20080413
En un día así
20080402
El dinero no compra la felicidad... ¿O sí?
Yo pienso que esto ya todos intuitivamente lo sabíamos, pero ahora que unos científicos lo han hecho oficial, muchas personas quizás harán un mayor esfuerzo por ser más generosos con los demás. En el peor de los casos, harán el intento.
Siempre he pensado que, por ejemplo, es muy gratificante dar un obsequio que sabemos va a ser muy apreciado por quien lo recibe. Por eso invierto mucho tiempo a la hora de comprar un regalo: no me gusta darlos por salir del paso. Sin embargo, según los estudios en cuestión, emplear el dinero en desconocidos mediante obras de caridad, tiene el mismo efecto sobre nuestra felicidad que si lo utilizamos en nuestros seres queridos. Mejor aún, la cantidad de dinero que invirtamos en terceros, no tiene relación alguna con el efecto que esto traiga en nuestra dicha (no hay muchos sinónimos para felicidad que no suenen cursis o falsos). Es decir, no importa cuánto sea, ni en quién, destinar una parte de nuestro dinero a otros, sin esperar algo a cambio, nos ayudará a ser más felices.... por lo menos, eso dice el estudio.
Queda de parte de nosotros hacer la prueba de campo.
20080216
El dilema del buen samaritano
Y no se trata de que ese buen amigo vendrá a solucionar todos los problemas que nos aquejen. La mayoría de ellos ni siquiera tendrán solución o escaparán de nuestro control, pero es que simplemente el hecho de poder hablar con alguien que nos apoya, que nos entiende, que ha pasado por lo que estamos pasando o que al menos nos conoce lo suficiente para saber cómo nos estamos sintiendo; ya nos ayuda muchísimo. Si además, esa persona nos puede dar un buen consejo, pues mejor todavía.
También habrá ocasiones en las que somos nosotros quienes tenemos que servirle de apoyo a alguien más. Ser ese buen amigo para otra persona. Y es aquí donde se me presenta una duda. ¿Qué pasa cuando sabemos que alguien cercano a nosotros pasa por un mal momento, pero no nos pide ayuda? Algunas veces, por mucho que querramos arreglar al mundo, puede caer muy mal la ayuda no solicitada que le deseamos brindar a un amigo. ¿Qué es lo correcto: respetar el espacio de los demás aunque eso signifique ver cómo se hunden en sus tribulaciones, o intervenir y auxiliarlos sin el consentimiento de ellos?
He allí el dilema.
20080215
Besos náufragos
Una densa bruma a todo rodea.
¡Qué difícil navegar a través de la nostalgia!
Y tropezar con cada dulce momento vivido,
los fragmentos de un "te quiero" oxidado
atormentados por lo que pudo haber sido.
Mil besos naufragan en un océano abatido,
mientras yo trato de no sumergirme en la tristeza.
Miro al cielo y nada veo.
Tan sólo me guía el aroma de un sueño.
Una ilusión que huele a esperanza.
¿Quién sabe hacia dónde me lleva?
Remo sin cesar hacia lo incierto.
Sigo la pista de una tímida luna,
pequeña gran supernova de un universo sin brillo,
mas todo es difuso más allá de la penumbra,
donde el norte podría ser el sur,
y luego de nuevo el norte.
Y yo podría estar feliz,
o tal vez, algo triste.
20080112
Cerrar Círculos
Sin embargo, esto no es nada fácil. Requiere de mucho empeño y de fuerza de voluntad, desprendernos de un sueño que durante mucho tiempo nos motivó . Sobretodo, es sumamente complicado cuando pensamos que no dimos lo mejor de nosotros mismos para alcanzarlo, que pudimos esforzarnos más. ¿Cómo abandonar una ilusión mientras todavía hay una pequeña esperanza?
Por eso, en estos casos, pienso que es necesario realizar un último intento -el mejor de los intentos-, para lograr aquello que en su momento nos propusimos. Porque así no consigamos obtener eso que anhelábamos, la certeza de saber que hicimos todo lo que pudimos, que dimos el cien por ciento de nosotros mismos, hará que esta vez sea mucho más sencillo cerrar definitivamente ese círculo, debido a que ahora tendremos la consciencia tranquila.
De esta manera, sin arrepentimientos, no sólo podremos, finalmente, ponerle punto y final a ese capítulo, sino que también vamos a ser capaces de abrir otras puertas. Enfrentarnos a nuevos destinos.
La idea de todo esto, es poder avanzar hacia delante, sin estar todo el tiempo mirando hacia atrás...
20080101
Año Nuevo, Vida Nueva
Estoy consciente de que el primero de enero es un día como cualquier otro. Que el cambio de año ocurre sencillamente porque en algún momento se acordó, tomando como guía el movimiento de traslación del Sol, que cada 365 días vendría otro año. Sin embargo, uno no puede evitar pensar en el Año Nuevo como si fuera algo totalmente distinto al año que se fue. Una nueva oportunidad para empezar de cero, para cambiar lo que siempre quisimos o debimos cambiar, para ser mejores personas, y, sobretodo, para poner algo de distancia con respecto a todas las cosas malas que pudieron habernos sucedidos en el año anterior.
¡Y vaya que mi 2007 fue desastroso! Pero no quiero ahora evocar todos los momentos tristes que viví, sino más bien tomar este comienzo de año con la firme esperanza de que ahora todo será mejor. De mi parte, sólo tengo que poner mi granito de arena para que así sea: esforzarme por lograr mis metas, aprender de mis errores, y mejorar cada día más. Se dice fácil, pero no es tarea sencilla. ¡Espero que todos los logremos!
¡Reciban todos mis más sinceros deseos para que este 2008 sea un año de éxitos, dicha y oportunidades!
20071129
Películas para ver 2007-08
Stardust: Director: Matthew Vaughn. Cast: Charlie Cox, Claire Danes, Sienna Miller, Michelle Pfeiffer y Robert de Niro (quien se roba el show). Comienzo la lista con una película que ya fue estrenada en el país y que probablemente muchos de ustedes la han visto ya. Sin embargo, la incluyo acá porque es realmente buena y merece ser vista por todos aquellos que aún no lo han hecho. Para que Michelle Pfeiffer y Robert de Niro hayan aceptado participar en una historia de fantasía, es porque la misma tenía que ser especial. No voy a ahondar mucho en la trama, sencillamente porque muchos la conocen ya. Simplemente, voy a decir que es una de las mejores películas del 2007.
3:10 to Yuma: Director: James Mangold. Cast: Russell Crowe, Christian Bale, Ben Foster, Logan Lerman (Bobby en la serie Jack & Bobby). Continuo la lista con una cinta que aunque no ha sido estrenada acá todavía, ya la vi. Esta película no es para todo el mundo, sino para aquellos amantes de los Westerns (no es necesariamente mi caso) o que sencillamente disfrutan viendo grandes actuaciones. Desde ya le auguran varias nominaciones al Oscar a este filme, y realmente opino que si no le dan por lo menos una nominación a Mejor Actor a Russell Crowe, sería una gran injusticia. Su actuación aquí como el bandido Ben Wade es excelente. Bale también actua muy bien, pero su personaje es menos carismático, por lo que impacta menos. La trama consiste en que Christian Bale es un pobre pero rectísimo Ranchero que se ofrece a custodiar a un peligroso bandido (Crowe) hasta la población de Yuma, a cambio de que le den un dinero que su familia necesita desesperadamente. En el camino, Crowe intentará manipular psicológicamente a Bale, pero esto le costará mucho más de lo que habría imaginado. Al final, se trata de una película sobre el significado de rectitud, coraje, y algo de redención.
American Gangster: Director: Ridley Scott. Cast: Denzel Washington, Russell Crowe. Toda película que cuente en su reparto con Denzel Washington y Russell Crowe, es obligatorio verla. Crowe es, sin duda alguna, uno de los mejores actores de su generación, y Denzel, aunque tiende a repetirse un poco, tiene también mucho talento y, sobretodo, carisma. La cinta trata sobre la historia real de Frank Lucas (Washington), un capo de la droga de Manhattan en los años 70. La última vez que Denzel hizo de malo se gano un Oscar, así que esta vez podría ganarse otro. Además de la buena crítica que ha recibido American Gangster (8.3/10 en imdb), esta también ha tenido mucho éxito en taquilla en los Estados Unidos, por lo que es una de los pesos pesados para los premios Oscars (Russell Crowe podría obtener dos nominaciones a Mejor Actor). Quiero ver este filme urgentemente.
Enchanted: Director: Kevin Lima. Cast: Amy Adams, Patrick Dempsey, James Marsden (Cíclope en X-Men), Susan Sarandon. En su debut en los Estados Unidos el fin de semana pasado, marcó un record como una de las películas más taquilleras en un feriado de Acción de Gracias. Esta original historia sobre una clásica princesa de Disney que termina atrapada en el mundo real, si bien no creo que compita por muchos premios artísticos, promete ser muy divertida y entretenida. Y para sorpresa de muchos, la crítica hasta ahora ha sido favorable, así que no es simplemente una comedia vacía. Buena jugada para la empresa de Mickey Mouse.
Before the devil knows you're dead: Director: Sidney Lumet. Cast: Philip Seymour Hoffman, Ethan Hawke, Albert Finney, Marisa Tomei. De la mano de un director que es una leyenda (por filmes como Sérpico, entre otros), llega esta película cuyo título proviene del siguiente verso irlandés: "May you have food and raiment, a soft pillow for you're head; may you be 40 years in heaven, before the devil knows you're dead." Muchos críticos dicen que es la película del año, aunque habrá que ver para creer. Consiste en dos hermanos que planifican robar la joyería de su familia debido a que necesitan dinero; al salir algo mal, se desencadenan una serie de eventos que harán interesante la historia.
The Golden Compass: Director: Chris Weitz. Cast: Nicole Kidman, Daniel Craig, Eva Green, Dakota Blue Richards. Basada en el Best Seller del mismo nombre (ó Northern Lights: his dark materials en Inglaterra), esta es otra historia épica/fantástica más, como las muchas que han proliferado recientemente. Sin embargo, dado el éxito del libro, se tienen muchas expectativas sobre este filme. Además, la polémica con la Iglesia Católica hará -como siempre lo hace- que mucha gente vaya a verla en las salas de cine. Según dicen, la película no decepciona.
P.S: I Love You: Director: Richard LaGravenese. Cast: Hilary Swank, Gerard Butler, Lisa Kudrow, Harry Connick Jr. Para los amantes de las películas románticas, llega esta película que muy probablemente le valdrá a Hilary Swank su tercer Oscar a Mejor Actriz, ya que ella siempre gana. Ojalá esta cinta sirva también para que Gerard Butler (Dear Frankie, 300) reciba el reconomiento como actor que se merece. Holly Kennedy (Swank) es una mujer feliz que está casada con el amor de su vida (Butler). Sin embargo, su vida mágica cambia cuando a su esposo le detectan una enfermedad terminal que eventualmente le quita la vida. Consciente del duro golpe que su muerte representaría para Holly, Gerry (Butler) le escribe antes de morir a su esposa una serie de cartas para ayudarla a sobrellevar su pena y a tratar de ser feliz de nuevo. Los mensajes le van llegando a Holly de forma sorpresiva de diferentes maneras y en varias fechas como por ejemplo en su cumpleaños. Promete mucho esta película.
Juno: Director: Jason Reitman. Cast: Ellen Page, Michael Cera, Jennifer Garner, Jason Bateman. Del director de una de mis comedias favoritas de los últimos años (Thank You For Smoking), esta cinta logra la rara proeza de ser una comedia con consideraciones para los Oscars. Por esta razón, dicen que es la Little Miss Sunshine de este año. Juno (Ellen Page) es una adolescente que, al quedar embarazada por su novio medio nerd, inicia la búsqueda de los padres adoptivos perfectos para su bebé. dicen que la película cuenta con muy buenas actuaciones y hasta ahora lleva un rating de 8.7/10 en imdb de un total de 1030 votos.
August Rush: Director: Kirsten Sheridan. Cast: Freddie Highmore, Keri Russell, Robin Williams, Jonathan Rhys Meyers. Aquellos que, como a mí, les gustó mucho Finding Neverland, de seguro saben lo buen actor que es Freddie Highmore (Peter en Neverland). Acá, él hace de August Rush, un niño prodigio de la música que es huérfano, y que usa su talento para tratar de conseguir a sus padres biológicos. Dicen que la película es muy artística y que el score, o sea, la música, es de primera. espero que llegue pronto a salas locales.
Menciones especiales:
+ Into the Wild. Director: Sean Penn. Cast: Emile Hirsch, Jena Malone. La historia no me llama tanto la atención, peor la dirige Sean Penn y goza de muy buena crítica. Trata sobre un joven exitoso y popular que al terminar la escuela se harta del mundo y decide irse a Alaska para vivir ocn la naturaleza.
+The Kite Runner. Director: Marc Foster (Finding Neverland). Basada en el Best Seller que narra la historia sobre un afghano que vive en California y que un día regresa a su país para averiguar qué ha sido de la vida de su mejor amigo de la infancia.
+Charlie Wilson's War. Director: Mike Nichols (Closer). Cast: Tom Hanks, Julia Roberts, Philip Seymour Hoffman. Trata sobre la vida de un congresista americano de los años 70 que realizó operaciones encubiertas en Afghanistan durante la guerra fría. La verdad no me atrae la historia, pero con ese director y ese elenco....
+Gone Baby Gone. Director: Ben Affleck. Cast: Casey Affleck, Michelle Monaghan, Morgan Freeman, Ed Harris. El debut directorial de Ben Affleck contra todo pronóstico ha recibido críticas muy favorables y ganado numerosas distinciones. La trama se centra en dos detectives de Boston que investigan el caso del secuetro de una niña, lo que eventualmente los enfrentará a un gran dilema moral.
+Be Kind Rewind. Director: Michel Gondry. Cast: Jack Black, Mos Def. Después de la obra maestra que fue Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos, Gondry decepcionó con The Science of Sleep. Por suerte nuestra, parece que con Be Kind Rewind se reivindicará un poco. La cinta relata lo que tienen que hacer dos hombres que trabajan en una tienda de video y que accidentamente borran todas las películas, y que luego tienen que hacer ellos mismos versiones de las cintas para satisfacer a la clienta más especial del local: una anciana con rasgos de demencia.
¿Cuál te gustaría ver a ti?
20071118
Algo más sobre la química y otras cuestiones
Como muchas personas también dijeron, lo ideal sería encontrar a alguien que en un principio te hiciera sentir Feniletilamina, y que luego también te hiciera sentir las endorfinas. Sin embargo, hallar esto, en la mayoría de los casos, es tan probable como ganarse la lotería. La razón es la siguiente: cada cabeza es un mundo, y, por consiguiente, cada persona es muy particular, con sus propios gustos y sus propias costumbres. De por sí, hallar a una persona que se parezca a ti en cuanto a intereses y forma de ser, es bastante difícil. Ni se diga entonces lo improbable que es que esa persona además te haga producir Feniletilamina.
Si hay que decidir entre una cosa y la otra, yo diría que deberíamos basarnos más en la afinidad (las endorfinas), en ese sentirnos completos, llenos, tranquilos, felices junto a alguien. Quizás no es tan intenso y excitante como lo que nos hace experimentar la FEA, pero en mi opinión, llena más y es muchó más duradero. Sin embargo, esto depende de cada quien. Si eres una persona que posee intereses comunes, nada muy exquisito, como que te guste el reggaetón y todo lo que esté de moda; quizá entonces no te sea tna difícil conseguir a alguien afín a ti, por lo que puedes entonces arriesgarte a esperar a alguien que te produzca tanto endorfinas como FEA. Mas, si por el contrario, eres un poco más complicado o complicada, más raro que el común denominador de las personas, entonces yo pienso que es mejor no esperar mucho por la Feniletilamina, porque quién sabe cuántas bonitas oportunidades dejemos escapar.
Espero con esto haber respondido la duda del comentario anónimo.
+++++++++++++++++++++
Confieso que no soy muy fanático de los premios de blogs, pero eso no quiere decir que no les esté muy agradecido a las señoritas Ivana Carina y Psique, por el honor que me confirieron al otorgarme el premio de "Thinking Blogger Award".
De verdad les agradezco mucho el gesto. Y si tengo que premiar a alguien más, no lo haré a cinco personas como dicen las reglas, sino a todos los blogs que tengo enlazados acá, porque aunque no los visite todos los días (tanto por falta de tiempo como por pereza otras veces); si no los tuviera en alta estima, jamás los habría enlazado en primer lugar. Así que mis felicitaciones para Raiza, Ceci, Diana, Gabriela, Paty, Amélie, Ivana, Mafita, y Eduardo.
+++++++++++++++++++++
Ya que comienza la temporada de películas dignas de Oscars, tengo pendiente realizar el ya tradicional post sobre las películas que valdrá la pena ver este año (el año pasado la lista incluyó a 3 de las cinco nominadas al Oscar, incluida la ganadora). Por ahora, las que sin duda alguna estarán incluidas en esa lista, son 3:10 to Yuma, American Gangster y The Golden Compass.
20071103
Instantes eternos
Comenzó entonces a recorrer con sus labios la silueta de su amada. Lo hacía delicadamente para no despertarla. Sólo deseaba rozar levemente su piel, capturar su aroma, respirar su esencia. Necesitaba guardar para sí cada detalle de ella. Coleccionar en su mente los retazos de cada segundo que pasaba a su lado. Por eso se detuvo junto a su corazón: para memorizar la melodía de sus latidos, a la vez que sus inquietos dedos danzaban sobre la desnudez de sus senos.
"¿En qué estará soñando?", se preguntó, y volvió entonces a contemplar su rostro. "¡Te amo!", le susurró al oído, y suavemente deslizó la boca por su cuello hastá llegar a los labios de ella, los cuales besó tiernamente. Seguidamente, la contempló una vez más en silencio. Concentrado. Intentando de nuevo esculpir su imagen en su recuerdo. Tomar una fotografía imaginaria que perdurase en el tiempo.
Fue entonces cuando cerró los ojos y atravesó el corazón de ella con una daga. Lo hacía para salvarla, según era la justificación que se daba a sí mismo. De esa manera, preservaría ese amor que se tenían y evitaría que se manchara con todas las impurezas de este mundo. Ahora jamás se ensuciaría en la eternidad, donde iban a poder estar juntos para siempre, fungidos en un sólo momento.
Con los ojos aún cerrados, retiró la daga del pecho de ella, y sin pensarlo dos veces, la clavó en su propio corazón. Abrió de nuevo sus párpados, y observó cómo su sangre se mezclaba con la de su amada sobre la cama, de la misma manera que imaginaba sus espíritus se mezclarían en el más allá.
Satisfecho, cerró los ojos nuevamente: esta ocasión, con la firme intención de no abrirlos nunca más. Ignoraba que ella, en cambio, sí volvería a abrir los suyos.
+++++
Algo tarde ya, aquí está el cuento de Halloween de este año. ¡Espero que les guste!
20071026
All About Chemistry
Levante la mano quien, al hablar sobre química, NO se refiera a esa sensación de mariposas en el estómago que experimentamos cuando estamos ante la presencia de alguien "especial" para nosotros. ¿Acaso hay alguien que haya levantado la mano? Lo más probable es que no, porque todos alguna vez hemos experimentado esas mariposas en el estómago, y nos ha gustado. ¿Quién no ha estudiado, trabajado o estado alguna vez junto a una persona que nos haga sentir que como si flotásemos en el aire? De hecho, es algo que sucede con mucha frecuencia: llegar a un sitio y encontrarnos con alguien que nos impresiona de tal manera, que nos pone nerviosos, acelera nuestros látidos, nos hace desfallecer las piernas, y temblar la voz. Seguramente, muchos de ustedes saben ya que todos estos efectos son causados por la FEA (Feniletilamina), una especie de anfetamina que produce el cerebro cuando nos encontramos ante cierto tipo de personas. Lo que probablemente no sabían -o por lo menos yo ignoraba-, es que este determinado tipo de personas que nos hace producir Feniletilamina, no son necesariamente las que nos parecen hermosas o bonitas; sino que más bien, según el Dr Harville Hendrix, son aquellas que de alguna manera cumplen con una de estas características: nos puede ayudar a finalizar asuntos que tenemos pendientes desde nuestra infancia, nos puede devolver lo que perdimos en el proceso de socialización mientras crecíamos.
Aparentemente, lo quieren decir los psicólogos con esto, es que producimos FEA cuando identificamos, inconscientemente, a personas que en cierto modo nos recuerdan a nuestros padres. Por ejemplo, si la madre de un hombre fue dócil con su padre, entonces él sentira "mariposas" con mujeres que sean o aparenten ser dóciles. Del mismo modo, si una mujer tuvo un padre machista, ella sentirá "palpitar su corazón" por hombres que sean de esa forma. Viéndolo de esta manera, no es muy halagador que digamos el que una persona sienta este tipo de "química" por nosotros.
Como dije antes, todas esas reacciones en nuestro organismo que nos ocasiona la FEA, nos gustan. Nos hacen sentir bien. Sin embargo, una persona determinada sólamente nos podrá hacer producir Feniletilamina por un tiempo finito que varía entre 6 meses y 3 años, dependiendo de los involucrados y sus circunstancias, por lo que luego el efecto agradable de la FEA se desvanece. Por esta razón, si entablamos una relación con una persona sólamente porque nos hacía sentir mariposas en el estómago; lo más seguro es que esa relación se acabe o se torne insoportable una vez transcurrido este tiempo. Lo peor del caso es que al ser la Feniletilamina una especia de anfetamina -y por tanto, una droga-, muchas personas se vuelven adictas a esta clase de "química", que es lo que llaman "love junkies". Estos junkies se pasan la vida saltando de relación corta en relación corta, y si llegan a casarse con alguien, lo más seguro es que sean infieles durante su matrimonio.
Debido a que inevitablemente el efecto de la FEA, tarde o temprano, se esfumará; los expertos insisten en que es una pésima decisión involucrarse con alguien basándose en los "temblores en el cuerpo" que esa persona te produzca. Por esta razón, le dan más importancia a la "química de la afinidad", que a la "química de la mal llamada atracción física" (debería ser más bien "atracción parental", según lo explicado antes).
Y es que resulta que cuando nos la llevamos muy bien con una persona, porque piensa como nosotros, comparte muchos de nuestros gustos, posee el mismo sentido del humor, etc.; nuestro cerebro TAMBIÉN segrega compuestos químicos, sólo que distintos a la Feniletilamina. Se trata de las endorfinas, cuyo efecto es más parecido al de la morfina que al de la FEA, porque nos proporciona calma, tranquilidad, y paz. Aunque no es tan excitante como las mariposas en el estómago, es mucho más estable y adictivo, razón por la cual es mucho menos probable que una pareja que lleva mucho tiempo junta se separe, a que lo haga una pareja joven. Mientras más tiempo transcurren juntos y más experiencias comparten, más adictos se volverán a las endorfinas.
Yo no sé ustedes, pero yo en lo particular, aunque se sienta muy bien el efecto de la Feniletilamina; preferíria tener una relación que únicamente me produjese endorfinas, que lo contrario. Después de todo, la Feniletilamina se acaba. Las endorfinas no.
Cómo bien lo dijo el Dr Mark Goulston, Profesor de Psiquiatría en UCLA, "El amor basado en adrenalina (FEA), es todo sobre nosotros mismos, nos gusta estar enamorados. Con endorfinas (en cambio), lo que nos gusta es amar".
Si quieren leer más sobre este tema, pueden visitar estos links:
Link 1
Link 2
Link 3
Canción para acompañar:
+ Bush - "The Chemicals Between Us"
20071013
Fecha de Expiración
Con esto de expiración no quiero decir que la amistad muere del todo, pero sí que pierde algo de fuerza. Por ejemplo, si tu compañero inseparable de la universidad decide irse a vivir a otro país, no por eso dejan de ser amigos, pero obviamente dejará de tener la presencia en tu vida que antes tuvo. Algo cambia. Más extremos aún son los casos de las personas que conocemos porque están relacionadas con las novias o novios de nuestros seres cercanos. Mientras el noviazgo en cuestión se mantenga, se disfruta mucho compartiendo como un solo grupo; mas cuando deja de existir la relación, se evapora también la frecuencia con la cual se mantenía contacto con los amigos por asociación. ¿Cuántos de tus amigos del colegio, de la universidad, ex-compañeros de trabajo todavía te contactan con la misma regularidad que alguna vez tuvieron? ¿Cuántos miembros de tu grupo de amigos cercanos actual pertenecían a él hace cinco años? ¿Y hace diez? Peor aún: el contacto con el que más hablas por msn hoy y con el que más hablabas un par de años atrás, ¿son la misma persona?
Por supuesto que hay casos de casos. Hay personas que son amigas desde el preescolar hasta el día en el que uno de los dos muere. Sin embargo, ¿qué tan común se da ese caso? Es muy díficl mantener el nivel de intensidad de una amistad durante un tiempo muy largo. Y no es por falta de disposición de uno o del otro, o porque no queramos realmente conservarla, sino que como cada quien tiene que vivir su propia vida, en el proceso alteramos las condiciones que nos rodean afectando para bien o para el mal nuestras relaciones.
A mí me gustaría que no fuese así. Que las amistades que nos importan nunca se extinguieran ni perdieran el ímpetu. Pero la impresión que tengo es de lo contrario. Por suerte, esto tiene como punto positivo el hecho de que así vamos conociendo nuevas personas día a día, y esto siempre es bueno. El lado malo, no obstante, es el siguiente: ¿qué hacemos con tanta nostalgia?
Canción para acompañar:
+ Pulley - "Thanks"20071004
Brillo Desgastado
Como sucede con todo lo que descuidamos, es muy probable que, tarde o temprano, aquello que alguna vez tanto anhelábamos, deje de acompañarnos. Es posible inclusive que, en un primer momento, pretendamos que no nos importa. Después de todo, habíamos aprendido a vivir sin brindarle atención a eso que perdimos. Sin embargo, es a partir de este momento que comienza un lento proceso de contrición en el cual caemos en cuenta de nuestros errores.
A medida que pasan los días, vamos extrañando más y más no sólo a sus atributos más espectaculares, sino sobretodo a aquellos que habíamos llegado a considerar insignificantes. Añoramos los pequeños detalles que nos conqusitaron desde la primera vez, pero que la rutina se encargó de quitarles su brillo. Deseamos una nueva oportunidad para hacer las cosas bien y demostrar que hemos aprendido la lección. Oportundiad que tal vez nunca llegue.
Así es la vida y así somos los seres humanos. Todos hemos vivido algo así, pero sólo algunos han aprendido a evitarlo. Yo aún estoy en eso.
20070917
Historia de un Amor Singular
I Parte
Por alguna razón que desconozco, mi madre pensaba que era de buena suerte llamarse Pepe; y, por ello, decidió llamarnos de esa forma a mis dos hermanos y a mí. Nunca fue muy agradable tener que aclarar, cuando alguien preguntaba por mi nombre, que Pepe era como realmente me llamaba y no simplemente un apodo –y ni decir cuando preguntaban por el nombre de los tres-, pero al menos eso me hacía un poco diferente. Si algo tiene de interesante mi vida, es que siempre ha estado marcada por singularidades.
Cuando tenía cinco años, mi padre me obsequió mi primera mascota: un perro que no era un San Bernardo, pero que me hicieron creer que lo era. “Es un San Bernardo que sufrió una enfermedad cuando nació y por eso parece distinto a los otros”, me dijo mi papá al notar mi cara de decepción por no recibir la clase de canino que deseaba. Yo le creí porque Pepe Jr –como decidí llamarlo- traía un barril de madera colgando del cuello que hacía muy verosímil la historia. De todos modos, yo estaba feliz por tener un perro.
Me divertía mucho jugar con mi mascota y llevarla al parque cada vez que podía. A veces, se escapaba y salía corriendo llevándose por delante a unos cuantos objetos que le obstaculizaban la vía. Así fue como me di cuenta de que Pepe Jr era ciego en su ojo izquierdo. Y gracias a sus escapadas, fue también como tuve la oportunidad de conocerla a ella, a la niña que se convertiría en la protagonista de todas las aventuras que viviría en mi cabeza.
Yo acababa de cumplir los nueve años y corría detrás de mi perro gritándole: “¡Pepe! ¡Pepe Junior!”. Muchos metros de camino después, logré alcanzarlo mientras registraba la basura que esperaba ser recogida frente a un hogar. “¡Perro malo!”, le recriminé, y entonces una voz proveniente del jardín de esa casa me dijo: “¿Cómo se llama tu Beagle?”. Era ella quien me hablaba. Desde el momento en el que giré mi cabeza y la vi, supe, incluso a esa edad tan imberbe, que ya no podría dejar de soñar con ella. Algo en su mirada me hacía ver un poco de mí mismo reflejado en su alma.
No sin tartamudear, logré responderle que no era un Beagle, sino un San Bernardo mi perro. “¡Es un Beagle!”, me refutó ocultando una sonrisa. “Es un San Bernardo, ¿por qué dices que es eso otro?”, le insistí. “Porque yo tengo una Beagle, y es idéntica a tu San Bernardo”, me explicó con una voz tan dulce y suave, que era imposible no quedarse aletargado queriendo escuchar más. Acto seguido me mostró a Zaza, su mascota, y la verdad es que era como ver a Junior con accesorios de niña. Me sentí como un estúpido por haber creído el engaño de mi padre durante tanto tiempo. De no ser porque se había marchado un año antes para fundar una nueva religión –sí, era muy peculiar mi familia-, me habría ido enseguida para insultarlo.
“Se llama Pepe”, le dije una vez que asimilé los hechos y recordé que no le había respondido a su pregunta inicial. “Mucho gusto, Pepe”, le dijo ella a él, a la vez que lo acariciaba. “¿Y tú como te llamas?”, añadió dirigiéndose a mi. “Pepe”, le respondí sin poder evitar reírme un poco. “¿Me estás tomando el pelo?”, me replicó. “No, para nada. ¡Es la verdad!”, le aseguré. “¿Y por qué llamaste a tu perro igual que tú?”, me cuestionó. “No, no es igual. En realidad, él se llama: Pepe Junior”, aclaré. “Pues para mí sigue siendo igual, pero no importa”, me contestó. “Yo soy Susana”.
Para mí, más que una Susana, ella fue algo parecido a una entidad divina. Después de ese día, durante un año entero, Pepe Jr y yo pasamos todas las tardes por su casa con la esperanza de volverla a ver, aunque siempre en vano. Es difícil explicar por qué necesitaba tanto verla si apenas había compartido con ella unos minutos, pero de algún modo sentía como si todo lo que había vivido hasta ese día no había sido más que un preámbulo para esos cortos instantes junto a ella. Nunca había sentido tanta paz, y nunca más fui el mismo a partir de esa ocasión.
Al empezar en la secundaria, mi madre quiso que nos mudásemos a otra ciudad para rehacer allí nuestras vidas sin mi padre, y con ello, la poca esperanza que conservaba de encontrarme de nuevo con Susana terminó de desvanecerse. Jamás me cruzó por la mente la idea de que pudiera darse la extraordinaria coincidencia de que la chica que tanto anhelaba ver fuese a estudiar conmigo en mi nuevo colegio. Sin embargo, eso fue exactamente lo que ocurrió. Como más tarde averiguaría, la basura que registraba Pepe Jr cuando la conocí, en realidad eran cajas llenas de objetos que esperaban a ser recogidos por las personas que ayudaban a sus padres a realizar la mudanza de ciudad.
No tengo palabras para describir lo que sentí cuando entré en mi salón de clases y me lleve la grata sorpresa de encontrarme con Susana allí. Sin embargo, lo mejor de todo fue saber que ella aún se recordaba de mí, porque al sentarme en mi puesto, me envió una nota que decía: “¿Cómo está tu “San Bernardo”?” “Igual de loco, ¡ahora se cree Chihuahua!”, fue mi respuesta, lo que la hizo reír. Durante los años que estudiamos juntos, compartí mucho con ella y fuimos muy amigos, pero nunca me atreví a contarle lo que sentía ni el impacto que causó en mí conocerla. Me aterraba hacerlo, aunque lo habría hecho desde un primer momento de haber sabido que mi tiempo cerca de ella se agotaría pronto.
Dos noches antes del examen final del penúltimo año de la secundaria, Susana vino a mi casa para estudiar conmigo. La noté un poco extraña y bastante afligida, por lo que le pregunté qué le pasaba. Su respuesta fue que estaba triste porque su familia había decidido mudarse de nuevo a otra ciudad ese verano y no quería hacerlo. En el momento, no dije nada. Me impresionó mucho la noticia y no supe qué decir. Ni siquiera pude levantar la vista y mirarla a los ojos. Simplemente, me dediqué a pretender que nada había sido dicho.
Sin embargo, no pude disimular más cuando me dijo que ya se iba para su casa. “¡Por favor, no te vayas!”, le rogué. “¡Debo irme, es muy tarde!”, me replicó. “Me refiero a irte de la ciudad. ¡Por favor, quédate! ¡Yo te quiero!”, le confesé. Al oír esto, Susana me miró fijamente a los ojos con mucha ternura, se acercó a mí muy lentamente, y me besó en los labios como si toda la vida hubiese estado esperando por ese beso. Luego, dirigiendo su mirada hacia la mía nuevamente, me susurró: “Yo también te quiero y me encantaría quedarme, pero yo todavía no dependo de mí misma sino de mis padres. No puedo hacer nada”. “Entonces, ¡dime adónde te vas para yo ir a buscarte!”, le supliqué. “¡Qué dulce eres!”, me dijo a la vez que me daba otro beso, “Pero si realmente estamos destinados el uno al otro, nos volveremos a encontrar sin necesidad de que yo te diga dónde estaré”. “Pero si ya nos hemos encontrado dos veces, ¿te parece poco?”, me quejé, a lo que ella respondió: “¡Quédate tranquilo entonces, porque seguramente nos volveremos a encontrar una vez más!”.
Un mes y medio después, Susana se marchó sin decirme nunca su destino. Fue triste y dura la despedida, mas al menos me quedaba el consuelo de haber vivido los mejores días de mi vida durante ese tiempo. Prácticamente, no hubo segundo en el que no estuvimos juntos durante los últimos días, así como no hubo momento en el que no la extrañé luego de su partida.
Dondequiera que iba, observaba atentamente a mi alrededor buscándola, pero nunca tuve éxito. Cuando me fui a estudiar veterinaria en una universidad lejana, todos los días anhelé tener la misma suerte que tuve al empezar la secundaria, pero jamás me conseguí con Susana esperándome en mi salón de clases. Con el paso del tiempo, creció mi desesperanza y mi temor por no volverla a ver nunca más en mi vida.
Durante mis vacaciones del segundo año, viajé unos días con mi familia y Pepe Jr a la playa, lo que le sentó muy mal a mi viejo perro. No comía, no jugaba, y no hacía nada excepto tirarse en el suelo con la mirada perdida. Yo sabía que ya estaba muy viejo y que estaba cerca de su hora, pero de todos modos decidí llevarlo a un centro veterinario con la fútil ilusión de poderlo salvar. Quizás alguien allí supiera una forma de ayudarlo aún desconocida para mí.
Sin embargo, fue en vano. Mi fiel compañero se me fue mientras aguardábamos en la sala de espera. Desconsolado, lo cargué en mis brazos para llevarlo a casa, y al cruzar el umbral de la puerta, tropezó conmigo una chica que resultó ser nada más y nada menos que Susana. ¡Qué manera de finalmente tener la dicha de encontrarla de nuevo! “No sabes cuánto te he buscado en todo este tiempo, pero lamento que nos hayamos cruzado de nuevo en este momento tan triste para mi”, le dije. Luego agregué: “Discúlpame por no quedarme un rato hablando contigo. Debo irme”. No obstante, mientras caminaba hacia el auto, ella se me acercó para pedirme la dirección del lugar donde me estaba quedando. Quería verme esa noche.
A las ocho de la noche se apareció en el hotel con un cachorro de Beagle en sus manos. “Es un nieto de Zaza”, me dijo, “y quiero que lo tengas tú”. Yo no quería aceptarlo porque no comparto la teoría de que un clavo saca a otro clavo, mas fue tanta su insistencia, que tuve que hacerlo. “¿Qué nombre le colocaste?”, le pregunté. “Yo lo llamé Archie, pero imagino que quieres a un quinto Pepe en tu familia”, me contestó con una sonrisa. “Archie me gusta”, repliqué yo, “Así lo llamaré”. El resto del tiempo lo dedicamos a ponernos al día. Ella me contó que estudiaba la misma carrera que yo, y que al mismo tiempo trabajaba medio turno como asistente en el centro veterinario adonde había ido. Al igual que yo, soñaba cada día con entrar a su salón de clases y verme allí. A diferencia de mí, nunca se dio por vencida.
Tuve que partir al siguiente día, pero le dejé la promesa de que volvería a buscarla. Esta vez, intercambiamos direcciones de correspondencia, teléfonos, y todo lo que nos fue posible para evitar perder el contacto de nuevo. Al principio, poder hablar con ella me calmaba la ansiedad, pero poco a poco esta se hizo más insoportable. A los dos meses, decidí aparecerme por su casa de sorpresa, por lo que me dirigí a la estación de trenes y compre un boleto hacia mi destino. No podía estar más feliz, porque con toda seguridad, vería una vez más a mi Susana.
II Parte
A veces, cuando siento nostalgia, cierro los ojos y tengo de nuevo ocho años. Vivo de nuevo aquel día de marzo que en aquella época tanto quise evitar que llegase, y que ahora tanto deseo volver a vivir. Mis padres terminaban de colocar en cajas nuestras pertenencias luego de que, por última vez, ignorasen todas mis súplicas por no irnos de la ciudad. Ellos no entendían que yo no quería perder a mis amigos, y yo, nunca comprendí sus razones de adultos para mudarnos. Consciente de que ya no había nada que pudiera hacer, y con mucha impotencia dentro de mí, me senté en el jardín de mi antigua casa con la desesperada ilusión de que llegase un príncipe azul en un caballo blanco a rescatarme de tan funesto destino. Cuando de pronto apareció un niño persiguiendo a su perro, sin saber por qué, mi corazón empezó a latir más fuerte, y, de mi boca, surgió un susurro que sólo yo escuché y que decía: “¡Mi Príncipe!”.
Era un tanto singular mi príncipe. Para empezar, su caballo era un perro que ni siquiera estaba seguro de lo que era, ya que creía ser un San Bernardo cuando en realidad era un Beagle. Segundo, no era elegante como debía serlo alguien de la realeza, sino que más bien estaba algo sucio y harapiento. Y tercero, Pepe, que para muchos no es más que un apodo, en su caso era su verdadero nombre, y también el de su mascota. Sin embargo, todo esto pasó a un segundo plano cuando sus ojos café se posaron sobre los míos y sentí mi alma desnuda, como si hubiera podido ver dentro de mí. Por ese instante de tiempo, logré olvidarme de todos los problemas que me embargaban. Sencillamente, fui feliz durante ese momento.
Para mi desgracia, mi príncipe no me rescató aquel día. Después de que estuvimos hablando un rato y jugando con nuestras mascotas –Pepe Jr y Zaza-, se marchó a su casa y no me quedó más remedio que mudarme. Una vez instalada en mi nuevo hogar, tomé por costumbre sentarme todas las tardes en mi nuevo jardín a esperar por mi Pepe. “¿Cuándo vendrá a buscarme mi príncipe?”, me preguntaba cada día. Por alguna razón, tenía la seguridad de que tarde o temprano sucedería.
Y sucedió. Sólo que no se apareció en mi jardín de nuevo, sino en mi salón de clases, un año después, y no precisamente a buscarme. Fue una gran coincidencia: estudiaría conmigo ese nuevo año escolar, por lo que más emocionada no podía estar. La sola idea de poder verlo todos los días, me motivaba cada mañana al despertarme.
Con el tiempo, nos hicimos muy buenos amigos. A mí, me emocionaba mucho que él fuera a visitarme, porque soñaba con que iría a proponerme que fuera su novia. Constantemente analizaba todo lo que él hacía o decía, con la esperanza de encontrar algo que me indicara que Pepe estaba interesado en mí, pero eran muy ambiguas sus señales y no podía saberlo con seguridad. Por ejemplo, rara vez hacía contacto visual conmigo, y muchas veces, pasaba horas sentado cerca de mí sin decir palabra, como si yo le aburriera o le pareciera tonta. Mas, otras veces, lo atrapaba mirándome cuando creía que yo no me daría cuenta, cosa que me mantenía ilusionada. Después de todo, mi lema siempre había sido que la esperanza es lo último que se pierde.
Cuatro años transcurrieron durante los cuales, a pesar de que nunca pasamos de ser sólo amigos, fui dichosa. Por esta razón, me cayó como un balde de agua fría cuando mi padre me dijo, al finalizar el penúltimo año de la secundaria, que ese verano tendríamos que mudarnos de nuevo. Lo habían transferido a otra ciudad en su trabajo. ¿Cómo se puede conservar la esperanza ante noticias como esta? No me había ido, y ya comenzaba a extrañar a mi Pepe.
La noche en la que se lo comenté a mi príncipe, yo pensé que no le importaba no verme más. Prácticamente, ignoró mi comentario y siguió estudiando para un examen. Yo no podía concentrarme con tanta tristeza. Me dolía mucho la indiferencia con la que se tomó la noticia. No obstante, cuando ya me iba para mi casa, finalmente mi Pepe se abrió a mí. “Susana, ¡no te vayas!”, o algo así me dijo. “Es muy tarde”, me excusé yo, pensando que él se refería a continuar estudiando. Fue entonces cuando me explicó que lo que no quería, era que me fuera del pueblo. Me confesó que me quería, y que estaba enamorado de mí desde aquella vez que se apareció en mi jardín. Lo que tanto yo había soñado, por fin estaba sucediendo. Emocionada, me acerqué a él y por primera vez nos besamos. Ninguno de los dos sabía muy bien cómo hacerlo, pero no era relevante para nosotros. Lo importante, era lo que significaba ese beso para ambos. La confirmación de que, algunas veces, los sueños sí se hacen realidad.
Nunca le dije a Pepe la ciudad a la que me mudaría, ni mi teléfono, ni otro dato que le permitiera buscarme. Como chica soñadora e ingenua que era, confiaba en que el destino se encargaría de unirnos nuevamente si realmente éramos el uno para el otro. Pensaba que si, por mala fortuna, nunca más nos volvíamos a ver, al menos me quedaría el consuelo de los maravillosos días que vivimos desde aquel beso hasta el momento en el que me fui. ¡Qué equivocada estaba!
Lo extrañé demasiado en todas y cada una de las horas en las que no nos vimos. Anhelaba conseguírmelo en la universidad cuando empecé a estudiar veterinaria, o sentado en un café esperando por mí, o haciendo cualquier cosa; pero luego de mucho tiempo, me resigné a la idea de que tal vez algo así nunca ocurriría. Comencé a salir con otros chicos, mas dejé de hacerlo al notar que ninguno me llenaba. Nada era igual sin mi Pepe.
Dos años, nueve meses y dieciocho días después, finalmente volví a encontrarme con mi Príncipe. Tropecé con él sin querer cuando entraba a la clínica veterinaria donde yo trabajaba como auxiliar en mis horas libres. Traía en sus brazos el cuerpo sin vida de su viejo amigo Pepe Jr, por lo que simplemente le pedí su dirección de habitación para visitarlo cuando fuera un poco menos doloroso para él. No pude resistir mucho tiempo, y fui a visitarlo esa misma noche.
Le obsequié un cachorro de Beagle, uno de los nietos de mi vieja Zaza, que había fallecido veinticinco meses atrás. “Te estaba esperando”, le dije. “Y yo te estaba buscando”, me respondió mi Pepe. Pasamos toda la noche conversando, contándonos lo que había sido de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nuestras manos se habían juntado y yo me encontraba con mi cabeza apoyada sobre su hombro. “¡Te quiero igual que siempre!”, me confesó. “¡Yo te adoro, mi Príncipe!”, le respondí, y nos quedamos dormidos de esa forma.
Mi Pepe se encontraba en la ciudad de paseo, por lo que al siguiente día tuvo que partir a su casa. Pronto comenzaría de nuevo las clases y debía prepararse para ello. Coincidencialmente, estudiaba veterinaria igual que yo. Sin embargo, esta vez sí intercambiamos datos de contacto, y me prometió que volvería muy pronto a buscarme. Yo estaba feliz con esa promesa.
Desde que se marchó, todas las noches durábamos horas pegados al teléfono. Era mi momento favorito del día, y dejaba de hacer cualquier cosa para hablar con él. Por eso, me extrañó tanto que dos meses después, de pronto un día dejó de llamarme. “¡Quizás fue a una fiesta!”, pensé la primera vez, pero al repetirse la situación en la siguiente noche, comencé a preocuparme. Lo llamé a su casa, y un compañero de habitación me contestó que la mañana anterior había partido en tren a visitarme. Como llevaba veinticuatro horas de retraso, entré en pánico. ¡No podía dilatarse tanto mi Pepe!
Desesperada, salí corriendo a la estación de trenes apenas supe. No estaba allí mi Pepe, pero me sentí más tranquila cuando supe que no había ocurrido ningún accidente en más de diez años. Esperé unas horas en caso de que llegase en el próximo tren, mas no fue así. A medida que transcurrían los minutos, más y más angustia sentía. Algo le había pasado a mi príncipe.
Al amanecer, cuando fui a comprar la prensa. Me enteré de la desgarradora noticia. Al llegar a la ciudad, mi Pepe defendió a una anciana que estaba siendo víctima de un atraco y fue ultimado por uno de los antisociales. Mi príncipe había muerto rescatando a alguien.
Hoy, veo todo en perspectiva, y doy gracias por al menos haber tenido la oportunidad de conocer al verdadero amor. Sin embargo, también me arrepiento por haber dejado tantas cosas en manos del destino, en lugar de aprovechar al máximo cada minuto con quien fue mi Cielo. Di por sentado que teníamos toda la vida por delante, cuando en realidad nunca sabemos de con cuánto tiempo exactamente disponemos. No obstante, estoy tranquila, porque sé que tarde o temprano nos volveremos a encontrar, y entonces, le podré dar todos los besos que le quedé debiendo.
Canción para acompañar:
+ Frou Frou - "It's good to be in love"
