos para después, aunque sin perderlos de vista.

Que te hace feliz a ti?

-H.G.

20060708

La Chica Inexistente

Todo comenzó un día en el cual no debía comenzar absolutamente nada. De hecho, era un día como para terminarlo todo, ó, al menos, para quedarse en casa realizando una y otra vez cualquier cosa depresiva que tengamos por costumbre hacer. Él, sin embargo, no tenía intenciones de estar deprimido. Ese día -se propuso-, iba a disfrutarlo.

Lo empezó desayunando magdalenas con café, las favoritas de su ex-novia. Saboreaba lentamente cada bocado, como si con ello le demostrase a Lucía que él estaba perfectamente bien y que no le dolía en lo más mínimo que ella se hubiese marchado la noche anterior. “¿Por qué tuvo que hacerlo un día martes?”, se preguntaba, ya que hasta entonces los martes habían sido su día favorito. Nunca antes le había sucedido nada malo un martes.

Los jueves, en cambio, eran para él detestables. Los odiaba desde el colegio, cuando las peores materias siempre le tocaban ese día. “¿Será que ahora se invirtieron los papeles?”, pensó, y se le ocurrió que podría comprobarlo al día siguiente, que dicho sea de paso, era feriado además de jueves. Revisó entonces el periódico en busca de un buen destino para ese fin de semana largo (el viernes, por supuesto, no trabajaría), y se decidió por un complejo vacacional ubicado cerca del mar a unas tres horas de su casa. El paquete incluía traslado en un autobús de lujo hasta el hotel, desayunos, almuerzos y shows nocturnos, todo por un precio bastante razonable. El único problema era que partían esa misma noche, y, por ende, no estaba seguro de poder conseguir un cupo. Sin embargo, para su sorpresa, sí lo consiguió.

El autobús de lujo era bastante cómodo, y se podía dormir plácidamente en él una vez que te acostumbrabas a las tres o cuatro luces de lectura que permanecían encendidas en los puestos de los pasajeros insomnes. Fernando, por suerte, no era uno de estos, por lo que pudo dormir durante casi todo el recorrido. Eran las once y media de la noche cuando finalmente despertó, treinta minutos antes de llegar a destino. A su lado, el asiento que al dormirse se encontraba vacío, ahora lo ocupaba una joven rubia muy bella que lo miraba fijamente a él, cosa que, obviamente, le incomodó. “Disculpa”, le dijo con voz suave la chica, “es que aposté conmigo misma a que seguramente tenías unos preciosos ojos y quería saber si estaba en lo cierto”.

Fernando creyó que aún estaba soñando. Trató de calcular cuántas veces le había pasado algo parecido en su vida, pero nunca pasó de cero. “¡Espero que no hayas perdido mucho con la apuesta!”, alcanzó a decirle mientras salía del letargo en el que se encontraba. Ella, sonriendo, le susurró al oído que había ganado. “¿Y qué vienes a hacer a Villa Paraíso?”, le preguntó la chica tratando de romper el hielo. “Divertirme… espero”, fue la elocuente respuesta de él. “Me parece bien”, le apoyó ella, “¡te prometo que no te vas a aburrir!”, y mientras decía esto, le extendió una mano y agregó: “¡Por cierto, Anabella Rocco, encantada!”. “¡Fernando, un placer!”, respondió él al estrecharle la mano. Los siguientes quince minutos consistieron de un monólogo con ínfulas de conversación de ella que su compañero cortésmente simuló disfrutar. Al llegar, luego del check in y del cóctel de bienvenida, los dos recién conocidos prosiguieron su “conversación” en el bar del hotel. De lo que pasó después, es poco lo que Fernando pudo recordar al día siguiente.

Cuando abrió los ojos por la mañana, sintió enseguida un terrible dolor de cabeza. Mareado, se levantó de la cama con intenciones de ir al baño, pero se llevó una pequeña sorpresa cuando vio a su alrededor. Junto a él, yacía desnuda e inerte la joven que había conocido horas antes. Su cuerpo estaba repleto de manchas de sangre, así como las sábanas de la cama, las paredes, y prácticamente toda la habitación. Todo era rojo a los ojos de Fernando, quien asustado llegó dando tumbos al cuarto de baño, donde pudo constatar que afortunadamente no había un solo rastro de sangre sobre él. “¿Qué había sucedido?”, se preguntaba, aunque el preservativo que aún llevaba puesto le daba alguna idea de lo que pudo haber pasado.

Aún desnudo, salió de la habitación a buscar ayuda, pero todo en el hotel estaba cubierto de sangre. En el lobby, los cuerpos del personal que laboraba allí se encontraban desparramados por el suelo. El lugar parecía una morgue, y lo peor de todo es que nada tenía sentido. El dolor de cabeza de Fernando cada minuto era más pronunciado, y cuando se disponía a regresar a la habitación para vestirse, se desplomó en el piso inconsciente.

Al volver en sí, ya el dolor de cabeza se había desvanecido. No sabía cuánto tiempo había pasado desmayado, pero reconoció que se encontraba en su habitación del hotel. La diferencia, era que ahora todo estaba ordenado. Nada de cuerpos sin vida a su lado, nada de manchas escarlatas en las sábanas blancas, y nada de indicios de actividad sexual la noche anterior. Las maletas con las que había llegado al lugar se encontraban en el closet, y todo lo demás estaba prácticamente intacto, como si nada hubiese pasado.

“¡Buenos días, Señor!”, le dijo el recepcionista a Fernando en cuanto le vio pasar, “¿Se siente mejor hoy?”. “Si la policía me estuviera buscando por el asesinato de Anabella, no me darían los buenos días”, pensaba el aturdido hombre, “¡Seguramente, todo fue un sueño!”. “¡Buen día, estoy mejor, gracias!”, le respondió al recepcionista. Acto seguido, le inquirió: “¿me puede decir en cual habitación se encuentra Anabella Rocco?”. “¿Cómo dijo, Señor?”, le replicó el recepcionista con tono alarmado. “Anabella Rocco”, volvió a decir Fernando. “Señor, la señorita Rocco no se encuentra hospedada en ninguna habitación,” dijo el muchacho. “¿Cómo que no si ella se vino junto a mí en el autobús?”, argumentó el otro. “Señor, ella era la hija del dueño de este complejo vacacional”, explicó el recepcionista. “¿Era?”, replicó Fernando, a lo que el muchacho le contestó: “Sí señor, ella murió hace ocho años en un accidente de tránsito”. “¿Es un chiste?”, preguntó el que aseguraba conocer a la difunta. “¡Por supuesto que no, Señor!”.

La noticia, como era de esperarse, devastó a Fernando. ¿Era un fantasma la chica con la que había estado? Esta pregunta daba vueltas una y otra vez por su cabeza. No lo podía creer, para él se veía tan real y se sentía tan real ella, que le era imposible aceptar que todo había sido ó una experiencia paranormal ó una creación de su imaginación. Sin proponérselo, llegó hasta donde se encontraba el bar y ya que estaba allí, le pidió al cantinero un trago bien fuerte para tratar de calmarse. Sin embargo, cuando fue a pagar, se dio cuenta de que en su billetera no estaba su dinero, y sus tarjetas de crédito… tampoco.

Al mismo tiempo pero quinientos kilómetros más al sur, una joven pelirroja esperaba a que se llenara el tanque de gasolina de su vehículo alquilado. La acompañaba una peluca rubia en el asiento del copiloto, y un maletín lleno de barbitúricos escondido junto a la llanta de repuesto. Mientras esperaba, buscaba a su próxima víctima, pensaba en su próximo plan.

-H.G.

20060613

Mientras pasan las horas...

Una vez escuché decir que uno sabe que realmente quiere a una persona, cuando sientes que podrías quedarte eternamente contemplándola mientras duerme. En mi caso, siento que podría quedarme perennemente observándola hacer cualquier cosa. Si pudiera estar por siempre a su lado, nunca me cansaría de verla a ella. Tiene la facultad de hacerme sentir tan bien cuando está cerca, que comienzo a extrañarla desde el mismo momento que le digo adiós. Una parte de mí queda amputada en su ausencia.

En su presencia, la vida es perfecta. ¿Cómo no extrañar aquello que hace sublime a lo cotidiano: el brillo de sus ojos cuando ríe, el aroma de su cuerpo los días de lluvia y también los de sequía, el sabor de su aliento en mi boca, la luz de su espíritu que todo lo ilumina? En fin… ¿cómo no extrañarla a ella en pleno?

A la vez que horizontes lejanos poco a poco se van acercando, su silueta en el viento paso a paso se va desvaneciendo. La melodía de su voz ya no llega a mis oídos, pero en mi mente, ella siempre está presente: tatuada en mi memoria, resistente al olvido. Es inevitable no pensar en ella, y mientras contemplo la luna, me maravillo ante la idea de que el resplandor que admiro sea el mismo que se filtra a través de sus cortinas. ¿Acaso estará observando a las estrellas en este momento? Si yo fuera una estrella, sería yo quien estuviera observándola a ella, embelesado con su encanto.

Pasan las horas y voy contando los segundos que me irán acercando a la protagonista de historias aun no contadas, la princesa de reinos que sólo en mis sueños existen. Faltan muchos más días de los que yo quisiera, pero mientras ese mágico momento arriba, la ilusión de ese instante será suficiente para seguir pacientemente mi camino.

¡Cada segundo que pasa es uno menos!


+ Hoobastank - If Only


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-hego.

20060612

Ciudades Imaginarias

Eran las diez de la noche y sin embargo me sentía seguro caminando por la avenida. ¡Qué raro se siente eso para alguien acostumbrado a la paranoia caraqueña! Unos pordioseros registraban las bolsas de basura acumuladas frente a los edificios, pero luego de revisarlas, las ordenaban de nuevo y las dejaban de la misma forma como las habían encontrado. “¡Esto se cuenta en Venezuela y no te lo creen!”, me dijo un compañero de trabajo mientras observaba a los indigentes buscar algo de valor entre los desperdicios. Tenía razón, ¿quién en mi país me podría creer que en Buenos Aires, las personas de la calle ordenan todo luego de registrar la basura?

Estos pequeños detalles no son los que suelen aparecer mencionados en las guías turísticas de la capital argentina. Cualquiera te puede decir que la arquitectura de la ciudad tiene tendencias muy europeas, o que El Obelisco y el Río de la Plata son dos de los emblemas de la ciudad, que es rosada la Casa de Gobierno, que se escucha y se baila mucho el tango, o que en la gastronomía local impera la carne y se toma mucho el vino. Todo el mundo es primo de alguien que tiene un amigo que visitó la ciudad y dijo que era bellísima. ¿Quién no ha escuchado alguna vez decir eso?

Lo que regularmente se omite, es que en la ciudad porteña las normas y leyes se respetan. No importa cuál sea la hora, la luz amarilla del semáforo siempre significa que es el momento de comenzar a desacelerar y no lo contrario como en el norte de Suramérica. Difícilmente, ves a alguien arrojar desperdicios en la calle, y casi todo el mundo -desde los policías hasta los cajeros de los bancos-, te trata amable y educadamente. Tal vez sea porque allá es otoño actualmente y el clima es agradable, pero por lo general la gente anda relajada y con buen humor. ¿Qué contiene el agua en Argentina?

Definitivamente, lo que hace que un país sea de primer o de tercer mundo, no deberían ser los índices económicos ni el monto de sus reservas, sino su gente, ó –como le llaman ahora- su capital humano. Sea cual fuere la razón por la que los bonairenses son buenos ciudadanos (bien sea mano dura de parte de los organismos de seguridad del Estado, o la educación recibida en las familias y colegios, o que realmente hay algún elemento extraño en el agua de la región), esto es algo que realmente se debería emular en las demás ciudades de Latinoamérica. Yo puedo vivir con el hecho de que en Caracas los edificios no sean tan bonitos, que las autopistas no tengan ocho canales, y que las calles estén en mal estado. Incluso podría aceptar que el clima sea con frecuencia insoportable, pero… ¿por qué razón no puede la gente de acá ser tan respetuosa y poseer los mismos valores cívicos que la gente de allá?

Esto nada tiene que ver con el asunto de que el 80% de los venezolanos viven en la pobreza, porque: primero, aquí tanto el pobre como el rico se come una luz roja o practica en algún momento la llamada “viveza criolla”, y, segundo, en Argentina también hay mucha pobreza y eso no les ha impedido ser como son. Después de todo, una cosa es no tener muchos recursos económicos y otra muy distinta es ser un completo ignorante.

En mi opinión, no es ninguna utopía para los latinoamericanos poder vivir en una ciudad donde el tráfico no sea un absoluto caos (que haya tráfico no quiere decir que cada uno de los autos que lo conforman tenga que hacer lo que le de la gana), donde la gente no viva bajo un stress constante, y donde los derechos de las personas se respeten.

Si esto fuera algo utópico, Buenos Aires sería entonces una ciudad imaginaria.

-H.G.

20060519

Lecciones de vida y algo de empatía

Lo que más me gusta escribir es un cuento. No sé bien por qué razón, pero sospecho que es porque estos ameritan algo más de creatividad al elaborarlos. El problema, está en que para escribirlos, se tienen que cumplir, simultáneamente, dos cosas: primero, que se me ocurra algo interesante; y, segundo, que yo tenga ganas de –y tiempo para- escribir. Rara vez ocurren ambas cosas al mismo tiempo, mas cuando esto sucede, disfruto más de todo este proceso y creo que ello se nota en el resultado final. Lo contrario me pasa con frecuencia, esto es, que no se cumpla ninguna de las dos condiciones que acabo de mencionar. Mientras tenía la meta de realizar al menos un post por semana durante un año, hacía el esfuerzo de escribir cualquier cosa aunque no lo quisiera (y esto también se notaba en el resultado final), pero ahora ya no tengo necesidad de hacer eso. Ha sucedido también que me viene a la mente una buena idea sobre la cual escribir, pero no estoy de ánimo para sentarme a convertirla en letras y la dejo para después. Por lo general, puedo recordar luego cuál era la idea que me había surgido, mas no siempre este es el caso. Otras veces, como hoy, deseo escribir algo pero no tengo nada en mente para un cuento, por lo que termino hablando sobre lo primero que se atraviese por mi imaginación, ó, como me suele decir una buena amiga, me pongo a pretender dar “lecciones de vida”.

A ella no le gustan estas “lecciones de vida”. Dice que cada quien es libre de hacer lo que le plazca y que yo no debo decirle a nadie qué es lo que tiene que hacer ni lo que está bien o lo que no. En mi defensa, le respondo que yo no pretendo decirle a nadie cómo debe vivir su vida, sino que simplemente utilizo este medio para poner por escrito mi forma de ver ciertas cosas y mi opinión sobre algún determinado tema. Está en cada persona que lea estas “lecciones de vida”, decidir si está de acuerdo ó no conmigo, y, de estarlo, es cosa de ellos aplicar lo leído en su día a día. Como en todo, habrá quienes me den la razón y los que me la negarán. Lo interesante, para mí, es descubrir que hay otras personas en el mundo que piensan de la misma forma que tú sobre muchos temas, y –no importa si se trata de una sola persona o de cien millones-: esto es lo que hace que todo este asunto valga la pena.

Vale la pena corroborar que no estás (tan) loco por pensar de la manera que piensas, y también darte cuenta de que se podría formar un numeroso club con las personas que tienen puntos de vistas diferentes sobre conclusiones comúnmente aceptadas. Otras veces, se trata de compartir lo que aprendiste de experiencias vividas por ti o por alguien cercano, y que quizás podría serle de ayuda a alguien que esté atravesando una situación similar. Hay cosas sobre las que nunca nos detenemos a pensar pero que, al hacerlo, descubrimos algo que nos puede servir para mejorar nuestras vidas. Ser más felices... y, después de todo, ¿no es esta la finalidad de todo ser?

Todo el mundo quiere ser feliz. La diferencia, radica en que lo te hace feliz a ti, no necesariamente es lo mismo que me hace feliz a mí. Parece obvio, mas son demasiadas las veces que olvidamos este pequeño detalle. Nos apresuramos a tomar conclusiones sobre qué es lo que más le conviene a un amigo sin antes ponernos en sus zapatos y percatarnos de que sus intereses u objetivos pudieran no ser los mismos que los de nosotros. Algunos sueñan con el dinero, otros con la fama, con aprender mucho algo en especial o con ser muy queridos. A mí, en particular, me gusta un equilibrio de todo, mas hay quienes prefieren los excesos. En un mundo tan diverso y, en ocasiones, tan extravagante; lo mejor que podemos hacer es tener empatía, y lo peor: pensar que nuestro punto de vista, es el único punto de vista válido.

Sin embargo, esta es sólo mi opinión.

Canción para acompañar:

* Garbage - "Only happy when it rains"


Película recomendada de la semana:

* "Inside Man" ("Plan Perfecto", 2005) [8.5/10]. Director: Spike Lee. Cast: Denzel Washington, Clive Owen, Jodie Foster, Willem Defoe.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20060429

Y vivieron felices para siempre...

No hay cuento de hadas que no termine en la unión de la hermosa doncella con su príncipe azul. ¿Qué más se puede contar cuando ya se han vencido dragones, brujas, magos, reyes malvados, políticos y toda clase de villanos que se atravesaron en el camino de la dichosa pareja? Es de asumir entonces que la felicidad habitará en el hogar de los protagonistas de la historia por los siglos de los siglos, y que -colorín colorado- ese cuento se habrá terminado. Sin embargo, cuando de la vida real se trata, en este punto no nos encontramos siquiera en la mitad de la película. En la vida real, la Cenicienta y su príncipe bien pudieron haberse separado.

El detalle está en que convivir en pareja no está muy lejos en la escala de dificultad que luchar contra serpientes de dos cabezas, romper hechizos malignos y demás hazañas similares. Cuando estás con alguien que te importa, no siempre estarán ambos de acuerdo sobre qué prefieren hacer, adónde van a ir, qué quieren comer, o sobre alguna opinión particular; por lo que muchas veces tendrás que hacer algo que no quieres para complacer a tu novia, novio, esposa, esposo o arrejunte; y viceversa. Lo peor es que lo harás con gusto; mas, no obstante, esto es algo que uno no está dispuesto a hacer por cualquier persona, sino que tiene que ser por alguien que te resulte especial.

¿Qué tal si a la Bella Durmiente le gustaba salir de rumba todas las noches para compensar tantos años durmiendo, y su conquistador prefería quedarse en casa leyendo libros de caballería? ¿O qué tal si ella era maniática de la limpieza y el orden y le desesperaba que él dejase la tapa del retrete arriba, olvidara tapar la crema dental, tomase el agua directamente de la jarra, y cosas así? ¿Cuánto tiempo habría resistido? Estos son los detalles que la mayoría de las historias de amor olvidan, ignorando que, en la práctica, no basta para ser felices que ella sea una preciosa doncella más blanca que la nieve y él un caballero encantador rubio y de ojos azules (en la versión moderna, sería un actor de Tv o cantante, ya que, al parecer, no hay mayor afrodisíaco que estar con alguien que salga en televisión). De hecho, estos detalles son ignorados no sólo por los que escriben cuentos de hadas, sino también por casi todo el mundo, Jennifer Aniston incluida. Ser la envidia de todos por tu hermosa pareja es tan útil en la vida como poseer títulos de propiedad de parcelas en Saturno.

Sin embargo, aún cuando eres compatible con esa persona, tienen cosas en común, te resulta alguien único, la quieres, la adoras, etc.; sigue siendo algo complicado eso de mantener viva una relación. Hay que luchar contra la rutina, intentar que cada cosa se torne especial, comprenderse mucho mutuamente, mejorar como persona (tarea nada fácil) y realizar todo lo que esté a tu alcance para evitar que la llama se apague. Sólo así es posible que la doncella y el príncipe (así sea un gordito con alopecia quien logró conquistarla), puedan vivir felices para siempre.

Canción para acompañar:

* Goo Goo Dolls - "Here Without You"

Película recomendada de la semana:

* Cualquier cuento de hadas de Disney + Shrek 1 y 2.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20060402

A mis pocos buenos amigos...

Hay personas que tienen la capacidad de cambiar la percepción que tienes del mundo. Personas que te hacen ver las cosas de un modo diferente, que logran dividir tu vida en un antes y un después de conocerlas, y que te hacen sentir dichoso de haberlas encontrado. Personas que te recuerdan que no estás sólo ante la vida…

En el colegio, pienso que tenía muchos conocidos pero prácticamente ningún amigo. No se trataba de que me cayeran mal o yo a ellos, sino más bien era cuestión de que éramos muy diferentes. No hablo únicamente de diferencias en lo que a gustos se refiere, sino también a diferencias en la forma pensar. Yo podía socializar con ellos algunas veces, y hablar de vez en cuando sobre algún determinado tema, mas nunca jamás hubo empatía. A mí no me entusiasmaba la idea de llamarlos por teléfono y contarles lo bueno que me parecía tal cosa, ni la de escuchar sus opiniones sobre algo en particular o sus problemas. Ni siquiera me interesaban sus temas de conversación.

Mis padres no me comprendían, y pensaban que había algo mal en mí porque muchísimas veces prefería quedarme en mi casa contando las manchas en el techo, que ir a “divertirme” un rato al club un viernes por la noche con mis “amigos”. El hecho de que allá yo iba a estar rodeado de personas, no iba a lograr que yo me sintiera un poco menos sólo. Por supuesto, me habría gustado mucho conocer gente con quien tuviera varias cosas en común, pero con el pasar del tiempo me fui acostumbrando a la idea de que esa gente no existía.

Resulta ser, que esas personas sí existen. No abundan por la calle ni son fáciles de reconocer, mas tuve la suerte de poder toparme con varias de ellas, especialmente en la universidad. Es increíble lo bien que se siente cuando estás pensando en algo y un amigo lo dice antes que tú y exactamente de la misma forma que lo hubieses hecho. O cuando no tienes que decir palabras para hacerles saber que algo te gusta o te molesta. Saber que les puedes confiar un problema y tener la seguridad de que vas a recibir un buen consejo. Compartir con emoción una afición o un interés. En fin, todo es mucho mejor cuando se cuenta con verdaderos amigos. Por algo dicen que la pareja ideal es aquella que primero que nada, es tu amiga.

A mis pocos buenos amigos –ellas y ellos saben quienes son-, quisiera en esta ocasión darles las gracias por ser quienes son y por estar allí… siempre.


Canción para acompañar:

* Radford - "Stay with me"


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** Para detener la música de fondo del blog, hacer click donde dice "Silent Movie" en el encabezado.

Película no recomendada de la semana:

* "Emperor´s Club" (2005) [7.5/10]. Director: Michael Hoffman. Cast: Kevin Kline, Emile Hirsch.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20060320

Los difuntos no escuchan

"Don't take anything for granted, because tomorrow is not promised to any of us."

Esta frase la dijo el recientemente fallecido Kirby Puckett en su discurso de ingreso al Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown, NY. No podía estar más en lo cierto: ninguno de nosotros tiene garantizado el día de mañana. Cualquier cosa puede ocurrir en el momento menos pensado y cambiarnos la vida para siempre, ó, sencillamente, dejarnos sin ella. Hoy te puedes ir a dormir sintiéndote muy bien y mañana despertar hirviendo con el cuadro clínico de una meningitis, ó bien podrías no despertar siquiera. Te puede caer un yunque en la cabeza camino al trabajo, ó sufrir un accidente de tránsito, ó ser víctima de un asalto, ó… ¡es tan larga la lista de todo lo que nos puede ocurrir cuando menos lo esperemos!

Otras cosas pueden sucedernos de sorpresa y que no tienen nada que ver con la muerte, como: quedarnos sin empleo, que alguien muy apreciado se vaya lejos y no lo volvamos a ver, que otra persona compre el abrigo que nos había llamado la atención, que ya no puedas visitar ese sitio que tanto deseabas conocer porque dejó de existir en un ataque terrorista… en fin, la lista es muy larga; y, a pesar de ello, siempre solemos dejar todo para después, confiados en que siempre tendremos otra oportunidad para hacerlo. Pareciera, y yo me anoto aquí de primero, que nuestro lema es: “deja para mañana todo lo que puedas hacer hoy”. Al contrario de lo que dijo Kirby, damos todo por sentado.

Ahora bien, ¿por qué tenemos que esperar a que nos ocurran estas cosas para valorar mejor lo que teníamos? ¿Por qué no apreciarlas y valorarlas desde este mismo momento? ¿Por qué tenemos que serles fieles al refrán que dice: “¡nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde!”? La respuesta es porque nunca pensamos en esto hasta que nos sucede algo así. ¡Es la verdad! Te das cuenta de cuánto te gustaba tu viejo celular, el día que lo pierdes y comienzas a pensar en lo mucho que te facilitaba la vida. Estás consciente de lo agradable que es sentirse bien en el instante en el que comienzas a sentir dolor de cabeza, ¿a quién no le ha pasado?

Sin embargo, no podemos vivir nuestras vidas pensando que en cualquier momento nos vamos a morir o algo parecido. Por nuestra salud mental, no lo recomiendo. Tampoco recomiendo tratar con especial afecto a cada uno de nuestros objetos personales en caso de que los lleguemos a extraviar algún día, esto tampoco es viable. Lo que sí podemos, es disfrutar cada instante de tiempo mientras podamos hacerlo, y aprovechar toda oportunidad que se nos presente para lograr algo deseado como si fuera la última ocasión posible. Si te apeteció comerte un helado, hazlo… a lo mejor mañana ya no podrás por alguna enfermedad. Si te gustó una camisa que viste, cómprala si tienes el dinero… quizás mañana ya la habrán vendido. Si te provocó abrazar a alguien a quien quieres mucho, abrázalo… puede que mañana ya no esté junto a ti. Si tienes algo importante que decirle a una persona especial, díselo cuando lo veas… los difuntos no escuchan.

Lo único que tenemos garantizado es el presente. La vida es ahora... y no hace falta una tarjeta de crédito para aprovecharla.

Canción para acompañar:

* Stroke 9 - "Just Can´t Wait"

Película recomendada de la semana:

* "Walk The Line" (2005) [7.5/10]. Director: James Mangold. Cast: Joaquin Phoenix, Reese Witherspoon.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20060313

Lámparas Vacías

Estoy cansado de mi vida. No lo tomen a mal, no quiero decir con esto que pienso que vivir no vale la pena y que estoy buscando la mejor forma de suicidarme. Lo que quiero decir es que, sencillamente, estoy cansado y quisiera poder tomarme unas vacaciones de mi propia existencia. No pido mucho, unos días simplemente, una semana quizá, en los zapatos de alguien para quien todo no sea tan complicado como lo es para mí.

Hay personas para quienes las cosas son todavía más complicadas aún, no lo niego ni lo ignoro, pero yo no estoy diciendo que me siento el ser más desdichado sobre este planeta, sino que quisiera que por siete días todo se me diera de la manera fácil, al menos para saber qué se siente. ¿Es mucho pedir?

Quisiera que me gustara lo que a todo el mundo le gusta, que la música de moda que suena en todas partes y en todo momento me cautive, que sentarme con una cerveza en la mano junto a gente que no me importa en lo absoluto fuera una experiencia orgásmica, y que cualquier persona en la calle fuese para mí una fuente inagotable de horas y horas de placentera conversación.

Quiero llegar a mi casa y sentir que tengo el apoyo de mis padres conmigo y no a tres horas de distancia, y que vivo de nuevo esos recuerdos lejanos en los que mi ropa siempre estaba limpia como por arte de magia y yo no tenía que preocuparme por nada.

Quiero que pase una semana sin que algo o alguien me obligue a pensar en el futuro, porque no sé adónde voy a estar dentro de un año ni en cinco días. Necesito ahorrar e invertir pero también necesito darme mis gustos y vivir el ahora. No quiero pensar en gastos ni deudas, ni en que si hay vida en Marte. De hecho, si es posible, quisiera no pensar en nada.

Me gustaría sentirme tranquilo en la ciudad, sin temer que algo me pase. Tener estabilidad política. Que todo esté limpio y agradable, en vez de sucio y deprimente. Que la educación y la cortesía imperen en la calle, y que, milagrosamente, la gente se relaje y se tome las cosas con más calma. Todo lo hacen con prisa.

Por último y no menos importante, quisiera durante esa semana enamorarme de alguien que me quiera y que eso sea todo lo que importe. Nada de tener que descifrar qué es lo que pasa por la mente de ella, ni de que si es ó no el momento adecuado, ni nada complicado. Que le pueda expresar lo que sea que sienta en el momento sin temor a terminar con un ojo morado o enemistado. Que ella me pueda expresar lo que sea que sienta en el momento sin preocuparse por nada más. Sin terceras personas, sin temores, sólo nosotros. ¿Por qué no puede ser del modo sencillo?

Lamentablemente, sé que todo estará igual. No existe una lámpara con un genio adentro. Murphy siempre estará conmigo, como el mejor de los amigos, y pocas cosas me resultarán sencillas. Sin embargo, no me siento tan mal después de todo, porque las cosas buenas son las que llevan trabajo, y si mi vida es complicada, es porque al final valdrá la pena. El camino fácil está reservado para aquellos que se conforman con poco, y yo, nunca he sido un conformista. Las vacaciones las dejaré para cuando ya no esté en este mundo


Canción para acompañar:

* Sanctus Real - "I´m Not Alright"

Película recomendada de la semana:

* "Memorias de una Geisha" (2005) [9/10]. Director: Rob Marshall. Cast: Ziyi Zhang, Ken Watanabe.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20060304

"Crash"

No tenía planeado escribir dos posts hoy, pero acabo de ver “Crash” y no pude evitar escribir algo sobre esta película. Hasta ahora había evitado hacer reviews de producciones cinematográficas, porque si lo hacía para una, me iba a sentir obligado a hacerlo para cada una de las películas que viera. Sin embargo, vale la pena hacerlo para esta cinta que a pesar de estar nominada para los premios Oscars de mañana, ha pasado prácticamente por debajo de la mesa, lo que es una lástima ya que es uno de los mejores filmes que he visto en mi vida, y el mejor desde hace un buen tiempo.

Hay muchísimas películas que están muy bien hechas, pero son muy pocas las que además tienen algo importante que decir. “Crash”, indudablemente, es una de ellas… Si tuviera que condensar el mensaje de la película en una sola frase, yo creo que sería esta: debemos esforzarnos en, de vez en cuando, ponernos en los zapatos de los demás. No obstante, hay otros mensajes valiosos que podemos obtener de la película: 1) La sociedad está llena de racismo y discriminación, 2) Todos, sin excepción, tenemos prejuicios hacia cierto tipo de personas (bien sean los negros, los chinos, los latinos, los blancos, los ricos, los pobres, los árabes, etc), 3) Una persona no está definida por su aspecto ni por su raza, sino por sus valores, 4) Todos merecemos la oportunidad de redimirnos porque –y esto está relacionado con el post anterior- el hecho de que cometamos errores no quiere decir que no valgamos la pena como personas. ¡Esperen! No vayan a creer que como el filme trata sobre el racismo, se trata entonces de la típica cinta trillada realizada por minorías para protestar contra el trato que reciben. Aquí la discriminación no se muestra desde un solo punto de vista, sino que más bien se nos enseña que todo es relativo y que en el fondo, todos somos seres humanos. Lo mejor de la película es cómo nos transmite el mensaje.

La cinta no tiene un protagonista o actor principal, sino que tiene muchísimos actores secundarios, ya que esta película no es más que un conjunto de muchas historias interrelacionadas. Es un poco como “21 Gramos” pero con muchos más personajes y sin ser tan enrevesada. Este método de transmitirnos algo a través de muchas historias auxiliares, la verdad es que a mí siempre me ha encantado, y si a ello le agrego que el guión es excelente, la dirección perfecta, la producción muy buena, y las actuaciones impecables, el resultado es una película memorable.

Si son de esas personas que sólo ven una película al año, por favor asegúrense de que sea “Crash”. Disculpen que no les cuente nada más, pero no quiero arruinarles la cinta.

Dirección: Paul Haggis. (Quien también dirige una película que está por salir y que realmente quiero ver llamada "The Last Kiss" con Zach Braff y Rachel Bilson).

Guión: Paul Haggis (escribió también "Million Dollar Baby", entre otras).

Cast: Matt Dillon (candidato al oscar por actor secundario), Thandie Newton, Don Cheadle, Sandra Bullock, Brendan Fraser, Ryan Phillippe, Jennifer Esposito, Tony Danza, y otros, destacando Michael Peña, quien a pesar de ser un desconocido, hizo una de las mejores actuaciones como Daniel el cerrajero.

A+

Nota: Merecidamente, "Crash" se llevó anoche el premio Oscar a Mejor Película, lo que fue una sorpresa ya que todos daban por ganadora a "Brokeback Mountain". No dudo que esta última cinta sea buena, pero aún sin haberla visto todavía, me atrevo a decir que se hizo justicia porque, sinceramente, "Crash" es clase aparte. Algunos van a decir que lo que sucedió fue que la academia tuvo miedo de premiar un filme sobre un romance entre vaqueros homosexuales; otros dirán que premiaron a la cinta ambientada en L.A. porque la mayoría de los miembros votantes viven allí. No dudo que algunas personas se vieron influenciadas por estas razones a la hora de votar por su película favorita, pero no creo que hayan sido mayoría. En mi humilde opinión, "Crash" es la mejor película estrenada en los últimos doce meses. Period!

Everybody Hurts

“Todos cometemos errores”. “Errar es de humanos”. ¿Quién no ha escuchado alguna vez cualquier frase relacionada con el hecho de que nadie es perfecto y, por lo tanto, todos nos equivocamos? Sin embargo, es increíble –y aquí me incluyo- lo poco tolerantes que somos a los errores de otros. Exigimos perfección a pesar de que ésta no existe. Si nos fallan una vez, ya no vale la pena dar otra oportunidad.

Es que las cosas negativas son las que la gente siempre recuerda. Son las que perduran en la memoria. Tú puedes pasar toda tu vida comportándote de forma modelo, pero basta con que falles una vez, para que la imagen que otros tenían de ti se deteriore completamente. Una mala decisión pesa más que un millón de buenas acciones. Es como cuando un niño que siempre dice la verdad, cierto día lo descubren diciendo una mentira y luego lo tildan de mentiroso a pesar de que sólo lo hizo una vez. ¿Acaso alguno de nosotros tiene derecho a lanzar la primera piedra?

Pero si errar es de humanos, reconocer que te equivocaste y admitirlo es algo que no lo hace cualquiera. Pedir perdón sinceramente, por voluntad propia, es un acto que requiere de valor, madurez, autocrítica, y algo de humildad. Tanto disculparse como perdonar a alguien, son dos gestos que merecen ser aplaudidos. ¿Quién no tiene nada de qué arrepentirse? ¿Quién no ha tomado alguna mala decisión en su vida porque había luna llena o por el motivo que sea? ¿Quién no ha perdido el control alguna vez y se ha dejado llevar por un impulso? ¿Cómo te sentirías si nunca hubieses recibido otra oportunidad? ¿Qué te parecería si la percepción que otros tienen de ti estuviera basada enteramente en tus errores y no en lo que has hecho bien? A los que no les agrada la idea, entonces no hagan con los demás lo que no les gustaría que hicieran con ustedes.

Si no se trata de un asesino en serie, si no es alguien que les ha hecho mucho daño por pura maldad, si esa persona demuestra un sincero arrepentimiento y admite su error, ¿por qué no podemos perdonarla y darle la oportunidad de que demuestre que ha aprendido una lección? Después de todo, como le enseñó sir Michael Caine a Christian Bale en la película “Batman Begins”, si hay una razón por la cual nos caemos, es para poder levantarnos nuevamente, y, en mi opinión, con más fuerza.

¡No son nuestros errores los que nos definen!


Canción para acompañar:

* R.E.M. - "Everybody Hurts"

Película recomendada de la semana:

* "Batman Begins" (2005) [9/10]. Director: Christopher Nolan. Cast: Christian Bale, Sir Michael Caine, Liam Neeson, Katie Holmes.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.