20070616

El cofre de las lágrimas

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I Parte: "Desapariciones"

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Beatriz abrió el cofre y depositó en su interior cada una de las lágrimas que brotaban de sus ojos con infinita tristeza. Cuando era niña, su abuela le había dicho un día que ese era un cofre mágico, y que si hacía esto cada vez que algo la hiciese llorar, entonces la causa de sus penas dejaría de existir para siempre. Claro está, esto nunca había sucedido desde que la jóven tenía uso de razón, pero aún así, Bea seguía religiosamente las indicaciones que le había dado su Nana al momento de obsequiarle el pequeño baúl de madera. A Beatriz le gustaba pensar que la magia de algún modo existía.

El barro en sus zapatos le dificultaba cada vez más a Raúl avanzar. Un viento helado le congelaba el rostro mientras caminaba sin rumbo a través de ese terreno infértil y enlodado. "¿Dónde estoy?", se preguntaba. No tenía la menor idea de cómo había llegado a aquel lugar de eterna penumbra. Simplemente despertó allí, sólo y sin explicaciones. Vestido, por fortuna. Llevaba más de medio día deambulando por el sector y no había visto todavía al primer ser vivo. Definitivamente, nunca le había sucedido nada tan raro en su vida.

Los rayos de sol que se colaban a través de la ventana iluminaban parcialmente la habitación, pero la aclaraban lo suficiente como para arrancar a Beatriz de los brazos de Morfeo. Aún tenía entre sus manos al cofre en el que la noche anterior había escondido sus lágrimas, por lo que lo hizo a un lado y comenzó a prepararse para el inicio de un nuevo día. "¡Buenos días, Bea!", la interrumpió su mamá, "¿por casualidad pasó
Pekas la noche aquí contigo? ¡No la consigo en ningún lado para darle su comidita!". "¡Ay Madre, tranquila!", le respondió la hija, "¡Esa seguro está en el patio jugando o por allí escondida! ¡Ya verás que ahorita aparece!".

La chica desayunó media galleta de soda sin sal con unos pocos sorbos de café, se lavó los dientes, y se dirigió hacia la puerta de la casa no sin antes notar que algo faltaba en el pasillo hacia la sala. Restándole importancia, le gritó a su madre que partía hacía la universidad y salió a la calle. No le tomaba mucho tiempo llegar hasta su Alma Mater, pero los viernes deseaba que se le hiciese eterno el camino; ya que su primera clase era con el Profesor Bermúdez, alguien que le había hecho pasar muchos malos ratos durante la carrera y el único en reprobarle una materia en su vida. Los viernes, Beatriz definitivamente prefería no llegar nunca.

El color del cielo le parecía sobrenatural a Raúl. Era como un gris profundo y sombrío, pero a la vez muy vivo y llamativo, como en algunas de las historietas de superhéroes que leía. Era el cielo de una tormenta sin lluvia, al menos durante el tiempo que el chico llevaba allí. "¡Lo que me falta es que empiece a llover ahora!", se quejó Raúl mientras a lo lejos divisaba lo que parecía ser una silueta humana. "¡Por lo menos ya no estaré sólo!", se dijo, y sin pensarlo dos veces, corrió hacia la figura.

Por suerte para Beatriz, el temido profesor no llegó nunca, por lo que no tuvo que sufrir el martirio de su clase. Luego de asistir a una práctica de laboratorio de Química, y de llamar unas tres veces a su novio sin recibir respuesta alguna, se marchó hacia su casa para almorzar la buena comida de su madre. Sabía que no estaba bien para su dieta, pero no podía resistir la tentación de comer el pasticho que preparó la susodicha. "¡Hago media hora más de cardio esta tarde y quemo esas calorías de más!", pensaba satisfecha mientras degustaba del calórico plato. De pronto, la interrumpió el teléfono: su madrastra quería saber si habían visto a su padre, quien no había dado muestras de vida en todo el día. "¡Hoy como que está de moda perderse sin dejar rastro!", se dijo para si misma, y prosiguió con su almuerzo.


"Beatriz estoy muy angustiada. ¡Mira la hora que es y Pekas sigue sin aparecer!", le comentó su mamá despertándola de la siesta. "¿En serio? ¡Ahora sí qué es extraño!", replicó la chica medio dormida. "Y también desapareció el matero que tenía en el pasillo. ¿Será que nos robaron?", agregó la señora. "¿Quién es tan tonto como para entrar a una casa a robar y sólo llevarse una perra y un matero?", argumentó no sin razón la hija. Bea no sabía qué había pasado exactamente, pero por el momento lo único que quería era dormir. Después pensaría mejor en el asunto.

No hubo truenos. Tampoco relámpagos ni centellas. Sencillamente, empezó a caer una lluvia torrencial sin previo aviso. Raúl estaba sediento, por lo que intentó recoger un poco de lluvia entre sus manos para beberla, pero se llevó la sorpresa de que el agua era salada. "Si fuera lluvia ácida me habría quemado la boca y las manos", pensó el joven. "¿Será que llueve agua de mar?", se preguntó extrañado. Lo cierto era que llovía tan fuerte, que enseguida se formó una especie de río que se llevaba todo a su paso. Cuando el desorientado chico llegó adonde estaba lo que parecía una silueta humana, se dio cuenta de que sólo era un pequeño árbol seco al cual se aferró al notar lo rápido que se incrementaba el caudal del agua. Fue poco tiempo el que resistieron las débiles raíces del mismo, pero al menos las ramas le sirvieron a Raúl para flotar mientras era arrastrado por la corriente. El chico no sabía si estaba teniendo una pesadilla ó si estaba viviendo el peor día de su vida.

Beatriz y su madre buscaron a la perrita infructuosamente durante gran parte de la tarde y de la mañana siguiente. Extenuadas, se sentaron en unos bancos del parque a descansar. "¿Recuerdas el día en el que tu papá trajo a Pekas a la casa?", preguntó con nostalgia la mayor de las dos. "¡Cómo no lo voy a recordar si me mordió tan duro que lloré como por tres días!", contestó Bea. "¡Je! Eso te pasó por molestarla mientras comía", dijo su mamá riéndose. Rememorando aquel día, Beatriz entró en pánico. Algo hizo click en su cabeza y de pronto todo empezó a tener sentido. Recordó su llanto en esa oportunidad y también cuando se cayó y golpeó su cabeza con el matero del pasillo. Lloró cuando Bermúdez la reprobó en la universidad, y sobretodo lo hizo el día que su padre dejó a su madre por otra. ¡Cuántas lágrimas no le habían producido varias de las discusiones con su novio! En todas y cada una de esas ocasiones había utilizado el cofre mágico de su abuela y quién sabe en cuántas más. ¡Qué casualidad que todos los que la habían hecho llorar alguna vez se encontraban desaparecidos desde el día anterior!

Beatriz no le había dado mucha importancia al principio, pero ahora estaba aterrada porque ni su novio ni su padre le habían devuelto ninguna llamada. Se levantó y sin decirle palabra a su madre, se fue corriendo a su casa, específicamente a su habitación. El baúl de madera estaba intacto, sin ninguna marca o indicio de que algo hubiese pasado. Bea no sabía cómo lo había hecho, ni por qué el cofre había actuado hace dos días pero no antes. Carecía de pruebas que lo demostraran, mas algo en su interior le decía que el cofre era el responsable de lo que sucedía.

Nuevas lágrimas comenzaron a asomarse a través de sus ojos. Por su mente rondaba la idea de que tal vez no vería nunca más ni a su padre ni a Raúl, al que quería a pesar de las discusiones.
Beatriz nunca pensó que las palabras de su abuela debían interpretarse en un sentido tan literal, y le angustiaba la idea de que no hubiese marcha atrás. ¿Es posible revertir lo hecho por ese objeto del demonio? ¿Cómo podría hacerlo? Eran muchas las interrogantes a las que Bea debía encontrarles respuesta, y lo peor es que no tenía la menor idea de por dónde empezar a buscar. Sin embargo, se prometió a si misma que haría lo imposible por hallarlas.


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II Parte: "Adonay"

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Quería abrir los ojos pero no podía hacerlo. Aunque lentamente estaba recobrando la consciencia, todavía podía decirse que estaba soñando, o que por lo menos estaba en ese estado fronterizo que divide al mundo onírico del nuestro. Raúl tenía la esperanza de que cuando finalmente lograra despertarse, estaría de nuevo en su habitación como si nada hubiese pasado. Sin embargo, no fue exactamente eso lo que en realidad sucedió.

Observó a su alrededor y se dio cuenta de que era una especie de choza donde se encontraba. La cama en la cual reposaba estaba hecha de arcilla y lo cobijaba una manta hecha con hojas de palma. No había nada más en la habitación. Raúl intentó levantarse, pero desistió del intento cuando se percató de que estaba desnudo. Cubriéndose con la manta, se asomó por la puerta buscando alguna pista que le indicara en dónde estaba. Lo que encontró fue su vestimenta colgando de estacas, secándose con la brisa. Aún se estaba vistiendo cuando apareció por la puerta un hombre viejo.

"Mamá, ¿Usted qué sabe sobre el cofre que me regaló mi abuela?", le preguntó Beatriz a su progenitora. "¡Nada hija! Ella tenía ese cofre desde antes de que la conociera", le replicó esta. Luego agregó: "Una vez le pregunte sobre él, pero le dio vueltas al asunto y a la final no me contó nada. ¿Por qué lo preguntas ahora?". "Por nada... curiosidad simplemente", contestó titubeando Bea, ya que pensaba que su madre no le creería que el cofre era el causante de las desapariciones. "¡Quien puede saber algo es la Señora Antonia!", añadió la madre, "Después de todo, ella era su mejor amiga!".

La Sra. Antonia vivía en una casa de retiro al sur de la ciudad. Era una viejecita muy dulce que se angustiaba por nada. Cuando Beatriz le inquirió sobre el cofre, la anciana lo primero que hizo fue la señal de la cruz. Siempre se persignaba por cualquier cosa. "¡Yo sabía que ese instrumento del demonio algún día traería problemas!", afirmó la longeva mujer sin saber siquiera nada de lo ocurrido. Posteriormente, comenzó a relatar la historia que Bea quería escuchar. Lo que le contó fue lo siguiente: "Tu abuela era una mujer muy testaruda que odiaba que le dijeran qué hacer. Siempre fue muy liberal e independiente, a pesar de que las costumbres de la época no permitían esas cualidades en una mujer. Cuando tenía veinte años, convenció a sus padres y a los míos para que nos enviaran a Europa unos meses. Lidia, que Dios la tenga en su gloria (y aquí se persignó de nuevo), quería conocer al mundo. Lamentablemente, también conoció a un gitano del cual se enamoró perdidamente. Adonay -así se llamaba- la conquistó no porque fuera muy apuesto -que lo era-, sino porque en el fondo era una criatura indomable como ella. Todos los días le llevaba flores silvestres y nos invitaba a pasear por lugares increíbles que sólo su gente conocía. Cuando faltaban pocas semanas para nuestro regreso, tu abuela comenzó a preocuparse por lo que sucedería entonces y le comentó sus angustias a Adonay. Ella le pidió que se viniera con nosotras a América, pero él se negó diciendo que no podía abandonar a su gente ni a su tierra, que allá era adonde él pertenecía. Sin embargo, Lidia estaba tan enamorada del gitano, que le dijo entonces que ella se quedaría en Europa junto a él y que renunciaría a su familia en pro de ese amor que se tenían; pero Adonay no quiso. Le dijo que a pesar de que la quería mucho, él no podía ofrecerle la vida que tu abuela merecía, porque ese estilo de vida nómada de los gitanos no era para ella, y que además no quería ser el causante de que Lidia abandonase a su familia. Yo no sé si lo dijo con el corazón o sólo como excusa, pero lo que sí sé es que mi amiga quedó destrozada; tanto así que en lo que quedó del viaje apenas salió una o dos veces de la habitación del hotel y no quiso verlo más a él. La última vez que lo vio fue en el puerto mientras esperábamos para abordar el barco de regreso. Fue una sorpresa, ya que nunca le habíamos dicho exactamente qué día nos veníamos. Él se le apareció de repente, pidiéndole disculpas por haberla hecho sufrir; y como despedida, le obsequió ese cofre de madera que supuestamente construyó él mismo y que tenía poderes mágicos. Yo le dije a Lidia que arrojara ese objeto maligno al mar porque seguramente tenía una maldición gitana encima, pero ella no quiso. Ese cofre era lo único que le quedaba como recuerdo del gran amor de su vida".

"¡Por fin ha despertao', joven!", le dijo el viejo cuando lo vio. "Ha estao' dos días inconsciente, ¿sabe?", agregó de inmediato como si supiera lo que Raúl le iba a preguntar. "¡Debió de tragar mucha agua! Cuando yo lo encontré, estaba tendido sobre un tronco cerca de aquí colina abajo. El agua lo ha arrastrao' unos cuatro mil metros". "¡Muchas gracias por atenderme y salvarme la vida, Señor!", le agradeció el joven, "¿Puedo preguntarle cómo se llama?". El anciano lo miró con compasión y le dijo: "¡Claro que puede, joven!... Pero lo que realmente desea saber es qué lugar es este. ¿No es así?", le replicó el viejo hombre. "Pues más bien lo que quiero saber es cómo puedo salir de aquí y regresar a mi hogar", le contestó Raúl. "En el tiempo que llevo aquí, he aprendido una o dos cosas sobre qué lugar es este", afirmó el anciano, "pero me temo que no sé nada sobre cómo salir de aquí. Si lo supiera... pues no estaría acá".

En el camino a casa, Beatriz recreó en su mente la historia que acababa de escuchar sobre su abuela Lidia. Pensó en lo mucho que debió de sufrir ella cuando regresó de Europa y en lo difícil que seguramente le fue resignarse a vivir su vida sin el gitano. A pesar de que lamentaba haber recibido de ella a ese "instrumento del demonio", como le decía la Señora Antonia, apreciaba mucho el gesto que tuvo su abuela al obsequiarle algo que significaba tanto para ella. Cuando arribó a su hogar, buscó en internet todo lo posible sobre los gitanos y su magia, pero no fue mucha la información relevante que pudo hallar. Le preocupaba la posibilidad de nunca encontrar respuesta a sus interrogantes, ya que no veía la forma de obtener información sobre el tema. No conocía a nadie perteneciente o relacionado con el pueblo "calé". Decepcionada, tomó el infame baúl entre sus brazos y se recostó sobre su cama observándolo fijamente. Mientras admiraba a la bella media luna que tenía grabado el cofre en su costado frontal, Bea se quedó dormida.

El paisaje no era hermoso ni agradable, mas era difícil dejar de contemplarlo. No sé podía ver muy lejos debido a que una tenue bruma lo envolvía todo; sin embargo, era obvio que no había mucho alrededor de la colina donde estaba la choza. A lo lejos, una torre oscura se divisaba -la cual contrastaba con el firmamento amarillento que se extendía sobre ellos-, pero nada más. "¡Me parece que sí voy a querer que me cuente qué clase de lugar es este!", le comentó Raúl al anciano en cuanto lo notó observando al horizonte junto a él. "Pues le voy a contar un resumen de lo que yo sé, joven... pero le advierto que usted va a pensar que yo estaré inventando todo, mas le aseguro que no es así", comenzó explicando el viejo. Raúl no dijo nada.

"Existe una leyenda acerca de un mago que le construyó a su amada, un cofre encantando que hacía desaparecer a todo aquello que la hiciese llorar", inició su historia el anciano. "En realidad, el cofre no hacía desaparecer esas cosas, sino que las transportaba a un mundo alterno y fantástico, desde el cual no le volverían a hacer daño jamás". El señor hizo una breve pausa y mirando fijamente a los ojos de su interlocutor, agregó: "Ese mundo alterno y fantástico es el lugar donde te encuentráis ahora: alguién lloró por ti y colocó sus lágrimas en el artefacto que hizo el mago".

Raúl al principio pensó que lo que había escuchado no era más que una mala broma de parte del viejo; por lo que, por educación, sonrió. Sin embargo, al notar que el septagenario se mantenía serio e inmutable, el joven se percató de que la explicación que había dado el hombre no había sido dada a modo de chiste. "No quisiera faltarle el respeto", aclaró el muchacho, "pero... ¿Usted de verdad pretende que yo me crea eso del mundo alterno y fantástico?".

"¡Espero que lo crea!", le replicó el anciano.

"¿Y por qué razón iba yo a creerle todo ese cuento del cofre encantado?", insistió Raúl.

El otro hombre empezó a caminar colina abajo, y, al cabo de diez pasos, giró su cabeza en dirección hacia donde aún estaba el joven parado. Luego, actuando como si simplemente le estuviera dando la hora a Raúl, le dijo: "¡Porque yo fui quien lo ha construido!".


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III Parte: "Segundas oportunidades"

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Adonay caminaba sin decir palabra. Raúl, a pesar de ser mucho más jóven, pasaba trabajo para llevarle el paso al viejo. No estaba acostumbrado a caminar sobre ese suelo arenoso y blanquecino. “Lo que estáis pisando, como tal vez ya te has dao' cuenta, es sal”, dijo el gitano, “Sin embargo, ¿has visto algún mar u océano por aquí cerca?”. Antes de que el interrogado pudiese responder que no, el anciano añadió: “Eso es porque la sal que véis no proviene del mar sino del río en el que casi os habéis ahogao'. El río, que ya se ha secao', no era realmente de agua, sino de lágrimas. ¿No os ha parecio' salada el agua?”.

Raúl asintió. Comenzaba a creer en lo que le había dicho Adonay antes de iniciar la caminata, y veía asombrado cómo aquella historia absurda empezaba paulatinamente a cobrar sentido. El viejo notó el cambio de actitud en su compañero, y procedió a contarle todo sobre el cofre, empezando por su historia con su adorada Lidia. Le habló también sobre la diosa Alako, que era la luna, en cuyo honor fue realizado el objeto de madera y que fue quien le concedió los poderes mágicos al baúl. El mismo fue construido en la noche de un seis de junio durante el primer quinquenio de los años 30, y aquél año concordó con el primer día de luna nueva. Adonay explicó que el cofre haría desaparecer a los causantes de lágrimas del mundo real, cada vez que el 6 de junio coincidiera con el inicio de la luna llena ó la luna nueva, lo que él estimaba que ocurría aproximadamente cada diez años. El cofre dejaba de funcionar pasado un mes.

No tardaron mucho en llegar hasta la torre oscura que se divisaba desde la colina donde estaba la choza. Estaba custodiada por soldados muy pálidos vestidos totalmente de gris y que gritaban consignas en alemán. Arriba, en una especie de balcón, un hombre de baja estatura y bigote ridículo, también carente de todo color, aparentemente daba un discurso a una muchedumbre inexistente. “¿No es Hitler?”, le preguntó Raúl asombrado al gitano, sin saber que Adonay estaba en esa dimensión extraña desde un poco antes de que el megalómano teutón se hiciera tan conocido en todo el mundo. “No estoy seguro de saber de quién me habláis. Recuerdo que en aquellos días la gente hablaba de las atrocidades que hacía un presidente alemán que si no me equivoco se llamaba parecio'. ¿Creéis que sea él?”, le replicó el viejo. “Sí, es él”, contestó el joven, “lo que no entiendo es por qué está en blanco y negro. ¡Es como si no fueran totalmente reales!”. “Es que no lo son”, respondió el sabio gitano, “ El cofre transporta a este mundo a todo aquello que le haya causao' lágrimas a su dueño, pudiendo ser cosas y personas, pero también leyendas, ideas, o incluso algo que hayáis visto en el cine”. “Entiendo”, dijo Raúl, “me imagino que la abuela de mi novia lloró por algún reportaje que vio en blanco y negro sobre Hitler en el cine o en televisión”. “No conozco eso último que habéis mencionao', pero asumo que tenéis razón en lo que has dicho. Alako interpretó que quien causó las lágrimas no fue Hitler en sí, sino lo que Lidia había visto en el cine, por eso estos seres no son realmente personas con inteligencia, sino que son personajes de una película. Siempre están haciendo lo mismo y no te responden si les preguntáis algo”.

Raúl no deseaba preguntarle nada a ellos, mas sí a Adonay: quería saber cuantas cosas extrañas había visto desde que estaba en ese mundo. Como si le hubiese leído el pensamiento, el anciano le comentó enseguida: “No tenéis idea de todas las cosas que he visto aquí: fantasmas, monstruos, dinosaurios, de todo”. Luego agregó: "Tampoco tenéis idea de las cosas sencillas que no imaginas conseguir aquí y sin embargo las consigues: como armarios llenos de ropa, por ejemplo". "¿ARMARIOS?", exclamó sorprendido el joven. "¡Pues sí! Mi teoría es que algún niño habrá llorado de noche confundiendo lo que hay en el armario con algo monstruoso, pero no lo puedo comprobar".

El gitano tampoco había podido comprobar jamás su hipótesis sobre la manera en la que podrían salir de allí. Según le explicó a Raúl cuando estaban de vuelta en la choza, se le había ocurrido que tal vez si alguien llorase debido a lo hecho por el baúl y depositase sus lágrimas en él, existía la posibilidad entonces de que se revirtiese el efecto del mismo. "Sin embargo,", se lamentaba Adonay: "¿Cómo puedo comunicarle esta idea a quien esté en posesión del cofre en este momento?". Era imposible y él lo sabía. Tenía que ocurrirsele a la dueña del baúl por cuenta propia.

Beatriz no estaba ni cerca de llegar a una conclusión semejante. Entendía muy poco de lo que estaba sucediendo a su alrededor y no sabía absolutamente nada sobre cómo funcionaba el cofre realmente. No se puede decir que fue perezosa en su búsqueda de respuestas, pero ¿cómo se puede hallar algo que no existe? Pasaba las noches en vela, angustiada pensando sobre el asunto sin llegar a ningún lado. Transcurridas tres semanas, le atormentaba la noción de que tendría que resignarse a no volver a ver nunca más ni a su novio ni a su padre. Sin embargo, en una de estas noches de insomnio, poco antes de que se cumpliera un mes de aquel fatídico día, la joven lloró mientras sostenía al objeto mágico en su regazo, y sin percatarse de ello, algunas de sus lágrimas cayeron en su interior.

Amaneció y de pronto la claridad invadió a toda la habitación. Se levantó de su cama aún con sueño, y se dirigió hacia la ventana para ver si había vuelto a llover. Lo que vio por la ventana realmente sorprendió a Adonay. Ya no veía el paisaje árido de siempre, sino algo diferente. Se frotó los ojos con las manos, y cuando vio de nuevo a su alrededor, reconoció que se encontraba en su vieja habitación, la cual se encontraba como si no hubiesen pasado tantos años desde la última vez que la vio. De milagro no se le paralizó el corazón cuando se acercó al espejo y se vio joven, como alguna vez lo había sido. Ya no habían arrugas en sus manos y de nuevo se sentía con energías. Salió por la puerta y se encontró con el nefasto cofre sobre la mesa. "¿Qué hace aquí?", se preguntó. Estaba seguro de que no había sido un sueño todo el tiempo que estuvo en aquel tétrico mundo, pero no tenía una explicación para lo que le estaba sucediendo. No entendía absolutamente nada.

En la cocina estaba su octagenaria madre preparándole el desayuno. Apenas la vio, la abrazó muy fuerte y le besó todo el rostro. Quien los hubiese visto, habría dicho en modo de broma que parecía que no había visto a su mamá en años, sin saber que tenía razón. "¿Qué día es hoy?", inquirió adonay. "Cinco de junio, hijo", le contestó su madre, y en ese momento el gitano lo comprendió todo. Alguien había llorado por el cofre y depositado en él sus lágrimas, por lo que Alako revirtió todo lo que había hecho y lo había devuelto al día en el que una vez terminado de fabricar el baúl, se lo había ofrecido a ella en un ritual para que esta le otorgara su poder mágico. No hace falta decir que lo siguiente que hizo Adonay fue destruir al macabro artefacto.

Cerca de setenta años después nacería su primer bisnieto. Su padre era Raúl, de quien Adonay se alegró mucho al verlo cuando su nieta lo trajo a su casa para presentarlo como su novio oficial. Sin embargo, la madre del bebé no era Beatriz, sino Aroa. Con la nueva sucesión de acontecimientos, Bea lamentablemente nunca llegó a nacer. Adonay le pidió perdón a Lidia el mismo día que despertó de nuevo en su hogar, ofreciéndole acompañarla en su viaje de regreso. Se casaron a los pocos meses de haber llegado a América, aunque los padres de Lidia nunca aceptaron del todo al gitano. Al no casarse ella con el abuelo de Beatriz, todo lo demás cambió. Por suerte para Raúl, había mucho de Bea en Aroa, por lo que no le costó mucho enamorarse de la nieta del gitano.

Adonay jamás le contó su experiencia en ese otro mundo a nadie, ni siquiera a Raúl, pero no había noche en la que no dirigiera su mirada hacia "Alako" y le diera las gracias por haber recibido de ella una segunda oportunidad. Lo que no sabía, es que en el fondo a quien debía darle las gracias era a Beatriz.


-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

20070610

El País de las Casas Muertas

A veces me pregunto cómo se sentiría haber nacido y vivido en un país del primer mundo en lugar de en uno en vías de (sub)desarrollo. No lo sé y creo que nunca lo voy a saber, porque aunque pueda emigrar hacia uno de esos países "avanzados", y aún en el poco frecuente caso de que sea recibido como uno de ellos, ese lugar nunca será el país donde me crié, y los nuevos conocidos nunca serán los amigos con los que compartí momentos de mi infancia y de mi adolescencia.

Me gustaría saber qué se siente ir a dormir sin el temor de que todo lo que conoces se esté resquebrajando a tu alrededor. Aunque fuese por un momento, quisiera percibir cómo sería despertar cada mañana sin la nefasta certeza de que cada día que pasa estás un día más cerca de un nuevo adiós. Tres veces me ha tocado despedirme de alguien cercano y tres veces se ha ido, en diferentes proporciones, una parte de mí con ellos; y en todas termino preguntándome: ¿cuándo emprenderá el resto de mi ser ese viaje? Porque a pesar de que nadie me obliga a hacerlo, el temor de quedar atrapado en los fragmentos de un país de futuro sombrío es muy grande.

Me siento como el protagonista de una nueva edición de aquella novela de Miguel Otero Silva llamada "Casas Muertas", sólo que en esta ocasión, no es el poblado de "Ortiz" el que está muriendo, sino que es el país completo. Es muy triste que esto sea así, pero es natural que cada quien vaya tras lo que considere sea lo mejor para sí mismo, y con tanta inseguridad política, económica, y jurídica que reina en Venezuela, lo mejor generalmente se encuentra en el exterior, ó, al menos, así parece ser.

En este país, las casas se están muriendo y sus habitantes divagan como fantasmas entre los recuerdos de un ayer más próspero.

-H.G.

20070530

Amordazados

El mes de mayo culmina sus días de forma agitada. Los estudiantes, de manera muy loable, han salido a la calle cada día de la semana para protestar el CIERRE, oops, perdón, quise decir el cese de la concesión que el canal de tv Radio Caracas Televisión tenía para utilizar el espectro radioeléctrico venezolano. Sin embargo, estas manifestaciones de apoyo a RCTV han sido mal vistas por el gobierno, quienes han intentado de formas no muy pacíficas callar a los universitarios de Venezuela (para muestra, un botón).

Yo, en lo particular, aplaudo la actitud que han tenido los estudiantes en los últimos días; mas, al parecer, algunas personas que no tienen nada que ver con el oficialismo y que incluso se oponen a Chávez, no la aplauden. Lo que pasa es que las protestas fastidian, porque por estar en la calle trancando el tráfico, la gente no puede viajar hasta el otro extremo de la ciudad para almorzar al mediodía cualquier cosa que se les haya antojado, o para realizar alguna compra compulsiva....y así, ¿quién puede vivir? Total, ¿para qué tanta protestadera por un canal que ni veíamos gracias al cable (¡Dios Santo por favor protege a Sony, MTV, y HBO!)?

Resulta, señores, que no es por el canal en particular que la gente está en la calle, sino por la medida arbitraria de cerrar un canal simplemente porque su línea editorial no se ajustaba a los intereses del gobierno. Muy pocos son los programas de RCTV que voy a extrañar, pero de todas maneras me opongo a su cierre porque uno debe tener la potestad de decidir lo que quiere ver. Cada canal debe ser libre de expresar sus opiniones y de denunciar las acciones gubernamentales que perjudiquen a la población. Así transmitiesen calumnias (y tengan por seguro que no lo fueron), no deben cerrar un canal de televisión por eso. ¿Se imaginan si la Casa Blanca ordenase el cierre de NBC sencillamente porque en Saturday Night Live parodian a George W. Bush como si fuese un retrasado mental, o a Comedy Central porque Jon Stewart deja al presidente estadounidense en ridícuco en The Daily Show cada día? ¿Cómo reaccionaría el pueblo norteamericano ante esa medida?

Así que los venezolanos no debemos tomar estas protestas estudiantiles como una molestia, sino más bien deberíamos unirnos a ellas para exigir que se respete la libertad de expresión en nuestro país. De lo contrario, antes de que nos demos cuenta, ni siquiera nuestra preciada antena de Directv vamos a poder tener, y no habrá a nadie a quien acudir ante ese ó cualquier otro atropello del gobierno. ¿O es que acaso creen que las Fuerzas Armadas Nacionales nos defenderán?

Hablando de las F.A.N., ¿será que ahora para inscribirse en ellas exigen que uno sea autista? Por lo menos estoy seguro de que el certificado de analfabetismo sí lo exigen.

Como un homenaje al gran David Letterman -el inventor de estas fulanas listas-, a continuación voy a enumerar los diez oficios que considero que la OIT debería declarar como los MENOS DIGNOS del mundo (siendo el número uno, el peor):

10) Vendedor de calzado femenino de Chicago (específicamente Al Bundy).
9) Fabricante de carteras de piel de oso panda.
8) Leñador en el Amazonas.
7) Productor de películas pornográficas infantiles.
6) Narcotraficante de escuelas primarias.
5) Contrabandista de alimentos etíope.
4) Ingeniero nuclear norcoreano.
3) Contrabandista de armas para la guerrilla colombiana.
2) Piloto de avión de Al Qaeda.
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1) Militar venezolano.

Mención especial: Diputado de la Asamblea Nacional de Venezuela.

-¡Qué disfruten protestar una semana más!
-H.G.

20070422

Retazos de Abril

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Bowling for Virginia
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Lamentablemente, Abril 2007 será recordado por mucho tiempo como el mes en el que ocurrió la masacre de Virginia Tech. Es muy triste que sucedan tragedias como esta, y, peor aún, es que se repitan cada cierto tiempo. ¿Será que estamos haciendo algo mal? La verdad no lo sé.

En 1999 -también en Abril-, dos jóvenes llamados Eric y Dylan, cometieron un crimen similar en la escuela "Columbine" del condado de Jefferson, Colorado. En su momento, también se conmovió el mundo, se escribieron incontables reportajes sobre lo sucedido, y hasta se originaron dos películas: "Bowling for Columbine", documental donde se crítica la proliferación de armas en USA; y "Elephant", de Gus van Sant. No obstante, a pesar de toda la atención que recibió esta mantanza, aquí nos encontramos ocho años después en medio de algo que podría calificarse como un dejá vú. ¿Por qué?

No cabe duda de que a pesar de todas las quejas y documentales que se han realizado sobre el tema, aún existe un problema grave sobre la relativa facilidad con la que se puede encontrar un arma en los Estados Unidos y otros países. Sin embargo, esta no es la única razón por la cual continuan sucediendo eventos de esta naturaleza. En mi opinión, no se está atacando el problema de raíz: ¿qué sería de las armas si no hubiese quien las utilizara?

Tanto Seung-hui Cho como Eric y Dylan tenían al menos una cosa en común: todos fueron blanco de burlas en sus respectivos colegios. En el caso de Cho, las burlas provenían del hecho de que no sabía hablar bien inglés cuando llegó a USA a los 12 años, por lo que lo obligaban a repetir muchas veces todo lo que decía. Para evitar que se rieran de él, Cho optó sencillamente por no hablar, volviéndose alguién muy retraído, sin amigos y sumamente esquivo. Esto también causó que se generara en él un odio y un resentimiento hacia sus compañeros y las personas en general -odio que, según investigaciones (y no me cuesta creerlas), se generó de forma similar en Eric y Dylan.

Todos en algún momento hemos sido objeto de burlas, bien sea porque dijimos algo tonto o hicimos algo ridículo. De igual modo, todos en algún momento nos hemos burlado -con o sin su consentimiento- de alguien más. El punto está en que debemos tener en cuenta que existen límites, y que cada persona tiene niveles de tolerancia diferentes para las mofas. Una burla que para alguien puede ser insignificante, para alguien más puede representar el fin del mundo, y para muchas personas... eventualmente terminan siéndolo.

En mi opinión, sería de mucha ayuda que se realizaran campañas de concientización en los niños y jóvenes de todo el mundo -y en especial USA- para que tomen en cuenta las consecuencias que sus burlas pueden tener en sus compañeros y para que aprendan a valorar los sentimientos de estos. El día en el que Michael Moore haga un documental sobre el tema, ese día iremos por buen camino.

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Sony Television
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He llegado a la conclusión de que el Entertainment en "Sony Entertainment Television", sobra. Veo realmente difícil que el mencionado canal de cable entretenga, hoy en día, a alguien que tenga aunque sea dos dedos de frente. Recuerdo que hubo una época en la que por lo menos 6 de las 8 series de Tv más populares las transmitían allí (Friends, Frasier, Seinfeld, Dawson's Creek, Felicity, Spin City). A mí en particular no me gustaban Felicity ni Seinfeld (soy un hereje, lo sé), Frasier y Spin City las veía poco, y a Dawson's sólo la seguí la primera temporada y parte de la segunda; pero era cuestión de gustos, no necesariamente de calidad. También transmitían programas no tan populares que sí me gustaban, como Ed, Early Edition, Cupid, Young Americans, Caroline in the City y otras que ahora no recuerdo.

En la actualidad, ya ni siquiera transmiten series. Prácticamente, toda la programación la tienen copada de "reality shows". Ahora bien, yo entiendo que American Idol y su versión latina sean un fenómeno en los ratings y que hasta puedan disfrutarse de vez en cuando, pero lo que no entiendo es quién %#$&% ve "American Next Superhero" o como se llame la ridiculez esa. Puede que muchas adolescentes queden atontadas frente al televisor viendo "American Next Top Model" o "Extreme Makeover", pero... ¿no son programas más apropiados para E! o FTV? De igual modo, si yo quisiera ver un programa sobre chefs (Top Chef creo que se llama), sintonizaría el canal Gourmet, no Sony. Ahora inclusive pasan talk shows, lo único que falta es que en unos meses transmitan también telenovelas de Delia Fiallo, Corín Tellado y afines dobladas al inglés pero con subtítulos para no perder la costumbre: "Crystal", "Coffee with scent of woman", "Blessed City", "The Janes", "Passion of Hawks", "My Pretty Fat Girl", "Everybody wants with Marilyn" y el hit del momento: "Rebels".

Lo más triste del caso, es que de las pocas series que todavía transmiten (son casi tan difíciles de hallar ahora como un video musical en MTV), casi ninguna se salva. CSI es buenísima y todo lo que ustedes quieran, pero después de 7 años no son muchas las variantes de casos que les puedan quedar, y mucho menos tomando en cuenta que nos han saturado con versiones del show en otras ciudades. Por lo menos sería más interesante si sacaran la versión latina, por ejemplo "CSI: Caracas", donde los investigadores en lugar de ser tan abnegados como Grissom y Catherine, resolverían los casos mientras apuestan a los caballos en un bar; y en vez de utilizar simulaciones computarizadas y equipo de alta tecnología, tendrían que recurrir a la siembra de pruebas falsas y a la técnica del soborno de testigos. No se le puede negar que sería una variante original.
Además de la mencionada CSI y de su versión neoyorquina, las series "salvables" o por lo menos populares de Sony son: Desperate Housewives (que no me gusta), Melrose's Anatomy (fusión entre E.R. y Melrose Place que tampoco sigo) Scrubs (una de las pocas que me gusta aunque no sigo regularmente), 30 Rock, y no sé si todavía pasan Medium (una especie de CSI con toques psíquicos que era decente). Del resto, son seriados que, ó son malos, o pasan sin pena ni gloria.
Según mi criterio, las mejores series de la actualidad son (quizás haga un post sobre ellas en un futuro): Heroes (Universal Channel, horario desconocido porque hasta ahora sólo la he visto por internet), House (Universal Channel, Jueves 9 pm), How I Met Your Mother (Fox Life, Miércoles 8:30 pm), 24 (Fox, Miércoles creo que 9 pm), y Friday Night Lights (no sé si ya la transmiten en algún canal). Menciones especiales para Dexter (próximamente en Moviecity), Entourage (HBO), Scrubs y 30 Rock (Sony).

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Beta is better?
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Se supone que las cosas deben evolucionar para mejor y que una versión nueva de algo es mejor que la anterior. En teoría, este es el caso de la versión Beta de Blogger, la cual cuenta con mayores facilidades a la hora de editar las plantillas y permite la posibilidad de agregar add-ons como el sistema para calificar los posts (cortesía de blogaraxia), la cuál me parece es una muy buena opción para las personas que de algún modo quieren expresar su acuerdo o desacuerdo con alguna entrada, pero que les da pereza o les falta tiempo para dejar un comentario. En fin, el punto es que si estás comenzando el blog de cero, o deseas remodelar completamente tu blog; efectivamente, la versión beta brinda muchas facilidades y es muy práctica. Sin embargo, si lo que deseas es mudar tu blog de la vieja versión a la nueva, sin modificar el diseño del mismo, pues entonces vas a pasar un laaaargo rato tratando de descubrir cómo editar manualmente las plantillas para que todo parezca exactamente igual que antes, lo cual me parece es más complicado ahora que antes. Por ejemplo, hacer que el color de la fecha en cada post sea distinto al de los subtítulos en la barra lateral, es cualquier cosa menos obvio. Inclusive cambiar lo que dice cada post al final ("posted by" tal persona a tal hora) es más difícil ahora.

Espero que no se haya notado mucho (porque si se notó, no hice un buen trabajo), pero la semana pasada pude mudar la plantilla de este blog a la versión beta. Estoy satisfecho con el resultado, aunque todavía me gustaría saber cómo hacer para cambiar el color de los links solamente en una zona específica del blog, pero no para toda la página. No sé si me explique, pero no es tan importante de todas maneras.

El cuento de la semana pasada lo continuaré más adelante. Mientras tanto... ¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

20070405

Anhelos...

Quisiera llorar y no puedo.
O por lo menos quisiera poder reír en serio,
para así camuflar mi tristeza entre risas,
o disfrazar mi desdicha de alegría.

Quisiera soñar y no puedo.
La esperanza resultó no ser infinita.
Donde habían anhelos sólo pesares quedan
y esta ilusión que se marchita.

Quisiera cantar un himno optimista,
de inspiradoras letras y hermosa melodía.
Mas no sé ignorar esta inmensa nostalgia,
ni convertir en sinfonía cantos de agonía.

Quisiera poder ver el color de la luna,
o saber si en el futuro brillará alguna estrella.
Pero todo lo nubla la bruma del tiempo
y sólo veo cipreses que la noche acuna

Quisiera querer y no puedo,
la confianza se ha desvanecido entre sombras.
¿Para qué saltar cuando conozco la caída?
¿Para qué explorar cuando no queda salida?

Quisiera llorar y drenar mi tristeza,
soñar con ilusión en el mañana,
cantar y reír sin motivo,
ver brillar estrellas en el cielo,
y querer de nuevo con la fuerza de otros días.
Si no es mucho pedir....
quisiera recuperar los anhelos perdidos.

20070325

El Mundo de la Posibilidad

Tengo un amigo que muere por "24". Al principio, yo no seguía mucho es serie, pero fue tal la insistencia de él para que la viera, que termine enganchándome con el seriado desde su cuarta temporada (había visto unas que otras cosas de las temporadas anteriores). La verdad es que es muy bueno el programa, sobretodo si se compara con otros shows del género de acción. No sólo porque sea original el concepto del tiempo real (una hora en el programa equivale a una hora en la vida de los personajes), sino también porque la historia avanza siempre a buen ritmo, y a pesar de que a estas alturas (sexta temporada) ya se ha vuelto un poco formuláica la trama, todavía logra sorprendernos muchas veces. Es cierto que suceden cosas rebuscadas o exageradas, pero tomando en cuenta que no es un documental de Discovery Channel lo que nos encontramos viendo, pues se puede hacer el esfuerzo de creerlas. En resumen, 24 es muy emocionante y entretenido; mas, sin embargo, jamás será mi serie favorita ni estará cerca de serlo.

Lo que sucede es muy sencillo: para que a mí me guste realmente un programa de tv o una película y pase a formar parte de mis favoritas, yo me tengo que sentir identificado con algún elemento del show; y por más que me divierta y entretenga "24", yo no me identifico con ataques terroristas o agentes especiales del FBI. Y sobretodo, Jack Bauer, el protagonista, puede sabérselas todas más una y ser lo más magnífico de este lado de Angus McGyver, pero no me reconozco en él.

Caso contrario, por ejemplo, es lo que ocurría con "Friends", ya que a pesar de que era un sitcom, uno podía relacionarse con mucho de lo que allí sucedía o con sus personajes (Chandler, en mi caso). Y es esta también la razón por la que a mí me gustó tanto "ED", la mejor serie que nadie vio y que fue transmitida por el canal Sony desde el año 2000 hasta el 2004.

Edward J. Stevens era un abogado de treinta y algo años de edad, que trabajaba en una exitosa firma en Nueva York hasta que un día lo despiden por haber olvidado colocar una coma en un documento, lo que le causó varios millones de dólares en pérdidas al bufette. Al llegar a su casa, encuentra a su pronta a ser ex-esposa durmiendo con un cartero, y ante tanto infortunio, decide darle un vuelco al rumbo que había tomado su vida. De este modo, regresa a Stuckeyville, un pueblito ficticio de Ohio en el cual se crió, y donde podía empezar de nuevo rodeado de gente con mejores valores y junto a su mejor amigo.

Por azares de la vida, termina comprando la cancha de bowling del lugar, y cuando una persona llega a pedirle su ayuda como abogado ante un problema que tiene, decide colocar también un despacho en la bolera. Es por esta razón que yo creo la serie nunca se hizo masivamente popular (aunque siempre contó con una base de seguidores fieles), ya que la gente se hacía la idea de que la trama consistía en una especie de "The Practice" entre bolas y pines, pero nada más lejos de la verdad. Todo el asunto de la bolera, el despacho, los peculiares y originales casos que atendía en algunos capítulos (como por ejemplo el mago de fiestas infantiles que demanda a alguien por publicar un libro revelando sus trucos, o defendiendo a alguien que colocaba monedas en los parquímetros que veía por la calle -lo que es ilegal), no eran más que elementos secundarios en la historia. En realidad, de lo que realmente trataba "ED", era de cómo vivir la vida buscando lo que realmente te hiciera feliz, lo que realmente valeira la pena, y no desistir hasta obtenerlo.

En el pueblo vivía aún Carol Vessey, la otrora chica más popular de la secundaria y amor platónico de Ed. En aquella época, ella pasaba el tiempo sólo con las personas populares por lo que ni siquiera sabía de la existencia de Ed, quien no era un perdedor pero tampoco era uno de los chicos "nice". Sin embargo, los golpes de la vida la hicieron madurar a ella y cambiar hasta el punto de que ahora su mejor amiga era una gordita de la que ella se burlaba durante su juventud. Carol era ahora una persona distinta, aunque seguía siendo una inmadura a la hora de elegir parejas, ya que vivía con un hombre egocéntrico, que no era para nada como ella ni tenían mucho de qué hablar, pero que era exitoso y arrogante, lo cual le atraía.

Cuando Ed llega de nuevo a Stuckeyville, Carol y él se hacen amigos y pasan muy buenos momentos juntos. Edward, al darse cuenta de que aún está enamorado de ella y de que harían una excelente pareja, trata de maneras muy originales y creativas de hacer que ella se diera cuenta de eso, especialmente luego de que Carol se percató de que su relación con el tipo arrogante no funcionaba y lo dejó. No obstante, a pesar de que Ed le parecía un tipo adorable y agradable, y de que se divertía más con él que con nadie más, ella seguía insistiendo que no lo quería, aduciendo además que Ed no estaba realmente enamorado de ella, sino de la idea que de ella él tenía, por lo que se iba a decepcionar.

Ed era de las personas que no se rinden ante las dificultades. Siempre tenía optimismo y esperanza hacia el futuro, y otra manera de ver las cosas, por lo que no desistió fácilmente con Carol. Sin embargo, ella en vez de darle por fin la oportunidad a él, se la dio a Dennis Martino, el nuevo director de la secundaria donde Carol trabajaba como profesora de Literatura. Era un tipo aún peor que el anterior, porque era un patán que la trataba descortésmente, antipático, misterioso, reservado.... en fin, todo por lo que las mujeres se sienten atraídas.

Ante esta decepción, Ed pierde su ilusión y decide seguir adelante en su vida. De esta forma, conoce a Frankie, una abogada que comienza a trabajar a su lado y que se interesa por él. Poco a poco, al notar las cualidades como persona que tiene ella, Edward empieza a sentir algo por Frankie y dan inicio así a una relación seria. Fue este hecho de ver a Ed enlazado seriamente con otra mujer y la posibilidad de perderlo realmente, lo que eventualmente le abre los ojos a Carol y le hace darse cuenta de que no sólo quiere a Ed, sino que siempre lo quiso.

Al enterarse de esto él, inicialmente no quiere dejar a Frankie, pero ella lo deja a él al sentir que a quien Ed en realidad quiere es a Carol. De este modo, Carol y él finalmente logran estar juntos y de este modo se embarcan en la mejor relación de sus vidas, ya que ella por primera vez se siente completa y feliz, y Ed llena sus expectativas viendo que todo es tan bueno como se lo había imaginado.

El guión y la manera de contar la historia siempre fue excelente, así como la dirección, especialmente en el capítulo "Captain Lucidity", el cual consiste en un sueño lúcido que tiene Ed. De más está decir que fue uno de los capítulos más originales que he visto en serie de Tv alguna. Todos estos detalles, además del hecho de que uno puede relacionarse fácilmente con las cosas que suceden tanto en cada capítulo, como en la historia en general, hicieron de "ED" mi serie favorita entre todas.

¿Cuántas mujeres no tienen a un Ed o incluso a un Dennis Martino? ¿Cuántos hombres no tienen a su propia Carol o a una Frankie? Muchas personas entonces se hubieran sentido identificadas con esta serie de haberle dado la oportunidad. La diferencia con respecto a la vida real, es que cuando por fin logras enamorar y estar con la persona que quieres... es cuando en realidad comienza lo bueno, lo mejor, y también lo más complicado.

Los que deseen saber más sobre "ED", los invito a visitar www.stuckeyville.com




Canción para acompañar:

* Foo Fighters - "Next Year"

(Canción inicial de "ED")


- ¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.


* "El Mundo de la Posibilidad" es el nombre del segundo capítulo de Ed.

20070303

El mundo a través de mis ojos

El pasado mes de Febrero se hicieron dos años desde que decidí crear un blog en una tarde de ocio. Ya tenía tiempo oyendo hablar de ellos, pero nunca les había prestado realmente atención. Pensaba que esas bitácoras virtuales eran realizadas exclusivamente por adoelscentes frustradas deshojando margaritas. ¿Qué podía haber de interesante en eso?

Mas un día, mientras visitaba la web oficial de la película "Garden State", me encontré con el blog de su director y protagonista: Zach Braff (J.D. en "Scrubs"), y fue entonces cuando descubrí lo que tienen de especial estos diarios virtuales: te permiten describir al mundo a través de tus ojos. Representan una gran oportunidad de poner en letras tu forma de ser y descubrir por esta, vía que muchas personas más de distintos lugares del planeta, ven al mundo de una forma similar que tú. Por esta razón, me animé a expresar también mi punto de vista.

Encontrar un dominio inutilizado en blogspot fue toda una proeza, y después de eso no me quedó cabeza para imaginar un buen nombre para el blog (luego se me ocurrió colocarle: "El mundo a través de mis ojos", pero ya era tarde y me daba pereza cambiar todo, especialmente el header en Flash). Honestamente, no creí que fuera a durar mucho con esta página, ya que pensaba que como no soy ninguna persona famosa, las únicas personas que entrarían a leerme serían algunos de mis amigos y sólo si les insistía mucho, lo que causaría que eventualmente me desanimase. ¿De qué sirve dar tu opinión si no hay nadie que la reciba?

Sin embargo, tuve la fortuna de estar equivocado, ya que bien sea por azar, recomendaciones de terceros, o vía directorios de bitácoras, el blog recibió visitas prácticamente desde el inicio. De esta manera, comencé a interrelacionarme con personas de diversos lugares del mundo con una línea de pensamiento similar a la mía. Desafortunadamente, así como en la vida real nada es para siempre, lo mismo sucede en el mundo virtual, por lo que en estos dos años muchos blogs muy interesantes cerraron y sus dueños desaparecieron. Por suerte, otros tantos también nacieron completando así el ciclo de vida.

Según sitemeter.com, más de 20500 visitas ha recibido este blog desde febrero del 2005, para un promedio de más de 200 por semana. A pesar de que el número real de visitantes es mucho menor (muchas de esas 20 mil visitas son realizadas por mí mismo o por personas que llegaron por error y no alcanzaron a leer nada), me siento muy complacido y orgulloso por cualquiera que fuere el valor real de dicho número; ya que considerando que rara vez recuerdo hacer ping en algún directorio cuando hago un nuevo post, y que sólo visito los blogs que realmente me gustan (y lo hago de forma tan irregular como la frecuencia con la cual posteo), se puede concluir entonces que la mayoría de esas personas que entran acá, dejen comentarios ó no, lo hacen porque realmente les gusta y se identifican con lo que leen, y no por compromiso, ni por devolver visitas de cortesía; y esta, para mí, es la mayor recompensa. Prefiero tener pocos visitantes auténticos, que muchos de mentira.

En retrospectiva, ha sido una experiencia muy agradable y positiva mantener este blog, ya que produce una sensación muy liberadora poder expresar lo que se piensa sobre algún tema particular y mucho mejor aún si hay quienes comparten esa opinión. Por esta razón, quiero darle las gracias a todas aquellas personas que son, o que alguna vez fueron visitantes regulares de este lugar, por darme motivos para continuar con este labor y por permitirme contarles esas cosas que pienso cuando no debo pensar.

A todos ustedes, mis más sinceras gracias.

-H.G.

20070210

El mundo bajo las sábanas

Quien no haya jugado bajo las sábanas de su cama imaginando que se encontraba en una fortaleza secreta, no disfrutó de su niñez. Era la misma sensación que producía esconderse debajo de las mesas en una fiesta, en ese rincón donde se atenuaba el ruido de la música distorsionada y éramos inmunes a las miradas ajenas. Era como estar presentes sin estarlo, como si una sábana o un mantel fuesen capaces de actuar como un portal a una dimensión paralela. Una dimensión donde nos sentíamos seguros... seguros e invencibles.

En cierto modo, esta era la forma en la que nos sentíamos también cuando nos encontrábamos en nuestros hogares. Ese lugar que asocíabamos con paredes y fachadas, pero que abarcaba mucho más que eso. Nuestra casa representaba una especie de taima virtual para cualquier problema que nos agobiase en la calle. Allí, nuestros padres se encargarían de velar por nuestro bienestar y protegernos. Bajo el cristal de la inocencia, todo era perfecto.

Y es que es tan agradable esa sensación de invulnerabilidad y tranquilidad, que siempre en nuestra vida buscamos la forma de aferrarnos a todo aquello que nos haga sentir así por lo menos un minuto. Por desgracia, al crecer nuestra imaginación se deteriora o la dejamos de lado para darle prioridad a las cosas de "gente grande", por lo que las sábanas y los manteles ya no funcionan muy bien como portales; y nuestros hogares, sufren las consecuencias de que padezcamos un caso severo de madurez y crecimiento.

Nuestros problemas pasan a ser más complicados, y peor aún, responsabilidad nuestra. Algunos, debemos irnos prematuramente a otros lugares con la finalidad de lograr una meta. En el camino, perdemos un hogar, ó al menos la sensación de pertenecer a uno. Nos damos cuenta de que un hogar no son las cuatro paredes que lo conforman, sino el calor humano, el cariño y el afecto que de él recibimos, cosas muy difíciles de conseguir en otros destinos en igual proporción que la que había en nuestros lugares de origen. Sin embargo, una vez de vuelta en las casas donde crecimos, nos topamos con que todo está diferente y las cosas han variado. Nos perdemos de muchos momentos importantes, y en el proceso de adaptación a la distancia, acabamos realmente distanciados.

Extrañamos un lugar que ya no existe, y lo extrañaremos hasta que hayamos construído nuestro propio hogar. Un nuevo refugio donde más allá de sentirnos protegidos, seremos nosotros más bien los que protegeremos a los modernos habitantes de aquellos mundos situados bajo una sábana y sobre muchas ilusiones.

Mientras tanto, sólo nuestra imaginación nos separa de esa otra dimensión.


- ¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20070204

Días de Primer Mundo

Dos huevos en la sartén. Dos rebanadas de pan en la tostadora. Un pensamiento en su mente. Quince minutos para desayunar. Tenía calculada la hora exacta a la que debía de salir de su apartamento para poder llegar justo antes de las 8:30 a la estación de trenes. Siempre cogía el tren que partía a esa hora.

Veintidos minutos le tomaba al ferrocarril llegar a su destino y siete le tomaban a él llegar a su puesto de trabajo. Cuando el reloj marcaba las nueve de la mañana, Simón ya se encontraba frente a su PC leyendo sus correos, retomando las actividades que había dejado inconclusas el día anterior y que volvería a dejar inconclusas a la hora del almuerzo.

"Hi! How are you?", saludaba cortésmente a los compañeros que se encontraba a medida que caminaba hacia la sala de los microondas. Al principio, le chocaba mucho tener que hablar en un idioma distinto al que predominaba en sus recuerdos, pero ya se había adaptado un poco. Ocho minutos calentaba en el horno la comida que la noche previa se había cocinado él mismo. No sabía ni remotamente parecida a la que su mamá le preparaba en otros tiempos, mas al menos cumplía la función de alimentarlo. Prepararse su almuerzo le permitía disminuir los gastos. Tenía que ahorrar lo suficiente para poder llevarse a su familia con él.

A las cinco en punto, todo el mundo interrumpía lo que hacía y se iba a su casa. Simón también. En menos de cuarenta minutos, ya se estaba bajando del tren que lo devolvía a la zona donde quedaba su piso. Si el clima se lo permitía, él prefería caminar desde la estación de trenes hasta el edificio donde vivía. Incluso tenía contados los pasos que esto le tomaba.

Alrededor del paso número 46, Simón cruzaba frente al Teatro Principal de la ciudad. A veces, el estreno de una película se produciría allí y podía ver al remolino de gente aguardando la llegada de los actores. Otras veces, realizaban conciertos de bandas que él no conocía, pero que estaba seguro que a sus amigos les habría encantado haber asistido. "¡Qué lástima que no estén aquí!", algunas veces se lamentaba, y luego continuaba con su camino.

Ya en su hogar, preparaba su cena y el almuerzo del siguiente día. Se conectaba a internet para hablar con su madre que se encontraba a quince horas de distancia, y luego veía algo de tv para relajarse un rato. Lamentablemente, relajarse le costaba mucho últimamente, porque lo agobiaba un pensamiento que persistía en su mente día y noche: "¿Soy feliz?".

"¡Claro que sí!", se repetía a si mismo, aduciendo que vivía en un país de primer mundo seguro y estable, laborando en algo acorde con su profesión y recibiendo un salario mayor del que recibiría en su país. ¿Cómo no iba a serlo?

Sin embargo, en sus adentros sabía que algo le faltaba. A veces, tenía ganas de hablar con alguien que le entendiera realmente o le provocaba salir a pasear por la ciudad, mas no tenía con quién hacerlo. La gente en el lugar donde se encontraba era muy cordial y amable, pero también era muy distinta a él. Tenía muchos conocidos en la región, aunque nunca como los amigos que había dejado atrás, los que de verdad lo conocían tal y como él era. Tampoco tenía a su familia consigo, con la que podía apoyarse en los momentos de flaqueza. En los momentos de depresión, sabía que estaba sólo.

Cuando partió de su tierra, pensó que sería más fácil todo. Que le sería sencillo sustituir a sus viejos amigos en su nuevo mundo, y que el vacío producido por la lejanía de sus familiares podría ser llenado en gran medida por la presencia de su novia, quien ya había emigrado. Pero hay un problema con dar las cosas por sentado y es que nada en el futuro está escrito. Podemos hacer muchos planes siempre, mas debemos estar preparados por si nada sale como pensábamos, porque lo peor que podría pasar... algunas veces ocurre.

En su afán por vivir bien, Simón ignoró que en la vida es mejor tener un poco de todo, que mucho de algo. La buena noticia para él es que, a pesar de que no hay vuelta atrás, la vida continúa y puede luchar por mejorar su situación. En sus manos está no cometer el mismo error.

Son las 7:00 am cuando suena de nuevo el despertador de Simón. Otro día más que comienza de la misma manera que el anterior. Otra oportunidad más para demostrar que algo hemos aprendido.


Canción para acompañar:

* Snow Patrol - "Open your eyes"


- ¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20070118

Palabras, acciones y sacrificios

Si una imagen vale más que mil palabras, una acción vale más que todas las palabras del mundo juntas. Uno puede decir, jurar, afirmar lo que sea, pero son nuestras acciones las que tendrán la última palabra.

Tú puedes decir que aprecias muchos a tus amigos y que te encanta compartir con ellos, pero si no haces el menor esfuerzo por verlos al menos esporádicamente; lo que estarás diciendo realmente será que no te importan. Del mismo modo, tú puedes decir que amas a una persona, pero si no estás dispuesto a hacer sacrificios por ella, entonces no la amas realmente, porque amar implica hacer muchas veces algo que no te gusta en beneficio de esa otra persona.

Para bien o para mal, cariño y sacrificio son dos caras de la misma moneda. El momento perfecto para ir a ver a una persona que supuestamente apreciamos, sería aquel luego de un día en el que salgamos temprano del trabajo, no estemos cansados, no tengamos que llegar temprano a nuestras casas, no haya tráfico, el sol esté en la quinta casa de Saturno y la luna esté en cuarto creciente. Sin embargo, si nos ponemos a esperar por esta situación ideal, entonces nunca veremos a esa persona, porque, lamentablemente, el mundo es imperfecto y siempre habrá algún contratiempo, como que tengamos pereza, o nos duela un poco la cabeza, o algo similar. Así sea esporádicamente, creo que si la otra persona realmente significa algo para nosotros, al menos de vez en cuando seremos capaces de hacer cosas en contra de nuestra voluntad en el nombre de ellas.

Cuando haces un sacrificio por alguien que quieres, ese alguien se dará cuenta y lo valorará en gran medida, por lo que no pasará mucho tiempo antes de que otro sacrificio sea hecho de nuevo, esta vez, de esa persona hacia ti.


- ¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.


P.D: No he tenido muchas ganas de escribir últimamente, pero espero que sólo sea algo pasajero

20061220

La noche especial de Sebastián

Todos los niños dormían, pero Sebastián no. Por más que lo intentaba, no lograba conciliar el sueño. ¿Cómo dormir en la noche en la que se supone que Santa viene a traer los regalos? Una y otra vez recreaba en su mente cómo sería poder verlo a él. Sólo imaginarlo le emocionaba. "Cuando lo vea, le voy a pedir que por favor me de un paseo en su trineo", se decía a sí mismo. Estaba seguro de que esa noche al fin iba a ver a San Nicolás.

Tenía un plan que, en opinión de Sebas, era imposible que fallara. Lo único que debía hacer, era simplemente esparcir muchos granos de maíz en la terraza del orfanato, de modo que vinieran a comérselos todas las palomas que habían alrededor, las cuales no eran pocas. Así, cuando llegase Santa en su trineo, las aves se asustarían y harían bastante ruido, lo que le serviría a él como alarma. Para escucharlas mejor, dejaría la ventana abierta toda la noche.

Sin embargo, las horas pasaban y las palomas seguían tranquilas comiendo. Nada relevante sucedía, lo que comenzaba a preocupar al niño. "El reloj del pasillo hace rato que dio las doce y Santa aún no aparece, ¿será que no vendrá?", se preguntaba angustiado. La emoción que minutos antes lo embargaba, poco a poco empezaba a desvanecerse. Ya no se sentía tan seguro de que su plan no fallaría.

Cuando ya casi se iba a dar por vencido, decidió bajar las escaleras para ver si Santa ya había pasado sin que él se percatara. Nunca imaginó que al hacerlo, lo capturaría con las manos en la masa. ¡Papá Noel en persona depositando los presentes de todos los huérfanos junto al arbolito de Navidad! Jamás olvidaría la alegría que le produjo verlo. Su primera reacción fue simplemente correr hacia donde estaba el viejo bonachón y abrazarlo por la espalda. Santa, al sentir los brazos del niño que lo rodeaban, no tuvo más remedio que aceptar el hecho de que lo habían sorprendido in fraganti. Colocó su mano sobre la cabeza del chico, y alborotó sus cabellos como gesto de cariño. Luego, haciéndole la señal de que no hiciera ruido, le susurró al oído:
"¡Hola, Sebastián! Te has portado bien este año, pero.. ¿qué haces despierto a esta hora?".

"¡Ohhh, sabes mi nombre!", exclamó con asombro el muchacho, olvidándose de lo que le habían preguntado.

"¡Por supuesto que se tu nombre y muchas cosas más sobre ti! ¡Me sé los nombres de todos los niños en el mundo!", respondió el simpático señor vestido de rojo. "Pero dime... ¿por qué no estás durmiendo como los demás niños?".

"¡Es que me quedé esperándote!", se excusó Sebastián. "Tenía muchas ganas de verte y de dar un paseo en tu trineo!".

Santa entonces lo miró con compasión, lo abrazó y le dijo: "La gente dice muchas cosas sobre mí que no son ciertas, hijo. Por ejemplo, yo no viajo en ningún trineo ni tengo renos voladores. ¡No hay renos voladores en el Polo Norte! Además, de esa manera nunca me alcanzaría el tiempo para repartir todos los regalos. ¡Yo prefiero teletransportarme!".

"¿Teletransportarte? ¿Qué es eso?", preguntó extrañado el niño.

"Me muevo de una casa a la otra en un abrir y cerrar de ojos", explicó Papá Noel. "Es como si me desapareciera y luego reapareciera en otro sitio".

"Entiendo", acotó Sebastián con un poco de decepción por no poder cumplir su deseo de viajar en el trineo. Posteriormente, tomó una bandeja de galletas que reposaba sobre una mesa y se las ofreció al anciano barbudo pensando que le gustarían.

"¡Gracias muchacho, pero no puedo comer eso!", se excusó. "¡Soy alérgico a la harina! Ese es otro invento que dicen sobre mí. No puedo comer galletas. De hecho, no me gusta comer mucho y ni siquiera estoy tan gordo como la gente piensa. Lo que sucede es que como vivo en el Polo Norte y allá hace tanto frío, tengo que vestirme con varios abrigos de tela muy gruesa, lo que me hace ver obeso cuando en realidad no lo soy. ¡Es más, ni siquiera tengo barba! ¡Mira!", y acto seguido se quitó la barba postiza y le mostró a Sebas que no era más que unos trozos de lana. "Es algo que me fabricaron mis ayudantes porque al principio se me congelaba la boca y me rechinaban los dientes por el frío", acotó. "La lana me ayuda a evitar eso".

"Entonces, ¿tampoco eres viejo?", dijo abismado el niño.

"Sí lo estoy, pero como soy un Santo, tengo el don de no envejecer y por eso no se nota mi edad -son miles de años, hijo", aclaró San Nicolás. "Sin embargo," añadió, "no tengo el don de no sentir frío", y concluyó la oración con su risa característica. Al menos su risa no la habían inventado.

Cuando el anciano que no aparentaba serlo terminó de dejar los presentes de Navidad, le comentó a Sebastián que le había agradado mucho su compañía, pero que tenía que partir porque estaba atrasado en su itinerario. "Antes de irme", dijo el peculiar personaje, "te voy a dar un obsequio para que recuerdes este día, pero debes prometerme que no se lo enseñarás a nadie". Sujetó con su mano izquierda uno de los botones de su famoso traje rojo y lo arrancó. Era dorado, liso, y muy muy brillante. Tanto, que cuando lo sostenías parecía que tuvieras una estrella en tus manos. Mientras se lo entregaba al niño, le acotó: "Es un botón muy especial porque si lo ves fijamente por unos segundos, lograrás ver al Polo Norte en él".

El chicó lo observó detenidamente, pero antes de que pudiera ver nada, Santa lo interrumpió para solicitarle un poco de agua. Sin embargo, al regresar de la cocina con el vaso de agua, él ya no estaba. En la habitación sólo quedaban los regalos -incluyendo la bicicleta que Sebastián había pedido-, y él, junto con un pequeño trozo de lana de la barba de San Nicolás.

"¡Y esta es la historia de cuando Sebastián conoció a Santa Clause!", dijo con satisfacción Guillermo a su hijo David.

"¡Papá!", exclamó el niño con prepotencia: "¡Es obvio que ese no era Santa sino alguien disfrazado! ¡Santa no existe!".

"¿Ahh sí? ¿Y cómo explicas que el impostor supiera el nombre de Sebastián?".

"Porque era alguien que trabajaba en el orfanato, soló que Sebastián no lo reconoció porque estaba muy oscuro, o quizá el impostor tenía algún maquillaje", explicó David.

"Te estás perdiendo la esencia de la historia", dijo con desilusión su padre. "¡No importa que sea cierto o falso, lo importante es creer en aquello que te haga feliz!".

"¡Me hace feliz creer en que me vas a regalar el Nintendo que tanto quiero!", le replicó con cinismo el niño.

"¡Una resma de papel para que te diviertas haciendo avioncitos es lo que te voy a regalar!", le contestó a modo de broma.

"¡Los niños ya no tienen inocencia!", se lamentó Guillermo mientras caminaba hacia su habitación, donde su esposa dormía plácidamente. Poco antes de acostarse a dormir, se dirigió a su closet de dondé sacó un cofre que escondía entre su ropa interior. Lo abrió y luego de retirar con sus manos unos trozos de tela, contempló por unos instantes lo que contenía. Satisfecho, procedió posteriormente a dormir plácidamente. Sabía que aún podía creer en muchas cosas que lo hacían feliz.


- ¡Qué disfruten sobrevivir una Navidad más!

-H.G.

20061205

Patria sin fronteras

Siempre le he tenido aversión al fanatismo radical. Esa obsesión que obliga a la gente a hacer cualquier cosa en nombre de algo que ni siquiera es realmente importante. ¿Es que acaso será trascendental en tu vida que tu equipo favorito gane o pierda un campeonato? ¿Vale la pena asesinar personas por cuestiones de fé? En el mundo occidental, para cualquier persona racional la respuesta a estas preguntas asumo que sería un: ¡No! Nadie, en su sano juicio -esto descarta a los hooligans-, asesinaría a alguien por fé o por un deporte. Mas, no obstante, existe otra cosa en mi opinión no más relevante que los ejemplos anteriores y por la que no sólo se considera que vale la pena llegar a cualquier extremo, sino que además está bien visto hacerlo. ¿O es que no es un héroe quien mate por defender el orgullo de su patria?

Aquí estoy cometiendo una herejía. ¿Cómo me atrevo a decir que la patria no es algo trascendental cuando inclusive una de las consignas de los seguidores del Presidente de mi país en su campaña por la reelección gritaba: "¡Patria o muerte!"? ¿Cuantos honorables guerreros, desde Alejandro Magno hasta Simón Bolívar, no han arriesgado sus vidas en nombre de su nación para que yo venga a menospreciar la relevancia de la misma? Sin duda, más de uno dirá que estoy loco, y quizá sea así; pero en mi modo de ver las cosas, el concepto de patria está muy sobreestimado.

¿Por que razón debes dar tu vida por ella? ¿Qué es exactamente eso que estarías defendiendo? ¿Qué es la patria? Según el diccionario, es la tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos. El vínculo jurídico podemos excluirlo de la discusión porque se refiere simplemente a la nacionalidad que legalmente posees -¡allá aquellos que sienten que deben luchar simplemente por esto!-. El vínculo histórico, entiendo que se refiere al hecho de haber nacido y/o al menos vivido mucho tiempo en un determinado país, formándose así un lazo entre tú y la región a la que te has acostumbrado a vivir. Yo no niego que este vínculo exista, pero sólo con el pequeño espacio territorial en el que me desenvolvía día a día, no con algo tan extenso - y tan arbitrariamente delineado- como todo un país. Y aún así, este lazo se forma sencillamente por la costumbre de vivir en esa localidad, por lo que pudiera volver a formarse con una nueva región a la que te mudases. ¿Vale la pena matar o morir por esto?

El vínculo afectivo, en cambio, es el más importante y amerita por ello un párrafo aparte. Además de con tu familia, uno crea un nexo con los vecinos, con los compañeros, y con todas aquellas personas que hablan tu mismo lenguaje, se expresan de forma similar, y que tienen tradiciones en común. Se trata del capital humano, el recurso más importante de una nación. Sin embargo, por muchas cosas que tengas en común con este grupo de gente, no son muchas las personas que son realmente como tú en el modo de pensar. ¿Tú te sientes identificado con absolutamente todo en tu país? ¿Te parece que perteneces allí? Y no me refiero al caso particular de la gente en Venezuela, sino a nivel mundial. ¿Existe un país cuya gente como un todo piense igual que tú?

En la antigüedad, era muy poco lo que los habitantes de un lugar sabían sobre los ciudadanos de otra región. En sus mentes, ellos eran los buenos y los otros los malos. Creían que no tenían nada en común y que los del otro pueblo eran desalmados y crueles. A la hora de una guerra, luchaban orgullosos por el bien y contra el mal. Sin embargo, en esta era de la globalización, espero que estemos más conscientes de que los habitantes de otro país son más o menos igual que nosotros. Algunas costumbres serán distintas, pero otras iguales. Quizá no te sentirás identificado con muchos de sus integrantes, pero siempre habrá algunos con los que sí. ¿Quién no ha visto una película o leído un libro -y hasta un blog- extranjero y no se ha encontrado con algún personaje que actúa, piensa y dice cosas que nosotros en más de una ocasión hemos hecho, dicho o pensado? Entonces, ¿por qué razón somos mejores que ellos o viceversa? ¿Por qué debemos pelear si sabemos perfectamente que ya no se tratá de una lucha del bien contra el mal?

Si al líder de mi país se le ocurre invadir a otro, ¿por qué debo yo apoyarlo? La mayoría de las guerras en la historia han sido impulsadas por dirigentes que ansían más dominios bajo su poder, o conquistar más riquezas, y que sus súbditos han apoyado sencillamente porque tienen el "deber" de defender a su patria. Claro, si tu pueblo ha sido invadido y los adversarios están dispuestos a matar a tu familia y seres queridos, por supuesto que debes tratar de defenderlos y luchar por ellos. Pero no me refiero a estos casos cuando hablo de luchar por tu patria en este post, sino a los casos cuando hay una guerra deliberada y la gente siente que debe participar para apoyar a sus compatriotas -la Guerra de Secesión, por ejemplo-. ¿Vale la pena?

Sin embargo, el sacrificio por tu patria no sólo se refiere a morir por ella en una guerra, sino también a que debes estar en tú nación en las buenas y en las malas, inclusive si la mayoría de las personas opina y toma decisiones que no compartes en lo más mínimo. ¿Por qué sacrificar tu bienestar permaneciendo con una gente que en tu percepción es "instrumento ciego de su propia destrucción" (Simón Bolívar)? Nadie elige el lugar en donde nace, sino que es una cuestión completamente aleatoria. Por esto, te toca vivir con gente que te simpatiza y gente que no te agrada. Tiene que ser así ya que si las ciudades estuvieran conformadas únicamente por gente con personalidades y modos de pensar similares (aunque te sentirías total y completamente identificado con tus vecinos), el mundo sería un caos absoluto porque no habría equilibrio. Mas, no obstante, esto no quiere decir que tienes que resignarte a vivir en el lugar donde estás y no buscar otro donde te sientas más a gusto. Lo esencial, es sentirte bien donde estás.

Por eso, el concepto de nación está anticuado para mí. Uno debería ser ciudadano del mundo y ya. Vivir donde uno quiera, siempre y cuando haya espacio y se respeten las normas de convivencia. Sin países tratando de imponerse sobre otros, sino el planeta entero luchando por su progreso y futuro, gobernado no por un presidente, sino por varios, elegidos por voluntad popular y representando cada uno a distintos sectores de la sociedad, obligados a tomar decisiones en conjunto que nos beneficien a todos. Quizá se llamaría polidemocracia, o algo así, y por más utópico e ilusorio que suene todo esto -y lo es-, espero que no sea imposible que algún día se haga realidad. Ser ciudadano de una patria sin fronteras.


Canción para acompañar:

* The Corrs - "No Frontiers"

Película recomendada:

* "Joyeux Noël" (Feliz Navidad). En está excelente película, se puede apreciar claramente lo inútiles, estúpidas y carentes de sentido que son las guerras.


-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20061203

Decir adiós

Decir adiós nunca es fácil. No importa si llevas un año o diez días preparándote para ello, ni si se trata de algo temporal ó definitivo: cuando una persona es realmente especial para ti, decirle adiós siempre te resultará difícil. ¿De qué otra manera podría resultar despedirse de uno mismo?

Y es que esto es precisamente lo que sucede: cuando te despides de alguien muy importante para ti, te estás despidiendo también de ti mismo; porque, en el fondo, una parte de tu ser se está yendo con esa persona. ¿Cómo no aborrecer entonces esa sensación de vacío que queda, esa sensación de como si te hubiesen amputado un fragmento de tu alma? Quizás sea esta la razón por la cual casi siempre el instante en el que debes decir adiós, es también el instante en el que menos quieres hacerlo.

Es que resulta inevitable no evocar, uno a uno, todos los buenos recuerdos que viviste con esa otra persona. Remembranzas que añoras volver a encontrar en el futuro, aunque no sepas cuándo; por lo cual te refugias en la esperanza furtiva de un “¡pronto, muy pronto!”. De esto se trata todo: de mantener viva al menos una migaja de ilusión, porque nada está perdido mientras aún quede algo por lo que se pueda soñar.

No importa cuán duro sea un adiós, la posibilidad de un futuro reencuentro siempre será muy reconfortante. Llevarlo a cabo nunca será fácil, mas tampoco será imposible. Mucho menos, cuando es lo que más deseas.


Canción para acompañar:


* Pulley - "Thanks"


-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.