20061220

La noche especial de Sebastián

Todos los niños dormían, pero Sebastián no. Por más que lo intentaba, no lograba conciliar el sueño. ¿Cómo dormir en la noche en la que se supone que Santa viene a traer los regalos? Una y otra vez recreaba en su mente cómo sería poder verlo a él. Sólo imaginarlo le emocionaba. "Cuando lo vea, le voy a pedir que por favor me de un paseo en su trineo", se decía a sí mismo. Estaba seguro de que esa noche al fin iba a ver a San Nicolás.

Tenía un plan que, en opinión de Sebas, era imposible que fallara. Lo único que debía hacer, era simplemente esparcir muchos granos de maíz en la terraza del orfanato, de modo que vinieran a comérselos todas las palomas que habían alrededor, las cuales no eran pocas. Así, cuando llegase Santa en su trineo, las aves se asustarían y harían bastante ruido, lo que le serviría a él como alarma. Para escucharlas mejor, dejaría la ventana abierta toda la noche.

Sin embargo, las horas pasaban y las palomas seguían tranquilas comiendo. Nada relevante sucedía, lo que comenzaba a preocupar al niño. "El reloj del pasillo hace rato que dio las doce y Santa aún no aparece, ¿será que no vendrá?", se preguntaba angustiado. La emoción que minutos antes lo embargaba, poco a poco empezaba a desvanecerse. Ya no se sentía tan seguro de que su plan no fallaría.

Cuando ya casi se iba a dar por vencido, decidió bajar las escaleras para ver si Santa ya había pasado sin que él se percatara. Nunca imaginó que al hacerlo, lo capturaría con las manos en la masa. ¡Papá Noel en persona depositando los presentes de todos los huérfanos junto al arbolito de Navidad! Jamás olvidaría la alegría que le produjo verlo. Su primera reacción fue simplemente correr hacia donde estaba el viejo bonachón y abrazarlo por la espalda. Santa, al sentir los brazos del niño que lo rodeaban, no tuvo más remedio que aceptar el hecho de que lo habían sorprendido in fraganti. Colocó su mano sobre la cabeza del chico, y alborotó sus cabellos como gesto de cariño. Luego, haciéndole la señal de que no hiciera ruido, le susurró al oído:
"¡Hola, Sebastián! Te has portado bien este año, pero.. ¿qué haces despierto a esta hora?".

"¡Ohhh, sabes mi nombre!", exclamó con asombro el muchacho, olvidándose de lo que le habían preguntado.

"¡Por supuesto que se tu nombre y muchas cosas más sobre ti! ¡Me sé los nombres de todos los niños en el mundo!", respondió el simpático señor vestido de rojo. "Pero dime... ¿por qué no estás durmiendo como los demás niños?".

"¡Es que me quedé esperándote!", se excusó Sebastián. "Tenía muchas ganas de verte y de dar un paseo en tu trineo!".

Santa entonces lo miró con compasión, lo abrazó y le dijo: "La gente dice muchas cosas sobre mí que no son ciertas, hijo. Por ejemplo, yo no viajo en ningún trineo ni tengo renos voladores. ¡No hay renos voladores en el Polo Norte! Además, de esa manera nunca me alcanzaría el tiempo para repartir todos los regalos. ¡Yo prefiero teletransportarme!".

"¿Teletransportarte? ¿Qué es eso?", preguntó extrañado el niño.

"Me muevo de una casa a la otra en un abrir y cerrar de ojos", explicó Papá Noel. "Es como si me desapareciera y luego reapareciera en otro sitio".

"Entiendo", acotó Sebastián con un poco de decepción por no poder cumplir su deseo de viajar en el trineo. Posteriormente, tomó una bandeja de galletas que reposaba sobre una mesa y se las ofreció al anciano barbudo pensando que le gustarían.

"¡Gracias muchacho, pero no puedo comer eso!", se excusó. "¡Soy alérgico a la harina! Ese es otro invento que dicen sobre mí. No puedo comer galletas. De hecho, no me gusta comer mucho y ni siquiera estoy tan gordo como la gente piensa. Lo que sucede es que como vivo en el Polo Norte y allá hace tanto frío, tengo que vestirme con varios abrigos de tela muy gruesa, lo que me hace ver obeso cuando en realidad no lo soy. ¡Es más, ni siquiera tengo barba! ¡Mira!", y acto seguido se quitó la barba postiza y le mostró a Sebas que no era más que unos trozos de lana. "Es algo que me fabricaron mis ayudantes porque al principio se me congelaba la boca y me rechinaban los dientes por el frío", acotó. "La lana me ayuda a evitar eso".

"Entonces, ¿tampoco eres viejo?", dijo abismado el niño.

"Sí lo estoy, pero como soy un Santo, tengo el don de no envejecer y por eso no se nota mi edad -son miles de años, hijo", aclaró San Nicolás. "Sin embargo," añadió, "no tengo el don de no sentir frío", y concluyó la oración con su risa característica. Al menos su risa no la habían inventado.

Cuando el anciano que no aparentaba serlo terminó de dejar los presentes de Navidad, le comentó a Sebastián que le había agradado mucho su compañía, pero que tenía que partir porque estaba atrasado en su itinerario. "Antes de irme", dijo el peculiar personaje, "te voy a dar un obsequio para que recuerdes este día, pero debes prometerme que no se lo enseñarás a nadie". Sujetó con su mano izquierda uno de los botones de su famoso traje rojo y lo arrancó. Era dorado, liso, y muy muy brillante. Tanto, que cuando lo sostenías parecía que tuvieras una estrella en tus manos. Mientras se lo entregaba al niño, le acotó: "Es un botón muy especial porque si lo ves fijamente por unos segundos, lograrás ver al Polo Norte en él".

El chicó lo observó detenidamente, pero antes de que pudiera ver nada, Santa lo interrumpió para solicitarle un poco de agua. Sin embargo, al regresar de la cocina con el vaso de agua, él ya no estaba. En la habitación sólo quedaban los regalos -incluyendo la bicicleta que Sebastián había pedido-, y él, junto con un pequeño trozo de lana de la barba de San Nicolás.

"¡Y esta es la historia de cuando Sebastián conoció a Santa Clause!", dijo con satisfacción Guillermo a su hijo David.

"¡Papá!", exclamó el niño con prepotencia: "¡Es obvio que ese no era Santa sino alguien disfrazado! ¡Santa no existe!".

"¿Ahh sí? ¿Y cómo explicas que el impostor supiera el nombre de Sebastián?".

"Porque era alguien que trabajaba en el orfanato, soló que Sebastián no lo reconoció porque estaba muy oscuro, o quizá el impostor tenía algún maquillaje", explicó David.

"Te estás perdiendo la esencia de la historia", dijo con desilusión su padre. "¡No importa que sea cierto o falso, lo importante es creer en aquello que te haga feliz!".

"¡Me hace feliz creer en que me vas a regalar el Nintendo que tanto quiero!", le replicó con cinismo el niño.

"¡Una resma de papel para que te diviertas haciendo avioncitos es lo que te voy a regalar!", le contestó a modo de broma.

"¡Los niños ya no tienen inocencia!", se lamentó Guillermo mientras caminaba hacia su habitación, donde su esposa dormía plácidamente. Poco antes de acostarse a dormir, se dirigió a su closet de dondé sacó un cofre que escondía entre su ropa interior. Lo abrió y luego de retirar con sus manos unos trozos de tela, contempló por unos instantes lo que contenía. Satisfecho, procedió posteriormente a dormir plácidamente. Sabía que aún podía creer en muchas cosas que lo hacían feliz.


- ¡Qué disfruten sobrevivir una Navidad más!

-H.G.

20061205

Patria sin fronteras

Siempre le he tenido aversión al fanatismo radical. Esa obsesión que obliga a la gente a hacer cualquier cosa en nombre de algo que ni siquiera es realmente importante. ¿Es que acaso será trascendental en tu vida que tu equipo favorito gane o pierda un campeonato? ¿Vale la pena asesinar personas por cuestiones de fé? En el mundo occidental, para cualquier persona racional la respuesta a estas preguntas asumo que sería un: ¡No! Nadie, en su sano juicio -esto descarta a los hooligans-, asesinaría a alguien por fé o por un deporte. Mas, no obstante, existe otra cosa en mi opinión no más relevante que los ejemplos anteriores y por la que no sólo se considera que vale la pena llegar a cualquier extremo, sino que además está bien visto hacerlo. ¿O es que no es un héroe quien mate por defender el orgullo de su patria?

Aquí estoy cometiendo una herejía. ¿Cómo me atrevo a decir que la patria no es algo trascendental cuando inclusive una de las consignas de los seguidores del Presidente de mi país en su campaña por la reelección gritaba: "¡Patria o muerte!"? ¿Cuantos honorables guerreros, desde Alejandro Magno hasta Simón Bolívar, no han arriesgado sus vidas en nombre de su nación para que yo venga a menospreciar la relevancia de la misma? Sin duda, más de uno dirá que estoy loco, y quizá sea así; pero en mi modo de ver las cosas, el concepto de patria está muy sobreestimado.

¿Por que razón debes dar tu vida por ella? ¿Qué es exactamente eso que estarías defendiendo? ¿Qué es la patria? Según el diccionario, es la tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos. El vínculo jurídico podemos excluirlo de la discusión porque se refiere simplemente a la nacionalidad que legalmente posees -¡allá aquellos que sienten que deben luchar simplemente por esto!-. El vínculo histórico, entiendo que se refiere al hecho de haber nacido y/o al menos vivido mucho tiempo en un determinado país, formándose así un lazo entre tú y la región a la que te has acostumbrado a vivir. Yo no niego que este vínculo exista, pero sólo con el pequeño espacio territorial en el que me desenvolvía día a día, no con algo tan extenso - y tan arbitrariamente delineado- como todo un país. Y aún así, este lazo se forma sencillamente por la costumbre de vivir en esa localidad, por lo que pudiera volver a formarse con una nueva región a la que te mudases. ¿Vale la pena matar o morir por esto?

El vínculo afectivo, en cambio, es el más importante y amerita por ello un párrafo aparte. Además de con tu familia, uno crea un nexo con los vecinos, con los compañeros, y con todas aquellas personas que hablan tu mismo lenguaje, se expresan de forma similar, y que tienen tradiciones en común. Se trata del capital humano, el recurso más importante de una nación. Sin embargo, por muchas cosas que tengas en común con este grupo de gente, no son muchas las personas que son realmente como tú en el modo de pensar. ¿Tú te sientes identificado con absolutamente todo en tu país? ¿Te parece que perteneces allí? Y no me refiero al caso particular de la gente en Venezuela, sino a nivel mundial. ¿Existe un país cuya gente como un todo piense igual que tú?

En la antigüedad, era muy poco lo que los habitantes de un lugar sabían sobre los ciudadanos de otra región. En sus mentes, ellos eran los buenos y los otros los malos. Creían que no tenían nada en común y que los del otro pueblo eran desalmados y crueles. A la hora de una guerra, luchaban orgullosos por el bien y contra el mal. Sin embargo, en esta era de la globalización, espero que estemos más conscientes de que los habitantes de otro país son más o menos igual que nosotros. Algunas costumbres serán distintas, pero otras iguales. Quizá no te sentirás identificado con muchos de sus integrantes, pero siempre habrá algunos con los que sí. ¿Quién no ha visto una película o leído un libro -y hasta un blog- extranjero y no se ha encontrado con algún personaje que actúa, piensa y dice cosas que nosotros en más de una ocasión hemos hecho, dicho o pensado? Entonces, ¿por qué razón somos mejores que ellos o viceversa? ¿Por qué debemos pelear si sabemos perfectamente que ya no se tratá de una lucha del bien contra el mal?

Si al líder de mi país se le ocurre invadir a otro, ¿por qué debo yo apoyarlo? La mayoría de las guerras en la historia han sido impulsadas por dirigentes que ansían más dominios bajo su poder, o conquistar más riquezas, y que sus súbditos han apoyado sencillamente porque tienen el "deber" de defender a su patria. Claro, si tu pueblo ha sido invadido y los adversarios están dispuestos a matar a tu familia y seres queridos, por supuesto que debes tratar de defenderlos y luchar por ellos. Pero no me refiero a estos casos cuando hablo de luchar por tu patria en este post, sino a los casos cuando hay una guerra deliberada y la gente siente que debe participar para apoyar a sus compatriotas -la Guerra de Secesión, por ejemplo-. ¿Vale la pena?

Sin embargo, el sacrificio por tu patria no sólo se refiere a morir por ella en una guerra, sino también a que debes estar en tú nación en las buenas y en las malas, inclusive si la mayoría de las personas opina y toma decisiones que no compartes en lo más mínimo. ¿Por qué sacrificar tu bienestar permaneciendo con una gente que en tu percepción es "instrumento ciego de su propia destrucción" (Simón Bolívar)? Nadie elige el lugar en donde nace, sino que es una cuestión completamente aleatoria. Por esto, te toca vivir con gente que te simpatiza y gente que no te agrada. Tiene que ser así ya que si las ciudades estuvieran conformadas únicamente por gente con personalidades y modos de pensar similares (aunque te sentirías total y completamente identificado con tus vecinos), el mundo sería un caos absoluto porque no habría equilibrio. Mas, no obstante, esto no quiere decir que tienes que resignarte a vivir en el lugar donde estás y no buscar otro donde te sientas más a gusto. Lo esencial, es sentirte bien donde estás.

Por eso, el concepto de nación está anticuado para mí. Uno debería ser ciudadano del mundo y ya. Vivir donde uno quiera, siempre y cuando haya espacio y se respeten las normas de convivencia. Sin países tratando de imponerse sobre otros, sino el planeta entero luchando por su progreso y futuro, gobernado no por un presidente, sino por varios, elegidos por voluntad popular y representando cada uno a distintos sectores de la sociedad, obligados a tomar decisiones en conjunto que nos beneficien a todos. Quizá se llamaría polidemocracia, o algo así, y por más utópico e ilusorio que suene todo esto -y lo es-, espero que no sea imposible que algún día se haga realidad. Ser ciudadano de una patria sin fronteras.


Canción para acompañar:

* The Corrs - "No Frontiers"

Película recomendada:

* "Joyeux Noël" (Feliz Navidad). En está excelente película, se puede apreciar claramente lo inútiles, estúpidas y carentes de sentido que son las guerras.


-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20061203

Decir adiós

Decir adiós nunca es fácil. No importa si llevas un año o diez días preparándote para ello, ni si se trata de algo temporal ó definitivo: cuando una persona es realmente especial para ti, decirle adiós siempre te resultará difícil. ¿De qué otra manera podría resultar despedirse de uno mismo?

Y es que esto es precisamente lo que sucede: cuando te despides de alguien muy importante para ti, te estás despidiendo también de ti mismo; porque, en el fondo, una parte de tu ser se está yendo con esa persona. ¿Cómo no aborrecer entonces esa sensación de vacío que queda, esa sensación de como si te hubiesen amputado un fragmento de tu alma? Quizás sea esta la razón por la cual casi siempre el instante en el que debes decir adiós, es también el instante en el que menos quieres hacerlo.

Es que resulta inevitable no evocar, uno a uno, todos los buenos recuerdos que viviste con esa otra persona. Remembranzas que añoras volver a encontrar en el futuro, aunque no sepas cuándo; por lo cual te refugias en la esperanza furtiva de un “¡pronto, muy pronto!”. De esto se trata todo: de mantener viva al menos una migaja de ilusión, porque nada está perdido mientras aún quede algo por lo que se pueda soñar.

No importa cuán duro sea un adiós, la posibilidad de un futuro reencuentro siempre será muy reconfortante. Llevarlo a cabo nunca será fácil, mas tampoco será imposible. Mucho menos, cuando es lo que más deseas.


Canción para acompañar:


* Pulley - "Thanks"


-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.



20061118

Cuerdas Flojas

Cada vez que hago una nueva amistad -y en realidad, cada vez que me enfrento a cualquier situación nueva para mí-, me pregunto exactamente lo mismo: ¿hasta cuándo durará? Es una sensación que destesto y que no logro sacudirmela de encima. Es como si siempre estuviera a la espera de ese instante, ese momento, en el que de pronto, todo se acaba. Lo peor es que, la mayoría de las veces, ese instante tarde o temprano llega. Lo único constante en la vida, es que todo cambia.

Sin embargo, me gustaría no estar tan consciente de eso. Pensar, así sea ilusoriamente, que todo puede durar eternamente. Creer en que esos momentos en los que te sientes realmente feliz, se repetirán y se repetirán una y otra vez por los siglos de los siglos. ¿Cómo se hace para evitar ver esa sombra que siempre está al acecho?

A veces se siente como si uno fuera un equilibrista caminando en la cuerda floja, esquivando obstáculos y sorteando dificultades, pero que al primer paso en falso, cae a otra cuerda muy distinta a la anterior. ¡Es tan increíblemente fácil equivocarse y caer! Tan solo hay que sacar la cuenta de cuántas amistades se han desvanecido con el tiempo, y de cuántas cosas han cambiado en el transcurso de nuestras vidas (colegios, universidades, casas, etc.) para darnos cuenta de la gran cantidad de cuerdas a las que hemos estado sujetados y luego perdido.

Mas, no obstante, este mismo hecho nos sirve como prueba de que no importa cuántas veces caigamos, siempre lograremos acostumbrarnos a las nuevas cuerdas, a pesar de que muchas veces este proceso de adaptación se torna difícil. ¿Qué importa si todo cambia? A la final, seguramente estaremos en una mejor posición que antes.

En cuanto a la sensación desagradable que mencioné antes, sunpongo que también a eso uno termina acostumbrándose...


Canción para acompañar:

* Staind - "Everybody Changes"


-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20061111

Todo está iluminado

Hay días en los que lo mejor que puedes hacer, es no hacer nada. Bien sea por falta de ánimo, por desgano, por pereza, ó, sencillamente, por comodidad; y en días como estos, ¿qué puede ser mejor que una buena película para ver? Pues casi nada. Sin embargo, conseguir una buena película no siempre es fácil. Muchas veces, nos saturan de recomendaciones sobre filmes muy publicitados que al final generan tanta expectativa que, en la mayoría de los casos, terminan decepcionándonos aún si son buenas; otras tantas, hay tan poca información sobre ciertas obras cinematográficas que optamos por no verlas para evitar sentir luego que desperdiciamos nuestro tiempo y nuestro dinero con ellas. Esto es precisamente lo que quiero evitar que suceda con "Todo está iluminado" (Everything is Illuminated), una excelente película del 2005 de la que se habló poco y se publicitó aún menos -y cuyo poster la verdad no llama nada la atención-.

El problema con esta película es que es muy difícil de comercializar. Prácticamente, no hay manera de contar en pocas palabras de qué trata la misma sin hacer que parezca aburrida. Lo que sucede es que en realidad lo que hace excelente a esta película es, además de la dirección, la peculiaridad de sus personajes y las buenas interpretaciones que de ellos hacen sus actores (Elijah Wood y dos ucranianos que realmente se roban el show). La historia es muy buena, pero se hace interesante es hacia el final de la cinta. Al principio, uno no sabe exactamente qué esperar.

Todo comienza cuando la abuela de Safran, un judío bastante retraído y con una obsesión por coleccionar objetos que pertenecieron a miembros de su familia, está en sus últimos minutos de vida y le obsequia antes de morir a su nieto una foto del abuelo de este junto a una mujer para él desconocida. Investigando sobre Augustine (detrás de la fotografía, estaba escrito que ella se llamaba así), descubre que era una Ucraniana que ayudó a su abuelo a escapar de allí cuando fue invadida por los Nazis, por lo que decide emprender un viaje a Ucrania en búsqueda de esta misteriosa mujer que lo podría ayudar a conocer mejor a su familia y también a expandir su colección personal de objetos. En ese país, contrata los servicios de una empresa familiar dedicada a ayudar a los judíos de Norteamérica a encontrar el paradero de los familiares que dejaron atrás, sólo que los miembros de dicha familia no tenían un muy buen concepto de los judíos (aunque no eran antisemitas).

En su búsqueda (que no parece muy interesante que digamos), a Safran lo asisten Alex, un joven ucraniano con un fanatismo por el breakdance, el hip hop, y los raperos estadounidenses que lo hacen bastante gracioso y que servía como traductor, y Baroch, su abuelo gruñón que creía ser ciego sin realmente serlo, y que, paradójicamente, hacia de conductor durante el recorrido. El choque cultural entre ellos al principio es muy fuerte, pero a medida que van compartiendo tiempo juntos, se van dando cuenta de que en realidad, no son tan distintos el uno del otro. A medida que transcurre la película, va saliendo a relucir una interesantísima historia sobre los efectos que la guerra tuvo sobre muchas personas en Ucrania, y Alex, que al principio pensaba que sólo iba a ayudar a Safran a conocer mejor a sus antepasados, termina más bien conociendo mucho mejor a los suyos.

La dirección es impecable, a pesar de ser la primera película que filma el actor Liev Schreiber (The Manchurian Candidate). La fotografía es excelente y el guión también. Hay muchas cosas en la película que no te las dicen explícitamente, sino que las dejan a interpretación del espectador de una manera bastante sútil. En mi opinión, una de las mejores películas que he visto y un 10/10. Si tienen la oportunidad de verla, por favor háganlo.


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Ayer tuve la oportunidad de ver "The Prestige" y la verdad es que no decepcionó para nada. Es muy muy buena, además de inteligente. Chris Nolan se está convirtiendo en uno de esos directores en los que se puede confiar ciegamente y ver todo lo que hace. Muy recomendada.

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Las películas venezolanas no son conocidas precisamente por su calidad (a mí en particular nunca me ha gustado ninguna), por lo que de vez en cuando siempre sale uno que otro filme venezolano con ínfulas de grandeza pretendiendo ser el fin de la sequía cinematrográfica local y un ejemplo a seguir. Este es el caso de la película "Elipsis", y aunque debo decir que realmente no me pareció "buena", puedo decir también que es la primera película venezolana que no me desagrada y que de verdad pienso que ahora sí vamos por buen camino... ó, al menos, por uno mejor que el anterior. Entre sus cosas buenas, están una dirección aceptable, una escenografía muy buena, una historia que se atrevió a no ser lineal a pesar de que aquí piensan que los espectadores somos idiotas y no podemos comprender nada, y un que otra actuación buena. Sin embargo, aún quedan muchas cosas malas: el guión es malo y aún abusa de las groserías para tratar de ser coloquiales (enfermedad que padecen todas las obras venezolanas), la transición entre las escenas era buena, pero a veces se abusaba de los efectos con la cámara, aunque estuvo bien hacer la historia no lineal, no lo supieron hacer del todo bien (en mi opinión, fue bastante predecible aún desde el comienzo todo lo que sucedía al final, excepto lo de quien era en realidad la chica que enamoraba al diseñador), y la actuación del protagonista principal (Edgar Rampirez) no me convenció mucho.

Repito que vamos por buen camino, pero sí queremos llegar a ser realmente buenos, no podemos darnos el lujo de ser conformistas. Estuvo bien el intento, pero aún puede ser mucho mejor.....

20061019

Películas para ver

Una de mis pasiones es el cine. Para mí, pocas cosas pueden hacerme pasar un mejor rato que ver una película. ¿Por qué me gusta tanto? Pues yo pienso que es porque durante las dos horas aproximadas que dura una pieza cinematográfica, yo me sumerjo en ese mundo ficticio y me olvido por un momento de la realidad que me rodea. Mis problemas pasan a ser aquellos que viven los protagonistas de las historias que veo, por lo que al final de las mismas, casi siempre sucede una de dos cosas: ó salgo del cine añorando el mundo mágico que minutos antes estaba observando, ó doy gracias a Dios porque todo era mentira y por no padecer en la vida real de los mismos problemas que los personajes de las películas. El secreto para disfrutar de una obra del séptimo arte, yo diría que es contar con una buena dosis de imaginación.

Por esta razón, me gusta ver todo tipo de películas (excepto las de horror), tanto
blockbusters como independientes, tanto americanas como de otras latitudes (aunque debo admitir que no soy muy fanático de las españolas ni venezolanas), de alto o bajo presupuesto; no importa, porque a la final, (casi) todas cumplen con el objetivo de entretenerme por un rato y de ejercitar a mi imaginación. De todas maneras, obviamente tengo mis predilectas. Son aquellas obras del celuloide que están bien hechas, cuentan con buenas actuaciones y, sobretodo, con un guión inteligente que te hace pensar. Son las películas que, una vez que terminan, pasas horas y horas reproduciéndolas en tu mente y repasando todos los detalles que contenían. Ejemplos de estas obras maestras son: Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, 21 Gramos, Amélie, El Club de la Pelea (en su momento, su desenlace fue muy original), Perfume de mujer, La vida es bella, Los Coristas, Finding Neverland, Big Fish, Crash, Leones de segunda mano, Gracias por fumar, The Matrix I, y varias más.

A diferencia del año pasado cuando hice un
listado de las películas que estaban próximas a estrenarse y que llamaban mi atención, esta vez trataré de ser más selectivo e incluir sólamente aquellas que, en mi opinión, pudieran ser especiales. Sin embargo, esto es como una lotería: no todas van a ser tan buenas como prometen, aunque espero que sean pocas las decepciones. Del listado del año pasado, cabe destacar que aún no se han estrenado (salvo en algunos festivales) "the science of sleep", "Babel", y "Los tres entierros de Melquíades Estrada", y a pesar de que las tres me parecen interesantes, no las voy a incluir de nuevo este año.




- The Illusionist: Director: Neil Burger. Protagonistas: Edward Norton, Paul Giamatti y Jessica Biel. Edward Norton (Fight Club, American History X) es uno de los mejores actores de la actualidad, aunque últimamente ha cometido algunos errores en la elección de los trabajos que realiza. Sin embargo, El Ilusionista promete ser su reinvindicación. Aquí interpreta a Eisenhower, un gran mago en la Vienna de 1900 y que usa su habilidad para conquistar a una mujer muy por encima de su estrato social y que es pretendida por el Príncipe de la Corona, quien querrá destruir al ilusionista. Norton y Giamatti podrían hacer la diferencia entre una obra mediocre y una especial.




- The Prestige: Director: Chris Nolan. Protagonistas: Hugh Jackman, Christian Bale, Sir Michael Caine, Scarlett Johansson (¿cómo hace para salir en todas las películas?). Dirigida por uno de los más respetados directores de la actualidad (Batman Begins, Memento), esta obra trata sobre dos magos londinenses de principios del siglo XX que sostienen una rivalidad por ver cuál de ellos es el mejor. Cuando uno de los magos (Bale), realiza un acto grandioso, el otro intenta por todos los medios de averiguar cuál fue el truco, pero a medida que avanza con su obsesiva investigación, crece la posiblidad de que no haya truco alguno, sino que el acto haya sido magia pura. Lamentablemente, esta película será estrenada después de "El Ilusionista" y, debido a que las historias tienen muchísimo en común, esto puede jugar en contra de "El Prestigio". Sin embargo, yo apostaría a que la obra de Nolan es la mejor entre las dos.



- Running with Scissors: Director: Ryan Murphy. Protagonistas: Joseph Cross (???), Alec Baldwin, Annette Bening, Brian Cox, Gwyneth Paltrow, Evan Rachel Wood. Esta historia huele mucho a "The Royals Tenenbaums, lo que es una buena señal. Trata sobre un chico (Cross) cuya familia es pudiente, pero disfuncional: su padre es alcohólico y su madre es algo inestable. Por esta razón, se va a pasar los años de su adolescencia a la casa del terapeuta de su madre, para terminar descubriendo que esta familia es igual o aún más disfuncional que la suya propia. Está basada en la autobiografía del protagonista.




- Stranger than Fiction: Director: Marc Foster (Finding Neverland). Protagonistas: Dustin Hoffman, Will Ferrell, Maggie Gyllenhaal, Emma Thompson. Si existe una trama curiosa, es esta. Will Ferrell es un hombre común y corriente que trabaja para el IRS (servicio recolector de impuestos de USA) y que de repente comienza a escuchar una voz que narra absolutamente todo lo que hace o piensa. Cuando se asegura de que no se está volviendo loco, se preocupa por investigar qué es lo que está sucediendo realmente. Cualquiera se volvería loco de esta manera....




- Little Miss Sunshine: Director: Jonathan Dayton, Valerie Faris. Protagonistas: Abigail Breslin, Steve Carrell (Virgen a los 40), Greg Kinnear, Toni Collette (In Her Shoes). Aunque hace rato que se estrenó en Norteamérica, aún no ha llegado a estas latitudes. La pequeña Olive (Breslin) sueña con ser coronada en el concurso "Little Miss Sunshine" y su familia quiere ayudarla a hacer su sueño realidad. el problema está en que cada uno de los integrantes de esta familia es tan peculiar y extravagante, que es casi imposible que pasen un día entero sin que suceda ningún desastre a su alrededor. Por ello, la travesía de atravesar en automóvil los Estados Unidos para llegar hasta California -sede del concurso- debe ser, como mínimo, algo interesante. Esta película ha sido aclamada por la crítica.




- The Departed: Director: Martin Scorsese. Protagonistas: Leonardo DiCaprio, Matt Damon, Jack Nicholson. No soy muy fanático de Scorsese y no me gustó para nada "El Aviador", pero le voy a dar una oportunidad más con esta película. Como siempre, ya se habla de que ahora sí le van a dar el Oscar, y, como cosa rara, esta pieza también trata sobre gangsters. La historia se centra en dos hombres de lados distintos de la ley que se infiltran tanto en la policía como en la mafia irlandesa, lo que desatará, me da la impresión, algo de violencia. Según dicen, las actuaciones son geniales y la forma de contar la historia es brillante. Al parecer, no es lineal.





- Zodiac: Director: David Fincher. Protagonistas: Jake Gyllenhaal, Mark Ruffalo, Robert Downey Jr. Uno de mis directores favoritos, David Fincher (7even, Fight club), no había dirigido ninguna película desde "Panic Room" (2002), y ahora regresa con un thriller que es algo así como "El Silencio de los Inocentes", pero basado en un personaje real. Zodiac fue un asesino en serie que aterrorizó a San Francisco en los 60 y 70, y que tentaba a la policía con cartas y enigmas, los cuales debieron ser muy buenos porque aún hoy en día se desconoce la verdadera identidad de este psicópata. Nunca fue descubierto.


Otras películas que prometen pero que están muy crudas aún son: Simpsons The Movie, "Life of Pi" de Jean-Pierre Jeunet, "Be Kind Rewind" de Michel Gondry (el director de Eternal Sunshine) y "Synecdoche, New York", el debut como director de Charlie Kauffman.


Si tienen información sobre alguna otra película que prometa ser interesante, no duden en visitar el área de comentarios.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20061013

Frágil...

Es increíble como puede cambiar algo tan drásticamente en cuestión de días, sobretodo si se trata de relaciones humanas. ¡Qué frágiles son! Una mala decisión tomada en un momento dado, o una elección errónea de palabras, o cualquier cosa que en el momento no parezca nada trascendental, puede acabar de pronto con algo que en algún momento pareció invencible, pero que luego resultó ser lo más vulnerable de todo.

Inclusive las relaciones de adultos, aquellas que se suponen más maduras y resistentes, son frágiles. No sé si dependa de las personas involucradas o no, pero lo son, y en estos casos, es mucho peor, porque uno pone más esperanzas y anhelos en juego. ¿Dónde coloca uno los recuerdos? ¿Cómo se hace para no evocar días mejores en los que los sueños brillaban con más fuerza?

Lo más triste es cuando todo acaba y uno ni siquiera recibe la oportunidad de explicarse, de enteder la situación, ni de saber qué está ocurriendo exactamente. Ser tratado como si uno fuera una escoria humana y ni siquiera saber qué crimen tan grave se cometió. Es una pena todo, y lo peor es que uno no sabe si será posible superarlo todo sin que quede el temor de correr el mismo riesgo de nuevo.

Lo bueno es que todo pasa por una razón, y por más que duela al principio, realmente creo que fue para mejor.


Canción para acompañar

Five for Fighting - "Dying"

I'm Dying,
Dying to wake up without you,
without you in my head again
I'm Dying,
Dying to forget about you,
that you ever lived this

A shade come over this heart
that's coping with laying down to rest
I'm Dying to live without you again

I'm Dying,
Dying to find a distraction,
get you away from me
I'm Dying,
Dying to reach a conclusion,
so that the world can see

It's the same old story of love and glory that
broke before it bent
I'm Dying to live without you again

The first time you left I said goodbye
Now there's not a pray that can survive
Dying,
Dying to die just to come back
so we can meet again
Dying,
Dying to say what I always
always should have said so

It's a strange emotion this
but there's still hope in this
As long as there's a breath
I'm Dying and I can't live without you again

It's a strange emotion this
but there's still hope in this
As long as there's a breath...
I'm Dying and I can't live without you
I'm Dying and I can't live without you again

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20061008

Una última mirada

La luz del sol incidía directamente sobre sus ojos, cegándolo por momentos. Todo estaba muy confuso para él, como si se acabara de despertar de un sueño y estuviese una mitad de él consciente y la otra mitad aún en brazos de Morfeo. Todavía no recordaba con claridad lo sucedido. Intentó limpiarse el sudor de la frente con las manos, pero al verlas notó que las tenía empapadas de sangre. Lentamente, comenzó a recordar.

“¡Cómo que me tengo que ir sola a la fiesta de Alejandra! ¡Si no voy con ustedes, entonces no voy!” gritaba Paola mientras se acercaba a la mesa donde sus padres desayunaban. “¡Entiende que no podemos ir! A tu padre le salió algo urgente en el trabajo que debe atender y yo tengo que ayudarlo también con algunas cosas”, le replicó su madre. “Paola, Alejandra se va a sentir muy mal si no vas a sus 15 años, ¿tú no dices que ella es como tu hermanita menor? Te prometo que el domingo vamos a buscarte y trataré de compensarte por no haber ido”, intervino su papá en un intento por calmar a la rebelde chica. “Es cierto que tengo que ir, pero… ¿Por qué no puede ir mi mamá conmigo? ¿Por qué tengo que irme sola?” preguntó con algo de resignación la adolescente. Su padre, acariciándole el cabello, le respondió: “Porque ella me tiene que ayudar aquí. Pero tranquila hija, ya verás que el viaje te resultará muy corto. Irás viendo una película y los asientos de esos autobuses son bastante cómodos. ¡Antes de que te des cuenta ya habrás llegado!". Luego, haciéndole una mueca con el ojo, agregó: "Y por la fiesta, no te preocupes. Te aseguro que no te haremos falta cuando estés bailando toda la noche con alguna de tus conquistas”.

“La inflación en el mes de abril no será tan alta como la de marzo”, era la noticia más positiva que José Ceballos había encontrado en el diario que leía mientras se encontraba cómodamente sentado en el puesto número 37 de una de las unidades de alguna línea de autobuses ejecutivos. Poco a poco se estaba quedando dormido. No era su costumbre dormir mientras viajaba, pero el aire acondicionado adormecía sus ojos y ese día había sido bastante agotador para él.

Esa mañana, su madre despertó a Paola con la mala noticia de que tenía que irse sin ellos para la fiesta de su prima. Ya el día comenzaba mal para ella. Era uno de esos días en los que no provoca hacer nada, en los que todo te da igual. Lo primero que vio al abrir los ojos fue la tarjeta de invitación a la mencionada celebración que incluía una carta que su prima le había escrito para hacerle saber lo que significaba para ella su presencia en los quince años. Paola sabía que no podía dejar de ir, por lo que -inconscientemente- comenzó a pensar en la ropa que iba a usar durante el viaje. Recordó que su "sweater" preferido estaba sucio y que se iba a ver obligada a utilizar esa sudadera rosada que tanto odiaba por hacerla parecer, según ella, una retrasada. No tenía más remedio.

“Ahora debe llevar esta planilla al Departamento de Recepción. ¿Sabe adónde queda?”, le preguntó una de las nunca muy atentas secretarias que labora en las oficinas de algún ministerio. “¡Claro que sé adonde queda, queda al otro lado de la ciudad! ¿Por qué no pueden poner todo en el mismo edificio? ¿Lo hacen a propósito para que la gente se canse y no haga nada?”, pensó en ese momento el Sr. Ceballos, pero lo que se atrevió a decir fue: “¡Sí, gracias!”. Para colmo, al salir del edificio, una mujer tropezó con él y le derramó un vaso de jugo de fresa en su camisa blanca. “¡Hoy no es mí día! ¡Hoy no es mí día!”, se repetía para sí el sujeto con la camisa manchada.

Rafael intentó levantarse, pero notó que, exceptuando los brazos, no podía mover nada del cuello para abajo. Comenzaba a entender por qué no le dolía nada a pesar de que sabía que estaba herido. “¡Parece que no valía la pena ir para esa fiesta después de todo!” exclamó el joven herido recordando la discusión que previamente había tenido con su madre, en la cual ella le había dicho que no ganaba nada con ir a la fiesta a la que su amigo Jorge le había invitado, que no “valía la pena”. Rafael le había respondido que así fuese a perder el tiempo, valdría la pena ir solamente por el hecho de poder alejarse unos días de ella. El muchacho deseó no haber sido tan cruel con su madre en aquel momento.

La asistente del conductor, una especie de aeromoza pero de autobuses, le ayudó a reclinar su asiento. Junto a ella, se encontraba sentada una señora que, a juicio de Paola, parecía una gallina durmiendo. La joven observó nuevamente al chico de los audífonos que había llamado su atención cuando abordó la unidad. "¿Qué estará escuchando?", se preguntó ella, y luego dedicó su atención a escribir a una velocidad vertiginosa, mensajes de texto a todo el directorio telefónico de su celular.

Por un momento, Rafael se asustó cuando su reproductor de mp3 se activó de repente y empezó a reproducir "¡Help!" de los cuatro de Liverpool. Asombrosamente, el aparato no se había dañado a pesar de los golpes que había recibido durante el accidente. El joven herido trató de recoger los audífonos que habían caído a 10 centímetros de sus pies, pero fue en vano. En ese instante, Rafael comenzó poco a poco a recordar cómo había llegado hasta el sitio donde se encontraba, pero todo era aún muy difuso para él. En la película de su mente, algunas escenas eran fragmentos de segundos en los que rodaba por una pendiente, y otras escenas, eran de él con los ojos cerrados escuchando música en su asiento. Los actos intermedios que conectaban una cosa con la otra se habían borrado de su mente. Por primera vez, le vino a la mente la idea de que iba a morir, pero entonces recordó las palabras que tantas veces le oyó decir a su abuela: “Cuando alguien va a morir, ve a los ángeles del Señor que vienen a buscarle y que lo llenarán de paz”. El chico estaba tranquilo porque, hasta el momento, no había visto a ningún ángel venir a buscarle.

“Falta el sello del Departamento de Finanzas”, le dijeron a José Ceballos cuando llegó al Departamento de Recepción, por lo que tuvo que devolverse al primer edificio para que le sellaran su planilla y, de paso, para tratar de asesinar a la secretaria que no se dio cuenta de que dicho sello faltaba. Cinco horas más de las estimadas tardó el frustrado individuo en hacer todas las diligencias que había planeado hacer ese día, por lo que iba a llegar a su casa más tarde de lo previsto. Le había prometido a su esposa que la iba a llevar a ver una película francesa que iban a dar sólo ese día en un festival de cine, pero no le fue posible cumplir con la promesa.

A medida que pasaba el tiempo, Rafael sentía más y más que su momento final se acercaba. “!Debe ser que no me he portado tan bien como creía y que no van a enviar a ningún ángel a buscarme!”, dijo para sí con ironía el joven. Como pudo, levantó la cabeza para dar una última mirada a su alrededor. Observó hacia la derecha y vio a no poca distancia a un hombre de unos 30 años que yacía en el suelo boca arriba. Rafael pensó que murió cuando algo le atravesó el abdomen, ya que tenía la camisa manchada de sangre a la altura del pecho. Mas, en realidad, la única herida que ese señor tenía y que le había matado, estaba situada detrás de la cabeza y fue ocasionada por el impacto que recibió al chocar contra una roca mientras caía. Definitivamente, ese no había sido su día.

Hacía la izquierda, Rafael contempló a una joven muy bonita tendida en el suelo. La muchacha llevaba puesto un sweater de un color rosado que aturdía, pero que aún así no le impedía verse bella inclusive en la situación en la que se encontraba. Rafael vio pasar ante sus ojos una vida con ella. Vio que bailaban juntos el vals el día de su boda, y vio también que celebraban juntos el cumpleaños de su primer hijo. Vio que hubiese podido pasar felizmente cien años junto a ella, pero que lamentablemente eso ya no iba a poder ser. El muchacho se asustó cuando vio parpadear a la joven, ya que esta tenía tiempo con los ojos abiertos y él ya pensaba que estaba muerta. Intentó gritarle algo pero se le dificultaba mucho hablar. En su interior, sólo deseó que los paramédicos llegaran a tiempo para salvarla, por lo que se sintió tranquilo cuando escuchó a lo lejos una sirena de ambulancia. Sin embargo, el herido sabía que para él ya era muy tarde. Se le estaba acabando la vida cuando aún no había comenzado a vivirla. Con su último aliento, Rafael dijo en su mente: “¡Qué curioso! Las últimas personas que vi antes de morir, fueron dos personas que nunca antes había visto en mi vida”.


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20060927

Caminante Dormido

El camino está difuso.
La niebla lo abarca todo.
Hojas caídas cubren las huellas dejadas por otros,
recuerdos de Primavera plasmados en Otoño.
O en Invierno,
o en diez estaciones imaginarias.
A veces me parece que camino en círculos.
A veces me parece que voy hacia la Nada.
¡Si tan sólo supiera que llegaré a buen destino!
Pero no hay mapas en la tierra de los sueños fugitivos.
Sólo sus rastros y algunos anhelos perdidos.
Vestigios de un ayer que aún vive en el futuro.

De vez en cuando mi fuerza se desvanece,
pero un ángel me sostiene con su aliento.
Me hace sentir que no todo está perdido,
que mi Norte está fijo más allá de la bruma.
Cierro los ojos y corro.
Corro hacia el infinito.
No escucho más que el eco de mis propios pensamientos,
y un murmullo que se esconde en los arbustos.
Quizás sean susurros de espíritus vencidos.
Fantasmas de ideales rotos dominados por el realismo.
Sigo corriendo haciéndoles caso omiso,
queriendo alcanzar al horizonte.
Algún día todo se habrá despejado.
Mientras tanto,
abro mis párpados y noto que ha anochecido.
Mas la niebla no me permite observar estrellas en el cielo.
Pero en mi mente veo a una que brilla más que todas juntas.
Una Supernova que ha olvidado extinguirse.
Cierro mis ojos nuevamente y la veo aún más claramente.
Un poco más adelante, indicándome el camino.
Decido seguir mi instinto y aceptar ser guiado por sus destellos.

Persiguiendo a su luz incandescente,
ya no necesito abrir mis ojos de nuevo.
Continuaré mi camino soñando, dormido.
Como viviendo un sueño dentro de otro sueño,
y despertando en el más profundo de los encantos.
Contigo.


Canción para acompañar:

* Snow Patrol - "Chasing Cars"


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-H.G.

20060908

Veladas Perfectas

Gotas de lluvia pueblan las ventanas,
sombras diminutas adornan nuestras caras.
A través de vidrios que se empañan,
un rayo de sol se cuela y el rostro le ilumina.
El mío hace rato que se encuentra iluminado,
como sucede cada vez que la contemplo a ella.

De vez en cuando me mira y se sonríe.
Yo pretendo no estarla viendo.
¿Cómo hago para no observarla,
si no hay nada tan perfecto ante mis ojos?
Como perfectos son los momentos que estoy a su lado,
momentos en los que vivo un sueño que no es etéreo.
¿Qué mejor que soñar y estar despierto?

“Adónde te gustaría comer?”, me pregunta,
Pero yo estoy concentrado en lo feliz que soy en ese instante.
“¿Qué importa?”, pienso.
“¡Cualquier cosa!”, digo.
Y el sonido repetitivo del limpiaparabrisas hace de telón de fondo,
y mi mente hace un esfuerzo por dar alguna sugerencia.
A ella parece gustarle la idea,
se emociona al describir lo que espera conseguir en la carta,
¡Qué linda se ve emocionada!
¡Cómo me gusta verla contenta!

Si tan sólo supiera que sin importar el plato que pida,
ni el sitio adonde vayamos,
la velada siempre será perfecta,
simplemente por el hecho de estar con ella.


Canción para acompañar:

* Sugarcult - "The Investigation"

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20060812

Vigilante

“Ya me voy. ¡Hasta mañana, mi Doña!”, le dice a su mujer al mismo tiempo que le da un beso de despedida. Ella, empapada de sudor luego de pasar gran parte de la tarde cocinándoles a los muchachos y al Señor Esteban, le sostiene la cabeza entre las manos para besarle la frente y encomendarlo a todos los santos. “¡Qué Dios me lo proteja y me lo favorezca! ¡Ay Virgen Santísima y Purísima, líbremelo de todo mal!”, suele decirle la Doña religiosamente cada día, y, su esposo, agradecido, la abraza y le responde con un fuerte: “¡Amén!”. El hombre camina luego hacia la puerta, toma entre sus brazos a su nieto de dos años –el único a esa hora en casa- y le pide que por favor lo despida de sus hermanos y de su madre. El pequeño no entiende una palabra de lo que le dicen, pero la costumbre le indica que es hora de decirle adiós al abuelo. “Se va Abelo!”, exclama con su tierna vocecita, y se coloca las manos en el pecho como gesto para pedir la bendición. “¡Dios me lo bendiga!”, le responde orgulloso el Señor Esteban, y, finalmente, sale de su casa a la hora en la que la mayoría de los hombres regresan a ella.

En un morral, lleva su uniforme; y, en su uniforme, lleva la esperanza. La esperanza de que el sacrificio que hace servirá para que sus nietos puedan graduarse de algo y llevar la vida que él no pudo tener. Quizás no lo aprovechen, lo sabe, pero al menos les dará la oportunidad de hacerlo.

Ya está totalmente oscuro cuando llega a su lugar de trabajo. Un edificio residencial lleno de gente que cree que nadie tiene peores problemas que ellos mismos. Algunos son corteses y lo saludan cuando lo ven en su puesto al entrar o salir por la puerta principal. Otros, en cambio, lo ignoran totalmente como si él no estuviera allí. Él los ignora también en estos casos, aunque siempre tiene a mano su sonrisa para responderle a cualquiera que se dirija hacia su persona. A pesar de que no tiene el más satisfactorio y agradable de los trabajos, el Señor Esteban no es un hombre amargado. Más bien, agradece que al menos tiene un empleo.

Le gusta pensar en que gracias a él, los habitantes de esas residencias pueden dormir tranquilos cada noche, aunque en el fondo sabe que el efecto es meramente psicológico. A la hora de enfrentarse a un criminal, está consciente de que es poco lo que podría hacer sin un arma de fuego, y aún si la tuviera, sabe que tendría las de perder. Por suerte, nunca le había tocado experimentar una situación de peligro mientras ejercía su profesión. Las oraciones de la Doña y las numerosas estampitas de santos que siempre lleva en la cartera lo protegían. En eso, creía él firmemente.

Le preocupaba perderse de todo lo que ocurría en su familia. No tenía tiempo para compartir con ellos, sobretodo con sus nietos, ya que debía dormir la mayor parte del tiempo que ellos pasaban despiertos, y viceversa. No estuvo ahí cuando Edwin, el niño de 2 años, dijo su primera palabra; ni cuando ninguno de los demás aprendió a caminar. Se perdió de todos los momentos importantes en la vida de ellos, pero no se desanimaba. Ese era su sacrificio y lo hacía con orgullo por ellos. Tenía que cubrir las veces de los padres de las criaturas, que: ó los habían abandonado, ó habían fallecido en alguna pelea callejera. ¡Y lo había logrado! A duras penas y sin muchos lujos, sí, pero podía jactarse de que en la mesa de su familia nunca había faltado el pan de cada día ni nada que necesitaran.

En su rutina nocturna, ya era un experto encontrando maneras de entretenerse para matar el tiempo entre el ocaso y el alba. Lee el periódico vespertino, intenta infructuosamente de entender ese juego de números con nombre japonés que ahora sale cada día en la sección de entretenimiento, da un paseo por el estacionamiento del edificio, se come lo que le haya preparado su mujer para esa noche, cuenta las estrellas, calcula con un método nada infalible el número de lotería que saldrá al día siguiente, escucha algo de radio A.M., y, aunque no le gusta admitirlo, de vez en cuando también se queda dormido por ratitos. Al principio, se le hacía larga la espera, pero a medida que se adaptaba a su trabajo, le iba pareciendo que el tiempo pasaba más y más rápido y que la noche duraba menos. Ya le parece que no dura nada: mucho antes de lo que imaginó, los primeros rayos del sol comienzan a iluminar el firmamento y se acerca la hora de volver a casa. La noche ha llegado y se ha ido en un solo instante.

Don Esteban recoge sus cosas, se cambia el uniforme por su ropa de calle, y parte hacia su hogar. Si tiene suerte, puede que ya estén despiertas sus hijas y sus nietos para compartir con ellos al menos un rato. Cuando alguno de los más pequeños le pregunta cuál es su trabajo, él no se avergüenza al decir que es “vigilante”, porque sabe que ese es exactamente su trabajo: vigilar sueños: los sueños de su familia.

Canción para acompañar:

* The Classic Crime - "All The Memories"

Película recomendada de la semana:

* "Thank you for Smoking" (2005) [10/10]. Director: Jason Reitman. Cast: Aaron Eckhart, Robert Duvall, Cameron Bright, William H. Macy, Katie Holmes, Adam Brody. Una palabra: Véanla.

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-H.G.

20060720

Felicidad en Gotas

Hay quienes piensan que la única verdad absoluta en el Universo, es que no existe ninguna otra verdad absoluta. Lo que es cierto para algunos, bien puede no serlo para otros. Sin embargo, hay una cosa que, en mi opinión, se asemeja bastante a una verdad absoluta, y es que toda persona en el mundo lo que quiere es ser feliz. ¿A quién no le gustaría ser feliz? Lo que varía, claro está, es eso que hace feliz a cada quien, ó, tal vez, eso que cada quien cree que le hace feliz.

Así, algunos buscan la felicidad en lo espiritual, otros en lo material, lo intelectual, la fama, los placeres, ó, en cualquier otra cosa de su agrado. A veces, hasta de forma obsesiva, tanto así, que terminan olvidando que el objetivo era simplemente ser felices y terminan pensando que lo importante es lograr, contra viento y marea, alguna meta que en cierto momento de nuestras vidas pensamos nos proporcionaría la felicidad plena.

Yo no puedo decir cómo es que podemos alcanzar la felicidad plena porque lo cierto es que no lo sé, yo no la he alcanzado. No obstante, sí puedo decir lo que pienso al respecto, empezando por el hecho de que dudo mucho que de verdad exista algo así. Nadie es completamente feliz ni totalmente infeliz. Todos tenemos nuestros momentos buenos y nuestros momentos malos en esta montaña rusa emocional que llamamos: vida. La clave, pienso yo, es hacer lo posible para que la suma de los momentos buenos supere por mucho a la de los malos, y de este modo, ser en promedio más felices que infelices, más alegres que tristes. Mas, la pregunta ahora es: ¿cuáles son los momentos en los que somos realmente felices?

Como dije antes, lo que hace feliz a cada quien varía dependiendo de las personas, pero en mi caso, me pongo a pensar y me doy cuenta de que no hacen falta muchas cosas para ser feliz (entendiéndose por esto: vivir tantos momentos buenos como sea posible). Uno puede soñar con ser obscenamente rico, tener dos mansiones, tres yates, un Ferrari y un Porsche, más la cuenta bancaria de Bill Gates, pero… ¿de verdad hace falta todo esto? Todas las cosas materiales llega un momento en el que aburren, y siempre vas a desear tener algo más, un modelo más nuevo, una nueva tecnología, o cualquier otra cosa que aún no tengas.

Por otro lado, se puede soñar con ganar un Oscar, Nóbel, Pullitzer, Grammy, Balón de Oro, o el premio que se nos antoje. Ser presidente de la compañía más prestigiosa del mundo. Pertenecer a la nobleza. Desarrollar una nueva teoría en Física. Pintar un cuadro famoso, etc., y aún así no seríamos del todo felices. ¿De qué nos sirve tanto éxito y fama sin personas valiosas a nuestro alrededor con quién compartirlo? A todos nos gusta que nos admiren y puede que inclusive causar un poco de envidia, pero… ¿qué se gana realmente con eso? Al día siguiente de lograr algo así, ya te das cuenta de lo efímeros que son la fama y el prestigio, efímeros además de un poco inútiles.

Del mismo modo, puedes tener una esposa maravillosa, unos hijos perfectos, los mejores amigos del mundo, una familia unida, saludable y amorosa, y seguramente esto nos llenaría bastante, pero también nos haría falta una buena posición económica para evitar que tus seres queridos pasen trabajo, para poder darte ciertos lujos de vez en cuando y evitar así el tedio y la rutina (viajar, una cena romántica, tener comodidades); y también serían necesarios sueños que cumplir, individualmente y en conjunto. ¿Qué es una vida sin sueños?

De todo esto se hace obvio que para vivir felices hace falta un poco de todo. Un equilibrio entre todas aquellas cosas que nos gustan o nos convienen (siempre he pensado que los excesos nunca son buenos), pero también se hace obvio que no necesitamos esperar veinte años para haber reunido doscientos millones de dólares para en ese momento elegir ser felices. Podemos ser felices desde este momento. ¿Por qué sacrificar el presente en aras de un mejor futuro? ¿Por qué no mejor buscar la manera de disfrutar del presente Y del futuro?

En mi caso, puedo ser feliz mientras leo un buen libro, observo una buena película (preferiblemente bien acompañado), degusto un plato exquisito, me como un dulce, cuando tengo que hacer una tediosa diligencia y siento que mi mano la toma alguien a quien adoro recordándome que no estoy solo, cuando la miro y sus ojos me dicen que está contenta, al recibir un mensaje de texto de ella, al ver un atardecer en el mar, ó al azul de un cielo despejado, ó cualquier paisaje de esos tan majestuosos que parecieran querer gritar que Dios existe, haciendo reír a mi hermano pequeño y a mis primitos, al sostener una buena conversación, al escuchar música nueva y que me guste, descubrir algo que me entretenga, ir de compras, poder reírme de algo serio, conocer gente que valga la pena, y tantas cosas más que de verdad son tan sencillas, que los yates y las mansiones mejor es dejarlos para después, aunque sin perderlos de vista.

Que te hace feliz a ti?

-H.G.

20060708

La Chica Inexistente

Todo comenzó un día en el cual no debía comenzar absolutamente nada. De hecho, era un día como para terminarlo todo, ó, al menos, para quedarse en casa realizando una y otra vez cualquier cosa depresiva que tengamos por costumbre hacer. Él, sin embargo, no tenía intenciones de estar deprimido. Ese día -se propuso-, iba a disfrutarlo.

Lo empezó desayunando magdalenas con café, las favoritas de su ex-novia. Saboreaba lentamente cada bocado, como si con ello le demostrase a Lucía que él estaba perfectamente bien y que no le dolía en lo más mínimo que ella se hubiese marchado la noche anterior. “¿Por qué tuvo que hacerlo un día martes?”, se preguntaba, ya que hasta entonces los martes habían sido su día favorito. Nunca antes le había sucedido nada malo un martes.

Los jueves, en cambio, eran para él detestables. Los odiaba desde el colegio, cuando las peores materias siempre le tocaban ese día. “¿Será que ahora se invirtieron los papeles?”, pensó, y se le ocurrió que podría comprobarlo al día siguiente, que dicho sea de paso, era feriado además de jueves. Revisó entonces el periódico en busca de un buen destino para ese fin de semana largo (el viernes, por supuesto, no trabajaría), y se decidió por un complejo vacacional ubicado cerca del mar a unas tres horas de su casa. El paquete incluía traslado en un autobús de lujo hasta el hotel, desayunos, almuerzos y shows nocturnos, todo por un precio bastante razonable. El único problema era que partían esa misma noche, y, por ende, no estaba seguro de poder conseguir un cupo. Sin embargo, para su sorpresa, sí lo consiguió.

El autobús de lujo era bastante cómodo, y se podía dormir plácidamente en él una vez que te acostumbrabas a las tres o cuatro luces de lectura que permanecían encendidas en los puestos de los pasajeros insomnes. Fernando, por suerte, no era uno de estos, por lo que pudo dormir durante casi todo el recorrido. Eran las once y media de la noche cuando finalmente despertó, treinta minutos antes de llegar a destino. A su lado, el asiento que al dormirse se encontraba vacío, ahora lo ocupaba una joven rubia muy bella que lo miraba fijamente a él, cosa que, obviamente, le incomodó. “Disculpa”, le dijo con voz suave la chica, “es que aposté conmigo misma a que seguramente tenías unos preciosos ojos y quería saber si estaba en lo cierto”.

Fernando creyó que aún estaba soñando. Trató de calcular cuántas veces le había pasado algo parecido en su vida, pero nunca pasó de cero. “¡Espero que no hayas perdido mucho con la apuesta!”, alcanzó a decirle mientras salía del letargo en el que se encontraba. Ella, sonriendo, le susurró al oído que había ganado. “¿Y qué vienes a hacer a Villa Paraíso?”, le preguntó la chica tratando de romper el hielo. “Divertirme… espero”, fue la elocuente respuesta de él. “Me parece bien”, le apoyó ella, “¡te prometo que no te vas a aburrir!”, y mientras decía esto, le extendió una mano y agregó: “¡Por cierto, Anabella Rocco, encantada!”. “¡Fernando, un placer!”, respondió él al estrecharle la mano. Los siguientes quince minutos consistieron de un monólogo con ínfulas de conversación de ella que su compañero cortésmente simuló disfrutar. Al llegar, luego del check in y del cóctel de bienvenida, los dos recién conocidos prosiguieron su “conversación” en el bar del hotel. De lo que pasó después, es poco lo que Fernando pudo recordar al día siguiente.

Cuando abrió los ojos por la mañana, sintió enseguida un terrible dolor de cabeza. Mareado, se levantó de la cama con intenciones de ir al baño, pero se llevó una pequeña sorpresa cuando vio a su alrededor. Junto a él, yacía desnuda e inerte la joven que había conocido horas antes. Su cuerpo estaba repleto de manchas de sangre, así como las sábanas de la cama, las paredes, y prácticamente toda la habitación. Todo era rojo a los ojos de Fernando, quien asustado llegó dando tumbos al cuarto de baño, donde pudo constatar que afortunadamente no había un solo rastro de sangre sobre él. “¿Qué había sucedido?”, se preguntaba, aunque el preservativo que aún llevaba puesto le daba alguna idea de lo que pudo haber pasado.

Aún desnudo, salió de la habitación a buscar ayuda, pero todo en el hotel estaba cubierto de sangre. En el lobby, los cuerpos del personal que laboraba allí se encontraban desparramados por el suelo. El lugar parecía una morgue, y lo peor de todo es que nada tenía sentido. El dolor de cabeza de Fernando cada minuto era más pronunciado, y cuando se disponía a regresar a la habitación para vestirse, se desplomó en el piso inconsciente.

Al volver en sí, ya el dolor de cabeza se había desvanecido. No sabía cuánto tiempo había pasado desmayado, pero reconoció que se encontraba en su habitación del hotel. La diferencia, era que ahora todo estaba ordenado. Nada de cuerpos sin vida a su lado, nada de manchas escarlatas en las sábanas blancas, y nada de indicios de actividad sexual la noche anterior. Las maletas con las que había llegado al lugar se encontraban en el closet, y todo lo demás estaba prácticamente intacto, como si nada hubiese pasado.

“¡Buenos días, Señor!”, le dijo el recepcionista a Fernando en cuanto le vio pasar, “¿Se siente mejor hoy?”. “Si la policía me estuviera buscando por el asesinato de Anabella, no me darían los buenos días”, pensaba el aturdido hombre, “¡Seguramente, todo fue un sueño!”. “¡Buen día, estoy mejor, gracias!”, le respondió al recepcionista. Acto seguido, le inquirió: “¿me puede decir en cual habitación se encuentra Anabella Rocco?”. “¿Cómo dijo, Señor?”, le replicó el recepcionista con tono alarmado. “Anabella Rocco”, volvió a decir Fernando. “Señor, la señorita Rocco no se encuentra hospedada en ninguna habitación,” dijo el muchacho. “¿Cómo que no si ella se vino junto a mí en el autobús?”, argumentó el otro. “Señor, ella era la hija del dueño de este complejo vacacional”, explicó el recepcionista. “¿Era?”, replicó Fernando, a lo que el muchacho le contestó: “Sí señor, ella murió hace ocho años en un accidente de tránsito”. “¿Es un chiste?”, preguntó el que aseguraba conocer a la difunta. “¡Por supuesto que no, Señor!”.

La noticia, como era de esperarse, devastó a Fernando. ¿Era un fantasma la chica con la que había estado? Esta pregunta daba vueltas una y otra vez por su cabeza. No lo podía creer, para él se veía tan real y se sentía tan real ella, que le era imposible aceptar que todo había sido ó una experiencia paranormal ó una creación de su imaginación. Sin proponérselo, llegó hasta donde se encontraba el bar y ya que estaba allí, le pidió al cantinero un trago bien fuerte para tratar de calmarse. Sin embargo, cuando fue a pagar, se dio cuenta de que en su billetera no estaba su dinero, y sus tarjetas de crédito… tampoco.

Al mismo tiempo pero quinientos kilómetros más al sur, una joven pelirroja esperaba a que se llenara el tanque de gasolina de su vehículo alquilado. La acompañaba una peluca rubia en el asiento del copiloto, y un maletín lleno de barbitúricos escondido junto a la llanta de repuesto. Mientras esperaba, buscaba a su próxima víctima, pensaba en su próximo plan.

-H.G.

20060613

Mientras pasan las horas...

Una vez escuché decir que uno sabe que realmente quiere a una persona, cuando sientes que podrías quedarte eternamente contemplándola mientras duerme. En mi caso, siento que podría quedarme perennemente observándola hacer cualquier cosa. Si pudiera estar por siempre a su lado, nunca me cansaría de verla a ella. Tiene la facultad de hacerme sentir tan bien cuando está cerca, que comienzo a extrañarla desde el mismo momento que le digo adiós. Una parte de mí queda amputada en su ausencia.

En su presencia, la vida es perfecta. ¿Cómo no extrañar aquello que hace sublime a lo cotidiano: el brillo de sus ojos cuando ríe, el aroma de su cuerpo los días de lluvia y también los de sequía, el sabor de su aliento en mi boca, la luz de su espíritu que todo lo ilumina? En fin… ¿cómo no extrañarla a ella en pleno?

A la vez que horizontes lejanos poco a poco se van acercando, su silueta en el viento paso a paso se va desvaneciendo. La melodía de su voz ya no llega a mis oídos, pero en mi mente, ella siempre está presente: tatuada en mi memoria, resistente al olvido. Es inevitable no pensar en ella, y mientras contemplo la luna, me maravillo ante la idea de que el resplandor que admiro sea el mismo que se filtra a través de sus cortinas. ¿Acaso estará observando a las estrellas en este momento? Si yo fuera una estrella, sería yo quien estuviera observándola a ella, embelesado con su encanto.

Pasan las horas y voy contando los segundos que me irán acercando a la protagonista de historias aun no contadas, la princesa de reinos que sólo en mis sueños existen. Faltan muchos más días de los que yo quisiera, pero mientras ese mágico momento arriba, la ilusión de ese instante será suficiente para seguir pacientemente mi camino.

¡Cada segundo que pasa es uno menos!


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-hego.

20060612

Ciudades Imaginarias

Eran las diez de la noche y sin embargo me sentía seguro caminando por la avenida. ¡Qué raro se siente eso para alguien acostumbrado a la paranoia caraqueña! Unos pordioseros registraban las bolsas de basura acumuladas frente a los edificios, pero luego de revisarlas, las ordenaban de nuevo y las dejaban de la misma forma como las habían encontrado. “¡Esto se cuenta en Venezuela y no te lo creen!”, me dijo un compañero de trabajo mientras observaba a los indigentes buscar algo de valor entre los desperdicios. Tenía razón, ¿quién en mi país me podría creer que en Buenos Aires, las personas de la calle ordenan todo luego de registrar la basura?

Estos pequeños detalles no son los que suelen aparecer mencionados en las guías turísticas de la capital argentina. Cualquiera te puede decir que la arquitectura de la ciudad tiene tendencias muy europeas, o que El Obelisco y el Río de la Plata son dos de los emblemas de la ciudad, que es rosada la Casa de Gobierno, que se escucha y se baila mucho el tango, o que en la gastronomía local impera la carne y se toma mucho el vino. Todo el mundo es primo de alguien que tiene un amigo que visitó la ciudad y dijo que era bellísima. ¿Quién no ha escuchado alguna vez decir eso?

Lo que regularmente se omite, es que en la ciudad porteña las normas y leyes se respetan. No importa cuál sea la hora, la luz amarilla del semáforo siempre significa que es el momento de comenzar a desacelerar y no lo contrario como en el norte de Suramérica. Difícilmente, ves a alguien arrojar desperdicios en la calle, y casi todo el mundo -desde los policías hasta los cajeros de los bancos-, te trata amable y educadamente. Tal vez sea porque allá es otoño actualmente y el clima es agradable, pero por lo general la gente anda relajada y con buen humor. ¿Qué contiene el agua en Argentina?

Definitivamente, lo que hace que un país sea de primer o de tercer mundo, no deberían ser los índices económicos ni el monto de sus reservas, sino su gente, ó –como le llaman ahora- su capital humano. Sea cual fuere la razón por la que los bonairenses son buenos ciudadanos (bien sea mano dura de parte de los organismos de seguridad del Estado, o la educación recibida en las familias y colegios, o que realmente hay algún elemento extraño en el agua de la región), esto es algo que realmente se debería emular en las demás ciudades de Latinoamérica. Yo puedo vivir con el hecho de que en Caracas los edificios no sean tan bonitos, que las autopistas no tengan ocho canales, y que las calles estén en mal estado. Incluso podría aceptar que el clima sea con frecuencia insoportable, pero… ¿por qué razón no puede la gente de acá ser tan respetuosa y poseer los mismos valores cívicos que la gente de allá?

Esto nada tiene que ver con el asunto de que el 80% de los venezolanos viven en la pobreza, porque: primero, aquí tanto el pobre como el rico se come una luz roja o practica en algún momento la llamada “viveza criolla”, y, segundo, en Argentina también hay mucha pobreza y eso no les ha impedido ser como son. Después de todo, una cosa es no tener muchos recursos económicos y otra muy distinta es ser un completo ignorante.

En mi opinión, no es ninguna utopía para los latinoamericanos poder vivir en una ciudad donde el tráfico no sea un absoluto caos (que haya tráfico no quiere decir que cada uno de los autos que lo conforman tenga que hacer lo que le de la gana), donde la gente no viva bajo un stress constante, y donde los derechos de las personas se respeten.

Si esto fuera algo utópico, Buenos Aires sería entonces una ciudad imaginaria.

-H.G.

20060519

Lecciones de vida y algo de empatía

Lo que más me gusta escribir es un cuento. No sé bien por qué razón, pero sospecho que es porque estos ameritan algo más de creatividad al elaborarlos. El problema, está en que para escribirlos, se tienen que cumplir, simultáneamente, dos cosas: primero, que se me ocurra algo interesante; y, segundo, que yo tenga ganas de –y tiempo para- escribir. Rara vez ocurren ambas cosas al mismo tiempo, mas cuando esto sucede, disfruto más de todo este proceso y creo que ello se nota en el resultado final. Lo contrario me pasa con frecuencia, esto es, que no se cumpla ninguna de las dos condiciones que acabo de mencionar. Mientras tenía la meta de realizar al menos un post por semana durante un año, hacía el esfuerzo de escribir cualquier cosa aunque no lo quisiera (y esto también se notaba en el resultado final), pero ahora ya no tengo necesidad de hacer eso. Ha sucedido también que me viene a la mente una buena idea sobre la cual escribir, pero no estoy de ánimo para sentarme a convertirla en letras y la dejo para después. Por lo general, puedo recordar luego cuál era la idea que me había surgido, mas no siempre este es el caso. Otras veces, como hoy, deseo escribir algo pero no tengo nada en mente para un cuento, por lo que termino hablando sobre lo primero que se atraviese por mi imaginación, ó, como me suele decir una buena amiga, me pongo a pretender dar “lecciones de vida”.

A ella no le gustan estas “lecciones de vida”. Dice que cada quien es libre de hacer lo que le plazca y que yo no debo decirle a nadie qué es lo que tiene que hacer ni lo que está bien o lo que no. En mi defensa, le respondo que yo no pretendo decirle a nadie cómo debe vivir su vida, sino que simplemente utilizo este medio para poner por escrito mi forma de ver ciertas cosas y mi opinión sobre algún determinado tema. Está en cada persona que lea estas “lecciones de vida”, decidir si está de acuerdo ó no conmigo, y, de estarlo, es cosa de ellos aplicar lo leído en su día a día. Como en todo, habrá quienes me den la razón y los que me la negarán. Lo interesante, para mí, es descubrir que hay otras personas en el mundo que piensan de la misma forma que tú sobre muchos temas, y –no importa si se trata de una sola persona o de cien millones-: esto es lo que hace que todo este asunto valga la pena.

Vale la pena corroborar que no estás (tan) loco por pensar de la manera que piensas, y también darte cuenta de que se podría formar un numeroso club con las personas que tienen puntos de vistas diferentes sobre conclusiones comúnmente aceptadas. Otras veces, se trata de compartir lo que aprendiste de experiencias vividas por ti o por alguien cercano, y que quizás podría serle de ayuda a alguien que esté atravesando una situación similar. Hay cosas sobre las que nunca nos detenemos a pensar pero que, al hacerlo, descubrimos algo que nos puede servir para mejorar nuestras vidas. Ser más felices... y, después de todo, ¿no es esta la finalidad de todo ser?

Todo el mundo quiere ser feliz. La diferencia, radica en que lo te hace feliz a ti, no necesariamente es lo mismo que me hace feliz a mí. Parece obvio, mas son demasiadas las veces que olvidamos este pequeño detalle. Nos apresuramos a tomar conclusiones sobre qué es lo que más le conviene a un amigo sin antes ponernos en sus zapatos y percatarnos de que sus intereses u objetivos pudieran no ser los mismos que los de nosotros. Algunos sueñan con el dinero, otros con la fama, con aprender mucho algo en especial o con ser muy queridos. A mí, en particular, me gusta un equilibrio de todo, mas hay quienes prefieren los excesos. En un mundo tan diverso y, en ocasiones, tan extravagante; lo mejor que podemos hacer es tener empatía, y lo peor: pensar que nuestro punto de vista, es el único punto de vista válido.

Sin embargo, esta es sólo mi opinión.

Canción para acompañar:

* Garbage - "Only happy when it rains"


Película recomendada de la semana:

* "Inside Man" ("Plan Perfecto", 2005) [8.5/10]. Director: Spike Lee. Cast: Denzel Washington, Clive Owen, Jodie Foster, Willem Defoe.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20060429

Y vivieron felices para siempre...

No hay cuento de hadas que no termine en la unión de la hermosa doncella con su príncipe azul. ¿Qué más se puede contar cuando ya se han vencido dragones, brujas, magos, reyes malvados, políticos y toda clase de villanos que se atravesaron en el camino de la dichosa pareja? Es de asumir entonces que la felicidad habitará en el hogar de los protagonistas de la historia por los siglos de los siglos, y que -colorín colorado- ese cuento se habrá terminado. Sin embargo, cuando de la vida real se trata, en este punto no nos encontramos siquiera en la mitad de la película. En la vida real, la Cenicienta y su príncipe bien pudieron haberse separado.

El detalle está en que convivir en pareja no está muy lejos en la escala de dificultad que luchar contra serpientes de dos cabezas, romper hechizos malignos y demás hazañas similares. Cuando estás con alguien que te importa, no siempre estarán ambos de acuerdo sobre qué prefieren hacer, adónde van a ir, qué quieren comer, o sobre alguna opinión particular; por lo que muchas veces tendrás que hacer algo que no quieres para complacer a tu novia, novio, esposa, esposo o arrejunte; y viceversa. Lo peor es que lo harás con gusto; mas, no obstante, esto es algo que uno no está dispuesto a hacer por cualquier persona, sino que tiene que ser por alguien que te resulte especial.

¿Qué tal si a la Bella Durmiente le gustaba salir de rumba todas las noches para compensar tantos años durmiendo, y su conquistador prefería quedarse en casa leyendo libros de caballería? ¿O qué tal si ella era maniática de la limpieza y el orden y le desesperaba que él dejase la tapa del retrete arriba, olvidara tapar la crema dental, tomase el agua directamente de la jarra, y cosas así? ¿Cuánto tiempo habría resistido? Estos son los detalles que la mayoría de las historias de amor olvidan, ignorando que, en la práctica, no basta para ser felices que ella sea una preciosa doncella más blanca que la nieve y él un caballero encantador rubio y de ojos azules (en la versión moderna, sería un actor de Tv o cantante, ya que, al parecer, no hay mayor afrodisíaco que estar con alguien que salga en televisión). De hecho, estos detalles son ignorados no sólo por los que escriben cuentos de hadas, sino también por casi todo el mundo, Jennifer Aniston incluida. Ser la envidia de todos por tu hermosa pareja es tan útil en la vida como poseer títulos de propiedad de parcelas en Saturno.

Sin embargo, aún cuando eres compatible con esa persona, tienen cosas en común, te resulta alguien único, la quieres, la adoras, etc.; sigue siendo algo complicado eso de mantener viva una relación. Hay que luchar contra la rutina, intentar que cada cosa se torne especial, comprenderse mucho mutuamente, mejorar como persona (tarea nada fácil) y realizar todo lo que esté a tu alcance para evitar que la llama se apague. Sólo así es posible que la doncella y el príncipe (así sea un gordito con alopecia quien logró conquistarla), puedan vivir felices para siempre.

Canción para acompañar:

* Goo Goo Dolls - "Here Without You"

Película recomendada de la semana:

* Cualquier cuento de hadas de Disney + Shrek 1 y 2.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20060408

Luceros Cautivos

Guillermo odiaba cuando alguien usaba la ducha y olvidaba cerrar la llave con fuerza. La misma tenía el defecto de, a menos que se apretase muy duro, gotear agua hasta que cualquiera que estuviese cerca se diera cuenta y lo solucionara. Durante el día, casi nadie notaba el sonido persistente que provenía de la sala de baño, pero al caer la noche, él síempre lo hacía. Tenía el sueño muy ligero y, por ello, no podía dormirse hasta que no se levantara de su cama y fuese a acabar con el sonoro problema. Le obstinaba hacer esto cada noche, mas, para su sorpresa, en los últimas semanas se había dado cuenta de cuánta falta le hacía la mencionada gotera nocturna.

Habían transcurrido 41 días desde la última vez que Mito, como le decían sus hermanos, tuvo la necesidad de apretar más fuerte la llave de la ducha para poder caer en brazos de Morfeo, pero esos eran también los mismos 41 días que habían pasado desde la última noche en la que pudo dormir tranquilo. A Guillermo no le interesaba lo que le gritaban las personas a su alrededor, estaba demasiado distraído pensando en cuánto le gustaría estar en su cama en ese momento escuchando a una gotera disfrazarse de canción de cuna. ¡Qué insólito le parecía haber llegado a echar de menos algo que tanto le molestaba antes! Jamás lo habría imaginado.

Con sus manos detrás de la cabeza y su mirada fija en el gamelote que sus rodillas sujetaban contra el suelo, la verdad es que eran pocas las cosas de su hogar que no extrañaba. Incluso le hacía falta su colegio, con todo y que la Profesora Gutiérrez siempre lo regañaba por no haber hecho la tarea, y también a pesar de que que las ecuaciones de segundo grado lo esperaban en su cuaderno para el próximo examen. Una vez había deseado no volver nunca más a ese lugar, pero hoy no podía anhelar con más fuerza estar de nuevo en su salón de clase. Lo acontecido en el último mes le había cambiado la perspectiva de la vida para siempre. Por desgracia, a veces "siempre" no significa mucho tiempo.

Repentinamente, un trueno seco y muy fuerte se escuchó a pocos metros de él, seguido poco después por el sonido de algo que caía contra el suelo. Guillermo no se inmutó. Sabía lo que era y lo que eso significaba. Sus hermanos y él lo venían esperando desde varias semanas atrás y ya se habían resignado a que nada podrían hacer para evitarlo. No le parecía justo, ni entendía por qué tenía que pasarle todo esto a ellos; sin embargo, sin saber por qué razón, se sentía tranquilo. Quizá era la certeza de saber que, para bien o para mal, ya pronto acabaría el martirio del cautiverio; o tal vez era pura valentía de parte del muchacho; pero ciertamente no estaba angustiado. Guillermo no tenía miedo.

"¡No tengas miedo!", le susurró a su hermano mayor, quien el día anterior le había dicho esas mismas palabras. Quería que Jorge estuviese tranquilo, aunque sabía que él ya no podría escucharlo. "¡Recuerda que seremos luceros en el cielo!", le dijo recordando la ocasión en la que Jorge le preguntó a su madre que adónde ibamos cuando nos moríamos. Ella había respondido que todos ibamos al cielo si nos portábamos bien, y entonces, Guillermo, inocentemente, le preguntó: "¿Nos convertiremos en luceros?" Su mamá, mirándolo con ternura, le contestó: "¡Sí, mi vida. Nos convertiremos en luceros!", y aunque ya Mito comprendía lo que había querido decir su madre en aquel momento, le reconfortaba pensar en ese eufemismo.

Pronto, un segundo sonido fuerte y seco se dejó escuchar. Guillermo, aunque mantuvo la calma, no pudo evitar derramar unas cuantas lágrimas al pensar en que Diego, su hermano menor, ya no estrenaría la bicicleta que sus padres pensaban obsequiarle en su cumpleaños. También le dolía recordar que su hermanito pudo haberse salvado aquél día. Se había quedado dormido y sus padres le habían dicho que podía faltar al colegio si quería. Sin embargo, a última hora, prefirió asistir para no quedarse sólo sin sus hermanos. No sabía que ninguno de ellos llegaria nunca a su salón de clase.

Guillermo cerró sus ojos. Trató de pensar en algo que le hubiese gustado mucho de su vida, y se maravilló al ver que le habían encantado muchas cosas. Imaginó entonces que paseaba por la orilla de una playa con el agua mojándole los pies. Sus hermanos se le habían adelantado y le gritaban para que los alcanzase. Sus padres caminaban más atrás tomados de la mano. El cielo estaba despejado y el mar nunca había estado más azul. Una suave brisa golpeaba contra su rostro y el sonido de las olas se refugiaba en sus oidos. Se echó en la arena y se dedicó a escuchar, sólo a escuchar el suave arrullo del mar. Guillermo sabía que ya no oiría más truenos secos y fuertes en su vida. Sin comprender mucho de física y sin tener idea de cuál era la velocidad del sonido, sabía que para el momento en el que los hombres a su alrededor escuchasen otro trueno, él ya se encontraría iluminando al cielo.

*****

Desafortunadamente, cosas como estas siguen sucediendo. Es abominable que existan seres capaces de ello. Hay personas que definitivamente no merecen ser tratadas como personas.



Canción para acompañar:

* Sanctus Real - "Benjamin"


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Película recomendada de la semana:

* "Man on Fire" (2004) [7.5/10]. Director: Tony Scott. Cast: Denzel Washington, Dakota Fanning, Marc Anthony, Radha Mitchell, Christopher Walken.


-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20060402

A mis pocos buenos amigos...

Hay personas que tienen la capacidad de cambiar la percepción que tienes del mundo. Personas que te hacen ver las cosas de un modo diferente, que logran dividir tu vida en un antes y un después de conocerlas, y que te hacen sentir dichoso de haberlas encontrado. Personas que te recuerdan que no estás sólo ante la vida…

En el colegio, pienso que tenía muchos conocidos pero prácticamente ningún amigo. No se trataba de que me cayeran mal o yo a ellos, sino más bien era cuestión de que éramos muy diferentes. No hablo únicamente de diferencias en lo que a gustos se refiere, sino también a diferencias en la forma pensar. Yo podía socializar con ellos algunas veces, y hablar de vez en cuando sobre algún determinado tema, mas nunca jamás hubo empatía. A mí no me entusiasmaba la idea de llamarlos por teléfono y contarles lo bueno que me parecía tal cosa, ni la de escuchar sus opiniones sobre algo en particular o sus problemas. Ni siquiera me interesaban sus temas de conversación.

Mis padres no me comprendían, y pensaban que había algo mal en mí porque muchísimas veces prefería quedarme en mi casa contando las manchas en el techo, que ir a “divertirme” un rato al club un viernes por la noche con mis “amigos”. El hecho de que allá yo iba a estar rodeado de personas, no iba a lograr que yo me sintiera un poco menos sólo. Por supuesto, me habría gustado mucho conocer gente con quien tuviera varias cosas en común, pero con el pasar del tiempo me fui acostumbrando a la idea de que esa gente no existía.

Resulta ser, que esas personas sí existen. No abundan por la calle ni son fáciles de reconocer, mas tuve la suerte de poder toparme con varias de ellas, especialmente en la universidad. Es increíble lo bien que se siente cuando estás pensando en algo y un amigo lo dice antes que tú y exactamente de la misma forma que lo hubieses hecho. O cuando no tienes que decir palabras para hacerles saber que algo te gusta o te molesta. Saber que les puedes confiar un problema y tener la seguridad de que vas a recibir un buen consejo. Compartir con emoción una afición o un interés. En fin, todo es mucho mejor cuando se cuenta con verdaderos amigos. Por algo dicen que la pareja ideal es aquella que primero que nada, es tu amiga.

A mis pocos buenos amigos –ellas y ellos saben quienes son-, quisiera en esta ocasión darles las gracias por ser quienes son y por estar allí… siempre.


Canción para acompañar:

* Radford - "Stay with me"


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** Para detener la música de fondo del blog, hacer click donde dice "Silent Movie" en el encabezado.

Película no recomendada de la semana:

* "Emperor´s Club" (2005) [7.5/10]. Director: Michael Hoffman. Cast: Kevin Kline, Emile Hirsch.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.

20060320

Los difuntos no escuchan

"Don't take anything for granted, because tomorrow is not promised to any of us."

Esta frase la dijo el recientemente fallecido Kirby Puckett en su discurso de ingreso al Salón de la Fama del Béisbol en Cooperstown, NY. No podía estar más en lo cierto: ninguno de nosotros tiene garantizado el día de mañana. Cualquier cosa puede ocurrir en el momento menos pensado y cambiarnos la vida para siempre, ó, sencillamente, dejarnos sin ella. Hoy te puedes ir a dormir sintiéndote muy bien y mañana despertar hirviendo con el cuadro clínico de una meningitis, ó bien podrías no despertar siquiera. Te puede caer un yunque en la cabeza camino al trabajo, ó sufrir un accidente de tránsito, ó ser víctima de un asalto, ó… ¡es tan larga la lista de todo lo que nos puede ocurrir cuando menos lo esperemos!

Otras cosas pueden sucedernos de sorpresa y que no tienen nada que ver con la muerte, como: quedarnos sin empleo, que alguien muy apreciado se vaya lejos y no lo volvamos a ver, que otra persona compre el abrigo que nos había llamado la atención, que ya no puedas visitar ese sitio que tanto deseabas conocer porque dejó de existir en un ataque terrorista… en fin, la lista es muy larga; y, a pesar de ello, siempre solemos dejar todo para después, confiados en que siempre tendremos otra oportunidad para hacerlo. Pareciera, y yo me anoto aquí de primero, que nuestro lema es: “deja para mañana todo lo que puedas hacer hoy”. Al contrario de lo que dijo Kirby, damos todo por sentado.

Ahora bien, ¿por qué tenemos que esperar a que nos ocurran estas cosas para valorar mejor lo que teníamos? ¿Por qué no apreciarlas y valorarlas desde este mismo momento? ¿Por qué tenemos que serles fieles al refrán que dice: “¡nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde!”? La respuesta es porque nunca pensamos en esto hasta que nos sucede algo así. ¡Es la verdad! Te das cuenta de cuánto te gustaba tu viejo celular, el día que lo pierdes y comienzas a pensar en lo mucho que te facilitaba la vida. Estás consciente de lo agradable que es sentirse bien en el instante en el que comienzas a sentir dolor de cabeza, ¿a quién no le ha pasado?

Sin embargo, no podemos vivir nuestras vidas pensando que en cualquier momento nos vamos a morir o algo parecido. Por nuestra salud mental, no lo recomiendo. Tampoco recomiendo tratar con especial afecto a cada uno de nuestros objetos personales en caso de que los lleguemos a extraviar algún día, esto tampoco es viable. Lo que sí podemos, es disfrutar cada instante de tiempo mientras podamos hacerlo, y aprovechar toda oportunidad que se nos presente para lograr algo deseado como si fuera la última ocasión posible. Si te apeteció comerte un helado, hazlo… a lo mejor mañana ya no podrás por alguna enfermedad. Si te gustó una camisa que viste, cómprala si tienes el dinero… quizás mañana ya la habrán vendido. Si te provocó abrazar a alguien a quien quieres mucho, abrázalo… puede que mañana ya no esté junto a ti. Si tienes algo importante que decirle a una persona especial, díselo cuando lo veas… los difuntos no escuchan.

Lo único que tenemos garantizado es el presente. La vida es ahora... y no hace falta una tarjeta de crédito para aprovecharla.

Canción para acompañar:

* Stroke 9 - "Just Can´t Wait"

Película recomendada de la semana:

* "Walk The Line" (2005) [7.5/10]. Director: James Mangold. Cast: Joaquin Phoenix, Reese Witherspoon.

-¡Qué disfruten sobrevivir una semana más!

-H.G.