20050430

Un Cuento de Hadas...

Mary no quería ser grande... pero sabía que inevitablemente tendría que serlo. Lo descubrió a los cuatro años: una vez que su padre le hizo esa pregunta que siempre le hacen a todos los niños en cualquier parte del mundo: "¿qué quieres ser cuando seas grande?". "¡Yo no voy a ser grande!", le había respondido ella con toda la naturalidad de quien está muy seguro de lo que dice, mas su papá entonces la sentó sobre su regazo, la abrazó, y le dijo a modo de suspiro: "¡Ojalá pudieras no ser grande nunca, Pequeña!"; y a partir de ese momento, Mary simplemente lo supo: tenía que crecer. Más tarde alguien le diría que crecer formaba parte de la inexorable ley de la vida.

A Mary no le gustaba ver a nadie triste, pero no tenía más remedio. Como posteriormente alguien también le diría: el que unas veces se esté triste y otras veces alegre, también formaba parte de esa inexorable ley de la vida. "¿Por qué está triste ese niño?", le preguntó en cierta ocasión a su padre mientras señalaba con su pequeña mano a un pequeñuelo que veía desconsolado a los transeúntes de una avenida pasar. "Es que los que debían encargarse de hacerlo feliz se han olvidado de él", fue la explicación que le dio el interrogado. "¡Pobrecito! ¿Por qué se olvidaron de él?", le preguntó nuevamente su hija con tanta compasión que de pronto su padre también se sintió terriblemente mal por el olvidado niño. "No lo sé, pero no debieron haberlo hecho", le respondió, y, para animarla un poco, luego agregó: "A ver... ¿qué se te ocurre que podamos hacer para contentarlo?". Por supuesto que Mary ya había pensado en eso, así que, sin dudarlo un segundo, contestó: "¡démosle un juguete!". "En algo de comer era en lo que estaba pensando yo", le dijo su progenitor, quien además estaba pensando en su bolsillo. "¡Buena idea! !Vamos a darle un juguete y algo de comer!", dijo emocionada la niña, y a su padre no le quedó otra alternativa que complacerla. Por suerte, Mary contaba con un papá que en el fondo era generoso.

De comer le compraron un pastel de carne en una panadería cercana, y para jugar: un View-Master. A Mary le había encantado uno que le habían regalado a ella, por lo que pensó que al niño podría también gustarle uno. No se había equivocado. La cara de emoción que puso el otrora triste niño al recibir su regalo, era imposible de describir con palabras, pero Mary lograba imitarla bastante bien cuando contaba lo ocurrido en su casa. "¿Viste, Pequeña? ¡Tú lograste hacer feliz a un niño triste!", la animó su padre cuando ya estaban camino a casa. "¿Yo? ¡Pero si tú compraste todo!", reconoció ella. "¡Sí, pero tú fuiste la de la idea! ¡Tienes el don de hacer feliz a la gente", le replicó él. "¿En serio? ¿Cómo las hadas?", le preguntó inocentemente su primogénita. "Sí, mas... ¿qué tienen que ver las hadas en esto?", dijo el papá algo desconcertado. "¡Es que las hadas son las que hacen felices a los personajes de los cuentos! ¿Qué hubiese sido de Cenicienta sin su hada madrina?", le aclaró sabiamente la niña. "¡Es que tú eres un hada! ¿Yo no te lo había dicho ya?", le comentó él. "¿Yo un hada? ¡Pero si las hadas vuelan y yo ni siquiera tengo alas!", cuestionó la pequeña. "¡No te preocupes por eso! ¡Ya te crecerán las alas cuando crezcas!". Y desde entonces Mary sintió emoción por crecer... por crecer creyendo ser un hada.

Para hacer felices a otros la verdad era que Mary no tenía dificultad alguna. Una vez, cuando tenía 8 años y estaba jugando en el parque, vio a un niño que, oculto detrás de un árbol, observaba fijamente hacia el horizonte como si estuviese a la espera del gran acontecimiento de su vida. "¿Qué haces?", le preguntó nuestra hada al vigilante de poca edad. "Shhh. Estoy esperando a que se aparezca un Piel Roja. Mis hermanos mayores me dijeron que habían visto uno aquí esta mañana y que seguramente si me quedaba esperándolo acá, yo tambien lo vería. ¡Quiero ver a un Piel Roja!", le respondió entre susurros el niño. Mary sabía que en ese parque no habían Pieles Rojas, tal vez en el parque que quedaba al otro lado de la ciudad habrían algunos, pero en este seguro que no había. Sin embargo, no quería desilusionar al niño y decirle que fue engañado por sus hermanos mayores, por lo que se le ocurrió una idea: fue hasta la jaula donde más temprano había visto a un pavo real, y le pidió al cuidador que le obsequiara una pluma de esta ave. Como nadie era capaz de negarle nada a esta niña, pronto Mary tuvo en su poder no una sino tres de estas plumas, las cuales colocó detrás de una lejana roca de modo que, vistas desde el otro lado, sólo se pudiera ver la mitad superior de estas. Entonces, llamó al niño que quería ver indígenas, y le dijo: "¿Ves aquella piedra que está allá? Detrás de ella, hay un Piel Roja escondido. ¿Ves las plumas sobre su cabeza?". "¡Sí, sí las veo! ¡Vamos a acercarnos", dijo el pequeño emocionado. "¡No, cuidado! Esas plumas indican que están en guerra, así que puede ser peligroso acercarnos", le aclaró el hada. "¡Sí, muy peligroso!", asintió el niño, y prefirió irse mejor a su casa para relatarle una y otra vez a sus hermanos como él sí había visto a un Piel Roja de verdad. Los niños se creen cualquier cosa, y el día que dejan de hacerlo, dejan también de ser niños.

En otra ocasión, Mary pasó junto a una niña que estaba llorando. "¿Por qué lloras?, le preguntó, y la niña le respondió que era porque no la habían invitado a la fiesta de una de sus "amigas". "¡No te preocupes!", le dijo el hada, "¡Nosotras vamos a hacer una mejor!". Y entre las dos hicieron una fiesta que será recordada por siempre por todos sus asistentes: las dos doncellas y todos sus juguetes. Bailaron y se divirtieron con todos ellos, y hasta parece que el osito de fieltro se pasó de tragos porque tuvieron que darle atención médica, aunque, seguramente, él también la pasó bien. De esta forma, Mary hacía felices a todos a su alrededor, a quienes orgullosa les decía que ella era un hada. Una que todavía no tenía alas.

Mas, un día, algo terrible pasó: Mary dejó de creer. Se dio cuenta de que nunca tendría alas y dejó de importarle hacer feliz a la gente, porque al fin y al cabo, ella no era un hada. Estos seres mágicos no existían. "¿Qué te pasa Mary? ¿Por qué ya no estás tan alegre como antes?", le preguntó preocupado su padre. "Porque me di cuenta de que no soy un hada. ¡Gracias por hacerme creer que lo era, pero ya estoy muy grande para creer en ellas!", le respondió ella desconsolada. "¿Y quién te dijo que no eres un hada?", volvió a preguntarle él. "Nadie. Simplemente me di cuenta de que ellas no existen", aclaró la doncella. "¡Tú eres un hada! No tendrás varita mágica ni alas, pero... ¿acaso crees que todas las personas a las que hiciste feliz con tus actos, estaban fingiendo? ¡Tú los alegrastes con tus actos, sin ningún poder mágico!", trató de animarle él. "Sí pero...", pero ella no tenía qué argumentar, se había quedado sin palabras. "Cuando te dije que tenías un don para hacer feliz a la gente, no estaba mintiendo", le dijo su padre mientras le secaba las lágrimas con sus manos. Entonces el hada que había dejado de ser hada, recordó las expresiones de todos aquellos a los que había ayudado: la del muchacho de la calle, la del niño que quería ver Pieles Rojas, la de la niña de la fiesta mágica, y las de muchos más que no me alcanza el espacio para contar sus historias aquí; y se dio cuenta de que el único poder que había utilizado para ayudarlos era el de su imaginación. Desde ese momento, Mary volvió a creer que era un hada... pero esta vez, una de las que sí existen.

Dedicado a todas aquellas hadas
que creen que, por no tener alas,
no les es posible volar

Canción recomendada de la semana:

* Lit- "Lullaby"

Película recomendada de la semana:

*"Secondhand Lions" (2003) [8.5/10] Cast: Haley Joel Osment, Robert Duvall, Sir Michael Caine.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20050423

Novias de Adorno

“¿Quién te gusta?”, me preguntaban siempre mis compañeros de 4to grado de primaria con curiosidad infantil. “¡Nadie!”, solía responderles yo, pero nunca se conformaron con esa respuesta. “¡Alguien tiene que gustarte!”, insistían… y tenían razón: había alguien que me gustaba, que me gustaba desde la primera vez que la vi entrando al colegio de la mano de su madre. No recuerdo bien si la vi entrar en cámara lenta, o si las mariposas estomacales hicieron acto de presencia en esa ocasión, mas lo cierto es que fue desde ese día que lo supe. En todo caso, yo no quería confesarle esto a ellos por razones obvias, pero ya estaba harto de que me hicieran la misma pregunta una y otra vez por lo que no me quedó otra que ceder ante la presión y confesarles: “¡Me gusta Virginia!”, y como era de esperarse, en menos de diez minutos ya todo el colegio sabía quién me gustaba. El detalle estaba en que yo no conocía a ninguna Virginia en toda la escuela, y precisamente por esta razón fue que dije ese nombre. Sin embargo, el hecho de que yo no conociera a ninguna no quiere decir que no hubiese por lo menos una Virginia estudiando en el colegio. Murphy no sólo se hizo presente colocando a una niña con este nombre en el curso de segundo grado, sino que además la hizo hermana de alguien que estudiaba conmigo. Fue divertido aclarar luego el malentendido con su hermano...

Ni loco hubiese confesado que la que me gustaba era Melissa. Si se iba a enterar, que fuese porque yo se lo dije y no por medio de terceros ni nada parecido. De todos modos, ella nunca se llegó a enterar de esto, ni siquiera creo que lo llegó a sospechar. Podría utilizar la timidez, el miedo al rechazo, o cualquier otra cosa como excusa, pero aunque todas ellas podrían tener algo de razón; la causa primordial por la que nunca se lo dije no fue otra que: no estaba seguro de lo que sentía. Tenía miedo de que la primera estrella que vi no fuese en realidad una estrella, como bien lo dice Jimmy Eat World en “For me this is heaven” –y si no digo esto me matan: Andrew McMahon de Something Corporate cita esta frase en la excelente “Konstantine”-, porque a pesar de que yo hablaba con ella, hacíamos trabajos juntos y hasta iba para su casa, yo no la conocía realmente. Tenía miedo de que me gustase quien yo creía que era ella en lugar de quien ella era realmente. Al final descubrí que tenía razón en no estar seguro, porque aunque ella es una buena persona, resultó ser distinta a como yo había supuesto que era. No éramos compatibles después de todo.

Para ser hombre, yo soy bastante extraño. El 98% de los hombres no se detendría –ni a los 10, ni a los 15, ni a los 20, ni a los 40- a pensar en que si la personalidad de la otra persona se adapta a la de ellos o no. Que sea bonita y/o que esté “buena” es todo lo que les interesa -y en algunos casos ni siquiera eso, con que simplemente sea mujer les basta-, pero yo nunca fui así. No voy a decir que la parte física no importa para nada porque estaría mintiendo, pero sí diré que es lo de menos. Con que sencillamente tenga algo que te atraiga es suficiente; en mi caso, por ejemplo, es infalible la mirada (una de esas que son profundas y que por más que la contemplas nunca llegas a descubrirla en su totalidad); pero lo que realmente importa –por lo menos para mí- es la personalidad. Tal vez lo que pasa es que soy tan malo para hacer de hipócrita, que es imposible para mí estar con alguien así sea un monumento a la belleza si no me resulta realmente ameno estar con ella. ¿Para qué querría yo una novia de adorno que me sirva sólo para lucirla ante la gente? Yo no quiero a alguien que haga sentir bien a los demás, sino a alguien que me haga sentir bien a mí. Nunca faltarán los rumores de que le gustas a esta o a aquella muchacha, “¡Aprovecha! ¡Aprovecha!”, te van a decir siempre algunos, porque la sociedad tiende a exaltar y hasta a admirar con devoción a los hombres que cada semana tienen a una pareja diferente, mas yo lo que siento por ellos es algo de lástima, esas personas no saben lo que quieren y probablemente nunca lo sepan. Yo soy un fiel creyente del dicho que dice: “mejor sólo que mal acompañado”, y ¡vaya que para mí es difícil encontrar buena compañía!

De niño me preguntaba cómo iba a reconocer a la mujer de mi vida, a mi futura esposa. ¿La veré rodeada de ángeles?, ¿habrá una señal divina que me lo indique?, ¿cómo voy a estar seguro de que es ella cuando la conozca? Pero no hay señales divinas que te lo indiquen, por lo que no vas a estar cien por ciento seguro desde un primer momento. Ese es el chiste del asunto: ¡confiar en tus instintos! Confiar en que alguien es la persona indicada y luego jugar a descubrir si tenías razón o no. Pero para confiar en esa persona de nada me sirve la apariencia –que además con el tiempo se irá marchitando poco a poco hasta que sólo queden los vestigios de lo que una vez fue-, sino su forma de ser. A mí me resulta la analogía con los juegos de video: un juego con excelentes gráficos pero que siempre sea lo mismo aburre rápido, en cambio uno con gráficos normales pero que cada vez que lo juegues sea una experiencia diferente, rara vez te llegará a aburrir. Sin embargo, ¿cómo tiene que ser entonces la forma de ser de la persona que buscas? Daniel, uno de los mejores amigos que se pueda tener, siempre dice que debemos buscar a una versión femenina de nosotros mismos, queriendo decir con esto que tiene que ser alguien que ante todo pueda ser una gran amiga. Alguien que sea lo suficientemente parecida a ti como para tener mucho en común, pero al mismo tiempo lo suficientemente diferente como para que resulte interesante. Alguien que puedas llegar a conocer tan bien que con sólo ver la expresión en su rostro sepas ya lo que piensa de algo. Alguien con la que puedas hablar de cualquier cosa sin llegar a aburrirte. Alguien que quieras con sus defectos y no a pesar de ellos. En fin… alguien que te haga interesar por sus sueños, sus temores, sus costumbres y todos esos detalles que para otros pueden resultar irrelevantes pero que para ti pueden significarlo todo. Toda relación de pareja siempre exige sacrificios y compromisos que resultan en una tortura si no estás realmente enamorado de la otra persona, pero que realizas con gusto si de verdad estás enamorado. Fue Aristóteles el que dijo que amar es “querer el bien para alguien”, así que la mejor manera de reconocer a la persona indicada, es cuando sientes que antes que nada lo que quieres es hacer lo posible para que esa persona sea feliz, por encima de tu felicidad propia.

Parece sencillo, pero conseguir a una persona así –al menos para mí- no es fácil. Si cuesta encontrar verdaderos amigos (aunque vale la pena la espera), encontrar a tu media naranja debe ser toda una hazaña. Un gran obstáculo para esto es la tendencia a idealizar a las personas, a recrearlas en tu mente como quieres que sean y no como en realidad son. A veces quieres tanto encontrar a tu complemento que imaginas que la primera persona que te caiga bien o que tenga una actitud que de lejos te agrade es compatible contigo cuando en realidad no lo es. Pero… ¿qué pasa si tienes la oportunidad de conocer a alguien antes de realmente conocerla, valga la redundancia, de modo que factores externos a la personalidad no intervengan? Si tienes la oportunidad de encontrar a alguien, sea por el medio que sea, muy compatible a ti, no la dejes escapar; no es algo que suceda muy a menudo y nunca sabes si posteriormente tendrás otra oportunidad. Cuando ambas personalidades encajan una con la otra, ya la mitad de la batalla está ganada…


"Love is like a Rubix Cube, there are countless numbers of wrong twists and turns, but when you get it right, it looks perfect no matter what way you look at it".

[Brian Cramer]

“La experiencia nos enseña que amar no significa en absoluto mirarnos el uno al otro, sino mirar juntos en la misma dirección. No existen compañeros si no se hallan unidos en idéntica tarea, si no se encaminan juntos hacia la misma cumbre”

[Antoine de Saint-Exupéry]


Canción recomendada de la semana:

* Jimmy Eat World - "For me this is Heaven"

Película recomendada de la semana:*

"Love Actually" (2003) [10/10] Cast: Hugh Grant, Liam Neeson, Emma Thompson, Colin Firth.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

P.D: Me puse a jugar un poco con Flash e hice la animación esa que sale en el título. Otro día la mejoro pero ya tuve suficiente de Flash por hoy. Ya veré qué se me ocurre. Espero que les guste mientras tanto.

20050415

Desaprender lo Aprendido

Aprender cualquier cosa es bueno. Nunca sabes cuándo podrás necesitar algo que hayas aprendido. Constantemente uno se encuentra en la búsqueda de cosas novedosas que aprender y en compañía de personas que te puedan enseñar algo nuevo. Al menos ese ha sido mi caso la mayoría de las veces. Sin embargo... ¡de vez en cuando quisiera no haber aprendido nunca nada!

¿Por qué? Porque cuando aprendes algo, ya nada que involucre ese algo será igual ante tus ojos. Todo será más complicado. Como cuando aprendes el concepto de las derivadas matemáticas y a partir de entonces todas las fórmulas de la física que conocías dejan de ser meras divisiones y multiplicaciones para pasar a ser derivadas de esto respecto a aquello. ¿Por qué la velocidad no puede ser simplemente la distancia recorrida entre el tiempo? Por supuesto que de este modo la física sería imprecisa y los automóviles sólo existirían en los libros de Julio Verne y los bosquejos de Da Vinci serían todo lo que tendríamos en cuanto a los aviones. Así que no, no es ante la física y las matemáticas mi queja, sino ante la realidad de las cosas... ante la vida misma.

¡Hasta me dan ganas de creer por un momento en la teoría Creacionista para así culpar a Adán -y a Eva- de todos nuestros males! ¿Nunca se han puesto a pensar qué sería de sus vidas si todo ese cuento del fruto prohibido y la serpiente nunca hubiese ocurrido (suponiendo, con el permiso de Darwin, que eso realmente sucedió)? Tal vez yo estaría debajo de un árbol comiendo cualquier cosa sin tener que pensar nunca en trabajar y mucho menos en impuestos. La gente andaría por allí desnuda y ni cuenta se darían y, además, ¡nadie tendría ombligo! Ya que Dios tendría que crearnos a todos porque Adán y Eva serían demasiado inocentes para saber cómo procrearnos.

Si alguna vez llegan a inventar un método para borrar la memoria al estilo "Eternal Sunshine of the Spotless Mind", estas serían algunas cosas que me gustaría desaprender:

*) Las ya mencionadas derivadas matemáticas. Todo es perfecto con sólo divisiones y multiplicaciones.
*)Que Santa Claus, San Nicolás, el Niño Jesús, Los Reyes Magos, el Ratón Pérez, el violador de la esquina, o quien sea que te haya traído los regalos en tu niñez no existe (sería divertido seguir creyendo en ellos aún cuando nunca te traigan nada porque en realidad no existen).
*)Las leyes de Murphy (tal vez si no estuvieras al tanto de ellas, estas serían menos infalibles).
*) Que hay que pagar impuestos (asumiendo que no te genera problemas judiciales olvidarte de esto).
*) Que en Disneyworld o Disneyland no viven realmente Mickey Mouse y sus amigos sino que son personas que trabajan allí disfrazadas de estos personajes.
*) La existencia de gérmenes, bacterias y demás microorganismos perjudiciales (Howard Hughes hubiese sido más feliz desaprendiendo esto).
*) Cuando escribí el post sobre los globos de helio, alguien me dijo que estos cuando se nos escapaban iban a parar al océano y que eran causantes de la muerte de muchas ballenas y delfines. Pues bien, esto es algo que no quiero saber.
*) Que para hacer cualquier cosa necesitas realiar diez mil trámites burocráticos.
*) Que comer muchos dulces puede dar caries (en un mundo perfecto la caries no existe).
*) Ya que esta es una lista de cosas para el olvido, quisiera incluir también: las canciones de Britney Spears y de Eminem, el Reggaeton (dichosos aquellos que todavía no conocen este "género" musical), The Son of the Mask, 13 Ghosts, Lawnmower Man, Crossroads, Torque, Anaconda, Freddy Krueger y otras cosas a las que ya me dediqué a olvidar.
*) Los políticos.

Estas son todas las cosas que me vienen a la mente en este momento. ¿No sería ideal poder olvidarse de todo esto sin que hubiese consecuencia alguna? ¿Qué otra cosa, además de este blog, agregarías a esta lista?

- "La ignorancia es la almohada más suave sobre la cual un hombre puede descansar su cabeza".
[Michel de Montaigne]

Canción recomendada de la semana:

* Third Eye Blind - "Forget Myself"

Película recomendada de la semana:

* "The Manchurian Candidate" (2004) [7.5/10] Cast: Denzel Washington, Meryl Streep, Liev Schreiber.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

- H.G.

20050409

La Niña de la Sonrisa Escondida

El color de sus uñas combina con su estado de ánimo. Su habitación también. Un peluche desgastado arrinconado en algún lugar de su closet es todo lo que queda de la niña feliz que alguna vez habitó allí. La suite del "Cascanueces" de Tchaikovsky se escucha una y otra vez en su reproductor, mientras ella intenta en vano evocar tiempos mejores. Los momentos de alegría en su vida poco a poco se han ido escapando de sus recuerdos. Ella misma los dejó escapar.

Por un momento refugia su mirada en la ventana, y ella entonces se traslada por unos instantes a cualquier otro lugar. Así ella consigue efímeramente escapar de su casa, de su vida... de ella misma; pero continúa siendo infeliz. "¡Mi vida apesta!", se repite ella constantemente como si fuese un mantra, lo que la lleva a preguntarse si existe algo que no apeste para ella. "¡Me encantan las fresas con crema!", se responde rápidamente a sí misma y comienza entonces a desear tener una copa con crema y fresas en ese momento. Como esto no era posible, continuó repitiéndose nuevamente que su vida apestaba.

En realidad su vida no apestaba, mas cuando se es la reina del drama, todo te resulta trágico. Para ella, nada era completamente bueno y todos confabulaban para hacerle la vida insoportable, pero la única que contribuía a hacer su vida insoportable era ella misma. Las cosas buenas de la vida están ahí en todo momento, sólo que se debe estar dispuesto a verlas para poder percatarse de su presencia. Ella estaba muy ocupada quejándose por todo para poder apreciarlas.

De repente sintió la necesidad de conversar con un amigo, pero ella carecía de ellos. Siempre se sintió diferente. Siempre sintió que no encajaba en ningún grupo, que nadie compartía su visión del mundo. Se acostumbró a tal extremo a esto que se volvió aficionada a buscar expresiones de arte algo retorcidas para sentirse especial al darles una interpretación que nadie más encontrara. Lo que no sabía es que ella encajaba en un grupo: el grupo de los que no encajan en ningún otro, y este grupo es más grande de lo que muchos imaginan. Ella tenía potenciales amigos en todas partes, sólo que no se había dedicado a buscarlos.

En medio de su actitud depresiva, ella se había vuelto feliz siendo infeliz. No se encontraba a gusto hasta no encontrar algo de qué quejarse, hasta no encontrarle el lado negativo a todo. Espero que algún día ella comience a experimentar lo contrario, comience a estar predispuesta a que las cosas le van a agradar, porque... ¿cómo podrías ser feliz sin ni siquiera intentarlo?

El "Vals de las Flores" sonaba cuando se quedó dormida. El viaje imaginario la había dejado agotada. Mientras dormía, soñó con una niña que tenía una sonrisa escondida y que podía sentarse en las nubes y observar al mundo desde allí. La niña brincaba y se acostaba sobre las suaves nubes de algodón que tanto la alegraban. Una sonrisa comenzó a dibujarse levemente sobre su rostro dormido. Cuando despertó, supo que no todos los momentos de alegría en su vida se habían escapado de sus recuerdos. La niña feliz que soñaba con sentarse en las nubes y que alguna vez había morado en esa habitación seguía allí. Quedaba de parte de ella no dejarla escapar...

Canción recomendada de la semana:

* Third Eye Blind - "Misfits" (Mi grupo favorito, aunque esta no es su mejor canción).

Película recomendada de la semana:

* Life as a House (2001) [8.5/10] Cast: Kevin Kline, Hayden Christensen (Anakin Skywalker), Jena Malone, Kristin Scott Thomas.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20050401

Un Rayo de Luz en la Oscuridad

La primera vez que supe que quería ser médico, tenía aproximadamente 4 años y mi dentadura de leche todavía intacta. "¡Me gustaría que cuando crezcas estudies medicina!", me dijo entonces mi madre mientras me ayudaba a vestirme; y prácticamente a partir de ese momento, mi respuesta a esa pregunta que una y otra vez le realizan a todos los niños en cualquier parte del mundo -¿Qué quieres ser cuando seas grande?- fue: Neurocirujano.

La primera vez que supe que no quería ser médico, tenía aproximadamente 15 años y mis inseguridades todavía intactas. Acababa de ver un reportaje sobre unos médicos que se desvivían por sus pacientes y que me hizo pensar sobre si yo podría hacer lo mismo. Lo cierto es que, aunque quisiera, yo no me levantaría a las 2:00 A.M. para ir a atender a un paciente, ni sería capaz de sacrificar momentos importantes con mi familia por realizar operaciones de emergencia. Además, mi profesor de Biología de 3er año me había provocado cierta repulsión hacia las cosas que podría encontrarme en los hospitales gracias a sus numerosas clases sobre anomalías genéticas; así que... ¿a quién iba a engañar? Yo no quería ser médico. La palabra Neurocirujano fue prontamente sustituida por un No Sé.

Desde entonces nunca estuve 100% seguro de qué estudiar. Dicen que si eres buen estudiante, tienes todos los caminos abiertos para estudiar cualquier cosa que se te antoje. Sin embargo, yo diría que es todo lo contrario: sólo puedes escoger entre aquellas carreras de cierto prestigio que, supuestamente, te permitirán adquirir cierto nivel socio-económico una vez que te gradues, porque de lo contrario, estarías "desperdiciando todo tu potencial". Tanto es así que, en los momentos en que tienes que tomar una decisión, ni siquiera consideras seriamente aquellas carreras típicamente asociadas con morirse de hambre. Llegas a internalizar que estas no son una opción. Aunado a esto, de elegir una carrera de poco "prestigio", todos te mirarían raro y dejarías de contar con el apoyo de tus padres -si es que sobreviven al infarto ocasionado-, por lo que el camino sería mucho más duro. Tal vez de haber tenido realmente libertad para elegir (y mucha menos presión), la decisión de cuál carrera estudiar hubiese sido mucho más fácil.

Decidí estudiar Ingeniería Electrónica por todas las razones equivocadas, pero en mi caso, no fue que estudié algo queriendo estudiar otra cosa. Yo no tenía idea de qué quería e Ingeniería era lo más cercano entre mis reducidas opciones. Seguí esta carrera porque tenía que ver con números, lo cual me gustaba; era muy difícil, lo cual en cierto modo me motivaba; y porque de esta manera podría aprender cómo se hacían y diseñaban los aparatos electrónicos, los cuales siempre habían atraído mi atención. No era lo que mi mamá quería que estudiara, pero de todas formas lo aceptó. Lamentablemente, cómo se hacen y se diseñan los aparatos electrónicos no me gustó mucho que digamos, de la misma forma que no me gustó cerca de la mitad de la carrera. Por suerte, la Ingeniería Electrónica abarca muchas más cosas y algunas de ellas en realidad me agradaron. Tuve la fortuna de, ahora que me gradúe, encontrar empleo en una de las pocas áreas de mi carrera que me agradaron.

En estos últimos años, pude analizar ya sin presión cuál hubiese sido mi profesión ideal, y llegué a la conclusión de que me hubiese encantado ser director de cine y hacer películas. Sin embargo, creo que de haberlo sabido en aquel momento igual hubiese estudiado ingeniería, ya que en este país no sólo carece de prestigio estudiar cine, sino que también carece de futuro. ¡Seguro!, hay organismos que te enseñan algunas cosas y hasta te patrocinan proyectos si tienes mucha suerte (y contactos); pero a mi me hubiese gustado estudiarlo como es debido, de la mejor manera posible y con múltiples oportunidades para explorar mis ideas cinematográficas luego; cosa que sólo hubiese sido factible en otro país (léase USA) y ya eso estaba fuera de mi alcance.

Sin embargo, hay una cosa que después de dirigir películas, es lo que más me hubiese gustado hacer: escribir. Desde luego, también me hubiese fascinado ser Rock Star, goleador de un mundial de fútbol, o ganar el Cy Young de la liga americana de la MLB; pero al menos para escribir descubrí que no soy tan malo. Todo sucede por una razón, y a lo mejor lo indicado para mí fue no estudiar Letras ni nada relacionado con el tema, ya que así no se me fue inculcado ningún paradigma literario como por ejemplo: "Por razones de estilo, evita en lo posible utlizar gerundios". ¿A quién se le ocurrió que es de poco estilo utilizar gerundios si son parte de nuestro lenguaje cotidiano? Seguramente esta regla su motivo tendrá, pero por razones como esta es que pienso que como ingeniero, tengo algo a mi favor a la hora de escribir: puedo hacerlo libremente, sin seguir patrones ni reglas más allá de la simple gramática y ortografía -que no siempre sigo tan bien como quisiera-; por lo que puedo escribir gerundios cuando se me antoje si considero que así hago más ameno lo que esté "escribiendo".

Posiblemente nunca llegue a vivir de escribir, mas eso no es lo importante. Lo importante es que descubrí que me divierto haciéndolo y que, afortunadamente, a algunas personas hasta les llega a gustar lo que escribo. Si ya has desechado la esperanza de encontrar algo que realmente te agrade o te motive en tu vida, pues no lo hagas: nunca es tarde para encontrar un rayo de luz en la oscuridad.

Canción recomendada de la semana:

* Forty Foot Echo - "Brand New Day"

Película recomendada de la semana:

* Secondhand Lions


- ¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.