20100626
Iguales y diferentes
tal como copos de nieve de un invierno lejano.
Nuestras miradas esconden un sabor a mundo.
Nuestros alientos guardan rastros del tiempo.
La inocencia se ha derretido en nuestras venas.
Sabemos hacia dónde vamos.
Desconocemos cuándo llegaremos.
Y somos los mismos siendo distintos.
Compartiendo anhelos,
saboreando ilusiones.
Con ganas de estar juntos y mordernos los sueños,
arrullándonos el corazón,
acariciándonos el alma.
Dibujando nuestros rostros con susurros.
Abrazando la certera posibilidad de lo incierto.
Sabiendo que cuando todo esté dicho y hecho,
estaremos uno al lado del otro.
Por ti y para mí,
Tu mano entre mis manos.
Tú contando hasta diez.
Y yo...
hasta el infinito.
20100523
Eso de emigrar
Irse a vivir “afuera” tiene sus ventajas (de lo contrario, no tendría sentido hacerlo), pero no es una panacea. A menos que seas un psicópata sin sentimientos o alguien con una muy pésima familia, tu vida en otro país no va a ser ni remotamente tan perfecta como otros la pintan.
Es un trade-off. Un obtener ciertas cosas a cambio de otras. Por ejemplo: obtener cierta estabilidad jurídica y puede que económica, a cambio de estar con tu gente. Porque no es lo mismo contar con uno que otro viejo amigo y muchos recién conocidos, que saber que tu espalda la sostienen tus seres queridos y la mayoría de tus viejos amigos. No es lo mismo llegar a casa y que tus padres, tus hermanos, tu pareja, o incluso tus abuelos te pregunten cómo te fue y traten de consentirte, a llegar a tu hogar y encontrarte con un ‘flatmate’ a quien realmente no le importa mucho cómo te pudo haber ido en el trabajo, así te lo pregunte.
No es igual. Menos aún, fácil. Sin embargo, uno se va acostumbrando. ¿A qué no se acostumbra el ser humano? El problema está en que no todo el mundo quiero hacerlo. Algunas personas sienten que si, por ejemplo, no están en contacto continuo con sus familiares, se mueren… y entonces dejan de disfrutar muchas de las ventajas que ofrece ese nuevo ambiente, por estar muy ocupados mirando hacia atrás permanentemente.
Si ya tienes experiencia viviendo sólo en otra ciudad dentro de tu mismo país, pues es muy probable que logres adaptarte bien en el extranjero. Por otro lado, aquellos que han tenido toda su vida viviendo en su hogar familiar, pues lo tienen un poco más complicado. Es a estas personas a quienes va dirigido esta entrada: aquellos que sienten cada día en sus cabezas al gusanillo de ‘hacer algo’, de explorar oportunidades, de probar nuevas fronteras; pero que realmente no saben lo que es vivir lejos de casa. Por favor, analicen cada detalle detenidamente, piénsenlo muy bien, porque la verdad es que esto de emigrar, no es para todo el mundo.
20100305
5 Minutos, 17 Segundos
Después de bastante tiempo, uno de los oftalmólogos finalmente le sugirió a la madre de Sebastián que le comprase unas gafas con cristales transparentes. Él pensaba que el problema podía ser psicológico y que, de ser así, tal vez la idea de usar lentes bastaría para hacerle creer al niño que ya veía bien. La verdad es que las gafas poco efecto tuvieron en la nebulosa visión de Sebas, pero su uso coincidió casualmente con el momento en el que el niño comenzó a ver mejor. Por esta razón, la madre y el médico siempre pensaron que la hipótesis de este había sido correcta, cosa que influyo notablemente en el hecho de que el oculista eventualmente se convirtiera en el padrastro de la criatura. El padre de Sebastián se había casado, pero no con su madre.
La visión de Sebas mejoró al siguiente día de que este comenzara a usar lentes. Sin embargo, este avance tuvo más que ver con piratas que con sus gafas, ya que estaba disfrazado de corsario cuando por primera vez pudo ver sin problemas un programa de televisión. Resulta que desde que el niño tenía memoria, nunca había sido capaz de ver esa caja mágica sin sentirse mareado enseguida. Si había algo que él no podía ver con claridad, eso era el televisor cuando estaba encendido. Mas todo eso cambió cuando el niño, vestido de pirata, se dio cuenta de que si veía la tv a través de un solo ojo (debido al parche, obviamente), la podía ver perfectamente bien. Le tomaría un día percatarse de que su problema para enfocar se debía sencillamente a que veía cosas distintas por cada ojo.
¿Qué tan distintas eran las cosas que veía? Pues si por ejemplo con su ojo derecho observaba que estaban dando una caricatura en la tv, con su ojo izquierdo lo que percibía era que estaban transmitiendo los comerciales. En una época en la que el control remoto aún no existía, esto era toda una hazaña. Lo más extraño del asunto, era que todo lo que Sebastián veía a través de su ojo izquierdo, más tarde se repetía exactamente igual pero por su ojo derecho. Fue de esta manera que el niño se enteró de que podía ver el futuro.
Con la ayuda de un reloj, el cual Sebastián sabía leer gracias a imágenes en libros (un reloj era otra de las cosas que no podía ver con claridad), el muchacho pudo saber con precisión que su ojo izquierdo le permitía mirar cinco minutos y diecisiete segundos en el futuro. Dado que él era un niño muy maduro para sus escasos ocho años, prefirió callar y no hacer el anuncio a vox populi. No quería ser tratado como un fenómeno. En realidad, ni siquiera estaba orgulloso de esa particularidad: poder observar lo que va a pasar en 5 minutos no era una habilidad que le agradara mucho. ¿De qué le podía servir eso? No era como volar o poder leer los pensamientos: cosas, pensaba él, bastante más productivas.
Mas, al contrario de lo que había pensado inicialmente, Sebastián poco a poco le fue encontrando utilidad a su ojo izquierdo. Por ejemplo: gracias a él podía saber si al escoger determinado camino en su bicicleta, le iba a explotar un neumático al caer en un hueco; o podía evitar toparse con una persona desagradable si escogía una calle en lugar de otra. En fin… nada del otro mundo, pero cosas que sin duda le facilitaban un poco la vida.
Día tras día, el muchacho iba descubriendo nuevos usos para su ojo, pero el mejor, sin duda, fue el que descubrió a los 20 años… o, al menos, así le pareció a él. Ocurió cuando aprendió, gracias a uno de sus tíos, cómo funcionaba la bolsa de valores y se percató de que podía beneficiarle muchísimo saber cuál sería el precio de determinada acción cinco minutos más tarde. De ese modo, Sebastián logró hacerse multimillonario antes de cumplir los veinticinco años de edad.
El dinero le trajo muchos lujos a Sebastián… y también mujeres. Al principio, esto le encantaba. Cada semana se le veía con una mujer distinta del brazo, cada una más despampanante que la anterior. Sin embargo, paulatinamente, el adinerado joven fue sintiéndose solo aún cuando nunca le faltaba compañía. Se dio cuenta de que ninguna de sus “acompañantes” lo quería a él realmente. Querían era a su dinero. Por esta razón, Sebastián se trazó una nueva meta: lograr que alguna chica lo amase de verdad.
Para ello, trató de buscar la manera de aprovechar la ventaja que le proporcionaba su ojo izquierdo, pero… ¿cómo? Lo que necesitaba era saber sobre qué temas y cosas le podría gustar hablar a la chica con la que estuviese saliendo, no ver cómo iban a estar vestidas. “¡Si tan sólo pudiese escuchar también lo que va a ser dicho en cinco minutos!”, anheló para sí Sebastián… y fue entonces cuando se le ocurrió aprender a leer los labios.
Le costó algo de tiempo y mucha práctica, pero el joven logró su cometido al cabo de unos meses, y tal y como se lo había imaginado, poder leer los labios le resultó de maravilla a la hora de hacerle creer a una mujer que pensaba como ella. De esta forma, Sebastián logró enamorar perdidamente a más de una fémina, por lo que finalmente se sintió querido “de verdad”. Ya podía sentirse feliz, pensaba él. Mas, no obstante, no se sentía así. Algo le faltaba.
Y no era para menos: en su empeño por hacer que casi todas las mujeres lo amaran a él, Sebastián se había olvidado del pequeño detalle de que, para sentirse lleno con una persona, él también debía quererla de verdad. Lamentablemente para el peculiar chico, esto simplemente se da. No hay manera de hacer trampa al respecto y, para colmo de males: ¿cómo puede hacer una persona con una habilidad única y extraordinaria para encontrar a su media naranja? ¿Quién podría pensar siquiera remotamente parecido a él?
En los años sucesivos, el magnate tuvo una vida mucho más tranquila. Ya no salía con mujeres todo el tiempo, y cuando lo hacía, era porque creía que esa chica tendría el potencial de enamorarlo, lo cual no ocurría todo el tiempo, y se dedicó más bien a disfrutar de la vida en general. Sin excesos.
Cuando cumplió 35 años, el hombre que podía ver el futuro tomó por costumbre trotar todas las mañanas por un parque situado a pocos metros de su casa, a la cual se había mudado recientemente. Luego de trotar por una hora, se sentaba en uno de los bancos a disfrutar del paisaje y del efecto que el viento producía en su cara al chocar contra ella. De hecho, esto mismo se encontraba haciendo cuando de pronto, a través de su ojo izquierdo, Sebastián vio que en cinco minutos pasaría frente a él una mujer que, aunque no poseía una belleza descomunal, le iba a quitar el aliento. Nunca antes ninguna dama le había causado tal sensación. Por tal motivo, Sebas se levantó de su asiento y tomó la decisión de hablarle a la chica en cuanto pasase frente a él, estaba dispuesto a conocerla mejor. Jamás se había sentido tan nervioso y, para colmo, justo en ese momento, Sebas dejó de ver a través de su ojo “especial”. Era como si alguien se lo hubiese tapado con un parche.
Por un instante, Sebastián pensó que su fin estaba cerca. Si su ojo que veía el futuro ya no podía ver nada, razonaba él, eso quería decir que ya no tenía ningún futuro. Iba a morir en menos de 5 minutos y 17 segundos. Aún así, se armó de valor y cuando la dama especial que había captado su atención pasó frente a él, Sebas comenzó a hablarle, no sobre lo que pensaba que ella podría querer hablar, sino sobre lo que él mismo quería discutir. ¿Qué fue exactamente lo que él le dijo? No es importante. Lo relevante fue que logró que ella se interesara genuinamente en él. Continuaron hablando amenamente por un largo rato y, al final de la tertulia, intercambiaron teléfonos y concertaron una cita.
Al despedirse de la simpática mujer, Sebastián miró su reloj y notó dos cosas: la primera, que habían transcurrido dos horas y seguía vivo; la segunda.. que por primera vez en sus 35 años se había enamorado. Apenas se percató de esto, algo aún más sorprendente ocurrió: comenzó a ver de nuevo por su ojo izquierdo. Lo peculiar, era que por primera ocasión en su vida, Sebas pudo ver nítidamente aún con ambos ojos abiertos de par en par. Fue entonces cuando él se dio cuenta de que su prodigiosa habilidad le había abandonado.
A pesar de los muchos beneficios que poder ver el futuro le había traído, Sebastián pensó que con gusto sacrificaba esa habilidad a cambio de poder sentirse lleno y feliz, lo cual era como le hacia sentir la sola idea de saber que vería nuevamente a la chica al siguiente día. Así que, repleto de entusiasmo, el ya no tan joven chico dio la media vuelta para emprender el camino a casa. Ya sin poder ver el futuro, desde luego, pero, por vez primera, feliz con su presente.
20091228
Recuerdos Ajenos
El día comenzó como cualquier otro. Julieta se levantó de la cama, utilizó el retrete, lavó sus dientes estando aún semidormida, se metió en la ducha, cerró por un minuto sus ojos para escuchar las gotas de agua caer sobre su cráneo, limpió su cuerpo, cerró la llave… en fin, hizo todo lo que solía hacer cada día al levantarse. La diferencia la notó al salir del baño y entrar en su habitación: todo era distinto. No había despertado en su cuarto.
Asustada, se vistió con lo primero que vio en el armario que estaba en el dormitorio donde se encontraba. Por suerte, la mujer que vivía allí era de su misma talla. Quería salir lo antes posible del lugar en caso de que las personas que la habían raptado volviesen, pero antes de hacerlo, revisó someramente todo a su alrededor en busca de dinero para poder transportarse en la ciudad y también de pistas que le indicasen por qué estaba allí. Sin embargo, solo encontró 20 dólares, fotos y documentos de la dueña de la habitación, a quien no recordaba haber visto nunca. Todo lo que alcanzó a averiguar era que se llamaba Marta Delgado y era dos años menor que ella.
Corriendo todo lo que podía, salió del piso y bajó por las escaleras hacia la calle. Se montó en el primer taxi que vio y, luego de verificar que se encontraba en la misma ciudad donde vivía, le pidió al taxista que la llevara hasta su casa. Ya tendría tiempo para poner la denuncia en la policía más tarde.
Al llegar a su casa, tocó el timbre con insistencia hasta que le abrió una mujer a la que reconoció. “¡Hola Roberta! Estoy bien. ¡Gracias a Dios!”, le dijo al mismo tiempo que le daba un abrazo. “¡Nunca me había alegrado tanto de verte!”, agregó mientras entraba a su casa. “¿Estaban muy preocupados por mí?”, preguntó después, pero Roberta, la muchacha de servicio, no supo qué contestar. Estaba sin habla, lo que Julieta atribuyó al hecho de verla sana y salva. “Bueno, no te preocupes. ¿Diego está aquí?”, le inquirió entonces, a lo que la empleada contestó moviendo la cabeza negativamente. “Por favor, llámalo y dile que estoy bien y en casa. Lo esperaré en mi cuarto”.
Mientras aguardaba por Diego, su marido, observó las diversas fotos de los dos que se encontraban en la habitación. Recordó el día de su boda, el viaje que hicieron juntos a Cancún, la primera cita y muchos otros momentos que para ella eran inolvidables. Se alegró mucho de encontrarse a salvo. No podía esperar el momento en el que llegase su querido esposo. Por eso le sorprendió tanto que, cuando finalmente este entró en la habitación, le apretase los brazos en lugar de abrazarla y le preguntase: “¿Quién eres y qué deseas?”.
“¿Cómo que quién soy? ¿Te volviste loco?”, le respondió a Diego. “Soy Julieta, ¡tu esposa!”.
“¿Es esto una mala broma?”, le replicó.
“¿Qué te sucede? No entiendo. ¿No me reconoces?”.
“Pues la verdad es que no”, le contestó su marido. “Mi esposa está inconsciente en una clínica en este momento. Vine porque Roberta me dijo que algo extraño estaba pasando aquí y, además, para buscar algo de ropa para Julieta. Así que, por favor, no me hagas perder más el tiempo”.
“¡Diego! ¡Soy yo! ¿Qué debo hacer para que me creas? Nos hicimos novios el 5 de Enero del 2002 y nos casamos un 5 de Mayo del 2007, tu color favorito es el azul y odias que yo te llame ‘Didi’”, le dijo ella desesperada.
“Todo eso es cierto y hasta hablas como ella, pero mi esposa sufrió un aneurisma anoche mientras dormía y yo mismo la acompañé en la ambulancia al hospital. Créeme que sé dónde está ella”, le explicó él. “Además”, añadió, “¿te has visto en un espejo?”.
Julieta se dio cuenta en ese momento que no había tenido ocasión de ver su imagen en un espejo, salvo cuando se lavó los dientes medio dormida. No sabía cómo lucía. Con mucho miedo ante lo que iba a ver, abrió la puerta del armario para verse en el espejo que sabía estaba por el lado interno. Es difícil describir lo que sintió ella al verse, puesto que pocas veces en la vida nos enfrentamos a situaciones en las que absolutamente nada tiene sentido. El rostro que vio reflejado era el de la dueña de la habitación donde había despertado: Marta Delgado.
“¡No puede ser!”, exclamó. “No entiendo qué pasó. Tal vez nos realizaron una cirugía o algo, pero te juro que soy Julieta. Si no lo fuera, ¿cómo explicas que sepa todo lo que sé sobre nosotros?”.
Por supuesto que Diego tampoco entendía nada de lo que sucedía, mas estaba muy angustiado por la salud de su esposa como para preocuparse mucho por lo que le pasaba a la intrusa que tenía en frente. Después lidiaría con eso, mas no en ese momento. Así que le dijo a la que se hacía pasar por Julieta que esperara allí mismo si quería, pero que él se iría a la clínica para estar con su esposa.
Al llegar a la clínica, le recibieron con la noticia de que Julieta había recobrado el conocimiento y se encontraba despierta. Emocionado, entró a la habitación dispuesto a besarla y abrazarla, por lo que le desanimó mucho que ella se mostrase apática con él. “¿Qué tienes? ¿Algo te molesta?”, le preguntó a ella.
“No es eso. Es que no sé quién eres”, le contestó la mujer en la cama, sin mucha fuerza.
“Soy tu esposo”, le dijo.
“¿Esposo? Pero si yo no estoy casada”, le replicó.
“¿Perdiste la memoria? ¿No recuerdas quién eres?”, le cuestionó Diego.
“No la perdí. Yo sé quién soy”.
“¿Quién eres entonces?”, le preguntó él, intrigado.
“Mi nombre es Marta Delgado”.
Y así fue como estas dos mujeres, que jamás se habían visto, tuvieron que aprender a vivir en un cuerpo ajeno. Nadie pudo explicar nunca cómo ni por qué, Marta y Julieta habían intercambiado sus recuerdos.
20091003
Una nueva vida
Por cierto, ahora vivo en Londres. Llegué hace un mes y estoy en el proceso de buscar trabajo. Por ahora, abuso de la hospitalidad de uno de mis mejores amigos. Por fortuna, no tengo cosas malas que decir, hasta los momentos, sobre esta encantadora ciudad, ya que incluso el clima se ha portado muy bien conmigo.
Es muy temprano aún para juzgar si valió la pena o no esto de emigrar. Desde luego que no es fácil, la familia y los amigos siempre van a hacer falta, y muy pocas personas acá van a poder entender realmente cuál es mi historia y qué es lo que he vivido. Por otro lado, la experiencia de vivir por un tiempo determinado en otro país, no tiene precio. Luego de la primera semana, queda atrás la depresión y se comienza a disfrutar realmente de todo lo nuevo que se está experimentando.
No sé por cuánto tiempo voy a estar aquí. Me gustaría regresar a Venezuela -definitivamente- en algún momento; sin embargo, hay muchas cosas que me gustaría intentar antes, como por ejemplo: hacer un postgrado. Ya veré... el tiempo nos dirá qué va a resultar de todo esto.
Mientras tanto, no puedo hacer más que vivir el momento y disfrutar esto de respirar aires dickensianos.
Saludos desde este lado del mundo!
20090608
Entre las Líneas de Nazca
¡Qué lejanos le parecían aquellos primeros días de noviazgo! Cuando sentía mariposas en el estómago cada día que sabía lo iba a ver, y se moría de ansiedad cada vez que él se demoraba más de cinco minutos en responderle un mensaje. ¡Todo era tan bonito! Lo extraño, le parecía a ella, era que tan solo habían transcurrido dos meses y medio. “¿Cómo se puede desgastar tan pronto una relación?”, se preguntaba. Se le había oxidado la ilusión sin que se diera cuenta de ello.
- . -
Varios días transcurrieron desde el momento en el que Ana tomó lo decisión de romper con su novio, y el instante en el que realmente se atrevió a hacerlo. Sin embargo, él ya se lo esperaba. Tenía que ser tonto, ciego y sordo para no percatarse de que las cosas no andaban bien. La diferencia estaba en que Carlos veía las cosas desde una óptica optimista en la que todo podía mejorar, y Ana, lo hacía desde una un poco más fatalista. Para ella, ya nada tenía remedio.
“¿Ya no me quieres?”, le preguntó, serenamente, él a Ana.
“No lo sé. Creo que ya no. De hecho, creo que ahora te resiento”, le respondió ella.
“¿Me resientes por qué? ¿Qué te hice que fuese tan grave?”, le inquirió Carlos.
“No se trata de algo en particular que me hayas hecho, sino de muchos pequeños detalles: cosas que sueles hacer o tu manera de actuar en ciertos momentos, que chocan conmigo y me molestan, y que se fueron acumulando hasta volverse prácticamente insoportables”, le explicó la chica resentida.
“Pero si no te molesta quien soy, sino ciertas costumbres que tengo, por decirlo así… ¿no crees que si me decías cuáles eran las que no te gustaban, yo podía dejar de hacerlas?”, le refutó su nuevo ex.
“Yo lo hacía, no directamente, pero sí sutilmente con mis reacciones y con indirectas. Por ejemplo, una de las cosas que me irritaban era que siempre te ofrecías para acompañarme a todas partes: ¿no te hablaba yo todo el tiempo de que me gustaba que me dieran mi espacio?”, dijo Ana.
“Sí, pero yo nunca imaginé que a ofrecerme para ir contigo a algún lugar, lo vieses como una violación a tu espacio. No lo hacía por celos, sino para compartir más tiempo contigo. Además, tú nunca reaccionaste de mala manera o me diste un NO tajante, sino que siempre me diste excusas”, agregó Carlos.
La excusa que recibió de ella esta vez fue: “No quería hacerte sentir mal”.
“¡No creo que me hubiese sentido peor que ahora!”, pensó en contestarle Carlos… pero se contuvo y no lo hizo. No quería mostrarse vulnerable. Le dolía bastante que las cosas no hubiesen funcionado con Ana, a quien había querido mucho, mas no lamentaba que rompieran. Todo lo contrario: se sentía aliviado, ya que las últimas semanas junto a ella le habían producido muchas angustias. ¿Acaso no es terrible vivir deshojando a una margarita? Por eso se hizo la siguiente nota mental: pasaría la página y no buscaría una reconciliación con ella. Prefería concentrar sus esfuerzos en encontrar a alguien que no tuviese tantos problemas para expresar sus opiniones y emociones.
- . -
¿Fueron los incas o los mayas? Ana no estaba segura de quiénes los habían hecho, pero sabía que había leído alguna vez sobre una cultura prehispánica que realizaba trazados en la tierra que, vistos de cerca, no eran más que surcos en el suelo; mas, si se veían desde una gran altura, conformaban formas y figuras geométricas sorprendentes. Ella no necesitaba saber que en realidad es a la cultura Nazca a quienes se les atribuyen estos geoglifos, y mucho menos requería conocer los detalles que durante tantos años han dejado perpleja a la humanidad sobre el origen y propósito de estas “líneas”, Ana simplemente se sentía identificada con eso de tener que ver ciertas cosas desde una cierta distancia para poder apreciarlas debidamente. ¡Cuán relacionada con esto se sentía! Era como si las Líneas de Nazca estuviesen allí especialmente para ella: para recordarle que siempre hace falta un poco de perspectiva.
Ahora que había pasado cierto tiempo desde la ruptura con Carlos, ella sentía que los problemas que tanto la habían agobiado durante la relación, en este momento le parecían nimiedades. ¡Se le antojaban tan tontos y triviales! Era mucho mayor el peso de los aspectos positivos que su ex-novio tenía y que extrañaba. ¡Cuánta falta le hacía que la llamase todas las noches para saber cómo le había ido, escuchar sus consejos cuando los necesitase…. y su olor! Añoraba muchísimo poder recostarse de su pecho y percibir su aroma. ¿Por qué era que había decidido terminar con él? Ana a duras penas recordaba sus motivos.
Sin embargo, le dolía muchísimo que Carlos no la hubiese buscado más. Ella juraba que, al romper, él iba a bajarle la luna y las estrellas para que se reconciliasen, le admitiría que había actuado erróneamente, y le rogaría para que por favor le perdonase. De hecho, Ana nunca había descartado la posibilidad de que, a los días, volviesen a ser novios. ¿Por qué él no la llamaba? Lo que más le molestaba era lo seco que le respondía los mensajes de texto cuando ella le escribía con cualquier excusa. ¿Será que tan rápido ya tiene a otra? ¿Por qué ella, que había sido quien decidió ponerle fin a la relación, se sentía tan triste y lo extrañaba tanto, mientras él -al parecer- ya la había superado? No entendía cómo el que fue su pareja lo había logrado.
A pesar de que se moría de ganas por volver con él, ella jamás se lo pensaba decir. Era muy orgullosa para eso… y, de acuerdo con su criterio, él no se lo había ganado. ¿Cómo iba a ser ella quien diese su brazo a torcer? Nunca admitiría que obró mal ni que se precipitó con la decisión que tomó. Él era el hombre. Era Carlos quién tenía que ceder.
- . -
Carlos había adorado a Ana, pero ella le decepcionó bastante. No por el hecho de haber roto con él, sino por la manera como le había tratado hacia el final de la relación. Creía que ella había sido una inmadura. Por esta razón, no se le había hecho nada difícil seguir adelante y prepararse para vivir su vida sin la mujer que tanto había querido semanas antes.
De vez en cuando, Ana lo llamaba o le escribía bajo cualquier pretexto. Sin embargo, jamás le decía que lo extrañaba ni nada parecido; por el contrario, le hacía ver lo bien que se encontraba sin él. ¿Qué es lo que quería realmente? Carlos no la entendía.
Tal vez –pensaba el chico- si ella lo buscaba y le decía que lo quería y que estaba arrepentida de
todo lo que le había dicho, él consideraría volver con ella; pero si era él quien tenía que estar detrás de ella y suplicarle perdón para que hubiese una reconciliación, entonces jamás volverían a estar juntos. Carlos había hecho todo lo que estaba en sus manos para hacer que la relación funcionase, mas Ana no lo supo apreciar. La susodicha había perdido su oportunidad, y ahora a él le resultaba cada día más fácil no pensar en ella.
La felicidad es como una luciérnaga que revolotea a nuestro alrededor, pero nosotros, cegados por el velo del orgullo, muchas veces somos incapaces de verla aunque la tengamos de frente.
- . -
Una vez más, Ana se encuentra en el tranvía que todos los días debe tomar para llegar a casa. Se mira a si misma en el espejo de su estuche de maquillaje, y se ve aún más desanimada que antes. De nuevo, junta los talones de sus zapatillas de bailarina, esperando que un mago fantástico la transporte fuera del foso donde se encuentra, pero nada sucede. A diferencia de lo que ocurría en su película favorita, no había sido una bruja malvada quien la había puesto en la posición en la que se encontraba, sino que fueron… sus propias decisiones.
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Nunca fue mi intención pasar tanto tiempo sin actualizar el blog. Cuando tenía tiempo para escribir, no tenía ganas. Cuando tenía ganas, no se me ocurría sobre qué hacerlo. Y si se me ocurría algo, generalmente no era para este lugar, sino para otros proyectos. Así que entre una cosa y otra, no es sino ahora que vengo agregando una entrada nueva acá, la cual está inspirada -mas NO basada- en una fugaz historia de amor y dolor que vivió un amigo cercano.
Espero no volver a pasar tanto tiempo ausente.
20090201
La ciencia de las casualidades
Y es que sí, hay cosas que pasan por una razón. Cosas aparentemente "fortuitas", que desencadenan una serie de sucesos en nuestras vidas que nos hacen ser quienes somos, que nos permiten llegar adonde estamos. Algunas son agradables, otras no lo son tanto; pero siempre tienen una razón de ser. ¿Cuántas veces nos ha pasado que una decisión tan poco trascendental como podría ser ir a una fiesta ó no, nos ha hecho posible conocer a una persona especial para nosotros, o que ḿas tarde nos sería de mucha ayuda para un proyecto determinado?
Especialmente interesantes, me resultan las "casualidades". ¿Son meramente coincidencias? ¿Están ahí para decirnos algo? La verdad, no lo sé a ciencia cierta, pero quizás por esa misma razón me divierte tanto pensar que sí, que una casualidad es mucho más que una simple coincidencia.
¡Hay cosas para las que no necesitamos muchas pruebas para creer en ellas!
Sólo basta... querer hacerlo.
20090111
Películas Para Ver 2009
Stardust: Una película entretenida con un gran elenco. La oportunidad de ver a Robert de Niro haciendo el papel de pirata gay, no tiene precio. Calificación: 8/10.
3:10 to Yuma: Un buen western, aunque algo largo. Muy buenas actuaciones de Christian Bale, el chamito de Jack&Bobby (Logan Lerman), Ben Foster, y, sobretodo, de Russell Crowe. Calificación: 6/10.
American Gangster: A pesar de que esta cinta contó con la participación de dos grandes actores como Denzel Washington y Russell Crowe, no me pareció nada del otro mundo. Calificación: 5/10.
Enchanted: Disney burlándose de Disney! Una comedia que me dirvitió mucho más de lo que esperaba. Excelente la actuación de Amy Adams. Calificación: 9/10.
Before the devil knows you're dead: Terriblemente mala. Una trama aburrida contada de una manera que la hizo más aburrida aún. Lo único destacable fue la actuación de Philip Seymour Hoffman, quien, para variar, se robó el show. Calificación: 2/10.
The Golden Compass: Una aventura fantástica al mejor estilo de Narnia. Calificación: 6/10.
P.S. I Love You: Una película romántica que, si bien predecible, fue muy bonita y emotiva. Calificación: 7/10.
Juno: Tal vez, la mejor película del año. Genial comedia que logró llenar mis expectativas (que eran bien altas). Jason Reitman se está convirtiendo en uno de mis directores favoritos. Si no han visto Gracias Por Fumar, véanla. Calificación: 9.5/10.
August Rush: Uno de los pocos filmes de la lista que fue tal cual como yo lo esperaba. Muy hollywoodense, pero buena de todas maneras. El score: de primera. Calificación: 8/10.
Into The Wild: Magistral la dirección de Sean Penn, pero nunca logré identificarme con la historia. Hay que tener una visión bastante hippie del mundo, para poder apreciarla realmente. Calificación: 6/10.
Charlie Wilson's War: Prueba número 1 de que la unión de un buen director y un gran elenco no implica una buena película. Aburrida hasta más no poder. Calificación: 1/10.
Gone Baby Gone: Muy bueno el debut como director de Ben Affleck. Esta cinta fue, realmente, mejor de lo que esperaba. Calificación: 8/10.
Be Kind Rewind: No es ni la sombra de lo que fue Eternal Sunshine of the Spotless Mind, pero al menos superó con creces al anterior trabajo de Michel Gondry (The Science of Sleep). Al principio es un tanto latosa, pero a los treinta minutos se torna bastante divertida la cinta, cuando los protagonistas comienzan a realizar películas "sweded". Calificación: 6/10.
Entre las películas que no estaban en la lista pero que realmente me sorprendieron, destacan: Son of Rambow 8/10, Ironman 7.5/10, The Dark Night (Por Supuesto!) 10/10, Definitely Maybe 9/10, Atonement 8/10, Forgetting Sarah Marshall 7/10.
Ahora sí, la lista de películas para ver durante el año 2009:
The Curious Case of Benjamin Button: Director: David Fincher. Cast: Brad Pitt, Cate Blanchett, Tilda Swinton. Para comenzar, la película que más me llama la atención. No sólo cuenta con un buen elenco, sino que además es de uno de mis directores favoritos -y menos prolíficos-, David Fincher, quien ya dirigió antes a Brad Pitt en Seven. La cinta es una adaptación de una historia de F. Scott Fitzgerald de los años 20, y trata sobre un hombre, Benjamin Button, que nace a los 80 años y envejece al revés, es decir, tornándose cada vez más jóven.
Slumdog Millonaire: Director: Danny Boyle. Cast: Dev Patel. Para serles sincero, la trama de este filme a simple vista no me resulta tan interesante. Sin embargo, goza de tan buena crítica, que definitivamente es una película que hay que ver y por eso la incluyo acá. Consiste de un joven de India, que vive en la pobreza y que decide participar en la versión hindú de "¿Quién quiere ser millonario?", pero no por dinero, sino para demostrarle su amor a una chica fanática del show. El director es el mismo de 28 Days Later (Exterminio), Millions, y Trainspotting.
Fanboys: Director: Kyle Newman. Cast: Sam Huntington, Kristen Bell, Jay Baruchel, Jaime King. Una "road trip movie", ambientada en 1998, que trata sobre cuatro chicos que deciden atravesar los Estados Unidos para incursionar en el Rancho Skywalker (hogar de George Lucas), para robarse una copia del Episodio I de Star Wars antes de que la estrenaran, para que así pudiera verla un amigo de ellos a punto de morir. Si pueden, vean el trailer. Promete ser divertida.
The Soloist: Director: Joy Wright. Cast: Robert Downey Jr., Jamie Foxx, Catherine Keener. Del director de Atonement, llega esta cinta basada en la historia real de un talentoso músico (Foxx) cuyos problemas de esquizofrenia le llevan a vivir en las calles, y que es descubierto por un periodista (Downey Jr.) que comienza a escribir sobre él. Debido a que Paramount postergó el estreno de esta cinta en USA para febrero, se habla de que el estudio arruinó las posibilidades de Foxx y Downey Jr. de ganarse una nominación a un Oscar.
9: Director: Shane Acker. Cast: Elijah Wood, John C. Reilly, Jennifer Connelly. 9 es una película animada producida por el gran Tim Burton, y que cuenta con un gran reparto de actores para las voces. El largometraje es una ampliación de un corto que hizo Acker hace unos años, sobre el cual Burton se referió como: "los diez minutos más extraordinarios que he visto". La trama, por lo poco que he podido ver, se centra en un mundo paralelo, donde un muñeco de trapo llamado 9, se une a otros de su misma clase, para proteger el legado de la humanidad en la tierra, luego de que esta desapareciera víctima de unas terribles máquinas.
Inglourious Basterds: Director: Quentin Tarantino. Cast: Brad Pitt, Diane Kruger, Daniel Brühl. Tarantino+Nazis? Count me In! El retorno de Tarantino en la silla de director no puede ser más promisorio. Con un gran elenco, esta cinta se centra en un grupo de soldados judíos de los Estados Unidos que se hacen llamar "The Basterds", y que se dedican a sembrar el terror entre los nazis, asesinándolos brutalmente. Cabe destacar que Tarantino pasó 10 años trabajando en este proyecto.
Synecdoche, New York: Director: Charlie Kaufman. Cast: Philip Seymour Hoffman, Catherine Keener. El guionista de mi película favorita (Eternal Sunshine of the Spotless Mind) debuta como director con esta tragicomedia cuya trama gira en torno a un director de teatro que decide construir una réplica, tamaño real, de Nueva York dentro de un almacen para usarla en una de sus obras. El nombre de la cinta es un juego de palabras entre Shenectady, New York (lugar donde parte de a película toma lugar) y Synecdoche, un termino que denota cuando una parte de algo es usada para referirse a ese algo.
20081123
Ofelia y Ezequiel
No quería verla llorar.
“¡Sigo aquí!”, quiso decirle, pero sabía que ella no podía escucharlo. También sabía que ella no podía sentir lo que sus manos querían hacer.
Él miraba llorar a su amada, y ella veía la imagen distorsionada de lo que había más allá de la ventana. Todo era confuso a través de sus lágrimas, las cuales segundo a segundo resbalaban por sus delicadas mejillas y se dispersaban en la cama. Él deseaba poder atraparlas y conservarlas como pequeños tesoros que le enriquecieran el alma. Lo único que podía hacer, no obstante, era observarla llorar.
“¡Te amo, Mi Cielo!”, le gritó con todas sus fuerzas… en silencio. Justo en ese momento, ella le miró a los ojos. Se sorprendió al notar lo vivos que estaban, y sintió que él le hablaba a través de ellos. Por primera vez en su vida, ella tuvo una conversación sin decir palabra.
“¡Te quiero tanto como lo hice el primer día! ¿Lo recuerdas?”, le dijo el hombre a quien ella tanto adoraba, y, acto seguido, la transportó a aquella lejana tarde de mayo en la que su corazón renació y su soledad moría.
Él contemplaba absorto a los peces en el lago. Apoyado sobre la baranda del puente, se maravillaba ante la diversidad de colores de los pececitos y la agilidad con la que estos se movían. No esperaba escuchar de pronto el característico sonido que produce el obturador de una cámara. Mucho menos, contaba con que a su lado iba a encontrar a la chica más hermosa que en su vida había visto tomando fotografías.
“¿Sabes? ¡No me gustan los paparazzis!”, le comentó con actitud arrogante.
“¡Disculpa?”, exclamó la joven, haciéndose la que no había entendido.
“¡Oh, perdona! Es que pensé que eras una de ellos”, le aclaró el presumido chico. “Estoy tan cansado de que me persigan los paparazzis que ya estoy paranoico”.
“¡Sí, sí, entiendo cómo te debes sentir!”, le dijo la fotógrafa, siguiéndole la corriente. Luego agregó: “Si quieres (para que no pierdas la costumbre), te puedo tomar una foto para un reportaje sobre animales que estoy haciendo”.
Él se sonrió. Sabía que la forma como ella le había devuelto el juego le había conquistado. ¿Qué más podía pedir que una mujer segura, con sentido del humor y rapidez mental? Como no tenía una manera elegante de responderle a la forma tan sutil con la que ella le había llamado “animal”, prefirió, por lo tanto, continuar la charla por otra vía: “¿Eres entonces una periodista?”.
“Realmente, no”, le explicó ella. “Ni siquiera soy fotógrafa. Tan solo soy una aficionada”.
“Pues fíjate que yo sí soy un reportero gráfico”, le replicó el Don Juan del parque. “Laboro para un diario sensacionalista y mi trabajo consiste en capturar imágenes de OVNIs”.
“¡Ah, sí? Me imagino que por eso estás aquí ahora: esperando por si aparece alguno”, le comentó la chica.
“Así es, pero no creo que vaya a tener suerte hoy. Ellos nada más aparecen cuando llueve y hoy el día está muy soleado”, le respondió el ‘reportero gráfico’.
“¡Qué lástima entonces!”, exclamó la muchacha.
“¿Sabes una cosa?”, preguntó ahora él. “Antes me encantaba mi trabajo, pero hoy descubrí que hay uno muchísimo mejor”.
“¿Sí? ¿Cuál?”, le inquirió ella.
“¡Pasar todo el día fotografiándote a ti!”, afirmó el chico.
Ella no se esperaba un comentario tan sincero y, al mismo tiempo, osado de su parte. El chico, en un primer momento, le había parecido muy arrogante para su gusto, mas ya no estaba tan segura de eso. Ruborizada, apenas le pudo contestar: “No creo que sea un buen trabajo: ¡no deben pagar mucho por imágenes mías!”.
“¿Y quién dijo que yo querría venderlas?”, velozmente le refutó él. Fue en ese instante cuando ella supo que estaba perdida. ¡Que la habían conquistado y que ya nada iba a poder hacer al respecto! Sintió que podía besarlo en ese preciso momento. ¡Nunca había estado más contenta de estar viva!
Aún se encontraba la joven meditando sobre lo que sentía, cuando su interlocutor la interrumpió diciéndole: “Por cierto… ¡un placer, me llamo Ezequiel!”.
“¡Mucho gusto, me llamo Ofelia!”, le respondió nerviosamente ella.
Fueron entonces a tomarse un café… y luego otro, y uno más después de ese. Hablaron durante horas de todos los temas imaginables y algunos más. Vivieron una velada sin igual, y por primera vez en sus vidas, se sintieron… completos. No sin antes intercambiar sus teléfonos, se levantaron de la mesa para volver a sus respectivos hogares.
Caminaron juntos hasta la salida del parque. Uno al lado del otro. Al mismo paso… al mismo ritmo.
Ezequiel tomó su mano y apretó sus dedos.
Acarició su rostro y besó sus sueños.
Vio a la felicidad en sus ojos y se vio a sí mismo en su mirada.
Mordió sus labios y atrapó sus anhelos.
Susurró su nombre y gritó sus deseos.
Recorrió su cuello y se recreó en sus cabellos.
Jugó con su sonrisa y le otorgó un suspiro.
Abrazó su aroma y le obsequió una ilusión.
Vivió un instante y lo conservó… toda su vida.
“¡Nunca me olvides!”, le dijo a Ofelia a través de su mirada mientras volvían al presente. “Pero tampoco te quedes atrapada en este momento. ¡Sigue adelante y vive tu vida!”.
Ofelia asintió con su cabeza y decidió besar a su esposo. Veinte años antes, había sido un beso lo que había iniciado la historia de ambos. Ahora, ella sabía que sería ese beso el que le pondría un punto y final. Oprimió delicadamente sus labios contra los de Ezequiel. Lo hizo suave y pausadamente. Él no podía sentir lo que ella le hacía, pero se valía de sus recuerdos para vivir a plenitud ese momento. Lo disfrutaba segundo a segundo, porque sabía que cuando ella retirase sus labios y los alejase de él, se llevaría consigo también a su último aliento de vida.
A la par que una lágrima suya le recorría el rostro, Ofelia tomó las manos de su esposo… y apretó sus dedos.
20081103
Terror en Puerto Claro
20081024
Amistades valiosas
Soy una persona que disfruta la soledad. No quiero decir con esto que soy un ser asocial, carente de amigos y que aborrece toda interacción humana; sino, simplemente, que me gusta contar, cada día, con un determinado período de tiempo para mí mismo, el cual aprovecho para pensar, reflexionar, imaginar, volar, crear, etc. No le tengo miedo a tener que almorzar solo o a ir a determinado sitio sin compañía. Si no me queda otro remedio, lo hago sin trauma alguno.
Aunque parezca paradójico, creo que quizá sea por este mismo hecho de que no le tengo miedo a estar sólo, que sé apreciar la importancia de una amistad. No únicamente eso, sé además distinguir a los verdaderos amigos de los compañeros circunstanciales, y sé también que las amistades que valen la pena no crecen en los árboles y que hay que cuidarlas.
Me gustaría que la próxima vez que se encuentren meditando sobre no sé… la insoportable levedad del ser, hagan el ejercicio de preguntarse lo siguiente:
-Si quisiera salir de rumba hoy, ¿A quienes podría decirle?
-Si durante la salida, me preocupa un grave problema. ¿Con quienes me sentiría con la suficiente confianza como para contarles lo que me agobia?
-De estas personas, ¿cuántas me darían un consejo?
-De entre los que me aconsejaron, ¿a cuántos respeto lo suficiente como para escuchar realmente lo que me tienen que decir?
-Y de entre estos últimos, ¿quiénes estarían atentos y pendientes de mí durante los días sucesivos para saber si logré solucionar mis problemas?
-¿Quiénes serían capaces de decirme en la cara que estoy obrando mal si ese fuere el caso?
Sin ser adivino, me atrevo a asegurar que aún si tu respuesta a la primera pregunta es un número bastante grande, la respuesta a las tres últimas se podría expresar con los dedos de una sola mano. Es evidente entonces que los amigos más importantes no son aquellos que nos invitan y acompañan todo el tiempo a fiestas y eventos. Estos puede que nos sean útiles de vez en cuando, mas no son relevantes.
Una persona que nos escuche y se preocupe por nosotros cuando algo nos aqueja, es un buen amigo. Una persona sensata que nos pueda dar un muy buen consejo, es un amigo inteligente. Una persona sincera que nos diga que no está de acuerdo con nosotros cuando sea necesario, es un amigo honesto. Una persona que reúna estas tres características, es un amigo muy valioso.
Entonces, si tienes la suerte de contar con uno de estos, ¡cuídalo! No lo trates mal. Escúchalo. Considéralo. Ponte en su lugar. En otras palabras, ¡consérvalo! Tarde o temprano, te va a hacer mucha falta su compañía.
Nadie es autosuficiente.
20081004
Momentos Neuróticos
Todos tenemos nuestros momentos de neurosis. Me refiero a aquellos momentos en los que nos sucede algo que a la mayoría de las personas les podría parecer trivial e insignificante, pero que a nosotros sencillamente nos sacan de quicio. Son situaciones que ponen a prueba nuestra capacidad de autocontrol para no armar un escándalo. ¿Quién no recuerda a Mónica Geller (Courteney Cox Arquette en “Friends”) desesperada porque alguien no usó un portavasos en su apartamento?
Sin más preámbulo, aquí les dejo algunas de las cosas que me hacen pasar momentos neuróticos:
-Cuando voy subiendo en un ascensor y en un determinado piso se monta una persona en perfecto estado de salud sólo para bajarse en el piso siguiente. A menos que se trate de una persona de la tercera edad, alguien en muletas o silla de ruedas, o que lleve consigo algo de peso considerable; no veo la forma de justificar que una persona sea tan FLOJA como para ser incapaz de subir un solo piso por las escaleras. Lo peor es que, probablemente, estas mismas personas al llegar a sus casas y verse frente al espejo, se preguntan por qué están gordas si viven haciendo dieta…
- Cuando estoy sólo en un ascensor (¿cuál será mi trauma con los ascensores?), bajando hacia la planta baja, y en uno de los pisos se sube alguien que empieza a presionar frenéticamente el botón que dice “PB” a pesar de que es evidente que este ya había sido marcado… POR MÍ –como si uno fuera tan idiota como para montarse en un aparato de estos y pretender que me va a llevar adonde quiero por obra y gracia del Espíritu Santo-. Es increíble la frecuencia con la que sucede esto… ¿acaso creen que el ascensor va a bajar más rápido porque pulsen más veces el botón del piso al cual se dirigen?
-Cuando voy manejando por una autopista que tiene bastante tráfico y de pronto llega un atorado y me hace cambio de luces para pedirme paso. ¿Acaso creen que voy en el canal rápido a 50 Kph porque me causa placer obstaculizar el tráfico? ¿O es que no se dan cuenta de que no ganan nada con que yo les dé paso si igual no van a poder adelantar a todos los carros que se encuentran delante de mí?
-Cuando hay una fila de personas esperando por usar un cajero automático (ATM) y quien está de primero se antoja de consultar el saldo de cada una de sus cuentas, cambiar la clave, retirar dinero y hasta consultar el horóscopo. ¿Será que piensa que todos los demás estamos allí solo porque es divertido verlo a él? Mi papá me enseñó que cuando vas a hacer más de una operación en un cajero, haces una y luego te colocas de último en la cola para hacer la siguiente.
-Hablar vía SMS o MSN con alguien con un título universitario o a punto de obtener uno, y que no sepa cómo escribir palabras comunes y corrientes y mucho menos cuándo utilizar “haya” en vez de “halla” o “allá”, o que diga “hay” en vez de “ahí” o “ay”. Realmente tengo que hacer un supremo esfuerzo de voluntad para no tratar de corregirle los errores ortográficos (hacerlo sin que te lo pidan puede caer bastante pesado).
-Encontrarme en mi casa viendo una película en la Tv o en DVD y que alguien decida que no hay mejor momento que ese para entablar una conversación conmigo. Esto ya es un problema de sentido común, ¿no? Así mismo, ir al cine y que alguien sentado cerca de ti empiece a criticar absolutamente todo lo que sucede en la película sin siquiera tener la gentileza de hacerlo en voz baja. La molestia es mayor si lo que más critican de la película, es algo que era evidente con sólo ver el tráiler. Por ejemplo: la continua repetición desde distintos puntos de vista del intento de asesinato del presidente de USA en “Vintage Point”. O sea, al menos tómate la molestia de averiguar de qué trata lo que vas a ver.
-La gente que cuenta absolutamente toda su vida a través de sus nicks de msn. He visto cosas como: “Fulanito… Demasiado bueno el concierto de Barney. Mañana para la playita y en 10 días mi cumple!!! Pronto con carro nuevo”…. Sin palabras. Quien quiera saber los detalles de tu vida, ¡que te pregunte!
-Ir de compras y que los dependientes de una tienda en lugar de dejarte ver su mercancía en paz, estén todo el tiempo sobre ti, preguntándote qué deseas (como si de antemano supieras todo lo que venden allí) y sin quitarte la vista de encima. ¿A quién le gusta comprar presionado?
Estas son las cosas que me vienen a la cabeza ahora. A menos que sean seguidores del Dalai Lama y nada les desespere, me gustaría que en el área de comentarios, me digan ustedes cuáles son sus momentos neuróticos.
20080906
Jazmines en la Plaza
Disimuladamente, miró hacia su derecha. Se maravilló por tener la fortuna de aún tenerla a su lado. Contempló uno a uno los cuatro lunares que decoraban su mejilla izquierda. Imaginó que eran constelaciones en un firmamento inmaculado. Puntos de interés en el mapa de una silueta perfecta. Matías la observaba detenidamente. Quería grabar cada detalle de ella en la película de su mente. Buscaba hacer eternamente suyo ese momento.
Su flequillo jugaba con el viento y, pensaba él, debía interrumpirle también en su lectura. Sin embargo, ella no se inmutaba. Continuaba leyendo el mismo libro de portada azul que solía acompañarla las últimas semanas. Sólo dejó de leer cuando sonó su teléfono, el cual ella atendió sin mucha prisa. El aprovechó entonces para escuchar su voz. Le encantaba escucharla. Para Matías, ella sonaba a esperanza, dicha y ternura. Su boca producía las notas de una canción de cuna que más allá de dormirle, le hechizaba.
De pronto, quiso hablarle. Preguntarle cualquier cosa sobre el libro que leía, o sobre el clima, o sobre los cuatros lunares de su mejilla izquierda que tanto le invitaban a soñar. Sin embargo, no lo hizo. No quiso importunarla y arruinar así el momento tan mágico que estaba viviendo. Ella, por otro lado, no encontró ningún obstáculo para hablarle a él. "¡Qué frío hace! ¿No es así?", le dijo con su cálida voz. Matías, por unos segundos, no le contestó: estaba muy ocupado experimentado lo que se siente tocar al cielo.
"¡Muchísimo!", alcanzó a responder cuando volvió en sí. Ella esbozó una sonrisa y prosiguió con su lectura, no sin antes apoyar su mano siniestra en el punto medio del espacio que los separaba a ambos. Fue en ese instante que se le ocurrió a Matías colocar su mano sobre la de su compañera. Quería expresar de esa forma lo que sentía por la dama a su lado. Después de todo, ¿qué podía perder?
Lentamente, fue avanzando su mano en dirección a la de ella. Con cada centímetro que se acercaba, sentía latir más fuerte su corazón. El tiempo se detuvo entre sus manos... o, al menos, esa fue la impresión que le dio a él. Lamentablemente, cuando por fin ya era inminente el contacto físico, ella se levantó de su asiento, dijo un "¡hasta luego!", y se marchó hacia su casa. Matías la observó partir.
A pesar del fracaso sufrido, el muchacho se sintió más feliz que nunca: la chica de sus sueños le había hablado. Cada día estaba más cerca -y de esto no le cabía ninguna duda a él- de por lo menos saber su nombre.
